Viernes, 07 de septiembre de 2007

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LA MADRE
Sali? precipitada, con los ojos nublados por las l?grimas que impertinentes no respetaban el rimel: acababa de dejar a su madre en la residencia de ancianos, y no pod?a apartar de su mente la mirada de la que le dio la vida, sin estremecerse de dolor.

-?Mam?, no te preocupes! ?le dijo en su ?ltima visita- Esta noche volver? a recogerte. No te quedar?s aqu? m?s. Voy a dedicar la ma?ana a buscar una persona que se ocupe de ti en la casa cuando yo no estoy. ?Tranquila mamita! S?lo un d?a m?s. ?Te lo prometo!

Llevaba varios d?as discutiendo con su esposo, empe?ado ?ste en que su madre fuera llevada a la citada residencia, ya que no pod?an atenderla cuando ambos estaban en sus respectivos trabajos. La madre caminaba con extrema dificultad a ra?z de una ca?da, y necesitaba de una persona que le ayudase para caminar. Hab?a tenido hasta pocos d?as antes, una mujer para este menester, pero ?sta tuvo que marcharse por problemas familiares. El resultado fue que ten?a que permanecer largas horas sola en el piso que compart?a con sus hijos, esperando que una vecina le ?echase un ojo? de vez en cuando, para acompa?arla al ba?o. El marido de Clara se opon?a tajantemente a esta situaci?n y no cesaba de espolear a la esposa.
Clara no quer?a que su madre fuese a residencia alguna. En su mente estaban grabados a fuego todos los recuerdos de su infancia y juventud cerca de su madre: los cuidados, las ense?anzas, la ternura, la paciencia, la comprensi?n, el ejemplo y el amor que nunca dej? de percibir por parte de aquella mujer, le hac?an sentir un respeto y un amor por la anciana mucho m?s grande de lo que su esposo pod?a ni siquiera imaginar.

Ella era madre de tres ni?as y sab?a muy bien lo que esto comportaba para una mujer. Ten?a muy claro que no se debe ni se puede olvidar cuando se es adulto, al padre o a la madre, cuando poco pueden ofrecer ya, pero que lo dieron todo por sus hijos. ?No!
No se debe agradecimiento, se debe, ?amor!


-Mira, Clara; tu madre estar? mejor en la residencia con otras personas de su edad; seguro que all? es mucho m?s feliz que con nosotros
-?Ni te lo imagines! Para mam? es sumamente importante el ver a las ni?as, a nosotros, sus recuerdos; la foto de pap? colgada en su habitaci?n; el ambiente familiar. Y estoy segura que, aunque no diga nada, sufrir? mucho si la dejamos en ese lugar.
-Pero, es que es necesario. No tenemos a nadie que se encargue de ella, y, de todas maneras, ver?s que la casa se ha quedado peque?a. Con las tres ni?as ya no hay habitaci?n para ella, y que la comparta con la peque?a no me agrada nada.
-?Esc?chame bien!; mi madre se va a quedar en esa bendita residencia el tiempo exacto que yo tarde en encontrar una persona responsable que se quede en la casa para atenderla. Yo no la voy a dejar ?tirada? como algo inservible cuando ella ha dado lo mejor de su vida por mi hermana y por m? ?No! No lo pienso olvidar por m?s que ya no pueda hacer nada por nosotros.
-Pues, hija, las residencias de ancianos est?n a rebosar y no pasa nada?
-Bueno, eso habr?a que verlo. Habr? de todo. Personas que estar?n a gusto, y otras que no. Si a mam? le agradara, a mi no me importar?a tanto el dejarla ah?; pero?
-Ya; ya. Que veo que voy a tener suegra para rato- ironiz? el esposo.
-?Oye! Ni en broma te permito que hables as? de mi madre. Recuerda que la incitaste a que vendiera su propio piso y repartiera el dinero entre mi hermana y yo; y, ?qu? hiciste con el dinero? Comprarte un cochazo y pagar algunas deudas. ?No lo recuerdas ya? La obligaste a dejar su casa y a venirse con nosotros; y ahora quieres deshacerte de ella. ?Eres un ser incoherente e irresponsable!
-Bueno, ?basta ya, mujer! Tu madre ya ha cumplido su misi?n, ?qu? hace en realidad aqu??
Dos dardos ardientes se clavaron en el rostro del marido, y, sin poder contenerse, le cruz? la cara con el dorso de su mano.
-?Cabr?n de mierda!- y sali? a toda prisa.

