Viernes, 28 de septiembre de 2007
La?tromba?

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La?tromba?


Unas nubes negras como velos antiguos, ribeteadas de rojo, adornaban el horizonte. Los montes cercanos apenas se ve?an por la bruma entre violeta y gris. De pronto el rel?mpago deslumbrante brill? en el espacio, y cinco segundos m?s tarde un trueno aterrorizador retumb? en mis o?dos.

Gotas gruesas como pe?ascos rebotaban en los cristales, que pronto se tornaron en cortina de catarata, y las calles hac?a unos minutos secas y polvorientas se volvieron primero arroyos, y al poco r?os arrastrando hojas, ramas, bolsas, contenedores, bicicletas, motos y hasta coches, de forma que la corriente zarandeaba contra las paredes de las casas como si de ca?as se tratara. Algunas personas ped?an auxilio agarradas a las farolas y otras trepaban a los tejados de las casas corriendo el peligro de ser engullidas por la ?tromba? de agua.

Recordaba haber visto llover de forma pausada muchas veces. Gust?ndome notar el fino elemento resbalar por mis mejillas. No hac?a mucho tiempo corr? bajo la lluvia alegre queriendo abarcar con mis brazos un ramillete de chorros de agua. Hasta hab?a jugado al f?tbol bajo un peque?o aguacero. Disfrut? viendo como las alcantarillas tragaban mansamente los peque?os arroyuelos y como jugueteaban con las hojas ca?das de los ?rboles del paseo. Pero ahora, ?no disfrutaba! Las cortinas de agua duraban de una forma desproporcionada y grosera, convirtiendo el parque cercano en fantasmag?rico por el mar que lo inundaba. La calle era como un r?o infame que se desbocaba y nadie pod?a parar. La sorpresa, por lo inusual era may?scula. Las madres quer?an ir a auxiliar a sus hijos a los Colegios, donde supon?an atrapados. Los padres salieron de sus trabajos a por sus esposas. El caos era impresionante.
Pasada una hora, la tormenta dej? paso al arco iris y las calles y parques se vieron convertidos en cementerios de coches y de gentes. Seg?n bajaba la riada el barro dejaba ver familias enteras abrazadas junto a su coche o junto a la puerta de su casa, presas de escorzos incre?bles y con el ?ltimo gesto desgarrador en sus rostros. Los bomberos no dieron abasto durante semanas para desatascar alcantarillas, vaciar garajes y s?tanos, abrir portones que escond?an tragedias.
Testigo de excepci?n desde mi ?tico, desde ese d?a tem? y odi? a la lluvia.
Despu?s de diez a?os, a?n me dicen:
- ?Que importa que llueva!

Y yo respondo:
- Prefiero el sol y la luna clara.








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Jueves, 27 de septiembre de 2007
El muerto que denunci? a su asesino.
Cap?tulo VI y final.

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El Inspector volvi? a revisar el malet?n y se puso a pensar. Si el tal Morantin, que result? ser un ruso de Investigaciones Cient?ficas, vivi? en Espa?a durante al menos dos a?os en Marbella, ?C?mo es que ahora se meti? en esta trama? Hab?a que investigar ?cu?ndo hab?a llegado, y en calidad de qu? hab?a entrado en Espa?a? ?Qu? hab?a hecho durante los dos a?os anteriores? El Ministerio de Asuntos Exteriores deber?a implicarse en estas averiguaciones.
Mientras queda a su oficial al tanto de la llamada de la abogada, se pone en comunicaci?n con la polic?a de Marbella.
- ?Qu? han averiguado sobre Morantin y sus representaciones?
- Veamos- le contesta la inspectora encargada- Iba a llamarle ahora, precisamente, porque acabamos de averiguar, que este hombre, por las huellas, ha sido identificado como el ruso que viajaba mucho, sirviendo de enlace a un hombre dedicado al contrabando de cuadros y posiblemente de otros objetos. Hemos detenido, para que cante lo que sepa a otro ruso que se le hab?a visto con ?l y sabe lo mejor, que por el traductor, ha pedido de abogado a la Orellana.
- Ten?is que insistir para que nos diga si el tal Iv?n Lepovichiv ten?a que ver con Investigaciones Cient?ficas. Me llamas en cuanto averig?es algo, mientras nosotros estamos en comunicaci?n con Exteriores, para que indaguen en Rusia sobre ?l.

El fax lleg? esa misma tarde:
?Iv?n Lepovichiv fue delegado de Investigaciones Cient?ficas en Mosc?. Renunci? a su cargo con la ca?da de Gorbachof. El Ministerio de Medio Ambiente de Put?n le busca por relacionarse con mafias de la antigua URSS que tienen como finalidad dominar el Mundo de forma fraudulenta, empezando por la Rusia democr?tica que ya tenemos. Si conocen su paradero, adjuntamos orden de extradici?n para ser juzgado en Mosc?, por delitos contra la salud y contrabando de mercanc?as peligrosas.?

Un rayo de luz empezaba a entrar sobre la investigaci?n. Hab?a que enredar a la abogada, para que se descubriera como enlace en Espa?a de estas mafias peligros?simas que padece el Mundo.
Mientras, en la Delegaci?n del Medio Ambiente, hab?an elaborado un informe m?s detallado sobre el virus inmerso en el l?quido verdoso.
?Inoculado a un chimpanc?, ?ste dej? guiarse de forma d?cil, como nunca hab?a sucedido anteriormente, haciendo lo que su cuidador le indicaba por gestos. Y s?lo comi? por indicaci?n de ?l. Si se le deja a su libre albedr?o no reconoce ni la comida ni otros objetos con los cuales jugaba antes. Llegamos a la conclusi?n, ya que no conocemos c?mo curarlo, que si un humano lo ingiere, ser? esclavo de qui?n se lo suministre. Por lo cual lo reconocemos como altamente t?xico. Y m?s que un virus, se trata de una p?cima elaborada por humanos, como una especie de veneno.?

Parec?a sacado de alguna pel?cula de ciencia ficci?n. Mu?oz deduc?a del informe, que si unos delincuentes se lo inoculan, por ejemplo, a un Director de Banco, ?ste abrir?a la caja fuerte a su antojo. Y si se lo inoculan a un Juez de Revisiones Penitenciarias, dejar?a en libertad a quien ellos quisieran, Bueno, no quer?a seguir divagando, pero era preciso detener a todos los que poseyeran ese brebaje. Y cre?a a estas alturas que Lepovichiv hab?a impedido el que se conociera de su existencia, lo que no supo o no quiso es eliminarlo.

La abogada llam? al oficial a las ocho de la tarde:
- Ya tengo el dinero. Tiene que llevar el termo en un malet?n y vernos a las nueve en el puente de los alemanes. Vaya solo. El malet?n debe ser de piel negra, tama?o folio. El intercambio ser? por el m?o de las mismas caracter?sticas, y se para dos minutos delante de m? para que podamos comprobar que la mercanc?a es la correcta. Si hay alguien en el puente en ese momento, siga de largo y vuelve a los cinco minutos.
- De acuerdo. Todo listo entonces.

El dispositivo ten?a que montarse a toda prisa y son sigilo. El puente de los alemanes deber?a ser rodeado de forma que si hab?a c?mplices de la abogada fueran tambi?n detenidos. Hay que tener en cuenta que este puente es peatonal y no se puede acceder con veh?culos.

- ?Queda detenida, Sra. Orellana!- le grita el Inspector, en el momento de entreabrir el malet?n que conten?a el falso termo- por contrabando de mercanc?as peligrosas para la salud.
El Inspector apareci? junto a dos agentes por la barandilla, ya que hab?an permanecido escondidos debajo del puente, justo hasta el momento en que el oficial hab?a causado la confianza necesaria para que la abogada cogiera el malet?n.
Otros dos hombres intentaron huir, uno de ellos en una moto como la que fue vista en La Palmilla, pero los agentes de paisano, que hab?an rodeado el puente y los aleda?os, les detuvieron.

