Jueves, 04 de marzo de 2010

LA VIDA DE ÁNGEL

 

LA VIDA DE ÁNGEL

 

 Ángel es un joven que nació con el santo de espalda. Ese día, su madre se resbaló, y por poco se mata. Menos más que la pudieron llevar al hospital, y allí parió; pero a los pocos días murió de hemorragia interna.

 El niño fue llevado por su padre a casa de los abuelos maternos. Eran muy pobres y apenas podían alimentarle con leche de vaca y unas galletas. El abuelo recogía setas y espárragos en el campo, y la abuela plantaba tomates, pimientos y cuidaba un gallinero. Entre lo que vendían y lo que utilizaban en la casa propia, iban sacando adelante al niño, que corría desde los dos años entre las gallinas, además de ayudar a su abuela, desde los cinco años a abonar, regar y a coger los huevos calentitos.

 A los seis años, el abuelo le llevó al colegio del pueblo, donde una maestra se esforzaba en educar a unos veinte niños de todas las edades, desde los seis hasta los catorce años. La maestra era muy capaz, porque incluso preparaba a los más listos para el Ingreso de Bachiller, que se realizaba a los once años.

 Pero sigamos con Ángel. El abuelo, a los ochenta años se puso enfermo y murió, sin saber nunca nadie de qué, porque nunca había ido al médico, y la abuela se quedó sola con el niño, que por entonces contaba ocho años de edad. Para ir al Colegio tuvo que contar con la ayuda de un vecino que llevaba a sus tres hijos a la misma escuela.

 El niño ayudaba más que antes a su abuela en todo lo que podía y cuando preguntaba por sus “papás”, como tenían los demás niños, su abuela siempre le decía:

—    Se fueron lejos, se fueron lejos, Angelito,

—    ¿A la capital o a dónde? —replicaba el niño, que ya estaba aprendiendo algo de geografía con doña Gertrudis, que éste era el nombre de su maestra.

Un día su abuela, cuando el niño cumplió nueve años, le dijo:

—    Mira, Angelito, tu mamá murió al poco de nacer tú, y se fue al cielo, y tu papá se fue a América a hacer fortuna y nunca ha vuelto.

—    ¡Te quiero, abuela! Tú has sido mi auténtica mamá y cuando tú me faltes yo también me iré, porque aquí solo, no sabré que hacer.

—    Puedes hacer una granja con muchas gallinas y unas huertas muy grandes y vivir de ello.— Le decía la abuela.

 

 Cuatro años más tarde, su abuela se fue con su abuelo. Unos vecinos ayudaron al niño, que acababa de cumplir los trece años a terminar a trancas y barrancas la escuela primaria. Él se ocupaba de cuidar las gallinas y el huerto de la abuela. Todas las tardes recogía los huevos y a la mañana cuando iba al Colegio, lo cual hacía en bicicleta, con un pequeño remolque, en el que depositaba las cestas con paja e iba dejando en alguna casa, y en las dos tiendas del pueblo. Así sacaba un dinerillo que le servía para comprar semillas y coger abundantes tomates, pepinos y pimientos.

 

 Cuando el cura del pueblo, que le conocía desde la primera Comunión, celebró el funeral de la abuela, se preocupó de que el niño estuviera atendido de ropas y de comida, que no fueran sólo huevos o verduras. Y lo que es muy importante, le animó a que pidiera una beca residencial en una Universidad Laboral, que le diera formación profesional, como Perito Agrícola.

—    ¡Padre, que yo no valgo para estudiar!— contestaba Ángel.

—    Ya lo creo que vas a estudiar. Y de la huerta, mientras estés en la Universidad se ocupará mi hermano. ¡No te preocupes!

Y así, el niño pobre, durante cinco años de intensos estudios consiguió salir con veinte años, diplomado como Perito Agrícola, con una formación inmejorable.

Y se puso manos a la obra. Con un préstamo de por medio, construyó  una gran nave donde formó un magnifico gallinero y con la ayuda de dos amigos del pueblo, que ya trabajarían siempre para él como copropietarios, levantaron lo que hoy es una Granja Modelo, a la que puso el apellido de sus abuelos: “Granja Robles” y es conocida en toda la comarca.

 Demostrando así, que no importa la cuna, sino el esfuerzo personal, lo que fabrica personas triunfadoras.


Publicado por Lanzas @ 21:28  | Familia
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