Viernes, 14 de septiembre de 2007
El muerto que denunció a su asesino
Capítulo V



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El Comisario, con gesto de preocupación, escuchó al Inspector Muñoz, en el que tenía plena confianza, por la multitud de casos resueltos y de asesinos atrapados con pericia.

- Mire, Lara- este era el apellido del Comisario- se necesitan más efectivos para escudriñar este caso. Labordeta y yo creemos que una trama internacional está detrás del dichoso virus, y encima que puede ser una mafia rusa.
- Tengo noticias de esta mañana del Ministerio de Interior, de que ha sido detenido en Barajas un individuo que llevaba un termo con un líquido verduzco, que tomaron por un explosivo, pero resultó ser un virus nocivo. Está siendo interrogado y creo que usted debe ir de inmediato, con lo que conoce, para ver la relación. Aquí tiene los billetes para el oficial y usted mismo.
- Me deja sin reacción- ya veo que el avión a Madrid sale en dos horas- Volveré de inmediato con lo que averigüe.
Acostumbrado a cumplir con su trabajo, informa a Labordeta que recoja un pequeño maletín, que intentarán volver en un avión de la noche. La salida a las 15.30 y la vuelta a las 21.30. Eso rezaban los billetes reservados. No hace falta más equipaje que una muda y una camisa para cambiarse. ¿Comer? Comerían un par de bocatas y una cerveza antes de embarcarse en el mismo Aeropuerto, ensuciado por las obras de ampliación, de Málaga.

El interrogatorio en Madrid, al cual asistieron, reveló que el individuo detenido era un ruso buscado por la INTERPOL por mercadear con obras de arte robadas, y que él creía que el cilindro transportaba un lienzo pequeño de Monet. Tenía que entregárselo a una persona en Málaga, a cambio de cien mil euros, el cual, después de amenazarle con las cárceles rusas, acusándole de algo gordo, como intentar atentar contra el embajador ruso de Putin, cantó que con quien tenía que verse era un rumano que se llamaba Estilov.

- Ese rumano ha sido asesinado ayer tarde- cuenta Muñoz a su homólogo madrileño- díselo y enséñale la foto.
- ¿Conoces a esta persona?
- No, con el rumano tenía que encontrarme en la Estación de Málaga, portando él una mochila roja con la inscripción en ruso: “Amo a Rusia” y me daría cien mil euros a cambio del cilindro.
- Parece que no miente- comenta el malagueño, en un aparte, al madrileño.
- Eso creo. La vamos a acusar de contrabando y de transportar mercancías peligrosas para la salud.
- ¡Qué analicen el virus de inmediato, que me temo que es muy peligroso y aquí en Madrid habrá más medios y biólogos especializados.

A las dos horas era analizado el virus. El informe preliminar, a falta de más pruebas, decía:
“Se trata de un virus miscible con el agua y que los animales que lo ingieren parecen abandonarse a su suerte, sin buscar el alimento. Creemos que si un humano lo bebiera quedaría sin voluntad a merced de alguien que lo controlara, dependiendo física y síquicamente de quien se lo diera.”
- Creo que ya sé el motivo del escrito de Lepovichiv, lo “de algo horrible para la Humanidad”, es que descubrió que pretenden suministrar a ciertas personas, pueden ser científicos, políticos o futbolistas, ¡Vete a saber!, el dichoso virus y dominar el Mundo. El problema es averiguar quién está detrás de todo esto. Si apunta al gobierno ruso, estamos perdidos.
- Y debemos encontrar la relación de la Orellana con los rumanos y rusos- sugiere Labordeta.
- Antes de detenerla, debemos mantener en secreto la detención de este ruso.
Llama de inmediato a Málaga e indica que sea sometida a vigilancia sin ser detenida, pero que el juez sepa lo que se trama, para que no se evada o huya.
Por el camino, el inspector Muñoz medita y toma notas sobre su manoseada agenda.
- ¿Cree, Labordeta, que la asesina pueda ser la abogada?
- Yo creo que hay alguien más, pues al quitarse también al conserje de noche de en medio, me parece poco posible para una mujer, pero ella debe conocer a quien lo hizo.
- Vamos a tenderla una trampa, ¡verá!- y explica cómo van a actuar una vez lleguen a Málaga.
La noche se extiende sobre Málaga, cuando llegan a la capital de la Costa del Sol.

- Sra. Orellana, soy el amigo de Estilov- dice el oficial que sabe perfectamente ruso, de la Comisaría de Málaga- y no encuentro a ese imbécil, para entregarle el cuadro.
- ¿Cómo dice?- se oye expectante la voz de la abogada-en perfecto ruso, también.
- Me dieron su teléfono, por si no encontraba al rumano ese. Yo soy Pietro Menchov. Tenemos que vernos. ¡No sé que hacer con el termo!
- ¿Ha pasado los controles de los aeropuertos?
- Bueno lo puse en la maleta y como es un termo, da el pego de ser un licor o algo así y no me lo han abierto. Yo sé muchos trucos.
- Bien, tenemos que vernos, pero la policía me vigila, porque creen que soy también contrabandista. Tenemos que actuar con mucho cuidado. Déme su teléfono y le llamaré en breve, pues el dinero, que habrán convenido, tengo que obtenerlo antes.
- Sí, son cien mil euros.

El agente cuelga el teléfono, y Muñoz exclama:
- ¡Ha picado! Creo que si actuamos con mucho orden, desenmarañamos esta trama.
- Cuando vuelva a llamar, que supongo que desde su móvil comprobará la existencia de este ruso viajero, la hacemos quedar con el dinero y en ese momento veremos lo que hay detrás- comenta Labordeta.
Continuará…


Publicado por interazul @ 18:07  | Misterio
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