- Usted mat? a Lepovichiv, porque no quer?a entregarle el brebaje. El caso es que aunque ?l fue el descubridor del mismo, no quer?a utilizarlo en humanos. Parece que Espa?a era su campo de pruebas. Ya en Rusia ha sido descubierta la trama y aqu?, con usted entre rejas, creo que la pesadilla se ha terminado. Y ?l mismo al dejar sus datos escritos le denunci? como su asesino.
- Inspector, no lo crea. Somos muchos y aunque yo no pueda coordinar, otros lo har?n.
La sensaci?n de no haber resuelto del todo este embrollo, le dej? preocupado al bueno de Mu?oz, pero pensaba que su misi?n, de momento hab?a terminado. Agentes especiales se ocupar?an ahora de seguir todas las implicaciones.
La abogada y los dos detenidos con ella, uno ruso y el otro espa?ol, fueron acusados y condenados por los asesinatos de Lepovichiv y del conserje. A ?ste le asesinaron porque les amenaz? con denunciarles sino le daban una buena tajada de lo que supon?a tr?fico de drogas. Al menos esto estaba claro. El l?quido qued? en manos de los investigadores del Ministerio de Medio Ambiente y se trabajar? la forma de hacerlo aprovechable para la humanidad.
FIN

Publicado por interazul @ 17:44  | Misterio
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Martes, 25 de septiembre de 2007
Sue?o o realidad.

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Desanimado de como me trataba mi mujer, decid? tener una aventura con la hija de mi jefe. Lo decid? como que no quiere la cosa. Ella estaba muy bien, era una ni?a muy ?mona? de veinte a?os reci?n cumplidos y con una ?delantera? de tirarte de frente.
La verdad es que ya me hab?a insinuado unas tres veces. La invitaba, ya que ella trabajaba tambi?n la redacci?n del peri?dico, a tomar caf? en la media ?horilla ? que ten?amos libre y aunque ella se dedicaba m?s a la labor de calle, y yo a la labor de linotipista, como todo se hace con los ordenadores hoy en d?a, no faltaba el d?a que no cruz?ramos unas frases amables.
- Diana, no crees que la cabecera debes pensarla un poco m?s.
- Tienes raz?n, Carlos. Voy a cambiar lo de ?El barrio de Legan?s se manifiesta contra la chapuza del metro? por ?Vecinos de Legan?s protestan por las obras del metro?.
- Est? mucho mejor. Y t? tan guapa como siempre. Si t? quisieras,?
- Bueno, que tienes mujer, no te pases.
- Pero si vamos a separarnos.
- Bien, entonces hablaremos.

Y cosas as?. Hasta que el d?a 4 de septiembre de este a?o, debido al cabreo que tra?a de casa, conclu? ?atacar? y dejarme de tonter?as. Ya s? que era peligroso, porque le llevo quince a?os largos y mi jefe es un poco ?chinche?, pero al fin y al cabo, somos personas mayores y adem?s no andaba para muchas disquisiciones.

- Diana, esta noche te invito a cenar. Tenemos que ultimar lo de la serie que publicamos a partir del domingo y no nos va a dar tiempo en la redacci?n- le solt? como que no quiere la cosa.
- ?En tu casa?- respondi? la p?cara jovencita.
- Pero si mi mujer y yo no hacemos m?s que discutir y no nos va a dejar ni hablar de nuestros problemas period?sticos. Te invito a El Templario, que es un restaurante muy tranquilo y con posibilidades de aislarse del resto.
- Bueno, ?y luego?
- Luego podemos continuar en el apartamento que tengo ahora sin alquilar, en la carretera de Valencia. Est? muy bien comunicado.
- ?O.K.!- dijo ella de forma r?pida.

A partir de aquella noche, las escapadas al apartamento, del cual le di llaves a Diana, se sucedieron dos veces por semana. La chica estaba como un ?trenecillo? y yo la hac?a vibrar, entre noticia comentada y noticia, como si de un terremoto se tratara.
Pero una noche que hab?amos quedado, al entrar en el apartamento, un fuerte olor a ?porro? y alcohol, me desquici?. Estaba sentada en el sof? del sal?n con un joven de su edad fumando y bebiendo, y no llegu? a ver nada m?s, porque el joven se levant? r?pido y se disculp? diciendo.
- Usted debe ser Carlos, es que mi amiga me invit? a subir un momento. No solemos fumar, pero ella es as? de caprichosa.
- Bueno, vete, ya hablaremos- dice Diana.
Sali? de forma acelerada y entonces me enfrent? a ella:
- ?Te drogas y haces el amor con ese chico?
- T? no eres mi due?o. Y t? puedes hacer lo que quieras, y yo lo mismo.
- Pero es mi casa- aduje yo.
- ?Si quieres te devuelvo las llaves y no nos vemos m?s!- me grit?.
- Bueno, lo olvidar? si no se repite- pero observo un morat?n en su ojo izquierdo. ?Y eso, c?mo te lo hiciste?
- No es asunto tuyo.

Ella me cogi? de la cintura y me volc? sobre el div?n. Me desabroch? la bragueta y al poco una felaci?n salvaje me hizo olvidar todo lo anterior. Yo empujaba su cabeza entre mis piernas y ella acab? transport?ndome al para?so.
Dos noches m?s tarde, al entrar en el apartamento, de nuevo un fuerte olor a droga me soliviant?. Pero ?sta vez no hab?a nadie en el sal?n, avanc? despacio y con cuidado de no hacer ruido hasta el dormitorio y entreabr? la puerta con sumo sigilo.
La sorpresa fue impactante. Sobre la cama yac?a un cuerpo desnudo ensangrentado, el cual reconoc? enseguida como el del joven de la otra noche, y su sangre resbalaba sobre la alfombra desde la sien. La l?mpara de noche estaba en el suelo con su pie de m?rmol roto y con el l?quido rojizo pegado en varios de los fragmentos.
La habitaci?n, entonces me di cuenta, estaba totalmente revuelta y unas cuerdas rotas estaban esparcidas por el suelo.
De Diana no hab?a ni rastro, pero cuando iba a llamar a la polic?a desde el tel?fono del hall, la ?ni?a? apareci? por la puerta, tan tranquila.
- Carlos, creo que le he matado. ?Qu? hacemos?
- Voy a llamar a la polic?a. ?Que ellos te lleven y ya veremos!
- Si lo haces dir? que es cosa tuya. Tus huellas est?n en la l?mpara y adem?s por celos, me creer?n a m?.
- ?Arp?a del demonio! Vamos a pensar.
- Debemos deshacernos del cad?ver. Lo envolvemos en una alfombra y lo bajamos al coche. Lo tiramos al r?o. Como lleva una vida muy desgraciada creer?n que se suicid? o algo as?. Limpiamos todo y nadie sospechar? de nosotros- solt? la mujer que en esos momentos dese? no haber tratado nunca.
- Pero atar?n cabos, si alguien sabe que sal?as con ?l.
- Mira.., me peg? otra vez. ?Yo no quer?a matarle! ?Mierda de drogas!- me dijo, mientras me ense?aba unos cortes en la cara, seguramente producidos por alg?n objeto punzante.
- ?Y esas cuerdas?
- Me at?, pero cuando estaba encima de m? me pude desatar una mano y golpearle con la l?mpara, creo...
Me ca? sobre el sof? y estuve pensando unos minutos. Si la denunciaba, creo que mi carrera y mi vida profesional se habr?an terminado. La agarr? fuertemente de las manos y la acerqu? hasta m?.
- Diana, vamos a grabar una confesi?n de lo que has hecho y la guardamos bajo siete llaves, es la ?nica forma de que te ayude a tapar todo y ?sea lo que Dios quiera!
- ?O.K!- me contest? como si nada.
- A las tres lo llevamos al remanso del r?o Tajo, en ese sitio que conocemos cerca de Aranjuez, despu?s quemamos la alfombra y todos sus objetos personales y ropas de ?l se las ponemos con guantes de l?tex.

La operaci?n de vestirle y colocarle todo dur? m?s de dos horas. El enrollarle en la alfombra del sal?n y sacarle por la escalera de forma sigilosa al menos otra, pero a esas horas nadie, nos pareci? al menos, se percat? de nuestras maniobras.
Lo tiramos al r?o y a unos dos kil?metros quemamos la alfombra y los guantes con un chorreo de gasolina como acompa?amiento.

El coche decidimos limpiarle a fondo al d?a siguiente y ?que Dios repartiera suerte!
Pasaron dos d?as hasta que pudimos recibir la noticia en la redacci?n.
?Un joven de veinte a?os es encontrado muerto en el Tajo. Se cree que debido al gran nivel de drogas que consum?a se cay? al r?o. No se descarta que alguien lo empujara, y la polic?a trabaja para esclarecer las circunstancias.?
- Esta noche te veo en el apartamento- le digo a Diana- tenemos que hablar.
- ?O.K.!- me exasperaba, la tranquilidad de esta ni?a mimada y peligrosa, seg?n sab?a ahora.