Ya en el coche traz? mentalmente el plan: comprar?a un peri?dico semanal en que se anunciaban muchas personas buscando y ofreciendo trabajo.
Llam? a su trabajo diciendo que esa ma?ana no pod?a ir, y se detuvo en un kiosco pr?ximo; compr? el semanario y se meti? en una cafeter?a a ?estudiar? la secci?n de anuncios de demandas de trabajo.
Despu?s de largo rato de seleccionar los m?s id?neos, comenz? a llamar a los n?meros de los que all? se anunciaban. Las dos primeras ya estaban ocupadas. ? Y, ?por qu? no os borr?is del anuncio, idiotas?? ?Fuera! La siguiente viv?a muy lejos ? Te pagar?a el bus? ?Sosa! Otra, ped?a m?s de seiscientos euros por todo el d?a. ?Mucho! Una, no hablaba espa?ol, sino rumano, apenas si se entendieron por el m?vil) ?Tampoco! ??Mira que venir a Espa?a a trabajar y no conocer una maldita palabra en espa?ol!? Por fin, con las yemas de los dedos doloridas de tanto pulsar teclas, dio con alguien que parec?a reunir las m?nimas condiciones. Qued? con ella en una hora, en la cafeter?a, para hacerle la entrevista.
La aspirante, boliviana, de unos treinta a?os apareci? por la puerta con una negra coleta anudada en la nuca. Tez oscura y semblante asustadizo. El primer ?golpe? de vista no le fue agradable a Clara; pero se dijo que no iba a dejarse influenciar por estos detalles.
-?Buenos d?as!; ?es usted la se?ora con quien he hablado, no? La que cuida personas mayores?
-S?; s? se?ora, yo soy.
-?C?mo se llama usted?
-Marina, se?ora- contest? con una voz suave y pausada
_ Ya sabe usted en lo que consistir?a su trabajo: en ayudar a mi madre a lavarse, desayunar, sentarla en su sill?n; y acompa?arla al servicio cuando lo necesite. De limpieza no tiene que hacer nada; ya viene una joven unas horas a ocuparse de eso.
-S?, se?ora. Ya lo entend? por tel?fono.
-?Est? de acuerdo con lo que le he dicho con respecto al dinero?
-S?; s? se?ora, me parece muy bien.
-Vale; entonces, prepare usted lo que necesite; que esta tarde paso a recogerla aqu? mismo para mostrarle d?nde vivo; y as? ma?ana no tenga problema de perderse. En el camino recogeremos a mi madre de la residencia en la que permanece estos d?as.
-Como usted diga, se?ora.
Clara se despidi? de su nueva empleada y se dirigi? a su trabajo. Ya era mediod?a y quer?a recuperar el trabajo de la ma?ana. Se tom? unos minutos para comer un bocadillo en la cafeter?a de la empresa, y, a continuaci?n, se adentr? en su oficina a trabajar a fondo, contenta por haber conseguido una persona que permitir?a a su madre volver con ellos. Al pensar en ella, un nudo de pena se enrosc? en su garganta, imagin?ndola entre desconocidos durante todo el d?a, so?ando con la llegada de su hija que la llevar?a al hogar.

No ve?a el momento en que llegaran las siete de la tarde para recoger a su madre. Le gustaba pasar con ella y con las ni?as las ?ltimas horas del d?a, hablando de c?mo hab?a transcurrido ?ste; o de recuerdos del pasado, cuando ambas eran muy felices. Se miraba en los azules ojos de la madre, y su rostro garzo, muy chiquito reflejado en ellos, rebosaba ternura.

Mir? el reloj de pulsera: las seis cuarenta y cinco. Se acical? un poco: colore? de nuevo sus labios, pein? ligeramente su magn?fica melena, y tomando su bolso sali? con rapidez escaleras abajo.

Tom? el coche y se dirigi? al lugar donde hab?a quedado con la nueva acompa?ante.
Una inesperada lluvia hizo su aparici?n dificultando moment?neamente la visi?n. Lleg? al punto d?nde hab?a quedado con la boliviana que, bajo un paraguas, esperaba a Clara. Se acomod? con toda rapidez en el asiento del copiloto y partieron rumbo a la residencia.
-Vamos a salirnos de la autov?a: la residencia est? situada en el campo. Mam? estar? impaciente; l?stima c?mo se presenta la noche.- la mirada m?s all? de las gotas y las luces.
Clara, conduc?a demasiado r?pido para una calzada mojada y resbaladiza por el polvo.
Cuchillos de luces cavaban la noche buscando el asfalto. Las se?ales de prohibici?n gritaban: ?Menos de 60?. Clara mir? el salpicadero; denunciaba: 80 kms/hora.
??Bah!; ?no hay casi tr?fico a estas horas!; s?lo estas malditas curvas y la lluvia??

Un cami?n surgi? de la noche ante ella. Al realizar una maniobra para dejarle espacio, un brusco volantazo mand? al coche fuera de la calzada empotr?ndose en un a?oso cipr?s. Su cabeza choc? violentamente con el parabrisas. Hab?a olvidado abrocharse el cintur?n de seguridad.
Y su pecho qued? sobre la bocina que, oprimida, rompi? el silencio con un largo gemido?


Con todo mi cari?o y respeto a todas las mujeres que han dado lo mejor de su vida a sus hijos.

Publicado por mariangeles512 @ 23:48  | Familia
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