Martes, 25 de septiembre de 2007
Sue?o o realidad.

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Desanimado de como me trataba mi mujer, decid? tener una aventura con la hija de mi jefe. Lo decid? como que no quiere la cosa. Ella estaba muy bien, era una ni?a muy ?mona? de veinte a?os reci?n cumplidos y con una ?delantera? de tirarte de frente.
La verdad es que ya me hab?a insinuado unas tres veces. La invitaba, ya que ella trabajaba tambi?n la redacci?n del peri?dico, a tomar caf? en la media ?horilla ? que ten?amos libre y aunque ella se dedicaba m?s a la labor de calle, y yo a la labor de linotipista, como todo se hace con los ordenadores hoy en d?a, no faltaba el d?a que no cruz?ramos unas frases amables.
- Diana, no crees que la cabecera debes pensarla un poco m?s.
- Tienes raz?n, Carlos. Voy a cambiar lo de ?El barrio de Legan?s se manifiesta contra la chapuza del metro? por ?Vecinos de Legan?s protestan por las obras del metro?.
- Est? mucho mejor. Y t? tan guapa como siempre. Si t? quisieras,?
- Bueno, que tienes mujer, no te pases.
- Pero si vamos a separarnos.
- Bien, entonces hablaremos.

Y cosas as?. Hasta que el d?a 4 de septiembre de este a?o, debido al cabreo que tra?a de casa, conclu? ?atacar? y dejarme de tonter?as. Ya s? que era peligroso, porque le llevo quince a?os largos y mi jefe es un poco ?chinche?, pero al fin y al cabo, somos personas mayores y adem?s no andaba para muchas disquisiciones.

- Diana, esta noche te invito a cenar. Tenemos que ultimar lo de la serie que publicamos a partir del domingo y no nos va a dar tiempo en la redacci?n- le solt? como que no quiere la cosa.
- ?En tu casa?- respondi? la p?cara jovencita.
- Pero si mi mujer y yo no hacemos m?s que discutir y no nos va a dejar ni hablar de nuestros problemas period?sticos. Te invito a El Templario, que es un restaurante muy tranquilo y con posibilidades de aislarse del resto.
- Bueno, ?y luego?
- Luego podemos continuar en el apartamento que tengo ahora sin alquilar, en la carretera de Valencia. Est? muy bien comunicado.
- ?O.K.!- dijo ella de forma r?pida.

A partir de aquella noche, las escapadas al apartamento, del cual le di llaves a Diana, se sucedieron dos veces por semana. La chica estaba como un ?trenecillo? y yo la hac?a vibrar, entre noticia comentada y noticia, como si de un terremoto se tratara.
Pero una noche que hab?amos quedado, al entrar en el apartamento, un fuerte olor a ?porro? y alcohol, me desquici?. Estaba sentada en el sof? del sal?n con un joven de su edad fumando y bebiendo, y no llegu? a ver nada m?s, porque el joven se levant? r?pido y se disculp? diciendo.
- Usted debe ser Carlos, es que mi amiga me invit? a subir un momento. No solemos fumar, pero ella es as? de caprichosa.
- Bueno, vete, ya hablaremos- dice Diana.
Sali? de forma acelerada y entonces me enfrent? a ella:
- ?Te drogas y haces el amor con ese chico?
- T? no eres mi due?o. Y t? puedes hacer lo que quieras, y yo lo mismo.
- Pero es mi casa- aduje yo.
- ?Si quieres te devuelvo las llaves y no nos vemos m?s!- me grit?.
- Bueno, lo olvidar? si no se repite- pero observo un morat?n en su ojo izquierdo. ?Y eso, c?mo te lo hiciste?
- No es asunto tuyo.

Ella me cogi? de la cintura y me volc? sobre el div?n. Me desabroch? la bragueta y al poco una felaci?n salvaje me hizo olvidar todo lo anterior. Yo empujaba su cabeza entre mis piernas y ella acab? transport?ndome al para?so.
Dos noches m?s tarde, al entrar en el apartamento, de nuevo un fuerte olor a droga me soliviant?. Pero ?sta vez no hab?a nadie en el sal?n, avanc? despacio y con cuidado de no hacer ruido hasta el dormitorio y entreabr? la puerta con sumo sigilo.
La sorpresa fue impactante. Sobre la cama yac?a un cuerpo desnudo ensangrentado, el cual reconoc? enseguida como el del joven de la otra noche, y su sangre resbalaba sobre la alfombra desde la sien. La l?mpara de noche estaba en el suelo con su pie de m?rmol roto y con el l?quido rojizo pegado en varios de los fragmentos.
La habitaci?n, entonces me di cuenta, estaba totalmente revuelta y unas cuerdas rotas estaban esparcidas por el suelo.
De Diana no hab?a ni rastro, pero cuando iba a llamar a la polic?a desde el tel?fono del hall, la ?ni?a? apareci? por la puerta, tan tranquila.
- Carlos, creo que le he matado. ?Qu? hacemos?
- Voy a llamar a la polic?a. ?Que ellos te lleven y ya veremos!
- Si lo haces dir? que es cosa tuya. Tus huellas est?n en la l?mpara y adem?s por celos, me creer?n a m?.
- ?Arp?a del demonio! Vamos a pensar.
- Debemos deshacernos del cad?ver. Lo envolvemos en una alfombra y lo bajamos al coche. Lo tiramos al r?o. Como lleva una vida muy desgraciada creer?n que se suicid? o algo as?. Limpiamos todo y nadie sospechar? de nosotros- solt? la mujer que en esos momentos dese? no haber tratado nunca.
- Pero atar?n cabos, si alguien sabe que sal?as con ?l.
- Mira.., me peg? otra vez. ?Yo no quer?a matarle! ?Mierda de drogas!- me dijo, mientras me ense?aba unos cortes en la cara, seguramente producidos por alg?n objeto punzante.
- ?Y esas cuerdas?
- Me at?, pero cuando estaba encima de m? me pude desatar una mano y golpearle con la l?mpara, creo...
Me ca? sobre el sof? y estuve pensando unos minutos. Si la denunciaba, creo que mi carrera y mi vida profesional se habr?an terminado. La agarr? fuertemente de las manos y la acerqu? hasta m?.
- Diana, vamos a grabar una confesi?n de lo que has hecho y la guardamos bajo siete llaves, es la ?nica forma de que te ayude a tapar todo y ?sea lo que Dios quiera!
- ?O.K!- me contest? como si nada.
- A las tres lo llevamos al remanso del r?o Tajo, en ese sitio que conocemos cerca de Aranjuez, despu?s quemamos la alfombra y todos sus objetos personales y ropas de ?l se las ponemos con guantes de l?tex.