Esa noche esper? a Diana tomando una copa, que posiblemente fueron varias.
Al fin apareci? con su sonrisa de gatita caprichosa e intent? seducirme al minuto.
- Vamos a hablar. Mi esposa me ha pedido el divorcio y de alguna manera estoy atado a ti de forma dram?tica. ?Te casar?as conmigo en cuanto me divorcie y as? nuestra alianza ser? eterna?
- Pues claro, tonto. T? eres bueno y voy a dejar las drogas.?Ayudam?!
- Tenemos que hacer una vida normal hasta entonces y no vernos tan a menudo.
- ?Por qu?? Nadie sospecha que el ?yonki? ese tuviera algo que ver con nosotros.
- Es lo que he visto en las pel?culas. De todas formas esto va a ser un contrato entre nosotros. Tengo tu declaraci?n en una caja de seguridad y no debo temer tus veleidades.
- Eres un desconfiado. Ya no saldr? con nadie que no seas t?.

Pas? un mes y estaba viviendo con mi ?gatita?, cuando una noche, seg?n sub?a en el ascensor, la vecina del 3?D, que creo que est? colada por m? me dice:
- Dentro de una hora te espero en mi casa. S? lo que hiciste en septiembre.

Me qued? de una piedra. No supe que responder. Hab?a visto las pel?culas esas de ?S? lo que hiciste el ?ltimo verano? y ella dijo: ?S? lo que hiciste en septiembre?. Claro est?bamos en octubre y el mes pasado fue cuando ?lo del muchacho drogadicto?.
Antes de la hora estaba llamando a la puerta de Berta, la del 3?.
- Hola, dime, Berta, ?Qu? es lo que hice en septiembre?
- Bajaste, junto con tu amiga, una alfombra muy grande por la escalera, y de esa alfombra sal?an unos pies.
- ?Yo? Te equivocas. No hice mudanzas- no sab?a como salir del atolladero.
- He pensado que t? y yo podr?as llevarnos bien- observ? que estaba con una batita transparente que dejaba ver sus senos y el bello p?bico- para ello, yo y no esa ni?ata, pod?a ser tu amiguita.
- ?D?jame que me reponga del susto y lo piense! ?Y s? no accedo?
- Tendr? que ir a la polic?a y contar lo que s?.
- Pero te preguntar?n por qu? esperaste tanto- me defend?.
- Les dir? que me amenazaste-?no ten?a escapatoria.!
Bueno, lo habl? con Diana, y saben lo que me dijo:
- Hay que eliminarla. Tienes que bajar con una ampolla que yo te voy a suministrar e inocul?rsela. Es mortal.
- ?Dios m?o, Dios m?o!- grit?, mientras sent?a unas ganas irresistibles de vomitar.
- No tenemos otro remedio, Si no lo ?nuestro? se viene abajo.

Estaba en la cama debati?ndome entre matar a Diana o matar a Berta, pues quiz?s, barajaba que si acaba con la primera acababan mis problemas, ?pero era igual de malo, caer en las garras de la segunda!, mi confusi?n era total, cuando alguien me susurr? al o?do:
- Carlos, vas a llegar tarde a la oficina.
- ?Qu? hora es y qu? d?a?
- ?C?mo, que qu? d?a?- pude reconocer a mi esposa detr?s de esas palabras.
- S?, cari?o, s? ?qu? d?a?
- Cuatro de septiembre de 2007.

Respir? tranquilo. Y m?s cuando al llegar a la oficina, la hija de mi jefe no me hizo ?ni puto caso!

Publicado por quijote_1971 @ 19:18  | Misterio
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Martes, 18 de septiembre de 2007
Luminarias.

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La feria estaba en su auge. Era el segundo d?a de fiestas en M?laga. Y la gente corr?a a las casetas a tomarse la merienda, para coger fuerzas, para soportar al de la t?mbola de las bicicletas, con sus chirriantes llamadas para que no dejes el premio en la caseta, a las turbulentas m?sicas de los carruseles de los ni?os y sobre todo las luminarias. Los arcos multicolores, los focos potentes que se?alaban las entradas de las casetas, las fuentes de los paseos con sus luces cambiantes hac?an casi cegadora la estancia.
Cuando se llevan unos cuantos ?finos? y algunas ?manzanillas?, esas luces ya no son problema. Se acerca uno al hombre que se mantiene como ?payaso? sin risa, hasta que le echas una moneda en el gorro a sus pies, inamovible dentro de aqu?l c?mulo de fanales y fanfarrias. Se observa a unos j?venes como discuten all?, pues parece, uno de ellos abraz? a la novia del otro mientras se ajustaban en los asientos del ?martillo?.
Un poco m?s all? los autos de choque no dejan de batirse, como en duelo de alguno contra todos o varios contra varios.
La ?caseta de los horrores? se engalana con una bruja aterradora a la puerta, reclamando que la gente entre, que va a sufrir dentro como nunca lo ha hecho. ?Y la cola, para entrar llega hasta la ?caseta de los animales salvajes?! Incluso, entramos, en el barrac?n de los espejos. Vidrios donde te ves cheposo, como un fideo, gordo como un hipop?tamo o enano como un gnomo, mientras los acompa?antes se destornillan hilarantes de tus deformidades.
La noria. La rueda majestuosa domina todo el paisaje del recinto ferial. Est? al final, pero es la gu?a, el gran monstruo que atrae y desde el cual puedes sentirte como un dios que camina hacia a los cielos.
Los puestos de turrones, mantecados, galletas de cualquier sabor, con grandes caramelos del tama?o de una persona, con diminutas grageas de chocolate y miel, ah? est?n entre los puestos de los helados de mil sabores y formas. Y tambi?n el cl?sico ?algod?n? de az?car blanco o rosa.
Los caballitos con su pausada y a la vez constante subir y bajar mientras giran sin freno. A su lado, aparatosas carrozas que emulan a la de la cenicienta y pesados elefantes de cart?n piedra que soportan en su lomo carrozas llenas de ni?os chillones.
Un poco m?s y ah? tenemos los ponis reales, con sus cabezales sujetos a la maroma que les orienta en su caminar dentro de un c?rculo, algunos no llevan jinete, otros a alg?n ni?o o ni?a aprendiz de montador .
Pero todo esto y m?s, sin las luminarias no ser?a una feria. Podr?an intentar correr todos a las casetas a escuchar a los cantantes, mientras comen los calamares o los pimientos fritos y se encasquetan dos finos ?t?o Pepe? o se beben dos litros de cerveza, podr?an subirse a m?ltiples l?tigos de carricoches, incluso a la noria, ?sin las luces de colores en sus diversas formas, no seria la feria!

Publicado por Lanzas @ 13:38  | Costumbres
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Viernes, 14 de septiembre de 2007
El muerto que denunci? a su asesino
Cap?tulo V


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El Comisario, con gesto de preocupaci?n, escuch? al Inspector Mu?oz, en el que ten?a plena confianza, por la multitud de casos resueltos y de asesinos atrapados con pericia.

- Mire, Lara- este era el apellido del Comisario- se necesitan m?s efectivos para escudri?ar este caso. Labordeta y yo creemos que una trama internacional est? detr?s del dichoso virus, y encima que puede ser una mafia rusa.
- Tengo noticias de esta ma?ana del Ministerio de Interior, de que ha sido detenido en Barajas un individuo que llevaba un termo con un l?quido verduzco, que tomaron por un explosivo, pero result? ser un virus nocivo. Est? siendo interrogado y creo que usted debe ir de inmediato, con lo que conoce, para ver la relaci?n. Aqu? tiene los billetes para el oficial y usted mismo.
- Me deja sin reacci?n- ya veo que el avi?n a Madrid sale en dos horas- Volver? de inmediato con lo que averig?e.
Acostumbrado a cumplir con su trabajo, informa a Labordeta que recoja un peque?o malet?n, que intentar?n volver en un avi?n de la noche. La salida a las 15.30 y la vuelta a las 21.30. Eso rezaban los billetes reservados. No hace falta m?s equipaje que una muda y una camisa para cambiarse. ?Comer? Comer?an un par de bocatas y una cerveza antes de embarcarse en el mismo Aeropuerto, ensuciado por las obras de ampliaci?n, de M?laga.

