Jueves, 06 de agosto de 2009
#1 ·
Dedicado a Julián Lago



¡Ay, Julián, cómo te admiro!

Hace  meses dijiste  a tus amigos que te ibas a Paraguay  para ser tú mismo, y para hacer algo bueno por personas humildes, los  indios guaraníes.  Y  les dijiste también que en aquel lugar te sentías más ceca de Dios que de los hombres, en la felicitación que les enviaste por Navidad. ¡Qué feliz te sentirías!

 

Tú, que habías sido un brillante periodista, terminaste por decepcionarte de esa profesión, a la que definiste al final como una profesión que cuenta mentiras elaboradas en un despacho. Tú que conociste el éxito y los premios en tu profesión, no te sentiste colmado para seguir en España con los tuyos, o quizá ¿los tuyos eran los indígenas paraguayos?  ¿Eran la verdad que buscabas hacía ya tiempo?

¿Te diste cuenta que sólo es importante la vida cuando se hace algo por los demás?

 

Y lo dejaste todo, y te fuiste a un recóndito pueblecito de Paraguay. Y allí comenzaste la construcción de una escuela, y tus amigos han dicho que también te ocupaste de las cosas del campo para que el hambre no fuera  un invitado nunca más  en esa comunidad.

Estabas delicado de salud, sí, pero eso no fue un obstáculo para que marcharas tan lejos de España y a un lugar, el pueblito,  con nulos adelantos médicos. ¡No importabas tú, ahora iban a importar los desheredados de la tierra! ¡La emoción ahoga mi garganta cuando pienso en tan excelsos intereses!

Pero no pudo ser. La fatalidad se cruzó en tu camino en forma de motorista cuando te atropelló en el mismo instante en que descendías de tu coche.  ¡Maldición! Habrán mascullado en su idioma tus pobres indígenas. Ahora, cuando nos viene del otro lado del ancho mar un hombre bueno para aliviarnos un poco en nuestra miseria, el destino nos lo arrebata.¡Cuánto lo siento por ellos! ¡Me había gustado tanto tu proyecto! ¡Me había parecido tan valiente por tu parte, que desdeñando tus enfermedades te arriesgases a irte tan lejos, aunque ya supongo que pensabas quedarte allí para siempre.

Julián, a pesar de todo,  estoy contenta por ti. Ahora ya estás delante de la Verdad. Desnudo, con el alma al viento del Paraíso, sin tapujos, para que el Creador lea , (aunque Él siempre puede hacerlo)  tu corazón, y compruebe su grandeza, su generosidad, y seguro  que, echándote un brazo por la espalda, ya no te sentirá jamás solo, te acompañará al lugar donde el sufrimiento no existe, ni la mentira, sólo la Paz y la Felicidad. Y ahí comenzarás a ser feliz.

 No te preocupes por tus inditos, alguien seguirá lo que tú comenzaste.

Julián yo he rezado por ti, pero con alegría porque al fin estás donde tú deseabas: cerca, muy cerca de Dios.


Publicado por mariangeles512 @ 13:05  | Dramas
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