Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009


Adela oyó al abrir la puerta de su casa  voces acaloradas masculinas,  entre la que se encontraba la de su esposo.

-¡Que no, hombre, que no.! Que la pena de muerte sólo se practica ya en las dictaduras y en algunos estados de América…!

-Pues yo sigo pensando que para algunos delincuentes, los terrorista, por ejemplo, la pena de muerte tenía que seguir vigente- arguyó un amigo de Esteban, el marido de Adela.

-Eso sería como volver al pasado, a la era franquista, ahora estamos en un sistema democrático que no ve nada bien la pena capital, ni siquiera para los asesinos.

-Creo que habría que hacer sobre eso un referendum, a ver qué opinaba el pueblo.

 La voz de Esteban resonó con firmeza:

-Estoy seguro de  que los españoles dirían no a la pena de muerte.

-Mira, pues yo no estoy tan seguro. Hay crímenes que se cometen contra niños que merecían quitar de la sociedad a sus autores. Yo no hablo de quitar vidas a ninguna persona que haya cometido un delito leve, o un homicidio, pero hay casos en que la maldad es tan grande que lo que merecen es la muerte.

¡Oye, Jorge, que no te creía tan malo! -dijo bromeando Esteban.

-No creo que sea tan malo porque me gustaría que hubiera auténtica justicia, porque, además, y para mí es lo peor, es que esos malvados, que algunos han matado hasta veinticinco personas, están en la calle a los pocos años, no salen ni a un año por asesinado, pasando la buena vida y los otros criando malvas ; aparte que  ha habido muchos niños entre los asesinados por el terror, y yo no lo soporto…Lo siento pero  pienso así. Puede que no sea muy cristiano  el ojo por ojo, diente por diente, pero ya os he dicho que lo desearía sólo en casos especiales…

 

   Adela hizo su entrada en el salón con la mejor de sus sonrisas poniendo término a la discusión.

¿Qué tal os va? Me ha parecido que estabais muy entretenidos, ¿no?

-Pues sí, cariño, así es. Fíjate que Jorge y alguno más,  son partidarios de la pena de muerte para los terroristas. Yo, como tú sabes, no comparto esa opinión.

-Sí, cariño, lo sé, y eso te honra ante mis ojos.

   Adela pasó un brazo afectuosamente por la espalda de su esposo y depositó un ligero beso en una mejilla.

-Bueno, os dejo, tengo que preparar la cena. Los chicos están por llegar.

   Los amigos de Esteban aprovecharon para dar por terminada la visita y se marcharon con un cordial ¡ hasta pronto!

 

   El reloj del salón anunciaba las nueve de la noche. Era la hora en que solían llegar a casa los dos hijos el matrimonio: una joven muy bonita, llamada Estela, que estudiaba en la Universidad, Ciencias de la Comunicación, y Jorge de 17 años, que aún estudiaba el bachiller.

   Aquella noche Estela llegó con aspecto muy cansado, pálida. Su madre al verla preguntó preocupada:

¿Te ha pasado algo, cariño? Tienes mal aspecto.

La joven miró a su madre con los ojos brillando por lágrimas que pugnaban por salir.

-¡Estela, hija, por favor! si tienes algún problema, ¡dímelo! Soy tu madre, sabré entenderte…

   La joven no respondía y este silencio indicó a la madre que algo grave le ocurría a su hija.

-Mira si no me dices nada, será terrible para mí,  porque intuyo que te pasa algo malo y voy a imaginarme cualquier disparate. ¡Te lo ruego, hija, confía en mí!

   La madre abrazó suavemente a su hija por los hombros para infundirle aliento y valor ya que la veía como un pajarillo herido.

-¡Mamá!…yo…

-¿Qué, hija, qué?

-¡Mamá, estoy embarazada!- y rompió a llorar con desconsuelo.

   La madre se llevó una mano a la boca como para sofocar un grito.

Un silencio pesado llenó el ambiente. Al fin, la madre, algo repuesta,  habló:

-¡Pero bueno, si sólo  se trata de eso! ¡Qué susto tenía! Estela, cariño, aunque no esperaba esta situación, el problema no es para tanto.

   -Pero mamá, ¿cómo dices eso? Estoy estudiando, ¿qué voy a hacer?

   Adela tomó a la hija por los hombre y la encaró mirándola fijamente a los ojos:

¡Tenerlo, hija tenerlo! Ya nos arreglaremos entre todos para cuidarlo.

¡Mamá!, Carlos, cuando se lo he dicho, me ha recomendado que aborte, dice que ahora no es el momento oportuno.

-Esa será la opinión de Carlos, pero si fue oportuno hacer el acto sexual sin cuidado para evitar esto, también va ser oportuno que ese niño nazca. No vayamos a confundir la oportunidad con el asesinato.

-          ¿Asesinato…?

-          ¿Y cómo lo llamaríamos, entonces?

-          No sé…no lo he pensado…es aún de muy poco tiempo…

-          -Escucha, cariño, sabemos ahora ya, de sobra, que desde el mismo momento de la concepción lo que se forma es ya un ser humano…así que todo lo que se haga en contra de su vida hay que llamarlo por lo que es: un asesinato.

-          De repente unos pasos se oyeron entrando al salón.

-          ¡Bueno, ¿qué pasa aquí? ¿estamos con secretillos?- dijo sonriendo el padre.

-          La sonrisa murió apenas  nacida al ver a su hija llorando y a su esposa con aspecto sumamente preocupado.

-          -Bueno, ¿me vais a decir qué pasa?

-             La madre se adelantó unos pasos hacia el esposo y le dijo tranquilamente:

-          -Esteban, vamos a tener un nieto.

-          ¿Quééé.

-          -Lo que has oído.

-          Perdona, Adela pero no estoy para bromas. Aquí no va a haber nieto alguno, al menos de momento…

-          -¿Y quién se supone que lo va a impedir?

-          -¡Yo, el padre! Esta cría lo que tiene que hacer es acabar su carrera y no perder su tiempo cuidando mocosos ahora.

-          ¿Estás insinuando que Estela aborte?

-          -¡Claro! ¿De qué otra manera podemos deshacernos de lo que engendró?

      La esposa retrocedió unos pasos como para contemplar mejor  a su marido. Tenía la impresión de que le oía por primera vez, de que no le conocía  y no podía creerlo.

-Pero vamos a ver, Esteban. Tú,  el hombre ‘progre’, el hombre avanzado, ¿me estás diciendo que no eres partidario de la pena de muerte, ni siquiera de asesinos terribles que han segado la vida, algunos a decenas de personas, y  sin embargo, pretendes que nuestra hija quite la vida a su propio hijo, un ser inocente, que aún no ha hecho ningún mal a nadie, que  quizá nunca lo haga, que pueda llegar a ser una excelente persona y no le quieres dar ni la más mínima oportunidad? ¡Qué decepción, Esteban, qué decepción! Yo que te admiraba por tus ideas, por tu magnanimidad, y hablas de matar a nuestro primer nieto. ¡No te conozco, de verdad, no te conozco…!

 

   Adela salió corriendo de la habitación mientras los sollozos se disolvían en el aire.

   Esteban miró a su hija, abrió la boca como para decir algo pero la hija volvió el rostro hacia otra parte mientras se dirigía a la puerta. Al llegar al dintel  se detuvo, giró sus ojos hacia Esteban y dijo con voz débil pero firme:

-Nacerá, papá, a pesar de tu ‘progresismo’, nacerá.




Publicado por mariangeles512 @ 19:01  | Familia
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