Mi?rcoles, 24 de octubre de 2007
Sin descanso

Imagen




Un tanto molesto con los últimos sucesos con las dichosas mujeres, a las cuales adoro, y que incluso en forma de pesadilla no me dejan descansar, decidí consultar con el médico, por si me recomendaba algún tranquilizante o relajante o algo.
- Pero tú, estás muy bien, Carlos: Los últimos análisis y pruebas de resistencia han sido los propios de un campeón de los Juegos de Atletismo- me suelta el Dr. Miranda, gran amigo mío desde los tiempos del Colegio donde estudiamos juntos.
- No descanso por las noches, como debería.
- Te tomas un valium5 durante dos o tres noches y luego ya ni lo necesitarás. De todas maneras es bueno que pasees y si la situación persiste te recomendaré un buen psicólogo, para que te ayude a relajarte.

En esos quedamos y durante tres días, lo que se dice dormir, dormí mejor, pero las pesadillas con situaciones límites por culpa de mujeres que me acosaban no cesaron. Y hete aquí, que estoy delante de la psicóloga que me dijo el bueno de Raúl Miranda: La doctora en psiquiatría y psicología Marta Leiva y Vaquero.
- Cuénteme alguna de sus pesadillas.
- Pues la última que recuerdo es que me encontraba en la repisa de un edificio muy alto, a punto de despeñarme al vacío, por culpa de Marisa, la mujer de mi jefe, que me dijo que su marido estaba fuera por tres días y resultaba, según mi sueño, que casi nos sorprende juntos en la cama.
- ¿Pero, usted ha mantenido relaciones con esa señora?
- No, nooo. Sólo en sueños.
- ¿Y esas relaciones, en sueños, eran tortuosas?-dice la eminente doctora- Me explico: Se consumaban de forma normal o por el contrario, eran sádicas o algo así.
- Noooo. Yo soy muy respetuoso con las mujeres. Las acaricio, las beso, las desnudo y las sigo acariciando hasta que de forma consentida quieren que las penetre. Yo me dejo en sus manos…
- Bueno, bueno. No es preciso que me detalle tanto. Creo que usted tiene un complejo machista que se supone que ninguna mujer se negará a sus caprichos y eso le hace sufrir. ¡Inténtelo conmigo!

Casi me desmayo. ¿Cómo era posible que la eminente psicóloga me propusiera una experiencia sexual con ella?
- Perdone, doctora, pero no me es posible. Yo la veo como un médico, no como una mujer. Pero podemos hacer una cosa. Cuando termine la consulta quedamos en Maxim’s para tomar una copa en un lugar neutral.
- Me lo temía. Usted no desaprovecha ocasión. Le veré mañana de nuevo a esta misma hora pero en la consulta de nuevo.
- Pero entonces, ¿qué debería haber contestado?- las mujeres me desconciertan siempre.
- Pues que, de ninguna manera. Y eso sería prueba de que su caso no era tan grave como intuyo. Mañana veremos después de que pase una noche agradable. Lea este libro antes.
El Libro que me entrega tiene por título: “¡No seas tan ligón!, crea graves problemas.” De Luiding Borrachina- Psicólogo militar.

Me propuse leerlo aunque no durmiera en toda la noche Ya que tenía 564 páginas distribuidas en doce capítulos.
A la mañana siguiente amanecí con el libro entre las sábanas y con la sensación de que había dormido bien, sin pesadillas y el caso es que no me acordaba del libro, mas que de dos frases:
1) “No todas las mujeres se dejan seducir por cualquiera, pero todas intentan hacerlo con un ligón declarado.”
2) “Las mujeres son como ametralladoras (esto sería por lo de psicólogo militar) si se encasquillan ya no disparan más.”
Y con estas premisas me dispuse a abordar a la psicóloga, no militar, ¿A ver que coños significaban estas frasecitas?
Me explicó:
- Las mujeres son muy sensibles a la competencia. Si saben que un hombre es un seductor declarado, intentan ver si ellas también son de su agrado, para que lo entienda, que no son menos que cualquier otra. Por ejemplo todas se enamoran de Leonardo di Caprio o antes de Clint Eastwood.
- Ya comprendo. Vamos que si uno se hace el despistado y ella sabe que eres un ligón te coge un odio ¡que no veas!
- Algo así y lo de la ametralladora es que si se niegan en redondo a mantener una relación, aunque luego la quieran, su orgullo no les permite realizarla. Pero, claro eso son apreciaciones y no se puede generalizar del todo.
- ¿Del todo? Bueno esta noche nos vemos. Le invito a cenar. En plan de amigos. Es usted preciosa y esos ojos negros los tengo clavados en mi corazón.
- Bueno tutéame. Me llamo Marta, Carlos.
- De acuerdo, Marta. Creo que ya estoy curado y sólo quiero demostrártelo.