La operaci?n de vestirle y colocarle todo dur? m?s de dos horas. El enrollarle en la alfombra del sal?n y sacarle por la escalera de forma sigilosa al menos otra, pero a esas horas nadie, nos pareci? al menos, se percat? de nuestras maniobras.
Lo tiramos al r?o y a unos dos kil?metros quemamos la alfombra y los guantes con un chorreo de gasolina como acompa?amiento.

El coche decidimos limpiarle a fondo al d?a siguiente y ?que Dios repartiera suerte!
Pasaron dos d?as hasta que pudimos recibir la noticia en la redacci?n.
?Un joven de veinte a?os es encontrado muerto en el Tajo. Se cree que debido al gran nivel de drogas que consum?a se cay? al r?o. No se descarta que alguien lo empujara, y la polic?a trabaja para esclarecer las circunstancias.?
- Esta noche te veo en el apartamento- le digo a Diana- tenemos que hablar.
- ?O.K.!- me exasperaba, la tranquilidad de esta ni?a mimada y peligrosa, seg?n sab?a ahora.

Esa noche esper? a Diana tomando una copa, que posiblemente fueron varias.
Al fin apareci? con su sonrisa de gatita caprichosa e intent? seducirme al minuto.
- Vamos a hablar. Mi esposa me ha pedido el divorcio y de alguna manera estoy atado a ti de forma dram?tica. ?Te casar?as conmigo en cuanto me divorcie y as? nuestra alianza ser? eterna?
- Pues claro, tonto. T? eres bueno y voy a dejar las drogas.?Ayudam?!
- Tenemos que hacer una vida normal hasta entonces y no vernos tan a menudo.
- ?Por qu?? Nadie sospecha que el ?yonki? ese tuviera algo que ver con nosotros.
- Es lo que he visto en las pel?culas. De todas formas esto va a ser un contrato entre nosotros. Tengo tu declaraci?n en una caja de seguridad y no debo temer tus veleidades.
- Eres un desconfiado. Ya no saldr? con nadie que no seas t?.

Pas? un mes y estaba viviendo con mi ?gatita?, cuando una noche, seg?n sub?a en el ascensor, la vecina del 3?D, que creo que est? colada por m? me dice:
- Dentro de una hora te espero en mi casa. S? lo que hiciste en septiembre.

Me qued? de una piedra. No supe que responder. Hab?a visto las pel?culas esas de ?S? lo que hiciste el ?ltimo verano? y ella dijo: ?S? lo que hiciste en septiembre?. Claro est?bamos en octubre y el mes pasado fue cuando ?lo del muchacho drogadicto?.
Antes de la hora estaba llamando a la puerta de Berta, la del 3?.
- Hola, dime, Berta, ?Qu? es lo que hice en septiembre?
- Bajaste, junto con tu amiga, una alfombra muy grande por la escalera, y de esa alfombra sal?an unos pies.
- ?Yo? Te equivocas. No hice mudanzas- no sab?a como salir del atolladero.
- He pensado que t? y yo podr?as llevarnos bien- observ? que estaba con una batita transparente que dejaba ver sus senos y el bello p?bico- para ello, yo y no esa ni?ata, pod?a ser tu amiguita.
- ?D?jame que me reponga del susto y lo piense! ?Y s? no accedo?
- Tendr? que ir a la polic?a y contar lo que s?.
- Pero te preguntar?n por qu? esperaste tanto- me defend?.
- Les dir? que me amenazaste-?no ten?a escapatoria.!
Bueno, lo habl? con Diana, y saben lo que me dijo:
- Hay que eliminarla. Tienes que bajar con una ampolla que yo te voy a suministrar e inocul?rsela. Es mortal.
- ?Dios m?o, Dios m?o!- grit?, mientras sent?a unas ganas irresistibles de vomitar.
- No tenemos otro remedio, Si no lo ?nuestro? se viene abajo.

Estaba en la cama debati?ndome entre matar a Diana o matar a Berta, pues quiz?s, barajaba que si acaba con la primera acababan mis problemas, ?pero era igual de malo, caer en las garras de la segunda!, mi confusi?n era total, cuando alguien me susurr? al o?do:
- Carlos, vas a llegar tarde a la oficina.
- ?Qu? hora es y qu? d?a?
- ?C?mo, que qu? d?a?- pude reconocer a mi esposa detr?s de esas palabras.
- S?, cari?o, s? ?qu? d?a?
- Cuatro de septiembre de 2007.

Respir? tranquilo. Y m?s cuando al llegar a la oficina, la hija de mi jefe no me hizo ?ni puto caso!

Publicado por quijote_1971 @ 19:18  | Misterio
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 04 de octubre de 2007 | 2:43
FlashSonrojadoVacilandoesta muy chida la historia