Mi?rcoles, 09 de julio de 2008

El anciano en sus prisas dio un traspié y cayó al suelo.  Una desesperación sin grito le atenazó. Tenía que salir temparno: desayunaba con su esposa. Se levantó haciendo acopio de todas sus fuerzas y se dirigió al Centro de salud más cercano para que le atendieran su muñeca dañada.

El alba caminó con él.

 

-¡Buenos  días! ¡Por favor!, ¿quién podría atenderme?; me he caído y creo que me he lastimado la muñeca izquierda.

   La enfermera que estaba en recepción le indicó que pasara a una sala de espera que en aquellos momentos estaba casi desierta.

Una mujer mayor le sonrió al entrar; no pudo evitar pensar en su esposa, y una angustia inusitada le hizo levantarse,  asomar la cabeza por una puerta y rogar a las personas que allí se encontraban:

-¡Perdonen! ¿Podrían atenderme? ¡Tengo mucha prisa; esta mañana he de desayunar con mi esposa! A los presentes les extrañó su ansiedad y una mujer se levanto y le tomó el brazo suavemente.

-A ver,  ¿dónde se ha dañado?

-¡Aquí; me he caido!

-Tranquilo, señor!; habrá que hacerle una radiografía para saber qué es lo que tiene.

-¡No; no!, ¡por favor! No tengo tiempo. Una venda fuerte, eso será suficiente.

La enfermera se paró ante el anciano y con ojos curiosos preguntó:

-Y podría decirme dónde tiene que ir tan urgente. Piense que tiene su muñeca lastimada.

-¡Lo sé; siento un dolor muy agudo! ¡Pero hoy no puedo perder más tiempo; tengo que desayunar con mi mujer!

-Pero…

-¡Señorita ella está ingresada desde hace ocho años; tiene Alzehimer!

-¡Vaya lo siento! Y, ¿cómo se encuentra?

-¡Mal! ¡Hace tres años que ya ni me conoce!

- Entoces, permítame decirle, que si ya no le reconoce, ¿qué más da que llegue a desayunar a la hora con ella?

El hombre miró los ojos de la enfermera;  la luz acerada de los tubos devolvió el dolor.

-¡Señorita, ella no me conoce ya;  pero yo a ella, sí!

 

 

 


Publicado por mariangeles512 @ 18:30  | Amor
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