Esa noche fuimos al restaurante Maxim’s. Entre música, velas, un buen pescado y un excelente vino Marta me sedujo. No podía vivir sin ella. Pensé y así se lo hice saber, que sin ella sería ya un enfermo sin cura y con ella un hombre nuevo, hogareño y cuidadoso. La acompañé a su casa y no subí a su dormitorio. Me despedí hasta la noche siguiente con un beso, que creo, nunca olvidó como yo no lo he hecho. Ya llevamos juntos dos meses, y duermo, después de hacer el amor casi a diario, estupendamente. ¡Estoy curado!


Publicado por quijote_1971 @ 17:59  | Amor
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 17 de octubre de 2007
La mosca.


Imagen

¡Zzzzimmmm! El zumbido de un insecto muy conocido me estaba atontando. No le veía, pero le oía. Era capaz de surcar la habitación de lado a lado sin darse a conocer. Molesto con el bicho, empecé una búsqueda exhaustiva.
Miré por encima de la ventana, que estaba cerrada. Ausculté por detrás de las cortinas.
¡Zzzzimmmm! No paraba, pero seguía fuera de la órbita de mis pesquisas.
Decidido a terminar con aquél suplicio inacabable corrí el armario, por ver si detrás se encontraba el refugio del parásito. Nada de nada. Durante un minuto el zumbido cesó y me senté.
De nuevo: ¡Zzzzimmmmm! Esta vez junto a mi oído. Empecé a creer que me había subido la tensión arterial, pues no veía al díptero por ningún lado y sólo su onomatopéyico berrido se hacía notable. Y según mis noticias si zumban los oídos es señal de problemas en las arterias.
¡No es posible tanta tortura!- pensé- Tengo que dar con ella y acabar de una vez.
Salté como un resorte al escuchar de nuevo el intranquilizador chasquido por detrás de mí.
¡Imposible dar con ella! Lo mejor utilizar el spray e inundar todo el recinto de vapores mortíferos para los insectos. Estuviera donde estuviera, caería fulminada sin posibilidad de revivir.
¡ZIF!¡ZIF!¡ZIF! el olor no era del todo desagradable y cerré la pieza detrás de mí.
Pasada una media hora decidí abrir de nuevo la puerta de la habitación y airearla para que pudiera comer tranquilamente en ella.
Me disponía a probar la sopa de verduras, cuando ¡Zzzzimmmmmm! El conocido díptero cayó sobre el plato lanzando su último berrido, pero arruinándome el ganado refrigerio.


Publicado por interazul @ 16:50  | Costumbres
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 08 de octubre de 2007
El atentado fallido


Imagen

Al poner la llave en el contacto del coche, intuí que algo grande iba a pasar. Fueron unos segundos de incertidumbre, pero por mi mente pasaron los casos de otros policías asesinados de esa manera. Al arrancar, ¡booom!, la bomba lapa estallaba por el chispazo que provocaba el motor de arranque. Recordé a Anzules, mi amigo de la infancia y compañero durante una década en las calles del crimen y del hurto. ¿Voló por los aires? No, quedó atrapado entre las chapas y su cuerpo quedó fundido como la mantequilla a su rebanada de pan.
Me acordé de los cinco guardias civiles atrapados en su land-rover, que por efecto de un coche bomba externo quedaron silenciados para siempre.
Pasó por mi mente el joven que se quedó sin piernas, por ser afiliado a un partido que ahora anda en negocios con terroristas. Y aquellos concejales que, estos si, salieron por los aires para quedar despanzurrados sobre el asfalto.
Estaba dispuesto a girar la llave, pero me acordé de las instrucciones:
” 1) Mirar debajo del coche y observar algún cable que cuelga o el removido de alguna chapa.
2) Observar el capó si ha sido forzado, aunque ahora esté cerrado.
3) Observar si las puertas permanecen todas con el cierre a la misma altura.

En caso de observar alguna anomalía, aunque no se esté seguro, ante la mínima duda, avisar a los expertos en explosivos después de salir corriendo de las inmediaciones del coche.”
Saqué la llave del contacto, antes de girarla y salí corriendo.
No sé si había bomba o no, pero desde luego no me pilló dentro.


