Martes, 04 de septiembre de 2007
El muerto que denunció a su asesino.
Capítulo IV


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La abogada Orellana es reclamada de inmediato para testificar en la Comisaría.
Y además el vecino que debería reconocer en persona a doña Silvia.
- Sabemos que estuvo con Morantin o como se llame, en el apartamento de La Roca. Tenemos un testigo que lo corrobora- dice el Inspector, fijándose en sus uñas, recién cortadas y redondeadas.
- No lo he negado. Dije que me llamó y quedé con él para que directamente me dijera lo que tuviera que decirme, que ya le he dicho lo que es.
- Pero ahora sabemos que usted ha colaborado con los servicios de espionaje rusos en sus tiempos de estudiante. Me parece que usted conoce mucho más de lo que cuenta- Le dice un inspector algo nervioso por lo que ha descubierto.
- Uhhh, de estudiante se cometen muchas locuras- contesta, sin poder ocultar la contrariedad que le produce lo que conoce Muñoz.
- Como viajar a Rusia durante cinco años seguidos, todos los meses de julio.
- ¿Me inculpa de algo?- se pone claramente a la defensiva la extraña abogada.
- Pues tiene que decirme desde que hora hasta que hora estuvo con el supuesto Sr. Morantín.
- Bien, me invitó a cenar a su apartamento. Nada espectacular. Decía que tenía miedo de salir a la calle y que yo misma hiciera el favor de encargar unas raciones de calamares, boquerones, ensalada y vino, que yo misma subí al apartamento.
- Esa no es la forma de comportarse con alguien que no se conoce de nada. ¿No pensó que podía ser peligroso?
- Lo pensé y puse en conocimiento de mis colaboradores en el bufete de que iba a casa de ese señor, como puede comprobar.
- Siga contando.
- No tengo mucho más que decir. Salí a las once y media del apartamento, como puede comprobar llamando a mi marido, que me esperaba impaciente en casa. Llegué a eso de las doce menos cuarto.
- Con lo cual, según el forense, queda libre de sospecha, naturalmente.-comenta Carlos Muñoz con cierta sorna.
- No lo sé, pero es la realidad.

Había que investigar a los conserjes. Si esta mujer estuvo cenando con Morantín, y salió a las once y media del apartamento, el conserje de noche, que apenas había sido interrogado tenía que saber algo más.
¡Sorpresa! El conserje de esa noche había sido un suplente, porque el que estaba contratado avisó de que le era imposible acudir porque le habían llamado desde Ciudad Real, donde residía su madre, con la noticia de que había sido internada en la Clínica porque le había dado una trombosis y tenía que ausentarse. Noticia que resultó falsa. Hizo el viaje de ida y vuelta y pudo comprobar que a su madre no le había pasado nada.
- Veamos, a usted le llamaron a eso de las diez de la noche ¿y no pudo confirmar si le llamaban realmente de la clínica o era un particular?
- Verá no me trato con mi hermana, que reside también en Ciudad Real y supuse que era del hospital. Llamé inmediatamente a la administración de los Apartamentos, y ¡curiosamente!, un supuesto rumano, fue mi sustituto, según me dijeron al día siguiente.
Rápidamente, Muñoz llama a la administración de los apartamentos.
- Denme la dirección y datos del rumano que hace dos noches sustituyó a Isidro Méndez en los apartamentos La Roca.
- Florin Estilov, vive en el barrio de La Palmilla, calle Palma, nº 15.

El barrio de La Palmilla es muy conflictivo y hace falta ir con dos coches patrulla y cinco policías al menos. Se cubren unos a otros, ya que viven muchos delincuentes.

- ¡Somos la policía! No se asusten, sólo queremos hablar con usted, Estilov. Abra la puerta- dice uno de los agentes que acompaña al Inspector.
- ¡Echen, la puerta abajo! ¡Se va a escapar, porque tiene algo que ocultar!- Grita Muñoz.

Dos agentes muy experimentados abren de un sólo golpe la puerta y ven a una persona, supuestamente Estilov, en el suelo con un charco de sangre que brota de su cuello.
Carlos Muñoz corre rápidamente hacia la ventana, pero no se ve a nadie cerca. Quien haya sido el asesino ha podido huir tranquilamente por la escalera, antes de llegar ellos.
- Miren a su alrededor, a ver a quién ven, e identifíquenlos- dice a los policías que hacen guardia en el portal.
- Hemos visto a alguien que ha arrancado una moto cuando ustedes subían, como dos portales más allá. El individuo iba totalmente protegido con traje especial y con casco. Ya no vemos ni rastro.
La ambulancia llega de inmediato y el equipo médico certifica que la persona asaltada, aún vive. Muñoz trata de arrancar alguna frase del malherido.
- ¿Quién le ha hecho esto?
- Brugg…-apenas podía articular palabra-ella, ella.
- ¿La abogada?
- ¡Es inútil, ha muerto!- le dice el enfermero que está a su lado- Tiene un fino puñal en el cuello, que le atraviesa la yugular.
- ¡Me cago en …!- un poco más y nos dice al menos su asesino, pero he entendido que fue “ella”, con lo cual el campo se reduce a mujeres. Aunque en un rumano, vete a saber si ella, significa lo mismo.
Lo que empezaba a estar claro, es que el conserje sabía mucho sobre el tema y era preciso investigar en el círculo de sus amigos y vecinos, ya que desgraciadamente, él ya no podía colaborar nada más.
- ¿Sabes que pienso Labordeta?
- Dime, Jefe.
- Que estamos inmersos en un asunto mafioso. Voy a dar cuenta al Comisario y que el Juez que lleva el caso lo sepa. Me está oliendo a trama internacional, con un trasfondo impredecible.
Continuará…


Publicado por interazul @ 19:08  | Misterio
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