Viernes, 18 de diciembre de 2009

EL REVÓLVER



Tom salió de la casa de su tío con una amplia sonrisa. Su mano derecha acariciaba el revólver que llevaba en  un bolsillo de su  cazadora.  Llevaba largo tiempo detrás de poseer un arma,  le infundía seguridad,  y al fin, su tío se lo había regalado. Realmente, pensaba  que lo necesitaba. Hacía cuatro meses que salía con una linda muchacha, llamada Lucy, y ardía en deseos de tener relaciones íntimas con ella,  pero no se había dado la ocasión, o mejor dicho, el lugar dónde tenerlas.

   Habían estado circulando en los periódicos locales las noticias de que un  violador  asaltaba a las parejas que estacionaban sus vehículos en el lugar al que los enamorados de la población solían ir. Éste era un bello y frondoso lugar en las afueras de la población, cerca del río, en  el que durante los atardeceres se podían ver entre los árboles numerosos vehículos  estacionados, de los que se escapaban risas y suspiros.  

   Tom le había propuesto a Lucy  ir una noche allí, pero la joven se negó en redondo:

-¡No, no,  Tom! Tengo miedo de que aparezca el tipo ese y nos ocurra algo malo. Esperaremos a ver si la policía lo detiene de una vez.

   Tom miró a su novia con una pícara sonrisa mientras sacaba del bolsillo el revólver  357 Magnun,  diseñado, entre otros servicios, para la autodefensa. ¡Justo para lo que Tom lo quería!

-Con esto creo que no debemos temer nada, cariño.

-Pero, Tom ¡si no tienes licencia!

-Bueno, eso no es problema, ya me la sacaré.

Ya, pero lo más grave es que tampoco tienes práctica. Mi padre siempre me ha dicho que no se deben llevar armas si no se ha aprendido a manejarlas durante bastante tiempo.

-Todo eso ya lo sé, querida, pero el sólo  hecho de llevar este revólver  me produce una sensación de seguridad y si se tipo se acerca lo bastante, creo que le daré de lleno en la cara.

-No sé, cariño, pero todo esto no me gusta nada. ¿por qué no esperamos a que lo detengan?

-Mira, amor, ardo en deseos de tenerte en mis brazos,  y  no creo que vayamos a tener la mala suerte de que el tipo ese aparezca justo esta noche.¿Qué te parece si quedamos a las siete? Volveremos pronto a casa para que tus padres no se preocupen.

¡Qué considerado eres, cielo, por eso te quiero tanto!

-¿Qué? ¿ vamos esta tarde?

   Le miraba con sus azules ojos tan suplicantes, que el corazón de la joven se enterneció.

-Bueno, vale. Esta noche.

   Cuando el sol proyectó sus sombras más alargadas, la pareja se encaminó hacia el bosque sumido en el silencio y la sombra.

   Tom estacionó su vehículo en un claro  rodeado por altos y frondosos árboles, de grandes y añosos troncos. Estaba exultante de felicidad al lado de Lucy, los sueños de muchas noches se iban a hacer realidad.

Bajó las ventanillas para que la deliciosa brisa cargada de aromas entrara al interior. Pasó un brazo alrededor de los hombros de Lucy mientras atraía  su boca a sus labios.

Cuando las bocas se juntaron Tom notó en la cabeza una fuerte presión de un objeto muy  frío. Quiso girar la cabeza pero no pudo, aunque si oyó unas palabras muy cerca de su oído  que le helaron por un momento la sangre.

-¡Las manos quietas!  ¡y baja del coche ahora mismo!

    La mente del joven pensaba velozmente qué hacer, cuando recordó su arma guardada en la guantera del auto. Hizo el ademán de estirar el brazo hacia la guantera para tomar el arma cuando sintió que un rayo de fuego le atravesó el hombro.

-¡Te he dicho que no te muevas! La próxima vez te daré en la cabeza! ¡Baja!

   El joven obedeció y una vez en tierra el asaltante le propinó una patada en la espalda que le hizo caer de rodillas, en esta posición el delincuente le ató las manos y las piernas sujetándolo a un árbol cercano. A continuación se acercó al coche y dijo:
¡Hola bonita, tú y yo vamos a pasar un buen rato!

   Entró en el vehículo por una puerta trasera y conminó a la joven que se pasara allí.

-Aquí estaremos más cómodos, muñeca.

 

    Lucy fue golpeada y violada varias veces por el intruso. Sus gritos y gemidos de dolor fueron oídos, impotente, por Tom que nada podía hacer por ayudarla.

