Martes, 04 de noviembre de 2008

Carta desde lo más profundo de mi corazón.

 

   Muchas veces he querido escribir esta carta y no he podido. Estoy desgarrado por dentro y mis ojos no se pueden humedecer. Querría llorar como lloran los hombres ante el abismo. No te quise más que a ti, y no supe hacerte feliz. He deseado tantas veces la muerte, que ya me resulta una compañera familiar. Noto que todo se termina, que la vida fue un equívoco y que mejor no haberte conocido, así seguramente hubieras podido disfrutar fuera de mi cárcel de amor erróneo.

   Dediqué toda mi vida a estar contigo, a acompañarte siempre y fue vano. Te maltraté con desprecios inmerecidos. Cuando yacíamos en el lecho de amor, me parecía una dádiva divina. Al poco todo se derrumbaba, y encontrabas mis defectos que yo no sabía esconder.

  Paseamos, viajamos, comimos en sitios diversos, que para mi son inolvidables porque tú estabas en ellos. Los paisajes verdes, las playas doradas, los campos llenos de árboles, las ciudades llenas de coches y de gentes, todo pasaba a mi lado y sólo me importaba tu roce.

  Nuestros hijos nunca les dejamos solos, mientras fueron niños y con ellos componíamos una familia de la cual tú eras el eje y guía.

  Todo ha sido inútil, destrocé el amor. No supe, por un coraje equivocado, guardarlo entre nosotros.

 La muerte me espera, y cubrirá con su negro manto una vida desgraciada. No hay perdón. Tú si me perdonaste muchas veces, pero el más allá no lo hará, porque no lo merezco. No descansaré, pero intentaré, si Dios me oye, que tú si lo hagas. Negros nubarrones cubren mi alma, pero subo por encima de ellos y allí esta el Sol. Él alumbra, sin yo esperar nada, nuestras vidas destrozadas. Quizás aún exista la felicidad.

 


Publicado por Lanzas @ 18:05  | Amor
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