Publicado por Lanzas @ 18:38  | Dramas
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 04 de octubre de 2007
"LA PROFESIONAL"


Imagen

El aforo del teatro estaba completo. Faltaban diez minutos para el comienzo de la función. La comedia llevaba en cartel tres semanas cosechando gran éxito. Todos los que en ella participaban sabían que éste, se debía, en gran parte, a la primera actriz: a su talento, a su belleza, a su saber estar sobre las tablas.
Aquella tarde nadie de la compañía sabía el porqué de la ausencia de esta mujer. Todos los responsables del espectáculo estaban muy agitados al ver la hora que era y que ella no estaba aún en su camerino preparándose para la actuación.
En el tocador de la primera actriz, el director de la compañía, junto al ‘partenaire’ de Gloria en la obra, y otros actores de reparto, paseaban de un lado a otro de la exigua estancia haciendo gestos de impaciencia ante la situación de desastre que parecía se avecinaba si no llegaba la actriz.
-¡Esto es inadmisible!- afirmaba en voz demasiado alta el director - ¡Ni una llamada, justificando esta ausencia! ¡Algo tiene que haber ocurrido, y grave!
- No crea, señor – aclaraba un actor de reparto – estas mujeres cuando se les sube el éxito a la cabeza ya creen que pueden hacer lo que les venga en gana.
-Sí; - añadió el productor- confiaste demasiado en ella desde el primer momento que la viste, y no sabíamos muy bien quién era, ni de dónde venía.
-Pues sí, ahora que lo pienso, sí es raro que no se la conociera aquí, teniendo en cuenta lo buena actriz que es; de eso no hay duda- comentó otro de los allí presentes.
- Ya, ya sé que tenéis razón, -concedió el director-. Tenía que haber indagado algo más sobre ella, pero cuando hizo la prueba quedé impresionado por su talento y no me preocupé de más.
-Por su talento y por su belleza, porque, ¿no me dirás que no te quedaste embobado?
-Sí; lo reconozco. Sus ojos me dejaron sin aliento mientras declamaba el papel; y eso que estaba a cierta distancia. De todas formas ha cumplido a la perfección con su trabajo hasta el día de hoy.
-¡Siempre hay una primera vez- aclaró alguien malintencionado.
-Bien. Vamos a pensar qué podemos hacer hoy, en el caso de que Gloria no aparezca.
¿Y, la otra? ¿La que está para sustituirla?
-Pero, ¿no sabes que lleva una semana enferma? Si estuviera aquí, no estaría tan angustiado.
-¡Esto si que es mala suerte!- masculló alguien para sí.
De pronto el oponente masculino levantándose de la silla, dijo:
-¿Sabes lo que te digo?, ¡que no es una profesional! En esta profesión hacen falta personas serias, responsables. Es mucho dinero el que se invierte para que, ahora, haya que suspender la función.
Todos le miraron con gesto aprobatorio.
-Lo más extraño es que no haya avisado. Ahora, con los móviles no hay disculpa –
añadió otro ‘amigo’.
-Ya os lo he dicho, hay personas que no valoran el trabajo y el esfuerzo de los demás; ¡sólo existen ellas y nada más! Si uno se hunde, ¿qué puede importarle?, ¡Nada!, pero que no cuente más con trabajar en mi compañía… ni en otras; ya me encargaré yo de informar a otros colegas ‘como se las gasta’ la señorita, para que no vuelva a trabajar jamás en el teatro ni de limpiadora. - la dureza de la voz el director se expandió por el pequeño recinto.
En ese preciso instante una locutora de televisión, apareció en la pantalla del pequeño aparato que había encendido en el camarín, informando de un avance de noticias de última hora:
“Ha llegado a nuestra redacción el comunicado de que un avión procedente de Santander y con destino en Madrid ha sufrido un accidente poco antes de tomar tierra, por causas aún desconocidas. En él han perecido todos sus pasajeros; entre ellos se encontraba la conocida actriz teatral Gloría Guzmán, la cual, según se ha podido saber por un familiar cercano, regresaba a Madrid para continuar su representación en el teatro Infanta Isabel después de haber enterrado a su madre esta misma tarde”.


