Mi?rcoles, 18 de julio de 2007
Me lo jugu? a una carta.

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Me creer?n o no. Pero esta historia es totalmente real. Todo ocurri? en un aciago d?a del mes de mayo de 2004.
Me dirig?a a mi despacho, en la calle El Peligro (que no les digo la ciudad, pero para los que les gusta veranear en el Mediterr?neo, no les debe resultar del todo desconocida) despu?s de dejar el coche en el parking privado que ten?a contratado. La ma?ana era soleada y radiante, como suele ser lo normal por estos pagos, casi todas las primaveras.
Al dar la vuelta a la esquina, ?torpe de mi!, me choqu? con una joven, que luego supe que era alemana, y si no es porque la sujet? por la cintura, la hubiera desnucado.
- Geehrter Herr, fast Throws zu mir gegen den Boden. Wie grob Sie sind!(Que quiere decir algo as? como: ?Se?or, que bruto es usted, casi me tira contra el suelo!) (vamos a evitar el alem?n, uno de los idiomas que domino a la perfecci?n y todo lo contar? en espa?ol, aunque con ella hablara en alem?n de Baviera.)
- Perdone, se?orita, es que siempre voy corriendo al despacho, para hacer ejercicio y esta esquina la doblo todos los d?as y tan temprano no suele hacerlo a la contra ninguna joven tan bonita como usted.
- ?Ay?deme, al menos, a recoger los papeles del suelo! Son los contratos que tra?a para que los revisara ese abogado, el Sr. P?rez Vasco, que como es tan temprano a?n no ha llegado al despacho. ( Ese tal P?rez era yo, Pedro P?rez Vasco)
- Seguramente ser? un informal- se me escap? y seg?n lo hac?a, me met?a en un callej?n sin salida. ?Pues como podr?a explicarle despu?s qui?n era yo?
- Bien, el caso es que voy a tomar una caf? en la esquina, que tienen unos croissants muy recientes.
- ?Me permite invitarla?- le dije, para empeorar a?n m?s la situaci?n, mientras le ayudaba a recoger unos diez folios del suelo. Menos mal que no hab?an regado a?n la calle.
- Bueno venga conmigo.?Es usted abogado, tambi?n?
- ?Yo? No, soy ingeniero qu?mico, pero trabajo como asesor de abogados sobre esas cuestiones. Ya sabe, en caso de reclamaciones por intoxicaciones, incendios, envenenamientos, etc?- ?me lo estaba inventando todo!
- ?Ah, ?qu? interesante! Precisamente tra?a a ese se?or los contratos de compra de mi jefe, sobre dos bodegas y algo de qu?mica debe haber, porque me ha dicho: ?Qu? lean bien, lo de las barricas de envejecimiento y lo del laboratorio qu?mico!
- Bien, pues yo puedo ayudarla, por cierto- le preguntar? su nombre y yo me inventar? que me llamo Carlos-?Cu?l es su nombre?-se lo dije seg?n nos sent?bamos en una mesa de la amplia cafeter?a ?Mr. Fabian?.
- Brigitte, Brigitte Weiss, y t?teame, ?c?mo te llamas, t??
- Carlos, encantadora Brigitte-?Hay que ver lo mentiroso que se puede ser, no s?lo por Internet!, le iba a dar la asesor?a gratis y al menos no conocer?a al aut?ntico Pedro.
Seg?n miraba su exuberante busto, al sentarse a la mesa, de forma distra?da, pude darme cuenta, que estaba ante una mujer imponente. No muy guapa, porque su nariz era algo regordeta, pero con unas formas, que me recordaban a mi antigua novia, la francesa. Sus caderas eran como las de los maniqu?es de los grandes almacenes, sus piernas como las de Pen?lope Cruz y sus brazos como los de Olivia de Havilan en ?Lo que el viento se llev?
- Veamos esos contratos, ya que iba a asesorarle al tonto de P?rez-?mira que soy idiota!- Y le iba a cobrar 200 euros. A ti te asesoro gratis.
- ?Aqu? est?n!- empuj? los folios, algo desordenados, hacia mi, y enseguida mi embelesamiento fue turbado por:
- ?Qu? le sirvo, Pedro?-?era la voz de mi amigo Fulgencio, el barman veterano de mi cafeter?a de siempre.
- ?Dooos caf?s con leche! Y la se?orita quiere croissant-?se habr?a dado cuenta del nombre?
- Dos croisants- dice la bonita Brigitte.
- ?Enseguida!- contesta Fulgencio.
- ?No me dijiste, Carlos?
- Ah, si, me llamo Pedro Carlos, pero me gusta m?s Carlos, pero este barman, nos llama a P?rez y a mi Pedro, como si tal cosa-le contest?, de forma distra?da.
Me estaba empezando a subir la adrenalina (por llamarlo de alguna forma menos grosera) pensando en lo que podr?amos hacer aquella belleza y yo, y ?c?mo quedar?a con ella??Ya est?, pens?! Los contratos necesitan estudio. Los subo al despacho y quedo con ella para comer.
- Necesito revisar a fondo lo de los laboratorios. Parece que quieren endosarle todo el personal de las bodegas y no necesita hacerlo. Hay que enterarse de la plantilla actual en la Seguridad Social. ?Quedamos a la hora de comer?
- Bien- dijo ella- ?Vamos al restaurante Casablanca de la Plaza de San Miguel? Me encanta.
- ?Claro!?Me das el tel?fono, por si surge algo?
- S?- y me lo dio en una tarjeta y el caso es que yo le ten?a que dar el de P?rez.
- Yo le doy el del despacho de mi amigo, y le anoto el m?vil- ten?a tarjetas sin el m?vil y otras con ?l. Busqu? en la cartera con cuidado y le d? una de las primeras.

