Jueves, 19 de marzo de 2020

El poder de la música por María Ángeles

La noche era fría bajo las rutilantes estrellas que lo aclaraban todo.

   La familia Aisner, judía, que residía en Berlín, viendo las detenciones de amigos y vecinos suyos a diario, llevados por la Policía alemana hacia no sabían dónde, temerosos de que les pasara a ellos lo mismo, decidieron huir aquella noche cuando ya nadie pasara por su calle.

   Cogieron lo más imprescindible, y lo más querido: dos violines, un chelo y un laúd. La familia: los padres y los dos hijos, el mayor, un varón de veinticuatro años y la hija de veinte, eran músicos. El amor de los padres a la música lo habían heredado los hijos y juntos conformaban una pequeña orquesta que tocaba los temas que más gustaba a la familia. No dejarían por nada del mundo aquellos amados instrumentos en la casa.

   En unas bolsas de tela bastante grandes, depositaron aquellos valiosos instrumentos y en otra bolsa, algo de ropa y algunos alimentos. Todo lo cargaron entre los cuatro. Pensaban atravesar el barrio, salir a las afueras de la ciudad y ver si encontraban algún pueblecito donde pasar la noche.

     No se despidieron de nadie, no querían levantar sospecha alguna. Así pues, cuando la luna se apoderó del encenizado cielo, salieron sigilosamente, procurando que sus pisadas no fueran advertidas por los vecinos. Allí quedaba gran parte de sus vidas, no sabían qué les depararía el destino. No querían ir a parar a campos de concentración como les llamaban. No, ellos no habían cometido delito alguno y no querían caer prisioneros. Así que la huida fue su única opción.

   A paso muy ligero, en poco tiempo se vieron en los confines del barrio. Siguieron caminando hasta que pasadas unas horas llegaron a los límites de la ciudad por la parte Este. Vieron, alumbrados por la luna, especie de monumentos. Deteniéndose, se dieron cuenta de que se trataba de uno de los cementerios de la ciudad.  Se adentraron en él como pudieron ya que a lo lejos habían vislumbrado las luces de los faros de un vehículo.

   Se agazaparon detrás de una lápida de una tumba familiar, esperando que lo que fuese aquello pasara. Con sorpresa observaron que un camión se detenía a la altura en la que ellos estaban, en la calzada. Seis soldados bajaron con prontitud del camión, acercándose a las tapias del cementerio. La familia Aissner, se llevó las manos a la boca para sofocar un grito de miedo. No entendían cómo podían esos soldados estar allí. ¿Quizá los vieron en su huida?  ¿Alguien que les vio, les había delatado? No tenían certeza de nada, pero sí que algo muy grave había sucedido.

   Los soldados penetraron en el recinto fúnebre con linternas y los fusiles en ristre, no cabía duda de que buscaban a alguien.

   La familia agazapada y abrazada formando una auténtica piña, apenas se atrevía a respirar.

_ ¿Quién está ahí? _ Bramó una voz rasgando el silencio del lugar_ ¡salgan lo más pronto posible, será lo mejor para ustedes!

   La familia tuvo la convicción de que había sido descubierta, pero no se movió.

_ ¡Sabemos que están ahí! ¡Salgan o disparamos!

   Los padres y los dos hijos se miraron aterrados, sus pupilas eran como luceros minúsculos en la noche, brillantes de lágrimas. Entendían que no se verían más y con sus miradas de amor se despidieron.

   Decidieron levantarse para dejarse ver con los brazos en alto. Un grupo  de seis soldados armados les enfocaban con  los chorros de luz de sus linternas, mientras las armas apuntaban a sus cuerpos rompiendo la noche en sollozos. De pronto, el padre levanto más la mano derecha, como pidiendo algo.

_ ¡Por favor!, antes de disparar, les rogamos que nos permitan tocar nuestra última melodía.

   Un hondo silenció horadó la noche. Unos momentos interminables.

Al fin, el que parecía el jefe de la cuadrilla habló en voz baja con su gente y al cabo de unos minutos giró el cuerpo y gritó:

_ ¡Adelante! ¡Toquen su última melodía!¡ja, ja, ja, ja…

   La familia sacó de sus bolsas de tela sus amados instrumentos. Apretaron sus cuerdas y los pusieron listos para sus más bellas notas.

   Los violines, el chelo y el laúd fueron colocados con todo cuidado en sus lugares y la familia con una mirada se dio por preparada:

“Si es que no encuentras la alegría en esta Tierra

(Wenn du keine Freude,auf dioser Erde findest)

Búscala, hermano, más allá de las estrellas”.

(Schau , Bruder, Freude jenseits der Sterne.)

 

“Ven, canta, sueña cantando

(Kom  sing  sing  träum)

Vive soñando el nuevo sol

(lebe und  träume die

En que los hombres volverán a ser hermanos”

(neue Sonne, bei welchen Mánnern sie werder wieder, Bruder sein.)

   Las notas unidas a las voces de la familia se elevaron de la Tierra al encuentro de las estrellas, esparciendo un halo de Paz y Amor en todo su recorrido.

   Nadie se movió. La familia esperaba el detonar de las armas. Se agarraron de sus manos para infundirse valor y para ir juntos hacia la Eternidad.

   El estupor fue total cuando una estentórea voz proveniente de los soldados conmovió aquellas almas:
_ ¡Sigan su camino!

(¡Folge deinem   Weg!)

 


Publicado por Lanzas @ 12:23  | Dramas
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Publicado por Lanzas @ 11:24  | Costumbres
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