Publicado por cristine47 @ 12:12  | Dramas
Comentarios (0)  | Enviar
LOCURA

(FINAL RECTIFICADO)

Imagen



Me fue comunicado el traslado a mi nuevo puesto de trabajo, aquella mañana.
Supondría un trastorno: encontrar una casa; escuela para el niño... en fin, todo tendría solución- pensé resignado- aparte que me compensaba el aumento de sueldo que mi nuevo cargo me proporcionaba.
Pasados unos días recogimos lo más imprescindible y salimos rumbo al pueblo de la sierra, donde había sido destinado. Nos pareció grande y muy hermoso: casas enjalbegadas, con bellas flores colgado de las paredes; con un aire limpio donde era un placer respirar
Vimos una casa muy acogedora con un pequeño jardín delantero; mi mujer y mi hijo se entusiasmaron con ella. Decidimos comprarla. A los pocos días un camión cargado con nuestros enseres se presentaba ante la puerta. Los tres nos sentíamos felices y contentos con el cambio de residencia.
-¡Papá, papá! ¿Podría tener aquí un perrito?- preguntó mi hijo alborozado con la idea.
Dudé un instante, pero viendo su mirada, opté:
-¡Sí, hijo! Tendrás un perrito.
Pocos días después estábamos instalados. Mi hijo Carlos había sido inscrito en el Colegio más cercano a nuestra casa; aun así, estaba algo distante por lo que, cada mañana, su madre le acompañaba hasta el Centro.

Mi esposa amaneció una mañana, indispuesta:
-Carlos; no me encuentro bien.
-¿Quieres que llame al médico?
-¡No!; no creo que sea necesario. Esperaré unos días; si no se me pasa, le avisaremos.
-Bien, cariño; como quieras. ¿Te traigo algo para la fiebre? ¿Una aspirina con leche?
-Está bien; ¡gracias; eres un encanto!.
Esa mañana me encargué de acompañar a mi pequeño a la escuela. Cuando llegamos ante la puerta esperamos un poco hasta que el conserje la abriera. De repente, mi hijo dando un tirón de la manga de mi americana, casi gritó:
-¡Papá, papá! Esa mujer que viene por ahí, es mi ‘seño’.
Dirigí mis ojos hacia donde el niño señalaba y avisté a la mujer más bonita e interesante que jamás soñé. Caminaba rápido y en su rostro se dibujaba una leve y encantadora sonrisa. No sé qué me ocurrió; sentí que algo vibraba en mi interior; mis piernas perdieron firmeza y el vello de mi cuerpo pareció que se electrizaba. No supe qué hacer; si adelantarme para presentarme y saludarla o quedarme paralizado, que es como en realidad estaba.
Me incliné por lo primero:
-¡Buenos días!, señorita. Mi hijo me ha dicho que es usted su profesora y deseaba saludarla.
- ¡Oh! Muy amable. Sí, soy la profesora de su hijo. Me llamo Ángela.
- Yo, Carlos; claro, como el niño- bromeé- sin saber qué más decir.
-¡Encantada! Carlos. Su niño es un buen alumno.
- Es un placer- dije apresurado mientras estrechaba su mano.

El conserje abrió la doble puerta, y los niños en alegre algarabía desaparecieron tras de ella. La profesora se despidió con una blanca sonrisa y entró en el patio del colegio.
Quedé allí parado completamente turbado; no tanto por la belleza y simpatía de la profesora, como por el impacto que me había provocado. No lo entendía, sencillamente. Estaba casado con una mujer maravillosa a la que amaba y respetaba sinceramente; estábamos compenetrados, y yo me sentía satisfecho en todos los aspectos. ¿A qué demonios venía aquel torrente de extrañas sensaciones que arrasaba mi cuerpo por la simple visión de una mujer? Y, ¿por qué nunca antes había sentido algo así, ni siquiera cuando conocí a mi esposa? Lo peor fue que, a pesar de los minutos pasados desde que la viera, seguía trastornado con su imagen. Sus ojos habían quedado grabados a fuego en mis retinas, y sus labios en mi corazón. Decidí no volver más al colegio y que mi esposa se encargara de todo lo relacionado con el niño y sus estudios fuera de la casa.
En los días siguientes que tuve que acompañarle no me acerqué a la puerta; permanecía alejado, vigilando a mi hijo que hablaba y reía con otros críos. No quería encontrarme con la profesora; ni siquiera verla, ya que no había podido relegar de mi mente la excitación que me produjo.