El interrogatorio en Madrid, al cual asistieron, revel? que el individuo detenido era un ruso buscado por la INTERPOL por mercadear con obras de arte robadas, y que ?l cre?a que el cilindro transportaba un lienzo peque?o de Monet. Ten?a que entreg?rselo a una persona en M?laga, a cambio de cien mil euros, el cual, despu?s de amenazarle con las c?rceles rusas, acus?ndole de algo gordo, como intentar atentar contra el embajador ruso de Putin, cant? que con quien ten?a que verse era un rumano que se llamaba Estilov.

- Ese rumano ha sido asesinado ayer tarde- cuenta Mu?oz a su hom?logo madrile?o- d?selo y ens??ale la foto.
- ?Conoces a esta persona?
- No, con el rumano ten?a que encontrarme en la Estaci?n de M?laga, portando ?l una mochila roja con la inscripci?n en ruso: ?Amo a Rusia? y me dar?a cien mil euros a cambio del cilindro.
- Parece que no miente- comenta el malague?o, en un aparte, al madrile?o.
- Eso creo. La vamos a acusar de contrabando y de transportar mercanc?as peligrosas para la salud.
- ?Qu? analicen el virus de inmediato, que me temo que es muy peligroso y aqu? en Madrid habr? m?s medios y bi?logos especializados.

A las dos horas era analizado el virus. El informe preliminar, a falta de m?s pruebas, dec?a:
?Se trata de un virus miscible con el agua y que los animales que lo ingieren parecen abandonarse a su suerte, sin buscar el alimento. Creemos que si un humano lo bebiera quedar?a sin voluntad a merced de alguien que lo controlara, dependiendo f?sica y s?quicamente de quien se lo diera.?
- Creo que ya s? el motivo del escrito de Lepovichiv, lo ?de algo horrible para la Humanidad?, es que descubri? que pretenden suministrar a ciertas personas, pueden ser cient?ficos, pol?ticos o futbolistas, ?Vete a saber!, el dichoso virus y dominar el Mundo. El problema es averiguar qui?n est? detr?s de todo esto. Si apunta al gobierno ruso, estamos perdidos.
- Y debemos encontrar la relaci?n de la Orellana con los rumanos y rusos- sugiere Labordeta.
- Antes de detenerla, debemos mantener en secreto la detenci?n de este ruso.
Llama de inmediato a M?laga e indica que sea sometida a vigilancia sin ser detenida, pero que el juez sepa lo que se trama, para que no se evada o huya.
Por el camino, el inspector Mu?oz medita y toma notas sobre su manoseada agenda.
- ?Cree, Labordeta, que la asesina pueda ser la abogada?
- Yo creo que hay alguien m?s, pues al quitarse tambi?n al conserje de noche de en medio, me parece poco posible para una mujer, pero ella debe conocer a quien lo hizo.
- Vamos a tenderla una trampa, ?ver?!- y explica c?mo van a actuar una vez lleguen a M?laga.
La noche se extiende sobre M?laga, cuando llegan a la capital de la Costa del Sol.

- Sra. Orellana, soy el amigo de Estilov- dice el oficial que sabe perfectamente ruso, de la Comisar?a de M?laga- y no encuentro a ese imb?cil, para entregarle el cuadro.
- ?C?mo dice?- se oye expectante la voz de la abogada-en perfecto ruso, tambi?n.
- Me dieron su tel?fono, por si no encontraba al rumano ese. Yo soy Pietro Menchov. Tenemos que vernos. ?No s? que hacer con el termo!
- ?Ha pasado los controles de los aeropuertos?
- Bueno lo puse en la maleta y como es un termo, da el pego de ser un licor o algo as? y no me lo han abierto. Yo s? muchos trucos.
- Bien, tenemos que vernos, pero la polic?a me vigila, porque creen que soy tambi?n contrabandista. Tenemos que actuar con mucho cuidado. D?me su tel?fono y le llamar? en breve, pues el dinero, que habr?n convenido, tengo que obtenerlo antes.
- S?, son cien mil euros.

El agente cuelga el tel?fono, y Mu?oz exclama:
- ?Ha picado! Creo que si actuamos con mucho orden, desenmara?amos esta trama.
- Cuando vuelva a llamar, que supongo que desde su m?vil comprobar? la existencia de este ruso viajero, la hacemos quedar con el dinero y en ese momento veremos lo que hay detr?s- comenta Labordeta.
Continuar?

Publicado por interazul @ 18:07  | Misterio
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S?bado, 08 de septiembre de 2007
EN LA ?ESTACADA?

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Estoy volviendo de mi viaje de vacaciones. La carretera est? llena de coches, y como siempre por estas fechas, pienso si no hubiese sido mejor haberme quedado en casa.
Voy a contaros como empez? y como seguramente, pues con las mujeres nunca se sabe si terminas del todo, acab? todo.
El d?a uno de agosto preparamos Luc?a y yo las maletas para irnos a Santander. Quer?amos pasar diez d?as, maravillosos- dijo ella- al ?fresquito? del Cant?brico. Pasear?amos por las playas del Sardinero e incluso, ir?amos a Bilbao a comer sardinas de Santurce.
El dos est?bamos en la serpenteante carretera entre monta?as que nos lleva de la ?rida Meseta castellana hasta las frondosas cuestas c?ntabras. Todo muy bien, hasta que de pronto vemos al salir de una de las curvas un coche, un Toyota Corolla de color rojo intenso al lado del cual, una mujer rubia, hac?a se?as para que par?ramos.
- ?Para! ?Frena y ay?dala!- Luc?a, siempre tan sol?cita.
- ?Y si es un truco para robarnos?- contest? yo.
- T? ves demasiadas pel?culas. Una mujer sola estar? angustiada al ver que su coche no carbura.
- ?Vale! Yo me bajo y t? te quedas atenta a ver que pasa. No me f?o.

Fren? mi Audi A4 plateado, justo detr?s del rojo despampanante.
- ?Qu? le ocurre se?orita?
- Gracias, muchas gracias por parar. Llevo un rato sin saber que hacer con mi coche, que no arranca- me contesta una voz melosa, que sale entre unos labios rojos, que me fascinan, y que alegra unos ojos verde esmeralda que me hipnotizan.
- Ya veo, ?puedo mirar mejor?- patino- Me refiero ver si arranca con mis manos. Quiero decir, probar yo a ver si arranca- suelto por fin.
- ?Claro! Las llaves est?n puestas. Voy mientras a saludar a su esposa.
- ?Nooo! No es mi esposa. Es mi,?. mi compa?era, ?vaya! ? no s? porqu? le digo esto. Mientras ella se acerca a la ventanilla de Luc?a, no puedo disimular ver su trasero contonearse de forma lujuriosa.
Entro en el Toyota encarnado y un olor a jazm?n casi me marea. Giro la llave y ?clinc!, ?clinc!, que no hace ni ruido.
- Creo que es la bater?a. Se ha terminado su energ?a.
- ?C?mo dice? Estaba saludando a Luc?a, yo me llamo Silvia. No entiendo.
- ?La bater?a!- casi grito.
- ?Y qu? hacemos?
- Podemos hacer varias cosas- casi el subconsciente me traiciona- Digo, que podemos llevarla hasta un taller para que le traigan una bater?a, o podemos intentar arrancar con unos cables que llevo yo, para estos casos.
- Como quieran.
- Voy a dec?rselo a Luc?a. Espere.
Me acerco a mi coche, donde una Luc?a, ya no tan sol?cita, porque las mujeres intuyen la competencia, me mira con gesto moh?no.
- Mejor que llame a su seguro.
- Pero, mujer, ?Y si el seguro no le cubre la gr?a? Podemos llevarla hasta la gasolinera cercana y qu? ella se las arregle. Primero intentaremos a ver si arranca.
- Bueno, d?selo.
La exuberante rubia te?ida, casi me roza con su cadera derecha, al acercarme a su carro.
- Perdone, encanto- se me escapa- podemos intentarlo.
- ?Qu?? ?Ah! El arranque, ya.

