Jueves, 01 de noviembre de 2007
EL "ENCARGO"

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Entr? en el dormitorio El marido dorm?a con aspecto desali?ado. Hac?a meses que llegaba tarde del trabajo; que cenaba fuera de la casa; que llegaba rendido cuando ella parec?a dormida; pero que, sin embargo, escuchaba los sigilosos pasos; que ya no la tocaba hac?a meses?
Algo que detestaba, lo hizo aquella noche: rebuscar en los bolsillos de la americana y pantalones de su marido. En el bolsillo superior de la chaqueta, doblado en varios pliegues, encontr? un papel; era una factura. Se acerc? a la luz proveniente del pasillo y la ley?. Era de una joyer?a. En ella se especificaba la compra de un brazalete por valor de 3.000 euros. Un brazalete que nunca hab?a recibido. Fechada dos meses antes.
Un temblor de ira y rabia le recorri? el cuerpo como si de un rayo se tratara. Lo que hac?a tiempo ven?a intuyendo, ahora se hac?a realidad. El hombre al cual amaba por encima de conveniencias sociales, por el que hab?a peleado con sus padres, (ya que no le aceptaban por ser de un estrato social y cultural mucho m?s bajos que ella), hasta dejar de comunicarse con ellos muy, a su pesar; la traicionaba. Una evidencia m?s temblaba entre sus manos
La ira dej? paso a una pena infinita: por la confianza destrozada en un instante; por el amor que se escapaba como el agua entre los dedos; por lo d?as que ya no vivir?an juntos; por la felicidad, ya imposible, que no compartir?an.
Sinti? su cabeza turbarse de forma s?bita y un s?lo pensamiento se hizo hueco en ella. ?S?lo con la muerte pagar?a su traici?n!
Estremecida, se sent? en el div?n, los ojos clavados en las rojas lenguas que bailaban indiferentes en la chimenea, pensando a qui?n podr?a pedir ayuda. A su memoria acudi? un amigo de su padre. S?, un amigo de esos que conocen a todo el mundo. Busc? con manos temblorosas en su agenda. Ah? estaba: Javier D. Era algo tarde pero aun as? le llam?.
?Hola, Javi; c?mo est?s? Soy Enma.
-?Ah; hola! ?Bien, estoy muy bien! Y t?, ?qu? tal? ?Puedo hacer algo por ti?
- Yo estoy mal, muy mal.- pausa - Ver?s, necesito saber de alguien que haga ?ciertos trabajos?
-??Ciertos trabajos??- repiti? displicente.
-S?; t? ya debes de imaginar a qu? me refiero.
-Bueno, Enma, yo no tengo trato con ninguna persona que haga trabajos especiales?
-?Por favor! S? que t? puedes ayudarme. Hazlo por la memoria de mi padre. No me gusta recordarlo, pero t? le deb?as grandes favores.
Silencio a trav?s del aire.
-Enma- la voz muy grave ? yo s?lo puedo darte un tel?fono. No s? qui?n es el due?o; s?lo s? que hace ciertos ?encargos?.
-?Bien; me vale con eso!; ?gracias, amigo!
Momentos despu?s la mujer marcaba los n?meros de un m?vil.
-?Hola! ?Con qui?n hablo?
Silencio.
-?Hola! ?Me escucha?
Una voz sorda, grave:
-S?, le escucho. ?Qui?n es usted?
-Mi nombre es Enma. Le dir? lo que me interesa de usted.
-?S?? Y, ?qu? es ello?
-Quiero que me ayude a deshacerme de una persona.
-Quiere usted que alguien muera.
-S?.
- Y ?cree usted que yo puedo hacer algo?
-S?.
-Y, ?esa seguridad?
- Su tel?fono me lo ha dado una persona a la que considero muy seria. Me ha dicho que usted hace trabajos especiales.
Respiraci?n pausada a trav?s de las ondas.
-Cuestan caros esos trabajos, se?ora.
-No se preocupe por eso. ?Cu?l es el precio?
-Seis o siete mil euros.
-Bien. No hay problema.
Nueva pausa.
-Oiga, me tiene que decir cu?l es el nombre y la direcci?n del domicilio y del trabajo de la persona a quien desea liquidar; as? como la matr?cula de su coche y lugares a los que suele acudir. Usted y yo no nos veremos en la realidad. S?lo a trav?s del m?vil.
-Y, ?el pago?
-Usted dejar? el importe en un apartado de correos que yo le indicar?. Una vez que el ?trabajo? se haya realizado, usted se pondr? en contacto conmigo y yo le dir? exactamente d?nde dejar? ese dinero. Ah? habr? terminado nuestra relaci?n.
-Pero, ?D?game!, ?c?mo lo llevar? a cabo?
- Algo muy natural: un accidente de tr?fico; una ca?da inesperada; un infarto en el ascensor?; no se preocupe; nunca parecer? un crimen.
?Ah, ya?.!
-Por ahora, nada m?s.
Enma se qued? con el aparato pegado al o?do mucho tiempo despu?s que las palabras del hombre se hubieran extinguido.