Un día, una vez que todos los niños hubieron entrado, vislumbré un objeto sobre el suelo. Me acerqué y vi que era una pequeña libreta. Pensé que pertenecería a algún alumno que la habría caído. La introduje en mi bolsillo para ojearla más tarde a ver si algún nombre en ella me daba pistas para devolverla,o se la daría la conserje. Cuando me encontraba en mi despacho la tomé y la abrí. Quedé muy sorprendido: en la segunda página un nombre escrito provocó un vuelco a mi corazón. Ángela Rivera, ¡la profesora de mi hijo!
Su imagen no abandonó mi mente durante toda la noche; di vueltas y más vueltas en la cama; mi esposa me preguntó si yo también me encontraba enfermo.
-No; no me pasa nada; sólo que me he desvelado. Y, ¿tú?, ¿cómo te encuentras?
-Yo muy bien; mañana ya llevaré al niño al colegio.
Sentí un gran alivio. La pesadilla había terminado. Todo lo vivido me parecía algo irreal, absurdo en un hombre como yo: hecho y derecho. Me había sentido como un adolescente al que se le pone el vello erizado al contemplar a la mujer de su vida. No; no iría más por allí. Ni siquiera me acercaría para devolverle la dichosa libreta; que se la entregara mi esposa.
Minutos antes de que mi hijo y su madre salieran hacia el colegio, se me ocurrió revisar el resto del contenido de aquellas hojas. Notas sobre lecciones, objetivos a cumplir, observaciones sobre algunos alumnos …y de pronto: “Hoy conocí a un padre muy especial; nunca me he sentido tan nerviosa como delante de este hombre”.
Mis ojos rastrearon la página buscando desesperadamente una fecha; al fin, en un ángulo, abajo, a la derecha: “25 de septiembre.” ¡Justo el día en que nos conocimos!
Sin tener certeza de nada, me sentí como un tonto; lleno de una alegría loca. No traté ya de entenderme. ¡No podía! Y además era igual. Yo tenía en la garganta desde que conocí a esa mujer, como un río de sangre fresco; como una herida que atravesara de parte a parte mi cuerpo; mi cabeza sufría como si una corona de alfileres se hubiese incrustado en mis sienes; mis manos y mis dedos parecían estar atravesados por clavos y cuchillos negros; ¡era tanto el dolor que sentía al darme cuenta que me había enamorado como un loco y yo era un hombre casado!
¡No podía ser! Tenía que levantar un muro entre esa mujer y yo; un muro de silencio; de distancia;y de viento; un muro en torno a mis sentimientos. Nadie podía enterarse. En un pueblo como ése sería un escándalo. ¡No!; y sobre todo mi esposa, mi pobre y amada esposa ¡qué golpe tan terrible para ella si tan sólo intuyera algo!
Decidí no devolver la libreta; iba a ser lo único que tendría de ella. Lo único que yo poseería en que ella había puesto sus manos y en donde yo, ahora, pondría mis labios.
Sentí irrefrenables ganas de reír y de llorar al sentirme como un adolescente, temblando con tan sólo oír su nombre en los labios de mi hijo.
Soñaba todas las noches con Ángela, mientras mis manos acariciaban a mi mujer; era injusto, me reprochaba, pero así era.

