Mi?rcoles, 22 de julio de 2009

Lucía se hizo aquella mañana  la prueba del embarazo: ¡dos rayitas rosas le dijeron que estaba embarazada!

-¡“Dios mío!  ¿Y ahora qué hago?- paseó angustiada por su habitación- ¡hablaré con Esteban; él sabrá qué debo hacer!

Buscó en la agenda del móvil, apretó el botón y al cabo de unos segundos, la voz amada:
-¡Hola!, ¿qué tal?

-¡Esteban,  cariño, tenemos un gran problema!: Me he hecho la prueba con el Predictor y me ha dado positivo.

-Pero ¡Eso es imposible! ¡Siempre hemos tenido mucho cuidado!

-¡No! no siempre. Una noche que  bebimos mucho, no tenías ni un preservativo y no tuviste ganas de ir a comprarlos.

-Y ¿Sólo por una vez? ¡Dios mío!

-Ya ves que sí, que aunque es difícil quedarse embarazada, según dicen, a veces ocurren estas cosas…

- Bueno, escucha,  luego nos vemos  cuando salga de clase y hablamos de esto. ¡No te preocupes! Ahora todo ‘esto’ tiene arreglo.

- ¡Vale, hasta luego!

 

 

Al cabo de unas horas los dos novios se miraban  intensamente, sentados alrededor de una mesa, en la cafetería de la Facultad donde cursaba  Esteban su último año de carrera.

-Bueno, y ¿qué puedo hacer?

-Yo lo tengo clarísmo: ¡abortar! Yo no puedo comprometer mi futuro por un niño.

-Eso me suena a muy poca responsabilidad.

-¡Me da igual cómo te suene! ¡Yo no me puedo hacer cargo de nada! ¡Escucha bien! Ahora el ministerio de Igualdad ha ‘sacado’ una ley, quizá algo disparatada, pero que a nosotros nos viene muy bien…

-¿Sí?

-Verás; se puede abortar desde los diceséis años, sin problema alguno, y ni hay que decírselo siquiera a los padres.

-¡Dios mío! ¡Es horrible! ¿Hacer algo así sin contar con los padres? ¡Qué locura!

Y ¿el niño? ¿No cuenta su vida para nada?- inquirió llorosa la muchacha.

-¡Que vida ni qué vida!, ¡’Eso,’ aún  no es un niño!

-¿No? y ¿qué es,  entonces?

-Pues, hija, ¡un montón de células vivas! Pero niño aún, no.

-Yo tenía entendido que  ya un ser humano desde el mismo momento de la concepción; que ya tiene todas las características de lo que será de adulto: color de ojos, de pelo, de piel, sexo…

-¡Basta! ¡No me des la ‘paliza’ con eso!

-¿Paliza? ¡Oye, que  yo no me lo he inventado! La profesora de biología lo explicó así en clase, cuando estudiamos el tema.

-Pues será una opinión suya. Hay gente que, como es católica,  y está en contra del aborto, quiere demostrarnos que ‘eso’ ya es un ser humano. ¡Pero, no!

-¿Estás seguro?

-¡Totalmente!

   Mientra así hablaba con su novio Lucía sentía dentro de sí algo nuevo, como una rareza, que sin embargo le producía una gran alegría,  algo que crecía en su interior.

 

-Está bien, no estoy segura de lo que me dices, pero de lo que sí estoy segura es de que me las tengo que arreglar yo sola.

-En ese problema, sí- afirmó rotundo.

-Pues tú también eres causa de ‘ese’ problema. Que parece que hubiera engendrado el niño yo sola.

-¡Lo siento, chiquita, pero los hombres no podemos abortar!-acabó Esteban con una sonrisa que colmó el vaso de agua a Lucía.

-Te diré algo: me alegro de que esto haya ocurrido, me ha dado la oportunidad de conocerte, y saber la clase de miserable que eres. ¡Ni se te ocurra llamarme nunca más!

 

   Lucía salió de la cafetería con un pensamiento muy claro: ¡No mataría a su hijo! ¡Él nacería! Nacería de su cuerpo y sería lo más hermoso que pudiera haber realizado en su vida. Caminaría por la vida con la frente alta, sabiendo que se ‘jugaba el tipo’ por algo que merecía la pena.Y, quizá, cuando su hijo la mirase, sentiría que este ‘problema, era el menor de su vida.En unas horas había madurado más que en diez años.

 

 

Llegó a su casa y al entrar se cruzó con su madre en el vestíbulo.

-¡Hola, hija! ¿Te pasa algo?

Lucía pensó que sus padres debían saber lo que había ocurrido.

-¡Sí, mamá; ¡ven, tengo que hablarte! ¿Y,  papá?

-Está en el salón.

Pues vamos al salón, mamá.

 

   Las agujas del reloj del salón dieron una vuelta completa mientras Lucía habló con sus padres. Sus rostros, sus semblantes cambiaron a medida que su hija se explicaba. Al final una  media sonrisa de orgullo y satisfacción los embellecía.

-“…y, en el peor de los casos en que no pudiera atenderle, le daría en adopción. En España hay muchas familias que esperan por un bebé, y muchas salen al extranjero a buscarlos”.

-Has pensado muy acertadamente lo que vas a hacer: ¡Dejar que tu hijo nazca! ¡Darle esa única oportunidad!  Nosotros estaremos contigo en todo momento, cariño. No será necesario pensar en la adopción, nosotros te ayudaremos en todo lo que esté en nuestra mano ¡Sadremos adelante, Dios aprieta, pero no ahoga!

-¡Gracias, muchas gracias, papás!- dijo Lucía emocionada,  mientras se levantaba para abrazar a sus padres.

 

 

 

 

 


Publicado por mariangeles512 @ 21:59
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