Los d?as que se sucedieron fueron un infierno para la mujer. No ve?a apenas al marido, pero en los pocos momentos que paraba en la casa no se atrev?a a mirarle a los ojos. Pronto estar?a muerto. Este pensamiento, que en un momento le pareci? lo ?nico que aliviar?a su dolor, a medida que pasaban los d?as se le antojaba un disparate.
?Se hab?a dejado llevar por el odio y no se hab?a dado tiempo para serenarse!
El tiempo, su mejor amigo, le hab?a susurrado que no merec?a la pena cargar sobre la conciencia con acto tan deplorable; que si el amor del esposo hab?a terminado, ella ten?a que asumirlo como tantas otras cosas terribles que suceden a las personas; y que no pasa nada; que la vida sigue?
?S?; se hab?a ofuscado! Pero a?n pod?a remediarse; nada irreparable hab?a sucedido; y con una llamada al m?vil de aquel hombre, el ?encargo? quedar?a anulado.
Marc? el fat?dico n?mero y esper?. Una voz le dijo al instante:? el n?mero:???., est? en estos momentos fuera de cobertura, int?ntelo en otro momento.?
-?Dios! ?Fuera de cobertura! Bueno lo intentar?a m?s tarde.
A los pocos minutos repiti? la llamada, y la misma voz con la misma cantinela. As? hasta diez veces. Agotada, dej? su m?vil en la mesita y se acost? temblando.
Se levant? al anochecer para prepararse algo de cena. Conect? el televisor mientras com?a. Casi al instante, en el espacio de noticias, la voz de la locutora comunicaba de un accidente de tr?fico en la autov?a n?mero 7, a la altura de Girona, en el que hab?a fallecido un hombre de unos 44 a?os.
A la mujer le dio un vuelco el coraz?n. ?Tuvo la certeza de que el muerto era su marido!
?No hab?a podido contactar con el sicario! ?l hab?a hecho su ?trabajo?.

Desesperada se puso en contacto con el hospital donde hab?an conducido a los ocupantes del veh?culo para interesarse por su identidad.
-S?; s? se?ora. El nombre del se?or era M?.; y el de su esposa, J.? ?Eran familiares suyos?
-S?; soy?soy la hermana del hombre. ?Gracias, se?orita!

Los d?as pasados despu?s del sepelio fueron una aut?ntica tortura para Enma. Un terrible pesar le oprim?a el pecho. Necesitaba hablar con alguien de lo sucedido; pero, ?a qui?n podr?a decirle que la muerte de su marido hab?a sido inducida por ella? Le horrorizaba la c?rcel, aunque en el fondo, hubiera querido ir a para a ella.

Deseaba terminar cuanto antes la ?ltima parte del ?encargo? con el sicario. Pagarle su ?trabajo?; as? que marc? el n?mero de su m?vil.
La palabra hiriendo el aire.
-?S?...?
-?Es usted? ?D?nde ha estado todos estos d?as que no ha atendido mis llamadas?
-Le dije que no me llamara hasta que el ?trabajo se hubiera realizado- fr?o y cortante el tono.
-??C?mo?!
- ?Se?ora!; acabo de volver de mi pa?s, y a?n no se ha hecho ?nada?.

Publicado por mariangeles512 @ 21:03  | Misterio
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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 07 de enero de 2008 | 19:51
Rebotado El escrito es bueno, uno queda con ganas de m?s, entend? que la dolida no era m?s que la amante; muy buena.