Lunes, 17 de marzo de 2008

El leñador arrepentido

el leñador 

 

Anselmo era leñador desde hacía muchos años. Tantos que no recordaba si su padre le llevaba a hombros cuando cortó el primer árbol del bosque de Vergel.

 No había hecho otra cosa que talar y transportar la floresta por el río, hasta el pueblo, donde construían muebles y enseres de madera muy bien valorados en toda la comarca.

 

  Ni pensaba apenas, cuando lanzaba:

-        ¡Árbol va!- para avisar a sus camaradas sobre el gigante abatido y que no les pillara desprevenidos.

-        ¡Anselmo!, ven a comer, que ya es hora- le contestaba a veces su mujer, que le traía un atillo con comida y agua fresca.

 

Y después vuelta a empezar. Cortar, desmochar y transportar.

Pero un día descansando debajo de un roble, después del almuerzo…

-        ¡Anselmo, Anselmo!- una voz cercana, pero desconocida le turbó.

-        ¿Quién eres y qué quieres?

-        Soy Jayán, el alma del roble que piensas talar.

-        No es posible. Los árboles no hablan.

-        Yo he sido enviado por la Madre Naturaleza para que detengas tu sierra y a partir de ahora te dediques a replantar este bosque con el cual casi acaba tu familia durante generaciones. ¿No ves como se está desertizando tu pueblo?

-        Yo pensé que esto no tendría fin, que tu Madre Naturaleza se encargaría de reponer todos los árboles arrancados.

-        ¡Tú vas a ser el encargado de repoblar este solar!

 

A partir de entonces, Anselmo junto a sus hijos, planta todas las primaveras cientos de árboles, y espera a que se desarrollen los de los años anteriores antes de talar otros.

 


Publicado por Lanzas @ 17:53  | Cuentos
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