Pongo mi coche al lado del suyo con una Luc?a cada vez m?s hosca, y con los cables, el rojo, al positivo, el negro al negativo, y rozo su mano, al encasquetar el terminal negro, y digo:
- Entre en su coche y de a la llave cuando yo le diga.
- Tr?tame de t?. Tut?ame, Carlos.
- ?Carlos?
- Si eso me ha dicho Luc?a, que te llamas Carlos. Yo, Silvia.
- Ya, ya, s?. De acuerdo, Silvia.
Brugggggggg, brugggggggg, ?nada! Mi coche empieza a arrancar y el otro: ?clinc, clinc!, ?no arranca! No es s?lo la bater?a, pienso.
- Pon los tri?ngulos de aver?a y vamos r?pido a la gasolinera m?s pr?xima.
- O. K, Carlos.
La rubia se coloca en el asiento posterior y Luc?a le pregunta:
- ?A d?nde ibas, a Santander?
- S?, a pasar unos d?as con mis padres, que viven all?.
- Bueno, ya estamos en la gasolinera- digo, dirigiendo el coche por el carril de desv?o. Te acompa?ar? ante el encargado a ver si pueden hacer algo.
- Tienes un ?maridito? que es un encanto, ya me gustar?a tener a m?, uno as?, Luc?a.
- Bueno, ?l es as? de sol?cito- miente mi compa?era.

El encargado nos dice, que puede darnos algunos tel?fonos de gr?as de talleres. Qu? en esa gasolinera no tienen taller y no pueden hacer nada.
- Vamos a decir a Luc?a lo que hay y no te preocupes, llama a tus padres para que no se impacienten.
- Mira, va a llamar a sus padres y la acompa?amos hasta que venga la gr?a: ?Te parece?- le digo a Luc?a.
- Se nos va a hacer muy tarde, para llegar al hotel. Ya son m?s de las dos de la tarde. Vamos a comer algo r?pido, mientras, en la cafeter?a de la gasolinera.
Creo que ah? fue mi perdici?n de las vacaciones. La bonita Silvia se le ocurri? lo siguiente:
- No quiero estropearos el d?a. Si quieres acompa?arme, mientras viene la gr?a, que Luc?a se vaya al hotel y luego te llevo yo con ella. Si quiere, claro.
- Es decir, que yo te acompa?o con la gr?a y luego, t? con tu coche me llevas al hotel, si lo reparan. Bueno y s? no cojo un taxi, ya en Santander. Luc?a, ?qu? te parece?
- S?, pobrecilla, no la vayan a asaltar. Yo me llevo el coche con las maletas, hasta el hotel y te espero. Como ya hemos tomado algo, no hay prisa- Creo que not? algo raro en lo de ?pobrecilla?, pero vistas las cosas as?, no hab?a otro remedio, ya que est?bamos para ayudarla.

Luc?a arranc? el coche y cuando me volv? para preguntar a Silvia, si ya hab?a llamado al servicio de gr?a, me qued? estupefacto, ella me agarr? de la mano y de manera casi violenta apret? sus labios contra los m?os, mientras su cuerpo se pegaba a m? produci?ndome un gozoso escalofr?o.
- Eres un ?solete?, Carlos. ?Qu? hubiera hecho si no paras? Yo soy muy cari?osa y no puedo frenarme con los hombres amables.
- Bien, no s?, estoy de vacaciones con Luc?a, ?qu? hago yo ahora?- deseaba abrazarla, desnudarla, amarla.- En el hostal de al lado he visto: ?Alquilamos habitaciones?. Mientras llega el ?gruero?, podemos conocernos mejor.
- ?Vamos!
A la ma?ana siguiente est?bamos a?n en la habitaci?n de aquel?hotelucho? de carretera, a Luc?a la llam?. poniendo la excusa de que hab?a empezado una tormenta y me hab?a refugiado en el Hostal, a la segunda llamada de ella, no cog? el m?vil y al ver el mismo a la ma?ana siguiente, ten?a el mensaje:
?S? lo que haces, cabr?n, no me vengas a buscar, ya he tirado tu maleta y me vuelvo a casa?.
- Silvia, he roto con Luc?a- ment?- vente conmigo de vacaciones. El hotel lo reserv? yo, no puede dejarme en la calle, he llamado ya.
- ?Cielo, vamos! El coche ya est? arreglado, seg?n me ha dicho el mec?nico. Vamos a pasar unos d?as de ensue?o.
Los dos primeros d?as en el Hotel fueron s?lo para comer, beber y hacer el amor. Ni salimos a la calle. El tercero dimos un paseo, bajo el paraguas, para comprar algo de ropa y el cuarto otro paseo para tomar un caf? en el Paseo de Pereda.
Los d?as y las noches se suced?an en un frenes? sin tregua. Silvia no volvi? a mencionar a sus padres y al quinto d?a le pregunt?:
- ?Tus padres no se extra?an de que no vas a verlos?
- Mis padres murieron hace tres a?os en un accidente de coche. Dije eso, para que tu mujer o amante, o lo que sea, se confiara, porque me gustaste y quer?a que pasara esto desde que te vi.
- Pero, entonces, ?con qui?n ibas a verte?
- Con el tonto de mi novio, del cual ya no quiero saber nada m?s.
Y as? quedaron las cosas, hasta que al sexto d?a fuimos al Sardinero a meternos en el agua y a tomar el t?mido sol que asomaba. Y estar?n expectantes, por saber qu? ocurri?. Pues que una especie de mula con unos b?ceps como el Stallone se puso delante de m?, cuando sal?a del agua agarrando la cintura de ella, y me solt?:
- Maric?n, ?qu? haces con mi novia?
- Hago lo que ella quiere, h. de p.
?Zas!, me solt? un mamporro que me tir? contra el agua. ?Y menos mal que ca? en el agua! Me levant?, mientras ve?a a trav?s de mi nublada vista a la tal Silvia abrazar al hombret?n y cuando iba a intentar devolver (?Qu? ocurrencia!) el pescoz?n, oigo:
- No te molestes, Silvia y yo nos vamos a mi casa. Todo ha sido un mal entendido. ?Gracias por sacarla a la orilla, ya que casi se ahoga, me dice! Acabo de llegar y al verte que la sacabas del agua por la cintura, me tem? otra cosa. ?Perdona, hombre!

Y me dio la mano.
Y ahora de vuelta de todo este l?o, pienso: ?Qui?n dej? en la ?estacada? a qui?n? ?Yo a Luc?a? ?Luc?a a m?? ?Silvia a ?ste que os lo cuenta? Siempre me encuentro yo en la ?estacada?.
Lo ?nico claro que saqu?, es que ?efectivamente! El novio de Silvia era un tonto redomado
.

Publicado por quijote_1971 @ 18:03  | Amor
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?STE, VOLVI?

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No pod?a dormir. Me sent?a terriblemente excitada, nerviosa; no sab?a qu? iba a pasar al d?a siguiente: el d?a de mi segunda cita con un hombre despu?s de lo sucedido.
Los amargos recuerdos de los ?ltimos dos a?os se agolparon en mi mente. Hab?a sufrido tanto con aquella enfermedad, de la que a?n no sal?a, que pr?cticamente me sent?a inerme ante cualquier acto desagradable que se produjera con respecto a m?.

