Domingo, 15 de febrero de 2009

LA COMUNICACIÓN PERVERSA

 

(ACORRALAMIENTO DEL P.P)

 

 

Oyendo en estos últimos días los comunicados del partido socialista,  leyendo las primeras planas del periódico ‘El País’ y los escritos del juez Garzón, sobre presuntas actuaciones indebidas de miembros del P.P, me ha venido a la mente que estamos ante un clarísimo caso de comunicación y actuación  perversas por parte de los primeros mencionados.

 

 

   El dominio se establece a partir de procesos que dan la impresión de ser comunicativos, pero cuya particular comunicación no conduce a la unión, sino a todo lo contrario,  al alejamiento, y la imposibilidad de intercambio. La comunicación se deforma con objeto de utilizar al otro, para confundirle y para que no entienda nada del proceso que se ha iniciado. Hay  que manipular  el mensaje verbalmente.

Arrojar confusión sobre las informaciones reales es primordial cuando se trata de lograr que la victima se vuelva impotente. La violencia transpira, aunque se ahogue, a traváes de las insinuaciones, las reticencias, y lo que se silencia, lo que puede convertirse en un generador de angustia.

 

   Rechaza la comunicación directa, (recuérdese el caso Touriño, al ser preguntado sobre los gastos excesivos que se dice ha realizado:” Siguiente pregunta&rdquoGui?o. Como no habla, quiere imponer una imagen de grandeza, de sabiduría.

 

El perverso no NOMBRA NADA, pero lo INSINÚA TODO. La/as víctimas, intentan comprender; como no se habla claramente, lo reprochado,  puede ser cualquier cosa, así como los reprochados pueden ser cualquiera. Se establece la desconfianza.

Si hubiera un conflicto abierto cabría la posibilidad de discutir y encontrar soluciones. Pero en el registro de la COMUNICACIÓN  PERVERSA hay que impedir que el otro  piense, comprenda o reaccione.

   Cuando los perversos hablan con o de sus víctimas, lo hacen con voz fría, monocorde, insulsa, por la que asoman, a través de las palabras más anodinas, el desprecio y la burla.

   El perverso no suele alzar la voz, deja que el otro/os se irriten solos, lo cual no hace sino desestabilizarlos, que es lo que se persigue por parte del o los perversos.

 

   Con el perverso la comunicación es tortuosa, sin explicaciones y  conduce a interpretar. A menudo, la víctima recurre al escrito, pidiendo explicaciones o para dejarse entender. No suele obtener respuesta y se ve obligada a volver a escribir. A menudo, el agresor, utiliza estos escritos que no obtienen respuesta para atacar de nuevo a su/us víctimas. También suelen calificarles de paranaoicos y picapleitos.

 

   El mensaje del perverso es voluntariamente VAGO e IMPRECISO,  y genera confusión. Al utilizar alusiones emite mensajes sin comprometerse.

Sus declaraciones no responden a una relación lógica, y puede mantener a la vez discursos contradictorios (¿recuerda esto a algún personaje de la política?).

Las alusiones desestabilizadoras no suelen ser evidentes.

    Otro  procedimiento del perverso es el de utilizar un lenguaje técnico, docto, abstracto y dogmático que los otros no comprenden, y en los  que, en  muchos casos, no se atreven a preguntar para no parecer unos estúpidos. Este tipo de discurso puramente teórico, impide que el que lo escucha  pueda pensar,  impidiéndole reaccionar. El perverso, al hablar de una forma tan docta, da la impresión de saber, aunque esté diciendo auténticas tonterias. Puede impresionar a su auditorio con  una erudición superficial, utilizando palabras técnicas sin saber el significado que puedan tener.

   Al perverso le interesa más la forma que el fondo. Tiene que parecer ante los demás sabio para dar largas a los asuntos.

   Otro procedimiento del perverso consiste en nombrar las intenciones del otro, o de adivinar sus pensamientos más ocultos., con lo que el agresor da a entender que conoce mejor  que  la víctima lo que ésta piensa, (¿ recuerdan  otro personaje de la política?).

   En lugar de mentir de forma directa, el perverso prefiere la insinuación, el silencio, con el objeto de crear un malentendido que más tarde podrá explotar en beneficio propio.

  El chino Sun Tse, que vivió en el siglo V antes de Cristo, escribió en su arte de la guerra: “El arte de la guerra es el arte del engaño; si adoptamos siempre una apariencia contraria a lo que somos, aumentamos nuestras oportunidades de victoria”.

 

(Sun Tse,: ‘L’art de la guerre’, Paris, Ágora, 1933).

 

   DECIR SIN DECIR, es una hábil manera de  afrontar cualquier situación.

   Las técnicas indirectas que utiliza desestabilizan, y  permiten que el interlocutor tenga dudas sobre lo que acaba de ocurrir.

Se diga lo que se diga, los perversos siempre encuentran la manera de tener razón, y esto les resulta más fácil cuando ya han logrado desestabilizar a su/ sus víctima/s. En éstas se produce un gran trastorno, producto de la confusión entre la verdad y la mentira.

