Domingo, 24 de febrero de 2008

EL PESCADOR

 El pescador

 

  El otro día iba paseando por el borde del malecón entre pensativo y preocupado, cuando sin apenas sentir, se me hizo de noche. Me senté en una gran piedra al borde del mar, y desde ella pude escuchar, e incluso sentir, el oleaje. La mar estaba en calma, y las olas rompían de forma mansa contra la escollera sin apenas levantar espuma. Las luces cercanas del puerto me hicieron pensar en la oscuridad del mar. Mirando hacia el horizonte pude ver una luz que tintineaba en la lejanía. Las luces de los barcos de pesca siempre me llaman la atención, no precisamente por desconocidas. La paciencia que tiene un pescador con la caña o con la red me apasiona.

 De adolescente,  había sido muy impaciente y si no conseguía algo enseguida me desilusionaba. Mi abuelo me decía muchas veces:

-        Robertito, ya se te pasará esa impaciencia, con los años.

-        Abuelo, yo quiero ser dinamitero, en las canteras. Poner el cartucho y que vuele lo justo, para recoger las piedras gordas, y luego otros se dediquen a cuartearlas en pedazos más pequeños.

-        Bueno, bueno. Más mérito tienen los pescadores que esperan horas y horas para conseguir unos pocos kilos de pescado, pero luego bien nos gusta paladearlos en el plato.

 

 Y así me convencí que es mejor ser pescador, que dinamitero. Hoy no pude salir con mi barco, porque está en el dique seco, en reparación. Y por eso me encuentro aquí, a la orilla del mar, algo deprimido, porque el mar es toda mi vida, entre boliches, redes, aparejos y nudos se me pasan los meses de pesca. Primero es la sardina, luego, el boquerón y más tarde la dorada, la herrera, la breca, la oblada, el pargo y el borriquete; sin olvidar al jurel.

 

 Los jureles me gustan especialmente. No sólo pescarlos, sino comerlos en una fritura malagueña, por su carne sedosa y agradable.

 

 Las luces cada vez son más nítidas en la oscuridad de la noche. Me tengo que retirar a dormir, porque mañana ya estará mi barco arreglado, y junto al ‘Neme’ y ‘Paco’ , éste que os lo cuenta, y que le llaman ‘ Tito’, partirá de madrugada para regresar dentro de dos o tres días con las bodegas llenas de pescado sabroso y listo para la lonja del puerto.

 

 


Publicado por interazul @ 11:29  | Costumbres
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