El infausto diagn?stico apremi? al equipo m?dico a operar lo m?s r?pido posible por miedo a la met?stasis. Me dieron muchas esperanzas??que hab?a sido cogido a tiempo??? era muy peque?o???que aquello ser?a como un bache en mi vida??
?S?! Fue un bache. Un terrible bache.
Despu?s de seis meses de pasar por diversos y duros tratamientos, las pruebas que se me hac?an en cada revisi?n, eran cada vez m?s optimistas. Empec? a pensar que estaba saliendo del maldito bache, aunque me advirtieron que a partir de los cinco a?os es cuando se pod?a considerar que estaba curada si las pruebas segu?an saliendo bien. ?Cinco a?os! ?Dios m?o! Toda una vida para alguien que crey? por d?as que ya todo estaba perdido.
Mi familia me apoy? con todo su amor en momento tan delicado; me aconsej? que saliera, cuando ya estaba algo repuesta; que tratara de divertirme; que me ayudar?a en mi recuperaci?n.
As? lo hice. Cuando ya me encontraba con m?s fuerzas empec? a salir alg?n fin de semana con unas amigas.
Un s?bado entramos en una discoteca para gente adulta. La m?sica sonaba con tal intensidad que no nos entend?amos cuando intentamos hablar.
??Bueno! ?Qu? m?s daba! A estos lugares no se viene a hablar, parece?- pens?.
De repente, en medio de la multitud vi a un hombre que me miraba intensamente.
Era apuesto: moreno, alto, de cuerpo bien formado y rasgos nobles en su rostro. Me gust?. ?S?! Inmediatamente me agrad?. Se acerc? a m? y percib? como un temblor en mi interior. ?Qu? demonios me pasaba? ?Claro! Tanto tiempo sin estar con un hombre?
-Hola, ?qu? tal?- dijo con una blanca y bella sonrisa.
-Bien; muy bien. ?Gracias!- dije aunque no tuve claro si me entendi?.
Debido a la imposibilidad de comunicarse en aquel ambiente salimos de all? y tratamos de hablar, de conocernos un poco.
Parece que algo inefable discurri? entre nuestras almas ya que sin pensarlo dos veces quedamos para el siguiente d?a.
Yo volv? a sentirme viva y casi olvid? la terrible experiencia pasada.
Seguimos vi?ndonos y lleg? el momento en que ?l me bes?. Me sent? desfallecer Una sensaci?n placentera recorri? mi cuerpo de los pies a la cabeza. Quiso acariciar mis pechos, pero r?pidamente mi mano derecha se lo impidi?. Me mir? algo asombrado. Seguro que le parec? una est?pida?
Seguimos caminando hasta mi casa. Me pregunt? si pod?a subir a tomar algo?
Yo sab?a lo que aquello significaba. Dud?. No me atrev?a a invitarle.
-?Mira! Si te parece lo dejamos para otro d?a; hoy estoy algo cansada.
Me mir? largamente y supe que no le hab?an agradado mis palabras aunque no dijo nada.
Pasaron algunos d?as y este hombre al que yo hab?a empezado a amar y seg?n palabras suyas ?l tambi?n a m?, comenz? a insinuarme de manera muy clara que deseaba que hici?ramos el amor. Yo tambi?n lo deseaba pero?
Al fin y al cabo eso es lo que todos los hombres quieren de una mujer, y ?sta tambi?n, cuando est? enamorada.
No puede o no quise dilatar m?s el encuentro; no quer?a perderle.
?Hab?a llegado el momento! Quedamos esa noche a cenar.
El local era acogedor y una m?sica latina pon?a una nota rom?ntica en el ambiente. Cenamos mir?ndonos a los ojos. Yo apenas pude probar bocado ya que un mont?n de mariposas jugaban sobre mi est?mago. Pero una viva inquietud se apoderaba de mi ?nimo por momentos. Sab?a que ten?a que sincerarme con ?l. No pod?a ni quer?a llegar al encuentro amoroso sin hablar antes.
A los postres, me atrev?:
- ?Oye! Quer?a decirte algo?

-?S?? ?Dime!- tomando mis manos entre las suyas.
- Ver?s, tengo que decirte algo?algo delicado.
- Bueno, no ser? para tanto, ?no? - pregunt? ?l algo extra?ado por el tono de mi voz.

- Creo que s? es para tanto; al menos, para m? ? respond?.
- Bien, pero sea lo que sea ?D?melo ya! Creo que nos debemos tener confianza, ?no?
- Oye bien ?dije- ?Me falta un pecho!
Vi que su semblante mudaba de color. Mir? hacia un lado y otro.
- Bueno y, ?eso c?mo ha sido?- pregunt? en voz muy baja.
-?He tenido c?ncer de mama! ?le espet? sin m?s pre?mbulos.
- ?Oh!, ?no me digas? Y, ?c?mo te encuentras? - pregunt? muy azorado.
- ?Bien!, Ahora ya estoy bastante bien; aunque a?n no s? si estoy curada. S?lo hace dos a?os.
Me mir? muy fijamente a los ojos como queriendo ver en ellos algo que antes no hab?a percibido. Al cabo de unos minutos de abrumador silencio, dijo:
- Perdona un momento; voy a hacer una llamada.
Se levant? muy dignamente y sali? tras una puerta que daba al jard?n del local.
Yo me qued? all? sentada esperando por largos minutos verle aparecer de un momento a otro.
Pero, ?no apareci?! Nunca m?s volv? a saber de ?l.

Durante meses ca? en una grave depresi?n de la que no consegu?a salir. Yo pod?a operarme y reestructurarme mi mama, pero a?n era pronto, seg?n me dijeron los m?dicos.
Pasaron otros dos a?os sin que en mi vida hubiera aliciente alguno, (aunque ahora lo veo injusto; sobrevivir, ya es una victoria ante esta enfermedad).
Yo, en aquellos tiempos, s?lo me ve?a como una mujer a la que se le negaba la posibilidad de serlo.


Un d?a apareci? en mi lugar de trabajo un nuevo compa?ero. Nos saludamos y enseguida percib? en sus ojos la franqueza que tanto estimaba. Me sent? muy feliz el d?a de su llegada al centro.
Casi sin darnos cuenta empezamos a quedar. Un d?a a tomar un caf?; otro, a ver una pel?cula? dar un paseo al lado del mar?
Observ?, consternada, que me estaba volviendo a enamorar. Y, ?no pod?a!! ?Otra vez, no!
A?n no me hab?an reconstruido la mama, y sent?a un miedo atroz a un nuevo rechazo. ?No! Esta vez, si es que me lo ped?an, ni escuchar?a, aunque so?ara con sentirme amada.
Seguimos saliendo cada vez m?s a menudo y una noche sin darme tiempo a reaccionar, me bes?. Y yo, como una colegiala sent? que el mundo se mov?a bajo mis pies?
Cuando llegu? a mi casa estaba totalmente turbada. No pude cenar y me acost? lo m?s pronto que pude para no levantar sospechas en mis padres. No quer?a que supieran nada de esto, ya que ellos tambi?n sufrieron mucho cuando fui rechazada la vez anterior.

A la ma?ana, al alba, me levant? e hice todos los rituales que normalmente hac?a para ir a mi trabajo.
Pero esa ma?ana ten?a miedo. Miedo de ver al hombre que de nuevo hab?a colmado mi coraz?n de ilusi?n.
?Qu? iba a pasar ahora? ?Se quedar?a todo en ese maravilloso beso o querr?a algo m?s? Yo s? lo quer?a, pero no pod?a?
Pens? en llamar al cirujano que me hab?a operado para que me indicara a qui?n ten?a que llamar para que me reestructuraran mi mama. Me sent? algo mejor. Todo no estaba perdido.
Ya en mi trabajo, le vi llegar muy elegante con su traje oscuro, camisa blanca, corbata granate, y brillantes zapatos ?Era mi tipo!
-?Hola!, ?c?mo pasaste la noche? ? pregunt? mientras hund?a su mirada en la m?a con aquellos ojos de cielo que hac?an hervir mi sangre.
-?Bien! La he pasado bien?- dije sin mucha convicci?n.
?Dios m?o! ?Qu? rid?cula me sent?a! Yo all?, temblando.
-Oye, he pensado que? -no termin?, sus ojos hablaron lo que sus labios callaron.
?Ya! De nuevo; otra vez. Y ahora qu?. ?Qu? hago ahora? ?Le digo?: ?No! ?Y ya?
?Le cuento la verdad?
- Mira, quer?a decirte que yo? ?te quiero! ? me aclar?.
Me qued? helada a pesar de que mi sangre acudi? con furia a mi rostro que sent? que ard?a. ?Dios! ?Me quer?a! ?Mi sue?o!
-Oye, no tienes por qu? decir algo que no sientas, ?eh? ?le espet? sin saber muy bien lo que dec?a.
-?C?mo que no siento? ?Acaso no lo has notado? ?dijo mientras alargaba los brazos con intenci?n de abrazarme.
-?Quieto! Estamos en el trabajo. Alguien puede vernos ? le dije con pena por la ocasi?n perdida.
- ?Oye!, no quiero que lo tomes a mal, pero, ?estoy loco por estar contigo!
-?No!; por qu? voy a tomarlo a mal; s?lo que, ?no es algo pronto?
- Para estas cosas no hay prontos ni tardes: s?lo hay amor, deseo, pasi?n?
-?Calla! ?Calla! ? re? loca de contento.
-Bueno esta noche te invito a cenar y hablamos sobre esto. ?Te parece?
-Bien;luego hablaremos.
Se march? a su puesto de trabajo. Yo estuve toda la ma?ana que no daba pie con bola. No sab?a lo que hac?a y mucho menos c?mo lo hac?a. Pens? que de ?sa me iba a la calle.
Lleg? la noche y me compuse lo mejor que supe para gustarle. Ten?a un miedo atroz. Pero sab?a que no pod?a quedarme con la duda.
Ir?a y le dir?a la verdad.
El local estaba decorado con gusto. Ped? una copa antes de cenar. No suelo beber nunca; quer?a infundirme valor; me ?coloqu? de tal modo que me sent? capaz de todo. ?Hasta de soportar otro rechazo!
Una vez terminada la cena, me propuso que fu?ramos a su piso. ?Hab?a llegado el momento!
-Perdona, -dije antes de levantarme ? quiero que antes sepas algo. No quiero esperar al ?ltimo momento.
- ?Dime!, ?de qu? se trata? ? pregunt? con inter?s.
- Ver?s; yo he tenido c?ncer y me falta una mama.
Esper?. Le mir? fijamente, quer?a ver su reacci?n. Sus ojos permanecieron aferrados a los m?os. Me tom? las manos y deposit? en ellas un dulce beso. Sent? que mis l?grimas pugnaban por salir. Me contuve. Por un momento sent? aquel beso como una despedida.
-Perdona un momento, tengo que ir al ba?o ? dijo levant?ndose.
?Vaya, lo mismo! ?Qu? poca originalidad!
Y yo esperar? cinco, diez, quince, veinte minutos; y ?l no volver?.
Bueno, ya me conoc?a la historia.
Esper? con el alma en vilo. Cinco, diez, quince, veinte minutos. Iba a marcharme cuando una voz, su voz, a mi espalda:
-?Oye! ?D?nde se supone que vas sola?

