Jueves, 28 de febrero de 2008

EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS
Monstruo de las galletas

El Monstruo de las galletas.

 

 

 En un país llamado Galletallia,  los niños, cuando dejaban de tomar la leche de su madre, eran alimentados con galletas mojadas en crema de vaca.

 Los crios  crecían sanos y hermosos y existían más de veinte fábricas de toda clase de galletas. Las había de vainilla, integrales, del tipo María, tostadas y unas especiales con chocolate, que sólo cuando los niños cumplían los tres años eran autorizados a tomarlas.

 

 Pero no era tan fácil mantener lo del límite de edad, porque todos sabían que existía el MONSTRUO DE LAS GALLETAS; que en cuanto las madres dejaban corretear a sus niños solos por el Parque les sorprendía, y todos aparecían con una galleta de chocolate en cada mano, ¡y teniendo menos de tres años!

 Ningún adulto veía al Monstruo, pero los niños insistían que era un hombre muy alto y muy feo, que llevaba un carro de galletas de chocolate, y en cuanto daba a cada uno dos galletas, desaparecía entre las fuentes y los árboles del Parque y ya no le veían más.

 

 Lucía era una niña con dos años y medio de vida, con una melena casi pelirroja y unos ojos oscuros, que su mamá vestía con mimo y que cuidaba que no comiera galletas de chocolate antes de que cumpliera los tres años requeridos. Le tenía dicho:

-        Lucía, en el Parque nunca te alejes de mi o de tu tita, porque hay monstruos que engañan a los niños con golosinas y a lo mejor son venenos.

-        Mamá, mamá, yo no quiero ver el monstruo, que, que,… el otro día…- contestaba balbuceando,  pero no terminaba.

 La mamá se quedó un poco intranquila, pues no quería resaltarla nada sobre el despreciable ser, aunque no le considerara tanto, porque el que diera galletas de chocolate a los niños antes de tiempo tampoco era para total desprecio. Decidió vigilar estrechamente a Lucía y no perderla de vista, cuando subía a los toboganes, a los columpios y sobre todo cuando jugaba al escondite con sus tres amiguitas del colegio.

 

 Un día de primavera, Lucía se puso detrás de un árbol durante dos minutos y de pronto una gran sombra que podía a la del árbol la envolvió, y la niña preguntó:

-        ¿Eres el monstruo de las galletas?

-        Nooooooooooo, no soy ningún monstruo. Soy un hombre que perdió a sus hijos muy niños, porque les asustaron con el chocolate. Tú ¿te asustas con el chocolate?

-        No sé lo que es. Mi mamá me dice que es malo.

-        El chocolate es muy bueno- oía una voz como de ultratumba.

-        ¡Yo quiero chocolate!- chilló la pequeña.

-        Pues toma dos galletas de chocolate, pero cómetelas delante de mi.

 Lucía cogió las galletas que le ofrecían unas manos como si fueran arbustos o quizás, aunque la niña no lo conocía ¿eran así por la artrosis galopante del anciano? Se las llevó a la boca y se deleitó en un santiamén con el buen gusto de las mismas.

-        Como has sido muy buena, toma otras dos, para que se las enseñes a tu mamá.

-        ¡Gracias, monstruo, digo abuelito!- la niña era muy lista y recordaba que el extraño le había dicho que no era lo que era.

-        Lucía, ven en seguida- era su madre, que apenas vio a la niña detrás del árbol se impacientó.

-        Mama, mamá, he visto al monstruo, mira que galletas me ha dado.

 La chiquilla extendió sus manos hacia su madre, pero estaban totalmente vacías y limpias.

 

 

  

 


Publicado por Lanzas @ 18:50  | Cuentos
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