A los perversos les importa muy poco qué cosas son verdad y cuáles son mentira. A veces, sus falsificaciones de la realidad están muy cerca de las construcciones delirantes, (¿Recuerdan a alguien así?).

 Otro aspecto que me interesa dar a conocer de la actuación perversa es el  MENSAJE PARADÓJICO, el cual se basa en sembrar la duda sobre algún hecho. Las víctimas se desquician y ya no saben quién está en lo cierto y quién no. También es una actuación paradójica cuando se hace sentir la tensión y la hostilidad hacia el otro/os, pero sin decir nada en su contra. De este modo el agresor mantiene el control de la situación, y enreda a su víctima con sentimientos contradictorios. La finalidad de todo esto es dominar a la/s  víctima/as,  tanto en sus sentimientos,  como en sus comportamientos, para que éste/os  terminen por aprobarlo todo, al tiempo que se descalifican a sí mismo/os, tratándolos de borrarlos del mapa. Como podrá observarse los perversos son seres muy peligrosos que causan un profundo mal en las personas que caen bajo su influencia y no se percatan de la clase de personalidad que tienen delante.

 

   El gobierno español actual,  con su presidente a la cabeza,  tiene el perfil nítido de auténticos seres perversos, y la prueba está  en que se han valido y se valen de la mentira, y de sembrar dudas sobre múltiples casos del partido adversario sin demostrar nada,  para desestabilizarlo y eliminarlo como oposición.

   Hay formas de hacer frente a semjantes seres, pero en este artículo resultaría algo largo exponerlas. Lo haré más adelante. No obstante, el darse cuenta de quién se  tiene delante, ya  puede ayudar para combatir la destrucción y la eliminación de las que se es víctima.

 

Sólo deseo añadir en este pequeño artículo que las víctimas tienen que reaccionar cambiando su estrategia y  actuar con FIRMEZA  y sin TEMOR al conflicto. Esto obligará a su agresor/es a desenmascararse. Este cambio de actitud impelirá al perverso a intensificar sus agresiones y a culpabilizar más aún a su/us víctima/as. Ésta  debe abandonar su inmovilidad y situarse en el origen de la crisis, esto puede parecer que sea él/ella, la agresora, pero deberá asumir su elección, pues ésta puede llegar a producir un cambio. La crisis producida con el objetivo de eludir el mortífero dominio, es la única vía  para que la situación, como minímo, mejore.

 

   Algunas de estas reflexiones están inspiradas en el libro que leí hace ya algunos años  de Marie_ France Hirigoyen: ‘El acoso moral’.  Ed: PAIDOS.

 

Saludos cordiales:

 

María Ángeles

 


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Martes, 03 de febrero de 2009

                                           ”EL SEGUNDÓN”

 

Alborozo en el hogar: habían nacido dos preciosos gemelos.

A medida que fueron creciendo las diferencias entre los niños se hicieron  evidentes. El que salió primero del vientre materno creció sano, fuerte,  guapo, de carácter simpatico y alegre;  y el que le siguió minutos más tarde, creció conociendo todas las enfermedades infantiles, lo que hizo que su cuerpo y vitalidad estuviesen  bastante mermados, y su ánimo fuese más bien triste.

 No pudo competir con su hemano y compañeros en los juegos del colegio, en los recreos, porque se agotaba con rapidez; en las marchas caminaba siempre rezagado, solo,  por lo que no pudo conseguir los buenos amigos que se hacen en el colegio. En cuento a las muchachas, envidiaba el coro de chicas atractivas que suspiraban por Esteban, su gemelo, y la rabia le comía  por dentro porque  ninguna muchacha mostrase atracción  por él. Andrés, este era su nombre, sentíase muy desgraciado.

En el hogar,  sus padres trataban de animarle,  haciéndole ver que no todos podemos ser fuertes y vigorosos, pero que existen otras cualidaes,  también muy importantes; que toda la belleza de cualquier ser humano no reside en el exterior. Estas verdades no calaron en Andrés que,  pasados algunos años, comenzó a sentir por su hermano un sentimiento muy parecido al odio.

Una mañana, en el Colegio, el profesor de Ciencias Fisícas, les habló del valor del  esfuerzo, la constancia, la fé en uno mismo para conseguir metas en la vida,  por muy inalcanzables que parezcan. Describió un hecho real que conmovió profundamente a Andrés. Esta argumentación le respondió al muchacho la pregunta que tantas veces se hiciera  a sí mismo: ¿Por qué Dios, si dicen los curas que es un Ser justo, permitía que nacieran seres tan dispares: unos, sanos, fuertes, que  pudieran ser felices en su explendor, y   otros, la antítesis de los primeros, para los que la felicidad fuera  un imposible?


