Mi?rcoles, 29 de agosto de 2007
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El muerto que denunció a su asesino.
Capítulo III


La Estación “María Zambrano”, aún en remodelación, tiene unas amplias consignas, donde con sistema de seguridad incluido, se pueden dejar con confianza maletas y bolsas durante días, con tal de pagar el ticket.
Muñoz se dirige al vigilante y después de identificarse, van juntos a la casilla nº 104. Al abrir observan un maletín de medianas dimensiones, de piel negra y cantos dorados. Hace falta ir con él a la Delegación del medio ambiente y recurrir a algún experto, por si contiene materiales tóxicos.
Recubierto el maletín con una manta especial, para aislar del exterior lo que pudiera contener llegan a la Delegación de Medio Ambiente, en la calle Maurico Moro, donde un alertado biólogo les recibe e introduce primero en escáner y después en una cámara blindada.
- Pueden mirar por la ventana, mientras abro el maletín en la cámara segura. ¿No tienen alguna idea de qué se trata?
- Pues realmente, no. Supongo, debido a la nota que encontramos, que se trata de algún virus o algo así, que suelto, puede dañar a mucha gente.
- Bien, veamos si mi ayudante y yo podemos determinar de que se trata. Según el escáner, hay un cilindro metálico, como un termo de unos veinte centímetros de alto por diez de ancho.

En la cámara de seguridad, abren el cilindro, que sólo se puede ver a través de cristales. Un líquido verduzco es extraído del mismo y de inmediato la alarma sobre virus desconocidos se hace notar. El biólogo cierra de nuevo el cilindro y una pequeña muestra es introducida en un tubo de ensayo para su análisis electrónicamente.

- Esta tarde podré adelantarles algo. Vamos a analizar a fondo esta muestra.
- ¿Puede sugerirnos algo a simple vista?
- ¡Qué se trata de un virus desconocido, por mutación de otros! Habrá que aplicar a cobayas y ver su reacción. La composición química lo veo complicado.
- Bueno mire a fondo el maletín, a ver si se encuentra algo más.

En el forro del maletín hay una nota con dos nombres y dos teléfonos en España. Uno de ellos de una mujer: Silvia Orellana, y ésta si que la conoce el Inspector Muñoz. Se trata de una abogada defensora de delincuentes de alto copete. ¿Qué haría en manos del tal Iván? Habrá que averiguarlo, haciéndola una visita a la conocida letrada.

El despacho de la abogada se encuentra en pleno centro de la ciudad y un suntuoso edificio dedicado a oficinas, recibe al Inspector Muñoz

- ¿Qué datos tiene sobre este hombre?, que le adelanto, ha sido asesinado- pregunta el perspicaz policía.
- Sabe que en un caso así no debo ocultar datos, porque no se trata de un cliente mío. Me llamó hace unos días por teléfono, para indicarme que si era detenido, quería que yo fuera su abogado.
- ¿Le mencionó por qué podía ser detenido?
- Dijo poseer unas informaciones que se podían declarar secretas, y si alguien le denunciaba como poseedor de alguna sustancia nociva de contrabando no podría negarlo.
- Creo que no me dice toda la verdad. ¿por qué no acudió a las autoridades o a nosotros? Si en una nota que nos ha dejado explica que llevemos la sustancia a Medio Ambiente para ser analizado.
- No puedo decir nada más, porque lo desconozco. Lo siento, Inspector- termina la poco explícita Sra. Orellana.
El otro teléfono era de los apartamentos de alquiler La Roca. De poco podía servir ahora.
- Hay que apremiar al biólogo para que nos de pistas sobre el líquido- comenta a Labordeta.
- Ahora mismo le llamo, Jefe.
- Es un virus que deja en pocas horas a los cobayas totalmente locos. Me explico: Una vez inoculado, empiezan a girar sobre sí mismos y su deseo de hacer algo desaparece, inclusive para buscar el sustento. Caen muertos de extenuación. Supongo que si se aplica a un humano será mortal, por lo mismo. Voy a remitir al Ministerio de la Nación un informe para que se dirijan a Rusia, para averiguar sí allí es conocido y quién posee el virus.- es el comentario del Dr. Biólogo, Contreras.
Todo aquello estaba siendo demasiado fantasioso, y su obligación era encontrar al asesino, todo lo demás escapaba de sus manos. Tenía que analizar a fondo las declaraciones de la abogada y vigilarla. ¿Sería la mujer que estaba buscando?

- Inspector Muñoz, soy un vecino de los apartamentos La Roca, que vi a ese señor de la foto, antesdeayer y subió acompañado de una mujer- ¡por fín un testigo!, pensó, al escuchar por el teléfono esa rebelación.
- ¿Cree que podría identificar a la mujer?
- Si es morena, delgada y vestía informal, con un vaquero y una blusa. Tenía una cicatriz, me fijé porque soy observador, en la mejilla derecha, como de una operación reciente.
- ¡La abogada Orellana!- casi grita Muñoz- tiene que venir a testificar a la Comisaría enseguida.
- De acuerdo.
Continuará….


Publicado por interazul @ 22:53  | Misterio
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