Mi esposa había acudido a hablar con la tutora del niño. A su regreso comentó que se iba a celebrar una fiesta de carnaval en el Colegio, y que se necesitaba la colaboración de los padres. Venía muy contenta por lo bien que se había entendido con la ‘seño’ de Carlitos.
-Es una mujer encantadora y muy bonita, ¡Carlos!, ¿la conoces?
-Sí, sí- me apresuré - la conocí el primer día que acompañé al niño a la escuela.
-Verás, tenemos que hacerle al niño un disfraz y luego acompañarle a la fiesta, disfrazados también.
Una corriente helada recorrió mi espalda, ¡Una fiesta!
-Y, ¿tenemos que ir necesariamente los dos?- pregunté con tono indiferente.
-¡Oh! Sí. A carlitos le gustará mucho que vayamos los dos. ¿Qué pasa? ¿No quieres ir?
-Sí; claro que deseo ir; sólo que como tengo tanto trabajo atrasado.
-¡Es sólo una tarde; hombre!
-Está bien - dije resignado.
Llegó el día de la fiesta de disfraces. El niño fue vestido de Arlequín; estaba muy gracioso. Mi esposa y yo nos disfrazamos de reina María Antonieta y del personaje del Zorro, respectivamente. De tal guisa partimos hacia el colegio.
El salón de Actos estaba concurrido. El escenario, decorado con formas fantásticas e infantiles nos encantó. En la primera fila, un grupo de profesores y padres formaba el jurado para elegir el disfraz más original.
Los niños fueron desfilando con sus bellos disfraces, felices ante los aplausos de sus compañeros y padres. Todo resultaba alegre y emotivo. Se dieron tres premios a los mejores y más originales disfraces, y a continuación pasamos a un salón contiguo dónde se había preparado un ‘bufett.’
Mis ojos, camuflados por el antifaz, la buscaban afanosamente, cuando de improviso, oí una cálida voz a mi lado:
-¿Qué tal la fiesta, señor Ledesma?.
Me giré y pude percibir detrás de su atuendo los hermosos ojos de Ángela; de nuevo la debilidad en las piernas, y mi voz que no sonaba con la firmeza habitual.
-¡Hola, señorita! ¡Muy bien!; ha estado muy bonito el desfile.
Mis ojos buscaban a mi esposa desesperadamente a ver si me ayudaba a mantener una conversación coherente
-¿Le ocurre algo?- su voz sonó melodiosa.
-¡No!, nada de particular; todo está bien. ¡Gracias!
-Es usted, parece, poco hablador, ¿no?- dijo, mientras los blancos dientes brillaban entre los ansiados labios.
-Bueno; depende de la ocasión- dije sin pensar muy bien lo que decía.
-¡Ah!, ¿le parece que hoy no es un día adecuado para hablar?
Me planté ante ella, me arranqué el antifaz y la miré intensamente. No me importó que alguien pudiera advertir la situación. ¡No podía más!
-¡Ángela!; me es difícil hablar con usted por algo muy importante que me ha sucedido de manera totalmente imprevisible y que no he podido controlar: ¡me he enamorado de usted!, ¿entiende? Algo realmente increíble; ajeno a mi voluntad.; ocurrió el primer día que la vi; por eso prefiero no verla, pues no quiero que esto que siento llegue a más.
La profesora se quitó el antifaz y me miró a los ojos. Sentí como un mareo.
-Y, ¿no ha pensado que yo también podría sentir lo mismo por usted?
-¿Cómo?
-Lo que ha escuchado, señor Ledesma. Si usted se ha sincerado conmigo, debo hacerlo yo también. Desde que le vi, supe que había encontrado, algo tarde, al hombre de mi vida. Las cosas son así. El amor no se busca; se encuentra. Yo lo he encontrado en usted.-dijo sin titubear.
Perdí las palabras para describir lo que pasó por mi mente al oír su declaración. Un abrumador impulso de abrazarla y besar todo su bello rostro tuve que refrenarlo apretando los dientes hasta que sentí crujir mis mandíbulas.
¡Dios! ¿Quién lo iba a decir? ¡Ella también había sentido lo mismo que yo!
La tomé ligeramente de una mano y la llevé hasta el patio sumido ya en las sombras; la estreché entre mis brazos y la besé con pasión. Mis labios mordieron los suyos con una locura jamás sentida y mi lengua jugó en su boca haciendo de las dos, una.
Voces cercanas hicieron que aflojara el abrazo. Nos compusimos un poco y tratamos de volver al salón; no veía a mi esposa y tenía la terrible sensación de haber cometido un crimen.
El ‘bufett’ estaba muy animado; la gente comía y reía; los niños jugaban entre los papás. De pronto oí la voz de mi esposa tras de mí.
-¿Qué tal tu conversación con la señorita Ángela?
-¿Con la señori…?, quedé anonadado. Comprendí. Mi esposa debía haber estado en algún lugar desde el que había visto todo lo sucedido. Lo mejor era enfrentar la situación.
-Cariño, lo siento de veras. Hay cosas que no se pueden controlar: Lo siento. Haremos lo que tú decidas.
-De momento, nos quedaremos donde estamos. Dijo con voz impersonal.
Busqué con la mirada a Ángela y en aquel preciso instante estaba arrodillada ante mi pequeño y le depositaba un beso en su mejilla. La emoción me embargó. Cuando mi hijo se alejó de su profesora, me acerqué a él y con suavidad puse mi boca donde ella la había posado. ¡Le robé el beso a mi hijo!
Completamente aturdido salí al exterior. La noche estaba hermosa; la luna lucía como una estrella.
Me dejé caer en el borde de la acera y estrujando la libreta entre mis manos, lloré como nunca lo había hecho. Lloré de alegría y de pena por amarla como la amaba.