Nos despedimos d?ndonos la mano y yo la agarr? la suya entre las dos m?as, sin disimular una ligera caricia, que no le pas? desapercibida.
- Me alegr? de que te tropezaras conmigo. Eres muy amable.
- ?Gracias! Nos vemos a las dos y cuarto.?Es buena hora?
- Si, si, estupendo, en Casablanca, la de aqu?, claro.
- ?Eres encantadora! ?Siempre nos quedar? Par?s!-brome?.
Sub? r?pidamente al despacho y mi sol?cita secretaria Carmen, me esperaba, ?c?mo siempre! Para rega?arme.
- Pedro, que le esperan los del caso de la mujer maltratada, los de la casa en ruinas y ha llamado Herr Kronfuss, que ha mandado a su secretaria con unos contratos que le urgen, sobre algo de bodegas, y no s? como va a atender todo.
- Carmen eres un encanto. Ya ver?s como puedo con todo esta ma?ana y ll?mame a las dos, que tengo una cita.
La ma?ana se pas? volando y charlando. A las dos hab?a revisado los contratos de las bodegas.
- No llega la secretaria esa.
- No te preocupes, ya la encontr? en la calle y me los dej? para que los revisara. Esta tarde no podr? venir, porque tengo una cita de negocios y no s? hasta que hora.
- ?Vale, les dar? con la puerta en las narices a los del asunto de la reclamaci?n por da?os del fuego!
- Sabes que no lo har?s y t? misma les recoger?s la declaraci?n y yo ma?ana lo estudio.

A las dos y diez estaba entrando en ?Casablanca?. Brigitte tard? unos diez minutos m?s, pero lleg? tan despampanante o m?s que a la ma?ana.
- Hola, encanto. Est?s m?s guapa, porque debes de tener hambre. ?No?
- Un hambre alemana. Pero ya ves que guardo la l?nea.
- Vamos a pedir, fritura completa de pescado y dos cervezas- aventur?, como si supiera qu? le gustaba.
- Me encanta. Pareces adivino. Pero t? eres P?rez, Pedro P?rez, te he visto en una foto en el despacho de mi jefe, vestido de jugador de tenis.
- ?Siiii?- va a ser cierto que se pi?lla antes a un mentiroso que a un cojo.
- ?Eres tan mentiroso siempre?
- Bueno, me jugu? a una carta quedar contigo, no me atrev?, despu?s del choque, a ser sincero. ?Soy un desastre!
- Pues yo no soy Brigitte, soy Helen Kronfuss, la mujer de mi jefe. Pero estoy harta de ?l y quer?a tener una aventura, as? que decid? tenerla con otro mentiroso como yo.
Me qued? estupefacto de la sorpresa. Y el caso es que nos revolcamos durante tres meses como unos locos, en el sof?, en la alfombra y hasta en la cama, de mi apartamento de la playa. Ya les contar?, ya.

Publicado por quijote_1971 @ 19:47  | Amor
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