S?bado, 08 de septiembre de 2007
ÉSTE, VOLVIÓ


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No podía dormir. Me sentía terriblemente excitada, nerviosa; no sabía qué iba a pasar al día siguiente: el día de mi segunda cita con un hombre después de lo sucedido.
Los amargos recuerdos de los últimos dos años se agolparon en mi mente. Había sufrido tanto con aquella enfermedad, de la que aún no salía, que prácticamente me sentía inerme ante cualquier acto desagradable que se produjera con respecto a mí.

El infausto diagnóstico apremió al equipo médico a operar lo más rápido posible por miedo a la metástasis. Me dieron muchas esperanzas…’que había sido cogido a tiempo’…’ era muy pequeño’…’que aquello sería como un bache en mi vida’…
¡Sí! Fue un bache. Un terrible bache.
Después de seis meses de pasar por diversos y duros tratamientos, las pruebas que se me hacían en cada revisión, eran cada vez más optimistas. Empecé a pensar que estaba saliendo del maldito bache, aunque me advirtieron que a partir de los cinco años es cuando se podía considerar que estaba curada si las pruebas seguían saliendo bien. ¡Cinco años! ¡Dios mío! Toda una vida para alguien que creyó por días que ya todo estaba perdido.
Mi familia me apoyó con todo su amor en momento tan delicado; me aconsejó que saliera, cuando ya estaba algo repuesta; que tratara de divertirme; que me ayudaría en mi recuperación.
Así lo hice. Cuando ya me encontraba con más fuerzas empecé a salir algún fin de semana con unas amigas.
Un sábado entramos en una discoteca para gente adulta. La música sonaba con tal intensidad que no nos entendíamos cuando intentamos hablar.
“¡Bueno! ¡Qué más daba! A estos lugares no se viene a hablar, parece”- pensé.
De repente, en medio de la multitud vi a un hombre que me miraba intensamente.
Era apuesto: moreno, alto, de cuerpo bien formado y rasgos nobles en su rostro. Me gustó. ¡Sí! Inmediatamente me agradó. Se acercó a mí y percibí como un temblor en mi interior. ¿Qué demonios me pasaba? ¡Claro! Tanto tiempo sin estar con un hombre…
-Hola, ¿qué tal?- dijo con una blanca y bella sonrisa.
-Bien; muy bien. ¡Gracias!- dije aunque no tuve claro si me entendió.
Debido a la imposibilidad de comunicarse en aquel ambiente salimos de allí y tratamos de hablar, de conocernos un poco.
Parece que algo inefable discurrió entre nuestras almas ya que sin pensarlo dos veces quedamos para el siguiente día.
Yo volví a sentirme viva y casi olvidé la terrible experiencia pasada.
Seguimos viéndonos y llegó el momento en que él me besó. Me sentí desfallecer Una sensación placentera recorrió mi cuerpo de los pies a la cabeza. Quiso acariciar mis pechos, pero rápidamente mi mano derecha se lo impidió. Me miró algo asombrado. Seguro que le parecí una estúpida…
Seguimos caminando hasta mi casa. Me preguntó si podía subir a tomar algo…
Yo sabía lo que aquello significaba. Dudé. No me atrevía a invitarle.
-¡Mira! Si te parece lo dejamos para otro día; hoy estoy algo cansada.
Me miró largamente y supe que no le habían agradado mis palabras aunque no dijo nada.
Pasaron algunos días y este hombre al que yo había empezado a amar y según palabras suyas él también a mí, comenzó a insinuarme de manera muy clara que deseaba que hiciéramos el amor. Yo también lo deseaba pero…
Al fin y al cabo eso es lo que todos los hombres quieren de una mujer, y ésta también, cuando está enamorada.
No puede o no quise dilatar más el encuentro; no quería perderle.
¡Había llegado el momento! Quedamos esa noche a cenar.
El local era acogedor y una música latina ponía una nota romántica en el ambiente. Cenamos mirándonos a los ojos. Yo apenas pude probar bocado ya que un montón de mariposas jugaban sobre mi estómago. Pero una viva inquietud se apoderaba de mi ánimo por momentos. Sabía que tenía que sincerarme con él. No podía ni quería llegar al encuentro amoroso sin hablar antes.
A los postres, me atreví:
- ¡Oye! Quería decirte algo…

-¿Sí? ¡Dime!- tomando mis manos entre las suyas.
- Verás, tengo que decirte algo…algo delicado.
- Bueno, no será para tanto, ¿no? - preguntó él algo extrañado por el tono de mi voz.

- Creo que sí es para tanto; al menos, para mí – respondí.
- Bien, pero sea lo que sea ¡Dímelo ya! Creo que nos debemos tener confianza, ¿no?
- Oye bien –dije- ¡Me falta un pecho!
Vi que su semblante mudaba de color. Miró hacia un lado y otro.
- Bueno y, ¿eso cómo ha sido?- preguntó en voz muy baja.
-¡He tenido cáncer de mama! –le espeté sin más preámbulos.
- ¡Oh!, ¡no me digas? Y, ¿cómo te encuentras? - preguntó muy azorado.
- ¡Bien!, Ahora ya estoy bastante bien; aunque aún no sé si estoy curada. Sólo hace dos años.
Me miró muy fijamente a los ojos como queriendo ver en ellos algo que antes no había percibido. Al cabo de unos minutos de abrumador silencio, dijo:
- Perdona un momento; voy a hacer una llamada.
Se levantó muy dignamente y salió tras una puerta que daba al jardín del local.
Yo me quedé allí sentada esperando por largos minutos verle aparecer de un momento a otro.
Pero, ¡no apareció! Nunca más volví a saber de él.

