Viernes, 23 de julio de 2010

EL RAMILLETE

 

 

  Hoy hace veintiséis años en que fui muy feliz: viniste tú al mundo, con unos enormes deseos de vivir.

 

   Hoy, he salido al jardín donde cuido mis flores y he decidido mandarte un ramillete hecho por mí. Sé que son tan leves en su existencia…, pero son tan hermosas…

 

    Me dirigí a una mata de flores blancas y arranqué una. La miré de cerca y vi con asombro que en sus pétalos podía leer: El PERDÓN.

 ¿Cómo-, me dije?¿Tengo alucinaciones? Miré hacia el cielo. Estallaba de azul y me di cuenta que no, que era mi mente la que proyectaba las palabras en la flor. Me sentí bien.

   Seguí por el CAMINO RECTO hacia otro rosal; corté dos rosas, granates, cuyo aliento perfumaba todo el patio.  Las miré con atención. En una pude leer: LA PAZ INTERIOR.  En la otra apenas vislumbré: El DEBER CUMPLIDO.

   Me acerqué a un manojo de margaritas que he plantado al final del jardín, corté otras dos. Blancas con su centro amarillo. Sus pétalos agitados por la brisa matutina me dijeron: la fuerza más potente del mundo: LA FÉ. En la otra pude leer, ya muy emocionada: las personas más necesarias: LOS PADRES.

   Con mis flores apuñadas en mi mano izquierda me fui al Plumbago. Corté varias, blancas. Pero también quisieron darme aquellas palabras que en algún momento de la vida necesitamos: El mejor remedio: EL OPTIMISMO. Cierto-, pensé. Lo más eficaz, me mostró la otra: LA SONRISA:

   Por último me acerqué a los nuevos rosales que he plantado este año. Tenían pocas rosas, pero una de ellas destacaba por su color, forma y belleza. La corté con cuidado ya que tiene muchas espinas y vi que grandes letras de tonos rojos y rosados decían que lo más bello del mundo es el : AMOR.

   Mientras me dirigía de unas plantas a otras arranqué hierbajos: MENTIRA; MAL HUMOR, RENCOR, EGOÍSMO, ABANDONARSE, MIEDO…¡No, no, ni hablar! Las tiré de inmediato.

 

    Miré el número de flores y pensé que ya serían suficientes para elaborar un sencillo ramillete. Entré en casa y las limpié con cuidado de hojas muertas y espinas. A veces, las cosas bellas también hacen daño, hay que ser prudente y no confiarse totalmente. Las metí en un jarrón  con agua y lo coloqué en la mesa  del salón, que ahora está en el comedor. Me senté en el sofá y lo contemplé. Me gustó. Sin embargo,

 al cabo de un tiempo me parecía que el jarrón estaba velado por algo parecido a un tul. ¿Qué era aquello? Yo no lo había envuelto aún en papel. Me levanté intrigada y fui al comedor. El jarrón estaba cubierto por una especie de tejido intangible, pero que yo veía y en el que pude leer con toda precisión:

     PARA EL AMOR MÁS GRANDE DE TU VIDA, MARIA ÁNGELES.


Publicado por mariangeles512 @ 19:24  | Familia
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