Publicado por cristine47 @ 12:05  | Familia
Comentarios (0)  | Enviar
Buscándote


¡Adónde vas, mujer? ¿Adónde vas sola caminando sin rumbo con la mirada en ninguna parte?
¿Qué ha sucedido en tu vida para que una mujer segura de sí, mire de esa manera?
¿Vas, acaso, buscando al ser querido que hace ya mucho tiempo no ves ni hablas con él?
¡Sí, debe ser eso!
Yo te conozco, mujer.
Sé que desde hace meses tus sueños son pesadillas, que tus despertares son indeseados, que de tus días ha huido la ilusión, que haces esfuerzos titánicos para no caer de nuevo en el negro pozo, tan familiar, donde la vida carece del más absoluto de los sentidos.
¡Sí! Te conozco y sé de tu dolor.
Tu camino se ha transformado en un sendero lleno de guijarros. Ya, no tienes casi fuerzas para salvarlos. Son demasiado grandes para ti.
Quieres comprender lo sucedido, pero te excede. Ya no entiendes nada.
No entiendes que todo lo que has hecho por amor no sea ni un poquito correspondido.
Sí, ya sé que te sientes culpable en parte de lo sucedido, pero las cosas han llegado a un extremo que ya no entiendes si tu error fue tan grande.
Caminas, y en tu estela vas dejando un haz de cristal.
Sabes que las lágrimas no sirven, pero no puedes contenerte.
Han sido muchos años, toda tu juventud, la que le dedicaste, le cuidaste, le amaste, creíste que eras correspondida, pero ya ves, no lo has sido y por eso tu corazón yace destrozado por suelos ignorados.
¡Mujer! ¿Dónde vas?
Por mucho que te alejes, que camines, él siempre estará dentro de ti. La distancia no significará nada, sólo espacio para cansarse, para agotarse, pero no para olvidar.
Piensa un poco en ti. ¡Quiérete un poco! Vas a sucumbir.
No sigas. ¡Detente!
Piensa que tú hiciste todo lo mejor que supiste. Sólo eres una mujer.
El problema está en él. Sólo en él. Recompón tu alma; cesa en tu dolor.
Pasará el tiempo, ése al que tú tanto temes y quizá él volverá.
¡Sí! Una mañana cualquiera de un día cualquiera tu mudo móvil sonará. En la pequeña pantalla verás: ¡Será él!
Te quedarás paralizada. ¡Al fin!
¡Mi hijo me llama! – gritarás para ti.
Ese día comenzará de nuevo todo…


Publicado por cristine47 @ 11:58  | Familia
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 03 de octubre de 2007
LEYENDA DE UNA FLOR


Un cielo rosa- azulado, chorreando vapores de agua, cubría el pequeño pueblito situado en un maravilloso valle, en el centro de Asia, donde habitaba la familia de los Sung. El padre, de tez cobre canela; la madre, morena, con hermoso moño negro anudado a su nuca, de menudos pechos ahumados, que gemían baladas redondas; y el hijo, de un año, componían la feliz familia que las hojas de los cerezos y la nieve de las montañas cercanas soñaron contemplar.
Los días de fiesta, se ponían su traje más hermoso y salían al campo a pasear y admirar su belleza.
Uno de esos días la familia no salió. El pequeño Shu, estaba enfermo.
-Se habrá resfriado esta mañana – dijo el padre.
-Sí; dentro de unos días estará bien- sentenció la madre.

Pasaron los días y el pequeño no mejoraba. La madre, preocupada, viendo la palidez de la carita del niño, dijo:

-Escucha, esposo: he pensado que debemos llevar a nuestro hijo al sabio que vive en las afueras del pueblo. Él conoce las hierbas que sanan y nos dará alguna para nuestro hijo.
-Dices bien, esposa. Mañana mismo le llevaremos.
Al día siguiente, apenas el alba se abría paso entre la noche, cuando los gallos cavaban buscando la aurora, la pareja salió en busca del hombre sabio que recolectaba hierbas que curaban a los hombres.

Una vez delante del anciano, mirando éste al niño, escucharon las palabras negras:
- Lo siento; pero no tengo las hierbas que puedan curar a vuestro hijo.
-¡Por favor, te lo rogamos! ¡Dinos qué podemos hacer para que nuestro hijo viva!- suplicó la madre.
-El sabio la miró y su pena le conmovió.
-Mira, mujer; vas a ir a lo más profundo del bosque y, en el lugar donde se encuentra el árbol más alto, ahí hallaras una flor. ¡Tráela! Tantos pétalos como tenga, tantos días vivirá tu hijo. Sólo puedo decirte eso.
-¿Una flor?
-Sí.

La madre, con el rostro de amapola, salió en busca de la desconocida flor. Con la soledad a cuestas y la sombra sobre sus ojos llegó al lugar del bosque donde se erguía el árbol más alto que jamás viera. Su copa se desvanecía entre hilachos de algodón.
Buscó alrededor de él, y sus ojos captaron una flor, cuya forma, color y perfume, eran la esencia de la belleza. Cortó una y, horrorizada, vio que tan sólo la formaban cuatro pétalos.
-“¡Oh, no; mi hijo sólo vivirá cuatro días! ¡No; no lo puedo consentir!”