Durante meses caí en una grave depresión de la que no conseguía salir. Yo podía operarme y reestructurarme mi mama, pero aún era pronto, según me dijeron los médicos.
Pasaron otros dos años sin que en mi vida hubiera aliciente alguno, (aunque ahora lo veo injusto; sobrevivir, ya es una victoria ante esta enfermedad).
Yo, en aquellos tiempos, sólo me veía como una mujer a la que se le negaba la posibilidad de serlo.


Un día apareció en mi lugar de trabajo un nuevo compañero. Nos saludamos y enseguida percibí en sus ojos la franqueza que tanto estimaba. Me sentí muy feliz el día de su llegada al centro.
Casi sin darnos cuenta empezamos a quedar. Un día a tomar un café; otro, a ver una película… dar un paseo al lado del mar…
Observé, consternada, que me estaba volviendo a enamorar. Y, ¡no podía!! ¡Otra vez, no!
Aún no me habían reconstruido la mama, y sentía un miedo atroz a un nuevo rechazo. ¡No! Esta vez, si es que me lo pedían, ni escucharía, aunque soñara con sentirme amada.
Seguimos saliendo cada vez más a menudo y una noche sin darme tiempo a reaccionar, me besó. Y yo, como una colegiala sentí que el mundo se movía bajo mis pies…
Cuando llegué a mi casa estaba totalmente turbada. No pude cenar y me acosté lo más pronto que pude para no levantar sospechas en mis padres. No quería que supieran nada de esto, ya que ellos también sufrieron mucho cuando fui rechazada la vez anterior.

A la mañana, al alba, me levanté e hice todos los rituales que normalmente hacía para ir a mi trabajo.
Pero esa mañana tenía miedo. Miedo de ver al hombre que de nuevo había colmado mi corazón de ilusión.
¿Qué iba a pasar ahora? ¿Se quedaría todo en ese maravilloso beso o querría algo más? Yo sí lo quería, pero no podía…
Pensé en llamar al cirujano que me había operado para que me indicara a quién tenía que llamar para que me reestructuraran mi mama. Me sentí algo mejor. Todo no estaba perdido.
Ya en mi trabajo, le vi llegar muy elegante con su traje oscuro, camisa blanca, corbata granate, y brillantes zapatos ¡Era mi tipo!
-¡Hola!, ¿cómo pasaste la noche? – preguntó mientras hundía su mirada en la mía con aquellos ojos de cielo que hacían hervir mi sangre.
-¡Bien! La he pasado bien…- dije sin mucha convicción.
¡Dios mío! ¡Qué ridícula me sentía! Yo allí, temblando.
-Oye, he pensado que… -no terminó, sus ojos hablaron lo que sus labios callaron.
¡Ya! De nuevo; otra vez. Y ahora qué. ¿Qué hago ahora? ¿Le digo?: ¡No! ¡Y ya¡
¿Le cuento la verdad?
- Mira, quería decirte que yo… ¡te quiero! – me aclaró.
Me quedé helada a pesar de que mi sangre acudió con furia a mi rostro que sentí que ardía. ¡Dios! ¡Me quería! ¡Mi sueño!
-Oye, no tienes por qué decir algo que no sientas, ¿eh? –le espeté sin saber muy bien lo que decía.
-¿Cómo que no siento? ¿Acaso no lo has notado? –dijo mientras alargaba los brazos con intención de abrazarme.
-¡Quieto! Estamos en el trabajo. Alguien puede vernos – le dije con pena por la ocasión perdida.
- ¡Oye!, no quiero que lo tomes a mal, pero, ¡estoy loco por estar contigo!
-¡No!; por qué voy a tomarlo a mal; sólo que, ¿no es algo pronto?
- Para estas cosas no hay prontos ni tardes: sólo hay amor, deseo, pasión…
-¡Calla! ¡Calla! – reí loca de contento.
-Bueno esta noche te invito a cenar y hablamos sobre esto. ¿Te parece?
-Bien;luego hablaremos.
Se marchó a su puesto de trabajo. Yo estuve toda la mañana que no daba pie con bola. No sabía lo que hacía y mucho menos cómo lo hacía. Pensé que de ésa me iba a la calle.
Llegó la noche y me compuse lo mejor que supe para gustarle. Tenía un miedo atroz. Pero sabía que no podía quedarme con la duda.
Iría y le diría la verdad.
El local estaba decorado con gusto. Pedí una copa antes de cenar. No suelo beber nunca; quería infundirme valor; me ‘coloqué’ de tal modo que me sentí capaz de todo. ¡Hasta de soportar otro rechazo!
Una vez terminada la cena, me propuso que fuéramos a su piso. ¡Había llegado el momento!
-Perdona, -dije antes de levantarme – quiero que antes sepas algo. No quiero esperar al último momento.
- ¡Dime!, ¿de qué se trata? – preguntó con interés.
- Verás; yo he tenido cáncer y me falta una mama.
Esperé. Le miré fijamente, quería ver su reacción. Sus ojos permanecieron aferrados a los míos. Me tomó las manos y depositó en ellas un dulce beso. Sentí que mis lágrimas pugnaban por salir. Me contuve. Por un momento sentí aquel beso como una despedida.
-Perdona un momento, tengo que ir al baño – dijo levantándose.
¡Vaya, lo mismo! ¡Qué poca originalidad!
Y yo esperaré cinco, diez, quince, veinte minutos; y él no volverá.
Bueno, ya me conocía la historia.
Esperé con el alma en vilo. Cinco, diez, quince, veinte minutos. Iba a marcharme cuando una voz, su voz, a mi espalda:
-¡Oye! ¿Dónde se supone que vas sola?

Dedicado a todas las mujeres que han vivido una experiencia similar y han vencido a la enfermedad.


Publicado por mariangeles512 @ 17:21  | Amor
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