Mi?rcoles, 17 de octubre de 2007
La mosca.


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¡Zzzzimmmm! El zumbido de un insecto muy conocido me estaba atontando. No le veía, pero le oía. Era capaz de surcar la habitación de lado a lado sin darse a conocer. Molesto con el bicho, empecé una búsqueda exhaustiva.
Miré por encima de la ventana, que estaba cerrada. Ausculté por detrás de las cortinas.
¡Zzzzimmmm! No paraba, pero seguía fuera de la órbita de mis pesquisas.
Decidido a terminar con aquél suplicio inacabable corrí el armario, por ver si detrás se encontraba el refugio del parásito. Nada de nada. Durante un minuto el zumbido cesó y me senté.
De nuevo: ¡Zzzzimmmmm! Esta vez junto a mi oído. Empecé a creer que me había subido la tensión arterial, pues no veía al díptero por ningún lado y sólo su onomatopéyico berrido se hacía notable. Y según mis noticias si zumban los oídos es señal de problemas en las arterias.
¡No es posible tanta tortura!- pensé- Tengo que dar con ella y acabar de una vez.
Salté como un resorte al escuchar de nuevo el intranquilizador chasquido por detrás de mí.
¡Imposible dar con ella! Lo mejor utilizar el spray e inundar todo el recinto de vapores mortíferos para los insectos. Estuviera donde estuviera, caería fulminada sin posibilidad de revivir.
¡ZIF!¡ZIF!¡ZIF! el olor no era del todo desagradable y cerré la pieza detrás de mí.
Pasada una media hora decidí abrir de nuevo la puerta de la habitación y airearla para que pudiera comer tranquilamente en ella.
Me disponía a probar la sopa de verduras, cuando ¡Zzzzimmmmmm! El conocido díptero cayó sobre el plato lanzando su último berrido, pero arruinándome el ganado refrigerio.


Publicado por interazul @ 16:50  | Costumbres
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