    Al cabo de un tiempo en el que la muchacha pensó morir muchas veces, el violador salió del vehículo arreglándose las ropas.

-¡ Ahí te la dejo. No creo que ahora te apetezca

 mucho hacer nada con ella, ja, ja, ja…

  Y comenzó a caminar lentamente mientras Tom se erguía todo lo que podía para ver a Lucy.

-¡Oh, Dios mío! ¿Qué te ha hecho, mi pobre niña?

   La joven tenía todo el cuerpo cubierto de sangre, desnudo, se veían profundos cortes en los senos y mordeduras por todos lados. Tom vio, con gran asombro como Lucy se incorporaba haciendo un ímprobo esfuerzo y se pasaba a la parte delantera del coche. Una vez allí  estiró un ensangrentado brazo y sacó de la guantera el revólver. Después, muy despacio, abrió la portezuela y, sentada, sacó el revólver fuertemente sujetado por sus manos, temblorosas,  apuntando al criminal que se alejaba.  Apuntó con mucho cuidado a la espalda del intruso y disparó. Éste, herido,  se volvió hacia el auto con gesto incrédulo el breve tiempo que Lucy necesitó para disparar  de nuevo, esta vez a la cabeza.

   La bala  le atravesó el cerebro (mentalmente Lucy agradeció las lecciones de su padre) y el violador cayó pesadamente sobre la tierra con los ojos aún abiertos velados por el  asombro.


Publicado por mariangeles512 @ 19:23  | Dramas
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Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009


Adela oyó al abrir la puerta de su casa  voces acaloradas masculinas,  entre la que se encontraba la de su esposo.

-¡Que no, hombre, que no.! Que la pena de muerte sólo se practica ya en las dictaduras y en algunos estados de América…!

-Pues yo sigo pensando que para algunos delincuentes, los terrorista, por ejemplo, la pena de muerte tenía que seguir vigente- arguyó un amigo de Esteban, el marido de Adela.

-Eso sería como volver al pasado, a la era franquista, ahora estamos en un sistema democrático que no ve nada bien la pena capital, ni siquiera para los asesinos.

-Creo que habría que hacer sobre eso un referendum, a ver qué opinaba el pueblo.

 La voz de Esteban resonó con firmeza:

-Estoy seguro de  que los españoles dirían no a la pena de muerte.

-Mira, pues yo no estoy tan seguro. Hay crímenes que se cometen contra niños que merecían quitar de la sociedad a sus autores. Yo no hablo de quitar vidas a ninguna persona que haya cometido un delito leve, o un homicidio, pero hay casos en que la maldad es tan grande que lo que merecen es la muerte.

¡Oye, Jorge, que no te creía tan malo! -dijo bromeando Esteban.

-No creo que sea tan malo porque me gustaría que hubiera auténtica justicia, porque, además, y para mí es lo peor, es que esos malvados, que algunos han matado hasta veinticinco personas, están en la calle a los pocos años, no salen ni a un año por asesinado, pasando la buena vida y los otros criando malvas ; aparte que  ha habido muchos niños entre los asesinados por el terror, y yo no lo soporto…Lo siento pero  pienso así. Puede que no sea muy cristiano  el ojo por ojo, diente por diente, pero ya os he dicho que lo desearía sólo en casos especiales…

 

   Adela hizo su entrada en el salón con la mejor de sus sonrisas poniendo término a la discusión.

¿Qué tal os va? Me ha parecido que estabais muy entretenidos, ¿no?

-Pues sí, cariño, así es. Fíjate que Jorge y alguno más,  son partidarios de la pena de muerte para los terroristas. Yo, como tú sabes, no comparto esa opinión.

-Sí, cariño, lo sé, y eso te honra ante mis ojos.

   Adela pasó un brazo afectuosamente por la espalda de su esposo y depositó un ligero beso en una mejilla.

-Bueno, os dejo, tengo que preparar la cena. Los chicos están por llegar.

   Los amigos de Esteban aprovecharon para dar por terminada la visita y se marcharon con un cordial ¡ hasta pronto!

 

   El reloj del salón anunciaba las nueve de la noche. Era la hora en que solían llegar a casa los dos hijos el matrimonio: una joven muy bonita, llamada Estela, que estudiaba en la Universidad, Ciencias de la Comunicación, y Jorge de 17 años, que aún estudiaba el bachiller.

   Aquella noche Estela llegó con aspecto muy cansado, pálida. Su madre al verla preguntó preocupada:

¿Te ha pasado algo, cariño? Tienes mal aspecto.