Dedicado a todas las mujeres que han vivido una experiencia similar y han vencido a la enfermedad.

Publicado por mariangeles512 @ 17:21  | Amor
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Viernes, 07 de septiembre de 2007

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LA MADRE
Sali? precipitada, con los ojos nublados por las l?grimas que impertinentes no respetaban el rimel: acababa de dejar a su madre en la residencia de ancianos, y no pod?a apartar de su mente la mirada de la que le dio la vida, sin estremecerse de dolor.

-?Mam?, no te preocupes! ?le dijo en su ?ltima visita- Esta noche volver? a recogerte. No te quedar?s aqu? m?s. Voy a dedicar la ma?ana a buscar una persona que se ocupe de ti en la casa cuando yo no estoy. ?Tranquila mamita! S?lo un d?a m?s. ?Te lo prometo!

Llevaba varios d?as discutiendo con su esposo, empe?ado ?ste en que su madre fuera llevada a la citada residencia, ya que no pod?an atenderla cuando ambos estaban en sus respectivos trabajos. La madre caminaba con extrema dificultad a ra?z de una ca?da, y necesitaba de una persona que le ayudase para caminar. Hab?a tenido hasta pocos d?as antes, una mujer para este menester, pero ?sta tuvo que marcharse por problemas familiares. El resultado fue que ten?a que permanecer largas horas sola en el piso que compart?a con sus hijos, esperando que una vecina le ?echase un ojo? de vez en cuando, para acompa?arla al ba?o. El marido de Clara se opon?a tajantemente a esta situaci?n y no cesaba de espolear a la esposa.
Clara no quer?a que su madre fuese a residencia alguna. En su mente estaban grabados a fuego todos los recuerdos de su infancia y juventud cerca de su madre: los cuidados, las ense?anzas, la ternura, la paciencia, la comprensi?n, el ejemplo y el amor que nunca dej? de percibir por parte de aquella mujer, le hac?an sentir un respeto y un amor por la anciana mucho m?s grande de lo que su esposo pod?a ni siquiera imaginar.

Ella era madre de tres ni?as y sab?a muy bien lo que esto comportaba para una mujer. Ten?a muy claro que no se debe ni se puede olvidar cuando se es adulto, al padre o a la madre, cuando poco pueden ofrecer ya, pero que lo dieron todo por sus hijos. ?No!
No se debe agradecimiento, se debe, ?amor!


-Mira, Clara; tu madre estar? mejor en la residencia con otras personas de su edad; seguro que all? es mucho m?s feliz que con nosotros
-?Ni te lo imagines! Para mam? es sumamente importante el ver a las ni?as, a nosotros, sus recuerdos; la foto de pap? colgada en su habitaci?n; el ambiente familiar. Y estoy segura que, aunque no diga nada, sufrir? mucho si la dejamos en ese lugar.
-Pero, es que es necesario. No tenemos a nadie que se encargue de ella, y, de todas maneras, ver?s que la casa se ha quedado peque?a. Con las tres ni?as ya no hay habitaci?n para ella, y que la comparta con la peque?a no me agrada nada.
-?Esc?chame bien!; mi madre se va a quedar en esa bendita residencia el tiempo exacto que yo tarde en encontrar una persona responsable que se quede en la casa para atenderla. Yo no la voy a dejar ?tirada? como algo inservible cuando ella ha dado lo mejor de su vida por mi hermana y por m? ?No! No lo pienso olvidar por m?s que ya no pueda hacer nada por nosotros.
-Pues, hija, las residencias de ancianos est?n a rebosar y no pasa nada?
-Bueno, eso habr?a que verlo. Habr? de todo. Personas que estar?n a gusto, y otras que no. Si a mam? le agradara, a mi no me importar?a tanto el dejarla ah?; pero?
-Ya; ya. Que veo que voy a tener suegra para rato- ironiz? el esposo.
-?Oye! Ni en broma te permito que hables as? de mi madre. Recuerda que la incitaste a que vendiera su propio piso y repartiera el dinero entre mi hermana y yo; y, ?qu? hiciste con el dinero? Comprarte un cochazo y pagar algunas deudas. ?No lo recuerdas ya? La obligaste a dejar su casa y a venirse con nosotros; y ahora quieres deshacerte de ella. ?Eres un ser incoherente e irresponsable!
-Bueno, ?basta ya, mujer! Tu madre ya ha cumplido su misi?n, ?qu? hace en realidad aqu??
Dos dardos ardientes se clavaron en el rostro del marido, y, sin poder contenerse, le cruz? la cara con el dorso de su mano.
-?Cabr?n de mierda!- y sali? a toda prisa.

Ya en el coche traz? mentalmente el plan: comprar?a un peri?dico semanal en que se anunciaban muchas personas buscando y ofreciendo trabajo.
Llam? a su trabajo diciendo que esa ma?ana no pod?a ir, y se detuvo en un kiosco pr?ximo; compr? el semanario y se meti? en una cafeter?a a ?estudiar? la secci?n de anuncios de demandas de trabajo.
Despu?s de largo rato de seleccionar los m?s id?neos, comenz? a llamar a los n?meros de los que all? se anunciaban. Las dos primeras ya estaban ocupadas. ? Y, ?por qu? no os borr?is del anuncio, idiotas?? ?Fuera! La siguiente viv?a muy lejos ? Te pagar?a el bus? ?Sosa! Otra, ped?a m?s de seiscientos euros por todo el d?a. ?Mucho! Una, no hablaba espa?ol, sino rumano, apenas si se entendieron por el m?vil) ?Tampoco! ??Mira que venir a Espa?a a trabajar y no conocer una maldita palabra en espa?ol!? Por fin, con las yemas de los dedos doloridas de tanto pulsar teclas, dio con alguien que parec?a reunir las m?nimas condiciones. Qued? con ella en una hora, en la cafeter?a, para hacerle la entrevista.
La aspirante, boliviana, de unos treinta a?os apareci? por la puerta con una negra coleta anudada en la nuca. Tez oscura y semblante asustadizo. El primer ?golpe? de vista no le fue agradable a Clara; pero se dijo que no iba a dejarse influenciar por estos detalles.
-?Buenos d?as!; ?es usted la se?ora con quien he hablado, no? La que cuida personas mayores?
-S?; s? se?ora, yo soy.
-?C?mo se llama usted?
-Marina, se?ora- contest? con una voz suave y pausada
_ Ya sabe usted en lo que consistir?a su trabajo: en ayudar a mi madre a lavarse, desayunar, sentarla en su sill?n; y acompa?arla al servicio cuando lo necesite. De limpieza no tiene que hacer nada; ya viene una joven unas horas a ocuparse de eso.
-S?, se?ora. Ya lo entend? por tel?fono.
-?Est? de acuerdo con lo que le he dicho con respecto al dinero?
-S?; s? se?ora, me parece muy bien.
-Vale; entonces, prepare usted lo que necesite; que esta tarde paso a recogerla aqu? mismo para mostrarle d?nde vivo; y as? ma?ana no tenga problema de perderse. En el camino recogeremos a mi madre de la residencia en la que permanece estos d?as.
-Como usted diga, se?ora.
Clara se despidi? de su nueva empleada y se dirigi? a su trabajo. Ya era mediod?a y quer?a recuperar el trabajo de la ma?ana. Se tom? unos minutos para comer un bocadillo en la cafeter?a de la empresa, y, a continuaci?n, se adentr? en su oficina a trabajar a fondo, contenta por haber conseguido una persona que permitir?a a su madre volver con ellos. Al pensar en ella, un nudo de pena se enrosc? en su garganta, imagin?ndola entre desconocidos durante todo el d?a, so?ando con la llegada de su hija que la llevar?a al hogar.

