S?bado, 08 de septiembre de 2007
EN LA ?ESTACADA?

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Estoy volviendo de mi viaje de vacaciones. La carretera est? llena de coches, y como siempre por estas fechas, pienso si no hubiese sido mejor haberme quedado en casa.
Voy a contaros como empez? y como seguramente, pues con las mujeres nunca se sabe si terminas del todo, acab? todo.
El d?a uno de agosto preparamos Luc?a y yo las maletas para irnos a Santander. Quer?amos pasar diez d?as, maravillosos- dijo ella- al ?fresquito? del Cant?brico. Pasear?amos por las playas del Sardinero e incluso, ir?amos a Bilbao a comer sardinas de Santurce.
El dos est?bamos en la serpenteante carretera entre monta?as que nos lleva de la ?rida Meseta castellana hasta las frondosas cuestas c?ntabras. Todo muy bien, hasta que de pronto vemos al salir de una de las curvas un coche, un Toyota Corolla de color rojo intenso al lado del cual, una mujer rubia, hac?a se?as para que par?ramos.
- ?Para! ?Frena y ay?dala!- Luc?a, siempre tan sol?cita.
- ?Y si es un truco para robarnos?- contest? yo.
- T? ves demasiadas pel?culas. Una mujer sola estar? angustiada al ver que su coche no carbura.
- ?Vale! Yo me bajo y t? te quedas atenta a ver que pasa. No me f?o.

Fren? mi Audi A4 plateado, justo detr?s del rojo despampanante.
- ?Qu? le ocurre se?orita?
- Gracias, muchas gracias por parar. Llevo un rato sin saber que hacer con mi coche, que no arranca- me contesta una voz melosa, que sale entre unos labios rojos, que me fascinan, y que alegra unos ojos verde esmeralda que me hipnotizan.
- Ya veo, ?puedo mirar mejor?- patino- Me refiero ver si arranca con mis manos. Quiero decir, probar yo a ver si arranca- suelto por fin.
- ?Claro! Las llaves est?n puestas. Voy mientras a saludar a su esposa.
- ?Nooo! No es mi esposa. Es mi,?. mi compa?era, ?vaya! ? no s? porqu? le digo esto. Mientras ella se acerca a la ventanilla de Luc?a, no puedo disimular ver su trasero contonearse de forma lujuriosa.
Entro en el Toyota encarnado y un olor a jazm?n casi me marea. Giro la llave y ?clinc!, ?clinc!, que no hace ni ruido.
- Creo que es la bater?a. Se ha terminado su energ?a.
- ?C?mo dice? Estaba saludando a Luc?a, yo me llamo Silvia. No entiendo.
- ?La bater?a!- casi grito.
- ?Y qu? hacemos?
- Podemos hacer varias cosas- casi el subconsciente me traiciona- Digo, que podemos llevarla hasta un taller para que le traigan una bater?a, o podemos intentar arrancar con unos cables que llevo yo, para estos casos.
- Como quieran.
- Voy a dec?rselo a Luc?a. Espere.
Me acerco a mi coche, donde una Luc?a, ya no tan sol?cita, porque las mujeres intuyen la competencia, me mira con gesto moh?no.
- Mejor que llame a su seguro.
- Pero, mujer, ?Y si el seguro no le cubre la gr?a? Podemos llevarla hasta la gasolinera cercana y qu? ella se las arregle. Primero intentaremos a ver si arranca.
- Bueno, d?selo.
La exuberante rubia te?ida, casi me roza con su cadera derecha, al acercarme a su carro.
- Perdone, encanto- se me escapa- podemos intentarlo.
- ?Qu?? ?Ah! El arranque, ya.

Pongo mi coche al lado del suyo con una Luc?a cada vez m?s hosca, y con los cables, el rojo, al positivo, el negro al negativo, y rozo su mano, al encasquetar el terminal negro, y digo:
- Entre en su coche y de a la llave cuando yo le diga.
- Tr?tame de t?. Tut?ame, Carlos.
- ?Carlos?
- Si eso me ha dicho Luc?a, que te llamas Carlos. Yo, Silvia.
- Ya, ya, s?. De acuerdo, Silvia.
Brugggggggg, brugggggggg, ?nada! Mi coche empieza a arrancar y el otro: ?clinc, clinc!, ?no arranca! No es s?lo la bater?a, pienso.
- Pon los tri?ngulos de aver?a y vamos r?pido a la gasolinera m?s pr?xima.
- O. K, Carlos.
La rubia se coloca en el asiento posterior y Luc?a le pregunta:
- ?A d?nde ibas, a Santander?
- S?, a pasar unos d?as con mis padres, que viven all?.
- Bueno, ya estamos en la gasolinera- digo, dirigiendo el coche por el carril de desv?o. Te acompa?ar? ante el encargado a ver si pueden hacer algo.
- Tienes un ?maridito? que es un encanto, ya me gustar?a tener a m?, uno as?, Luc?a.
- Bueno, ?l es as? de sol?cito- miente mi compa?era.