Una  mañana,  Andrés amaneció con fiebre; pensaron que sería un resfriado; pasaron los días,  y al ver que empeoraba se decidió  hacerle  una analítica. El doctor comunicó a los padres que sufría una clase de leucemia juvenil.  Éstos quedaron consternados:

 

-Y, doctor ¿qué posibilidades tiene de sobrevivir?- interrogó, llorando, la madre.

-Bueno, hay tratamientos, y en caso de que estos no den el resultado apetecido, existe el trasplante de médula, aunque para poderlo llevar a cabo, la enfermedad debe haber remitido, aunque sea temporalmente, para que el paciente esté más fuerte. Estén tranquilos; ahora hay muchos adelantos.

 

La enfermedad  fue aliviándose con la medicación  que  Andrés recibía en el hospital, de forma que  llegó el momento de pensar en un trasplante.

 

No hubo que analizar muchas muestras de médula  para encontrar la que  era compatible con Ándrés: la de su gemelo, Esteban. Éste se sometió a la operación que seguramente sanaría  a su hermano. El proceso fue largo, pero Ándrés recuperó la salud. Esta circunstancia debería haber acrecentado  el cariño y el agradecimiento hacia Esteban, pero por oscuros sentimientos que no comprendía, no  ocurrió  así. El sentirse en deuda con el hermano que le había relegado siempre a un segundo plano, inconscientemente, le mortificaba.

 

Una vez recuperado, el muchacho decidió cambiar de vida. Comenzó a correr todos los días; primero, unos cuantos  kilómetros, y más tarde,  acrecentó las distancias

    El ejercicio le fortalecía de manera evidente. La natación también formó parte de sus actividades diarias, con lo que su cuerpo, antes   enclenque y enfermizo, se convirtió en fuerte y atlético. Comprendió la razón que tenía su profesor de Fisica. Empezaba a sentirse bien consigo mismo.

   En aquella primavera, el centro de estudios, preparó una acampada cerca de un hermoso lago. Los  alumnos estaban locos de contento: siete días en plena naturaleza,  con actividades, sí, pero sin libros por delante.

   El lugar se les ofreció paradisiaco. Árboles por doquier rodeando unas aguas verdes, limpias, frescas. En el centro del lago se alzaba, curiosamente, una especie de islote. El profesor encargado de la seguridad de los muchachos les había avisado de que, aunque podían bañarse, no intentaran llegar hasta la islilla, ya que estaba a más distancia de la que parecía.

-¡Bueno, bueno, Don Salvador! ¡Que ya somos mayorcitos y sabemos nadar!- gritaron a coro los acampados

-Ya, ya sé que sabéis nadar, si no fuera así, no habríamos venido a este lugar; pero de cualquier forma, hay que ser precavidos.

-¡Vale, vale; como usted diga!

 

Los días trascurrieron cálidos, relajados, jugando, comiendo, durmiendo, nadando, visitando los alrededores, y tomando muestras de la flora y los minerales que allí se encontraban.

Una tarde, Andrés, en su tienda de campaña, medio adormilado, escuchó gritos de sus compañeros:

- ¡Allí, allí, cerca de la isla!

-¡No puede llegar! ¡Está agotado!

Salió rápidamente al exterior y se hizo con la situación al instante. Un muchacho  que, al principio, no reconoció trataba agónicamente de llegar a la isla, ya que la vuelta a la orilla quedaba muy lejos.

-¡Es tu hermano, es tu hermano!  Soltaron varios, nada más verle.

-¡Mi hermano!

Sin pensarlo ni un minuto, Andrés se lanzó a las hermosas aguas que no tardarían en engullir al hermano, si  él  no nadaba a toda velocidad.

La distancia  entre él y la isla disminuía lentamente, tenía la impresión  de que sus extremidades no impelían su cuerpo hacia delante. Su mente le susurraba las palabras del profesor:” Fuerza, valor, constancia,  fe en lo que haces”.

Sus piernas y brazos se movían con un ritmo vertiginoso, su cabeza apenas emergía  del agua para aspirar el  oxígeno necesario: “Llegaré, tengo que hacerlo. Él salvó mi vida, yo le salvaré ahora a él.”

  La distancia liquída  disminuía, igual  que  las fuerzas de Andrés, aunque su fe en la perseverancia aumentaba.

Las voces de sus camarads le llegaban lejanas.

-¡Ya estás llegando! ¡Sigue, amigo, sigue!

“No es necesario que me animéis. ¡Es mi hermano! Llegaré a salvarle, o moriré  con él.”

Esteban  se hundía y salía a la superficie por breves momentos, la consciencia casi perdida, Andrés, jadeando y mareado, llegó junto a él,  le agarró por el cuello y nadando con un solo brazo le llevó hasta la isla.    Allí le tendió de forma que expeliera el agua tragado; cuando vio que su hermano abría los ojos, se tendió a su lado mirando el índigo  cielo, y una cálida sensación de paz le invadió. Los oscuros sentimientos que siempre sintiera hacia su hermano  habían muerto en el lago.

 


Publicado por mariangeles512 @ 18:04  | Familia
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