La joven miró a su madre con los ojos brillando por lágrimas que pugnaban por salir.

-¡Estela, hija, por favor! si tienes algún problema, ¡dímelo! Soy tu madre, sabré entenderte…

   La joven no respondía y este silencio indicó a la madre que algo grave le ocurría a su hija.

-Mira si no me dices nada, será terrible para mí,  porque intuyo que te pasa algo malo y voy a imaginarme cualquier disparate. ¡Te lo ruego, hija, confía en mí!

   La madre abrazó suavemente a su hija por los hombros para infundirle aliento y valor ya que la veía como un pajarillo herido.

-¡Mamá!…yo…

-¿Qué, hija, qué?

-¡Mamá, estoy embarazada!- y rompió a llorar con desconsuelo.

   La madre se llevó una mano a la boca como para sofocar un grito.

Un silencio pesado llenó el ambiente. Al fin, la madre, algo repuesta,  habló:

-¡Pero bueno, si sólo  se trata de eso! ¡Qué susto tenía! Estela, cariño, aunque no esperaba esta situación, el problema no es para tanto.

   -Pero mamá, ¿cómo dices eso? Estoy estudiando, ¿qué voy a hacer?

   Adela tomó a la hija por los hombre y la encaró mirándola fijamente a los ojos:

¡Tenerlo, hija tenerlo! Ya nos arreglaremos entre todos para cuidarlo.

¡Mamá!, Carlos, cuando se lo he dicho, me ha recomendado que aborte, dice que ahora no es el momento oportuno.

-Esa será la opinión de Carlos, pero si fue oportuno hacer el acto sexual sin cuidado para evitar esto, también va ser oportuno que ese niño nazca. No vayamos a confundir la oportunidad con el asesinato.

-          ¿Asesinato…?

-          ¿Y cómo lo llamaríamos, entonces?

-          No sé…no lo he pensado…es aún de muy poco tiempo…

-          -Escucha, cariño, sabemos ahora ya, de sobra, que desde el mismo momento de la concepción lo que se forma es ya un ser humano…así que todo lo que se haga en contra de su vida hay que llamarlo por lo que es: un asesinato.

-          De repente unos pasos se oyeron entrando al salón.

-          ¡Bueno, ¿qué pasa aquí? ¿estamos con secretillos?- dijo sonriendo el padre.

-          La sonrisa murió apenas  nacida al ver a su hija llorando y a su esposa con aspecto sumamente preocupado.

-          -Bueno, ¿me vais a decir qué pasa?

-             La madre se adelantó unos pasos hacia el esposo y le dijo tranquilamente:

-          -Esteban, vamos a tener un nieto.

-          ¿Quééé.

-          -Lo que has oído.

-          Perdona, Adela pero no estoy para bromas. Aquí no va a haber nieto alguno, al menos de momento…

-          -¿Y quién se supone que lo va a impedir?

-          -¡Yo, el padre! Esta cría lo que tiene que hacer es acabar su carrera y no perder su tiempo cuidando mocosos ahora.

-          ¿Estás insinuando que Estela aborte?

-          -¡Claro! ¿De qué otra manera podemos deshacernos de lo que engendró?

      La esposa retrocedió unos pasos como para contemplar mejor  a su marido. Tenía la impresión de que le oía por primera vez, de que no le conocía  y no podía creerlo.

-Pero vamos a ver, Esteban. Tú,  el hombre ‘progre’, el hombre avanzado, ¿me estás diciendo que no eres partidario de la pena de muerte, ni siquiera de asesinos terribles que han segado la vida, algunos a decenas de personas, y  sin embargo, pretendes que nuestra hija quite la vida a su propio hijo, un ser inocente, que aún no ha hecho ningún mal a nadie, que  quizá nunca lo haga, que pueda llegar a ser una excelente persona y no le quieres dar ni la más mínima oportunidad? ¡Qué decepción, Esteban, qué decepción! Yo que te admiraba por tus ideas, por tu magnanimidad, y hablas de matar a nuestro primer nieto. ¡No te conozco, de verdad, no te conozco…!

 

   Adela salió corriendo de la habitación mientras los sollozos se disolvían en el aire.

   Esteban miró a su hija, abrió la boca como para decir algo pero la hija volvió el rostro hacia otra parte mientras se dirigía a la puerta. Al llegar al dintel  se detuvo, giró sus ojos hacia Esteban y dijo con voz débil pero firme:

-Nacerá, papá, a pesar de tu ‘progresismo’, nacerá.




Publicado por mariangeles512 @ 19:01  | Familia
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