El encargado nos dice, que puede darnos algunos tel?fonos de gr?as de talleres. Qu? en esa gasolinera no tienen taller y no pueden hacer nada.
- Vamos a decir a Luc?a lo que hay y no te preocupes, llama a tus padres para que no se impacienten.
- Mira, va a llamar a sus padres y la acompa?amos hasta que venga la gr?a: ?Te parece?- le digo a Luc?a.
- Se nos va a hacer muy tarde, para llegar al hotel. Ya son m?s de las dos de la tarde. Vamos a comer algo r?pido, mientras, en la cafeter?a de la gasolinera.
Creo que ah? fue mi perdici?n de las vacaciones. La bonita Silvia se le ocurri? lo siguiente:
- No quiero estropearos el d?a. Si quieres acompa?arme, mientras viene la gr?a, que Luc?a se vaya al hotel y luego te llevo yo con ella. Si quiere, claro.
- Es decir, que yo te acompa?o con la gr?a y luego, t? con tu coche me llevas al hotel, si lo reparan. Bueno y s? no cojo un taxi, ya en Santander. Luc?a, ?qu? te parece?
- S?, pobrecilla, no la vayan a asaltar. Yo me llevo el coche con las maletas, hasta el hotel y te espero. Como ya hemos tomado algo, no hay prisa- Creo que not? algo raro en lo de ?pobrecilla?, pero vistas las cosas as?, no hab?a otro remedio, ya que est?bamos para ayudarla.

Luc?a arranc? el coche y cuando me volv? para preguntar a Silvia, si ya hab?a llamado al servicio de gr?a, me qued? estupefacto, ella me agarr? de la mano y de manera casi violenta apret? sus labios contra los m?os, mientras su cuerpo se pegaba a m? produci?ndome un gozoso escalofr?o.
- Eres un ?solete?, Carlos. ?Qu? hubiera hecho si no paras? Yo soy muy cari?osa y no puedo frenarme con los hombres amables.
- Bien, no s?, estoy de vacaciones con Luc?a, ?qu? hago yo ahora?- deseaba abrazarla, desnudarla, amarla.- En el hostal de al lado he visto: ?Alquilamos habitaciones?. Mientras llega el ?gruero?, podemos conocernos mejor.
- ?Vamos!
A la ma?ana siguiente est?bamos a?n en la habitaci?n de aquel?hotelucho? de carretera, a Luc?a la llam?. poniendo la excusa de que hab?a empezado una tormenta y me hab?a refugiado en el Hostal, a la segunda llamada de ella, no cog? el m?vil y al ver el mismo a la ma?ana siguiente, ten?a el mensaje:
?S? lo que haces, cabr?n, no me vengas a buscar, ya he tirado tu maleta y me vuelvo a casa?.
- Silvia, he roto con Luc?a- ment?- vente conmigo de vacaciones. El hotel lo reserv? yo, no puede dejarme en la calle, he llamado ya.
- ?Cielo, vamos! El coche ya est? arreglado, seg?n me ha dicho el mec?nico. Vamos a pasar unos d?as de ensue?o.
Los dos primeros d?as en el Hotel fueron s?lo para comer, beber y hacer el amor. Ni salimos a la calle. El tercero dimos un paseo, bajo el paraguas, para comprar algo de ropa y el cuarto otro paseo para tomar un caf? en el Paseo de Pereda.
Los d?as y las noches se suced?an en un frenes? sin tregua. Silvia no volvi? a mencionar a sus padres y al quinto d?a le pregunt?:
- ?Tus padres no se extra?an de que no vas a verlos?
- Mis padres murieron hace tres a?os en un accidente de coche. Dije eso, para que tu mujer o amante, o lo que sea, se confiara, porque me gustaste y quer?a que pasara esto desde que te vi.
- Pero, entonces, ?con qui?n ibas a verte?
- Con el tonto de mi novio, del cual ya no quiero saber nada m?s.
Y as? quedaron las cosas, hasta que al sexto d?a fuimos al Sardinero a meternos en el agua y a tomar el t?mido sol que asomaba. Y estar?n expectantes, por saber qu? ocurri?. Pues que una especie de mula con unos b?ceps como el Stallone se puso delante de m?, cuando sal?a del agua agarrando la cintura de ella, y me solt?:
- Maric?n, ?qu? haces con mi novia?
- Hago lo que ella quiere, h. de p.
?Zas!, me solt? un mamporro que me tir? contra el agua. ?Y menos mal que ca? en el agua! Me levant?, mientras ve?a a trav?s de mi nublada vista a la tal Silvia abrazar al hombret?n y cuando iba a intentar devolver (?Qu? ocurrencia!) el pescoz?n, oigo:
- No te molestes, Silvia y yo nos vamos a mi casa. Todo ha sido un mal entendido. ?Gracias por sacarla a la orilla, ya que casi se ahoga, me dice! Acabo de llegar y al verte que la sacabas del agua por la cintura, me tem? otra cosa. ?Perdona, hombre!

Y me dio la mano.
Y ahora de vuelta de todo este l?o, pienso: ?Qui?n dej? en la ?estacada? a qui?n? ?Yo a Luc?a? ?Luc?a a m?? ?Silvia a ?ste que os lo cuenta? Siempre me encuentro yo en la ?estacada?.
Lo ?nico claro que saqu?, es que ?efectivamente! El novio de Silvia era un tonto redomado
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Publicado por quijote_1971 @ 18:03  | Amor
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