No ve?a el momento en que llegaran las siete de la tarde para recoger a su madre. Le gustaba pasar con ella y con las ni?as las ?ltimas horas del d?a, hablando de c?mo hab?a transcurrido ?ste; o de recuerdos del pasado, cuando ambas eran muy felices. Se miraba en los azules ojos de la madre, y su rostro garzo, muy chiquito reflejado en ellos, rebosaba ternura.

Mir? el reloj de pulsera: las seis cuarenta y cinco. Se acical? un poco: colore? de nuevo sus labios, pein? ligeramente su magn?fica melena, y tomando su bolso sali? con rapidez escaleras abajo.

Tom? el coche y se dirigi? al lugar donde hab?a quedado con la nueva acompa?ante.
Una inesperada lluvia hizo su aparici?n dificultando moment?neamente la visi?n. Lleg? al punto d?nde hab?a quedado con la boliviana que, bajo un paraguas, esperaba a Clara. Se acomod? con toda rapidez en el asiento del copiloto y partieron rumbo a la residencia.
-Vamos a salirnos de la autov?a: la residencia est? situada en el campo. Mam? estar? impaciente; l?stima c?mo se presenta la noche.- la mirada m?s all? de las gotas y las luces.
Clara, conduc?a demasiado r?pido para una calzada mojada y resbaladiza por el polvo.
Cuchillos de luces cavaban la noche buscando el asfalto. Las se?ales de prohibici?n gritaban: ?Menos de 60?. Clara mir? el salpicadero; denunciaba: 80 kms/hora.
??Bah!; ?no hay casi tr?fico a estas horas!; s?lo estas malditas curvas y la lluvia??

Un cami?n surgi? de la noche ante ella. Al realizar una maniobra para dejarle espacio, un brusco volantazo mand? al coche fuera de la calzada empotr?ndose en un a?oso cipr?s. Su cabeza choc? violentamente con el parabrisas. Hab?a olvidado abrocharse el cintur?n de seguridad.
Y su pecho qued? sobre la bocina que, oprimida, rompi? el silencio con un largo gemido?


Con todo mi cari?o y respeto a todas las mujeres que han dado lo mejor de su vida a sus hijos.

Publicado por mariangeles512 @ 23:48  | Familia
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Martes, 04 de septiembre de 2007
El muerto que denunci? a su asesino.
Cap?tulo IV

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La abogada Orellana es reclamada de inmediato para testificar en la Comisar?a.
Y adem?s el vecino que deber?a reconocer en persona a do?a Silvia.
- Sabemos que estuvo con Morantin o como se llame, en el apartamento de La Roca. Tenemos un testigo que lo corrobora- dice el Inspector, fij?ndose en sus u?as, reci?n cortadas y redondeadas.
- No lo he negado. Dije que me llam? y qued? con ?l para que directamente me dijera lo que tuviera que decirme, que ya le he dicho lo que es.
- Pero ahora sabemos que usted ha colaborado con los servicios de espionaje rusos en sus tiempos de estudiante. Me parece que usted conoce mucho m?s de lo que cuenta- Le dice un inspector algo nervioso por lo que ha descubierto.
- Uhhh, de estudiante se cometen muchas locuras- contesta, sin poder ocultar la contrariedad que le produce lo que conoce Mu?oz.
- Como viajar a Rusia durante cinco a?os seguidos, todos los meses de julio.
- ?Me inculpa de algo?- se pone claramente a la defensiva la extra?a abogada.
- Pues tiene que decirme desde que hora hasta que hora estuvo con el supuesto Sr. Morant?n.
- Bien, me invit? a cenar a su apartamento. Nada espectacular. Dec?a que ten?a miedo de salir a la calle y que yo misma hiciera el favor de encargar unas raciones de calamares, boquerones, ensalada y vino, que yo misma sub? al apartamento.
- Esa no es la forma de comportarse con alguien que no se conoce de nada. ?No pens? que pod?a ser peligroso?
- Lo pens? y puse en conocimiento de mis colaboradores en el bufete de que iba a casa de ese se?or, como puede comprobar.
- Siga contando.
- No tengo mucho m?s que decir. Sal? a las once y media del apartamento, como puede comprobar llamando a mi marido, que me esperaba impaciente en casa. Llegu? a eso de las doce menos cuarto.
- Con lo cual, seg?n el forense, queda libre de sospecha, naturalmente.-comenta Carlos Mu?oz con cierta sorna.
- No lo s?, pero es la realidad.

Hab?a que investigar a los conserjes. Si esta mujer estuvo cenando con Morant?n, y sali? a las once y media del apartamento, el conserje de noche, que apenas hab?a sido interrogado ten?a que saber algo m?s.
?Sorpresa! El conserje de esa noche hab?a sido un suplente, porque el que estaba contratado avis? de que le era imposible acudir porque le hab?an llamado desde Ciudad Real, donde resid?a su madre, con la noticia de que hab?a sido internada en la Cl?nica porque le hab?a dado una trombosis y ten?a que ausentarse. Noticia que result? falsa. Hizo el viaje de ida y vuelta y pudo comprobar que a su madre no le hab?a pasado nada.
- Veamos, a usted le llamaron a eso de las diez de la noche ?y no pudo confirmar si le llamaban realmente de la cl?nica o era un particular?
- Ver? no me trato con mi hermana, que reside tambi?n en Ciudad Real y supuse que era del hospital. Llam? inmediatamente a la administraci?n de los Apartamentos, y ?curiosamente!, un supuesto rumano, fue mi sustituto, seg?n me dijeron al d?a siguiente.
R?pidamente, Mu?oz llama a la administraci?n de los apartamentos.
- Denme la direcci?n y datos del rumano que hace dos noches sustituy? a Isidro M?ndez en los apartamentos La Roca.
- Florin Estilov, vive en el barrio de La Palmilla, calle Palma, n? 15.

El barrio de La Palmilla es muy conflictivo y hace falta ir con dos coches patrulla y cinco polic?as al menos. Se cubren unos a otros, ya que viven muchos delincuentes.

- ?Somos la polic?a! No se asusten, s?lo queremos hablar con usted, Estilov. Abra la puerta- dice uno de los agentes que acompa?a al Inspector.
- ?Echen, la puerta abajo! ?Se va a escapar, porque tiene algo que ocultar!- Grita Mu?oz.

Dos agentes muy experimentados abren de un s?lo golpe la puerta y ven a una persona, supuestamente Estilov, en el suelo con un charco de sangre que brota de su cuello.
Carlos Mu?oz corre r?pidamente hacia la ventana, pero no se ve a nadie cerca. Quien haya sido el asesino ha podido huir tranquilamente por la escalera, antes de llegar ellos.
- Miren a su alrededor, a ver a qui?n ven, e identif?quenlos- dice a los polic?as que hacen guardia en el portal.
- Hemos visto a alguien que ha arrancado una moto cuando ustedes sub?an, como dos portales m?s all?. El individuo iba totalmente protegido con traje especial y con casco. Ya no vemos ni rastro.
La ambulancia llega de inmediato y el equipo m?dico certifica que la persona asaltada, a?n vive. Mu?oz trata de arrancar alguna frase del malherido.
- ?Qui?n le ha hecho esto?
- Brugg?-apenas pod?a articular palabra-ella, ella.
- ?La abogada?
- ?Es in?til, ha muerto!- le dice el enfermero que est? a su lado- Tiene un fino pu?al en el cuello, que le atraviesa la yugular.
- ?Me cago en ?!- un poco m?s y nos dice al menos su asesino, pero he entendido que fue ?ella?, con lo cual el campo se reduce a mujeres. Aunque en un rumano, vete a saber si ella, significa lo mismo.
Lo que empezaba a estar claro, es que el conserje sab?a mucho sobre el tema y era preciso investigar en el c?rculo de sus amigos y vecinos, ya que desgraciadamente, ?l ya no pod?a colaborar nada m?s.
- ?Sabes que pienso Labordeta?
- Dime, Jefe.
- Que estamos inmersos en un asunto mafioso. Voy a dar cuenta al Comisario y que el Juez que lleva el caso lo sepa. Me est? oliendo a trama internacional, con un trasfondo impredecible.
Continuar?

Publicado por interazul @ 19:08  | Misterio
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