Viernes, 12 de noviembre de 2010

MISI?N CUMPLIDA

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?? El sargento Daniel del Valle hac?a la ronda de noche junto a su compa?ero Carlos Mart?nez en la cuidad que pareciera que nunca duerme. Al entrar en un puente, Daniel? vio un bulto sobre el pretil ?que le llam? la atenci?n:

─ ?Detente, Carlos!? ?Ah? veo algo extra?o!

?? Las gotas de una pertinaz lluvia imped?an ver con claridad. Daniel se baj? del coche de polic?a cuya azulada luz iluminaba d?bilmente la calle, y se dirigi? corriendo hacia? la figura que llamaba su atenci?n. Jadeando lleg? al pretil y vio a una mujer con un abrigo gris del que sobresal?a una? falda blanca que le llegaba casi a los pies, los cuales los ten?a situados precariamente en la parte exterior del puente.

─ ?Se?ora! ─ susurr? ─ ?Tranquila, por favor! Yo la voy a ayudar.

?? La mujer ni volvi? la cabeza a ver qui?n le hablaba.

─ ?D?jeme en paz, se?or!

─ ?Escuche, se?ora! Si tiene alg?n problema, no se preocupe, nosotros trataremos de ayudarla.

─ ?Nadie me puede ayudar!

?? Daniel, mientras, se iba acercando sigilosamente a la mujer.? Cuando estaba pr?cticamente detr?s, con un r?pido movimiento la aferr? por la parte inferior del abrigo, tirando de ella hacia la acera del puente. La mujer forceje? durante unos segundos con el polic?a hasta que, abatida por el cansancio, se dejo llevar hasta el coche.

─ ?Se?ora! ?Cu?l es su nombre?

?? La mujer no respondi?. Retorc?a sus manos, amoratadas, en un evidente indicio de desesperaci?n.

─ ?Carlos, vamos al hospital m?s cercano! ?Creo que esta mujer est? enferma!

?? El coche arranc? con premura y en pocos minutos estaban ante el mostrador de recepci?n de la sala de Urgencias del Hospital.

─ ?Se?orita! Esta mujer ha intentado suicidarse. Necesita que la vea un m?dico.

?? La recepcionista marc? un n?mero de tel?fono y al momento aparecieron un celador y un ayudante de enfermer?a, que se llevaron a la mujer por un pasillo adelante.

─ ?Podr?an darme algunos datos de la paciente?

─ La verdad es que no la hemos preguntado nada. La he rescatado y al ver su aspecto la hemos tra?do directamente aqu?. Esperaremos que est? m?s calmada para hacer el informe ─ explic? Daniel.

─ Est? bien. Si tienen que irse, nosotros le preguntaremos todo lo que necesitamos y ma?ana pueden venir a por los datos que ustedes necesiten para hacer su informe.

─ ?Gracias, se?orita! ?es usted muy amable!

?? Los dos polic?as salieron del centro hospitalario y siguieron patrullando por la ciudad para garantizar, en lo posible,? la seguridad de los ciudadanos.

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?? A las siete de la ma?ana Carlos y Daniel se fueron a sus hogares a descansar. Hab?an evitado varios robos, separado a parejas que peleaban en mitad de la calle, detenido a prostitutas que ejerc?an en las aceras, detenido a dos borrachos que se atacaban con navajas, y, sobre todo, evitado la muerte de una mujer. Daniel se sent?a satisfecho y cuando su cuerpo cay? en la cama, se dijo a s? mismo con satisfacci?n: ?Misi?n cumplida?, y se durmi? al instante.

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Al d?a siguiente, casi al anochecer, se present? en el centro hospitalario. Era su d?a de descanso y hab?a quedado con su compa?ero que ?l ir?a al hospital a por los datos de la mujer que salv? en el puente para hacer el informe policial. Pens? que quiz? deber?a ir a verla para comprobar que estaba bien. En su interior se sent?a contento. Todos los d?as se suced?an muertes, accidentes, a los que ellos ten?an que acudir, pero en esta ocasi?n hab?a sido muy distinto, afortunadamente. Hab?a podido evitar una.

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─ ?Se?orita! ?Podr?a decirme en qu? habitaci?n est? la se?ora que trajimos ayer noche? Me gustar?a verla.?Ser?a posible?

?? La enfermera mir? con simpat?a al hombre y contest?:
─ ?Por supuesto! Seguro que se alegrar? de ver a su salvador. Est? en la 326.

─ ?Gracias, se?orita!

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? Daniel subi? en el ascensor y se detuvo en la planta tercera. All? pregunt? d?nde se encontraba la habitaci?n 326. ?Una vez informado se encamin? hacia ella. Se detuvo unos segundos ante la puerta, antes de llamar para pedir permiso para entrar.

?? Al fin, dio unos golpecitos y tomando el picaporte abri? la puerta. Encontr? en la cama a una mujer de unos cuarenta a?os, que en otros tiempos hab?a sido hermosa, pero que, ahora, los signos de una grave enfermedad le hab?an deteriorado en gran manera ??????De su brazo izquierdo emerg?a un cat?ter? del que sal?an varios conductos que terminaban en diferentes partes de su cuerpo. En la mano izquierda sosten?a una especie de v?lvula con un bot?n, sobre el que reposaba su dedo pulgar. La paciente ten?a los ojos cerrados y una profunda expresi?n de cansancio afloraba en su rostro.

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Daniel dud? en hablarle. No sab?a si dorm?a. Al cabo de unos segundos de duda, susurr?:

─ ?Se?ora! ?duerme?

?? La mujer abri? los ojos y mir? al polic?a. Sus ojos denotaban extra?eza.

─ Soy Daniel, el polic?a que ayer la recogi? del puente. ?Se acuerda?

─ Y, ?viene a que le d? las gracias?

─ ?Oh, no se?ora! He venido a ver c?mo se encontraba, naturalmente.

?? La mujer permaneci? callada . El silencio se hac?a pesado en la peque?a habitaci?n. Daniel pens? en retirarse, cuando oy? la voz, grave, que le dec?a:

─ ??igame, se?or! Llevo dos a?os sufriendo terriblemente. Tengo un c?ncer de m?dula. No se encuentra un donador para hacerme un trasplante; no tengo a nadie en el mundo, nadie me necesita. ?Ve usted lo que tengo en mi mano? Aqu? hay morfina, yo me la administro apretando este bot?n: m?s o menos cantidad, seg?n sea de fuerte el dolor. Hace d?as que tengo que apretar demasiado este bot?n que es el que permite el paso de la morfina por esta v?a hasta mi cerebro. Ya no puedo m?s, se?or. Llevo tiempo pensando en acabar con esto. No tiene sentido este sufrimiento. Ayer me decid?, por fin. Fue el d?a m?s feliz de mis ?ltimos a?os. Pero usted se interpuso.

??? La mujer call?, fatigada. Daniel no ten?a palabras.

─Yo?yo. Ver? nosotros tenemos la obligaci?n de?

─?Calle! Lo s?. Tienen que salvar vidas como sea. Pero le voy a decir lo que siento por usted: ?Le odio!

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Publicado por interazul @ 20:42  | Dramas
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