Lunes, 08 de febrero de 2010

¿Asesinato o ejecución?

 

 El sol entraba por la ventana y se reflejaba en la reluciente mesa, cegándome sin misericordia. Todavía tenía en mi mano la pistola Llama, del calibre 9 mm. Parabelum que aún humeaba, después de haber disparado cinco balas seguidas contra la persona que se desangraba en el suelo, encima de la alfombra, que ahora parecía aún más roja que nunca.

 Esa persona era Antonio Lucena Pellicer. Y voy a narrar como llegué a matar a éste “hijoputa”, lo cual, seguramente, acabará para siempre con mi libertad.

 

 

 Hacía dos años conocí a la que sería mi mujer. Fue algo de ensueño. Alicia era un demonio y a la vez un ángel. Su rubio pelo, que casi le llegaba hasta la cintura, era suave como la seda y se movía como si quisiera contradecir a sus oscilantes caderas, cuando andaba. Sus rojos labios eran tan carnosos que cuando les besé por primera vez, casi me ahogo de la emoción. Y sus ojos, deslumbraban a las propias luciérnagas. Eran verdes como el trigo inmaduro y se clavaban en mis órbitas como dos luceros caídos del cielo. Apenas fuimos novios durante dos semanas y nos casamos en la más estricta intimidad de una sala del juzgado de enlaces, con la presencia de su hermana y de mi amigo Ramiro, como únicos testigos.

 

 Al principio nuestra vida fue como la de un cuento de las mil y una noches. Comíamos, hacíamos el amor y nuestro trabajo era hacer la cama para deshacerla de nuevo a las pocas horas, y  al rato, comer en el restaurante de la esquina. Luego, empezamos a hacer viajes cada vez más largos y costosos. El dinero que había  ahorrado durante diez años de Director de una gran compañía aérea se esfumó y tuvimos que regresar a nuestra ciudad natal, donde tuve que trabajar en la Empresa Lucena SA, de la cual era propietario mi amigo Antonio, trabajé de Ingeniero de Sistemas, que era para lo que había estudiado, aunque pasé unos años en Información y Comunicaciones de la Guardia Civil.

 La relación con mi esposa empezó a tambalearse. Ya no hacíamos apenas vida juntos y comencé a beber sin parar. Antonio nos invitaba a sus fiestas en el gran chalet que poseía en Marbella y es cuando empecé a sospechar que andaba detrás de Alicia. Mientras yo bebía en las oscuridades del jardín, ella entraba en la casa y ¡casualmente! Mi amigo Antonio desaparecía.

—    ¿Dónde estabas, Alicia?

—    Es que fui con Mercedes a la cocina, por si podíamos ayudar.

 De esta forma me contestaba o de esta otra:

—    Estaba viendo los cuadros nuevos, que ha comprado Antonio.

—    ¿No los habías contemplado ya, antes?

 Pero un día de aquellos, una Alicia maltrecha y jadeante apareció ante mí.

—    ¡Ayúdame, Roberto, me ha golpeado ese cabrón!

—    ¿Quién te ha puesto así, Alicia? ¿Ha sido Antonio?

—    Ha querido abusar de mí, y al negarme, me ha intentado violar, el muy canalla.

—    Pero,…entonces, ¿Tú no te estabas liando con ese ”hijoputa”? — balbuceé.

—    Nunca te he traicionado.

—    Vámonos, ya veré mañana que hacemos— no muy seguro de mi mismo, al estar bajo los efectos de un whisky doble con hielo, después de unos tres o cuatro martines.

Cogí, casi en volandas, a Alicia  y la metí en el audi que aún debía. Una vez en casa, le espeté:

—    Cuéntame la verdad.

—    Antonio ha intentado violarme. Me llevó a su despacho, con la excusa de enseñarme un cuadro de Picasso, que resultó ser una falsificación,  aunque él siempre había sido amable conmigo— entre sollozos y mientras se quitaba la maltrecha blusa, Alicia me explicaba su desgraciada aventura— y que yo no quería contradecir por tu trabajo, nunca imaginé que intentara violentarme.

—    ¡Va a saber quién soy, ese maldito animal!

 

  Acompañé a mi mujer a la bañera y dejé que se relajara. A pesar de insistirla que fuéramos al Hospital, para que fuera reconocida por un doctor, no quiso hacerlo y mientras ella se arreglaba yo fui a mi habitación, y saqué la pistola Llama, que conservaba desde los tiempos de mi etapa como Guardia Civil, y que pude conservar por desempeñar un cargo peligroso en mi empresa aérea. Comprobé que el cargador estaba a tope, con sus quince balas de 9 mm.

 

 Puse la pistola en el bolso de mi gabardina y salí a la calle. Una fina lluvia me acompañó hasta la esquina, y cogí un taxi.

—    Lléveme al Polígono Industrial, a la rotonda donde se encuentra Lucena S.A.

—    Allá vamos— respondió un taciturno chófer.

  Una vez en la puerta lateral, de la cual tenía llave, y a pesar de ser domingo por la noche, no me pareció extraño encontrar a los ingenieros, Costa y Dalmau, ya que les tocaba la guardia de Sistemas. Les saludé brevemente y me dirigí a mi despacho.

  Me dispuse a esperar que al alba viniese a su empresa el despreciable ex-amigo.

  Metí la pistola en el primer cajón de la derecha de la mesa, junto a un paquete de DVDs  aún vírgenes y debajo de un dossier sobre como mejorar las ventas de ordenadores.

  Un brusco chasquido me despertó y pude ver como entre una neblina a Antonio apuntándome con una pistola.

—    ¡Roberto! No intentes nada, que sé que has venido armado.

—    ¡No, no! ¿Qué te hace pensar tal cosa— exclamé desconcertado.

—    Me ha llamado Alicia y me ha dicho que has salido de casa sin decirla nada y que sabes que yo intenté follármela.

—    ¡Hijoputa! ¡La forzaste, pero no conseguiste nada!

—    No es cierto. Yo no intenté más que ayudarla, porque tú eres un impotente que la tiene olvidada.

—    ¿Y tenías que pegarla?

—    Bueno, es que a última hora ella, que me había provocado, se volvió atrás, seguramente recordando el amor que te tuvo, mariconazo de mierda.

 

 Al oír aquello de “mariconazo”, ya no pude más y me dejé caer al lateral de la mesa, mientras rápidamente sacaba la pistola del maldito cajón.

   El primer disparo se lo envié por debajo de la mesa, alcanzándole en la rodilla, lo cual le hizo caer al suelo. Él disparó según caía, pero no pudo alcanzarme al salir el tiro demasiado alto. Yo me levanté por encima de la mesa y le descargué cuatro tiros más, dos en la cabeza y otros dos en el pecho.

 Aquí estoy, esperando a la policía, de la cual ya oigo las sirenas, y con la sensación de haber actuado correctamente.

 

 


Publicado por Lanzas @ 19:28  | Dramas
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