Mi?rcoles, 24 de octubre de 2007
Sin descanso

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Un tanto molesto con los últimos sucesos con las dichosas mujeres, a las cuales adoro, y que incluso en forma de pesadilla no me dejan descansar, decidí consultar con el médico, por si me recomendaba algún tranquilizante o relajante o algo.
- Pero tú, estás muy bien, Carlos: Los últimos análisis y pruebas de resistencia han sido los propios de un campeón de los Juegos de Atletismo- me suelta el Dr. Miranda, gran amigo mío desde los tiempos del Colegio donde estudiamos juntos.
- No descanso por las noches, como debería.
- Te tomas un valium5 durante dos o tres noches y luego ya ni lo necesitarás. De todas maneras es bueno que pasees y si la situación persiste te recomendaré un buen psicólogo, para que te ayude a relajarte.

En esos quedamos y durante tres días, lo que se dice dormir, dormí mejor, pero las pesadillas con situaciones límites por culpa de mujeres que me acosaban no cesaron. Y hete aquí, que estoy delante de la psicóloga que me dijo el bueno de Raúl Miranda: La doctora en psiquiatría y psicología Marta Leiva y Vaquero.
- Cuénteme alguna de sus pesadillas.
- Pues la última que recuerdo es que me encontraba en la repisa de un edificio muy alto, a punto de despeñarme al vacío, por culpa de Marisa, la mujer de mi jefe, que me dijo que su marido estaba fuera por tres días y resultaba, según mi sueño, que casi nos sorprende juntos en la cama.
- ¿Pero, usted ha mantenido relaciones con esa señora?
- No, nooo. Sólo en sueños.
- ¿Y esas relaciones, en sueños, eran tortuosas?-dice la eminente doctora- Me explico: Se consumaban de forma normal o por el contrario, eran sádicas o algo así.
- Noooo. Yo soy muy respetuoso con las mujeres. Las acaricio, las beso, las desnudo y las sigo acariciando hasta que de forma consentida quieren que las penetre. Yo me dejo en sus manos…
- Bueno, bueno. No es preciso que me detalle tanto. Creo que usted tiene un complejo machista que se supone que ninguna mujer se negará a sus caprichos y eso le hace sufrir. ¡Inténtelo conmigo!

Casi me desmayo. ¿Cómo era posible que la eminente psicóloga me propusiera una experiencia sexual con ella?
- Perdone, doctora, pero no me es posible. Yo la veo como un médico, no como una mujer. Pero podemos hacer una cosa. Cuando termine la consulta quedamos en Maxim’s para tomar una copa en un lugar neutral.
- Me lo temía. Usted no desaprovecha ocasión. Le veré mañana de nuevo a esta misma hora pero en la consulta de nuevo.
- Pero entonces, ¿qué debería haber contestado?- las mujeres me desconciertan siempre.
- Pues que, de ninguna manera. Y eso sería prueba de que su caso no era tan grave como intuyo. Mañana veremos después de que pase una noche agradable. Lea este libro antes.
El Libro que me entrega tiene por título: “¡No seas tan ligón!, crea graves problemas.” De Luiding Borrachina- Psicólogo militar.

Me propuse leerlo aunque no durmiera en toda la noche Ya que tenía 564 páginas distribuidas en doce capítulos.
A la mañana siguiente amanecí con el libro entre las sábanas y con la sensación de que había dormido bien, sin pesadillas y el caso es que no me acordaba del libro, mas que de dos frases:
1) “No todas las mujeres se dejan seducir por cualquiera, pero todas intentan hacerlo con un ligón declarado.”
2) “Las mujeres son como ametralladoras (esto sería por lo de psicólogo militar) si se encasquillan ya no disparan más.”
Y con estas premisas me dispuse a abordar a la psicóloga, no militar, ¿A ver que coños significaban estas frasecitas?
Me explicó:
- Las mujeres son muy sensibles a la competencia. Si saben que un hombre es un seductor declarado, intentan ver si ellas también son de su agrado, para que lo entienda, que no son menos que cualquier otra. Por ejemplo todas se enamoran de Leonardo di Caprio o antes de Clint Eastwood.
- Ya comprendo. Vamos que si uno se hace el despistado y ella sabe que eres un ligón te coge un odio ¡que no veas!
- Algo así y lo de la ametralladora es que si se niegan en redondo a mantener una relación, aunque luego la quieran, su orgullo no les permite realizarla. Pero, claro eso son apreciaciones y no se puede generalizar del todo.
- ¿Del todo? Bueno esta noche nos vemos. Le invito a cenar. En plan de amigos. Es usted preciosa y esos ojos negros los tengo clavados en mi corazón.
- Bueno tutéame. Me llamo Marta, Carlos.
- De acuerdo, Marta. Creo que ya estoy curado y sólo quiero demostrártelo.

Esa noche fuimos al restaurante Maxim’s. Entre música, velas, un buen pescado y un excelente vino Marta me sedujo. No podía vivir sin ella. Pensé y así se lo hice saber, que sin ella sería ya un enfermo sin cura y con ella un hombre nuevo, hogareño y cuidadoso. La acompañé a su casa y no subí a su dormitorio. Me despedí hasta la noche siguiente con un beso, que creo, nunca olvidó como yo no lo he hecho. Ya llevamos juntos dos meses, y duermo, después de hacer el amor casi a diario, estupendamente. ¡Estoy curado!


Publicado por quijote_1971 @ 17:59  | Amor
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