Y, arrodillándose, depositó la flor en el verde manto y, muy despacio, con sumo cuidado, fue rasgando cada pétalo en finos hilos de color.
-“Mi hijo vivirá mucho más, ahora”
Regresó corriendo llena de esperanza a la casa del sabio. Le mostró la flor.
El anciano comenzó a contar los finos pétalos pero una alada brisa los amontonó y perdió el número de los contados.
-Tengo que empezar de nuevo- dijo para sí.
Fue separando, de nuevo, con sumo cuidado los pedacitos de flor y, de pronto, una inesperada lluvia impidió que siguiera contado.
-Creo que es imposible contar los innumerables pétalos de esta flor. Esto indica que tu hijo vivirá incontables días. Idos tranquilos; el niño llegará a contar largos años en su vida.
Así fue, el niño sanó, y vivió largos años.

Los padres, agradecidos y felices, quisieron ir de nuevo hasta el lugar donde crecía la flor.
La sombra del majestuoso Sándalo protegía a las especies vegetales que anidaban a sus pies de la dureza del sol. La pareja vio, con admiración, que las flores que allí se mostraban, tenían incontables pétalos; tantos, como los que la madre había dividido a los de la primera flor.

Decidieron darle un nombre en honor a su virtud de dar larga vida a los hombres, y le llamaron: Crisantemo.


Publicado por cristine47 @ 21:53  | Cuentos
Comentarios (0)  | Enviar
La llamada inoportuna


Imagen



¿No tienen la sensación de que los móviles nos están mediatizando la vida? Ya en muchas reuniones y salas de exposiciones advierten que desconecten los celulares o que bajen el volumen. ¡Qué razón tienen! Pero además que se te escape, por llamada inoportuna, el “ligue” de tu vida, ¡no tiene perdón de Dios!

La había conocido esa misma tarde en las Galerías Comerciales. Fue casual, como se gestan los mejores ligues casi siempre. Me encontraba en el stand de perfumería buscando una colonia llamada “diesel”, cuando apareció. Era pelirroja como una manzana starkin, con los ojos verdes como dos esmeraldas, y unos pómulos que nada más verles deseaba besarles. El generoso escote dejaba ver el comienzo de unos senos de fábula.

- Perdona, me puedes atender- oigo lo que me pareció música celestial.
- Por supuesto, dime, encanto- le contesto, aunque me di cuenta que me confundía con uno de los empleados de las Galerías.
- Estoy buscando un pintalabios rojo de Cristian Dior.
- Bueno, tus labios de rojo oscuro deben ser, junto con ese pelo, de película.
- ¡Qué clase de dependiente es usted! ¿No piensa en otra cosa?
- No soy dependiente, pero desde luego, desde que la he visto desde el extremo de la tienda, no pienso en otra cosa. Perdona.
- ¡Ah, perdón! La que se disculpa soy yo.
- Te invito a una copa o a merendar en la Cafetería, después de que ese dependiente te suministre tu mercancía.
- ¡Jajaja! Bueno, esta tarde tengo tiempo.

Después de tomarnos sendos batidos de fresa, y presentarnos, ella como Lucía y yo como Carlos, quedé en acompañarla a su casa con mi coche, ya que ella, no sé que me explicó sobre que un amigo la había traído, pero iba a buscarla un poco más tarde. El caso es que a la media hora estábamos enredados en el sofá de su casa y cuando iba a desabrocharla la blusa de forma completa, ¡zas! ¡sonó el móvil puñetero!
- ¡Cógelo, puede ser importante!- me dice mi reciente amiga Lucía.
- No lo será. Es lo mismo- y según lo iba a colgar sin mirar, ella me lo arrebata y contesta.
- ¡Hola! ¿Quién es?- yo intentaba cogérselo, pero ella se dio media vuelta y me lo impide.
- ¡¡¡¿Quién eres tú? ¿Está contigo el sinvergüenza de Carlos?!!! - se oye gritar al otro lado del teléfono.
- Está conmigo un Carlos, sí y ya hemos hecho el amor y todo- miente la descarada.
- Pues dile que ahora mismo le voy a tirar sus ropas por el balcón y que se quede contigo para siempre- oigo perfectamente.
- Ha colgado. ¿Era tu mujer?
- Pero si no tengo mujer. Sería alguna bromista. ¡Como te pusiste tú!
- ¡Sinvergüenza!- otra que me lo llama- ¿A quién quieres engañar?- y mientras se abrocha la blusa y se estira la falda.
- ¡Que no, mujer! Que incluso puede que fuera mi hermano, que es un bromista e imitador de personas.

No hubo manera de convencerla. Me dio un empellón y me tiró hacia la puerta del lujoso apartamento.
¡Y el caso es que estoy soltero y no tengo novia!
Desde ese día, cuando veo una mujer que me gusta, desconecto el teléfono antes de cruzar dos palabras con ella. Al menos aprendí la lección.


Publicado por quijote_1971 @ 12:07  | Cuentos
Comentarios (0)  | Enviar