Martes, 29 de mayo de 2007
Una lecci?n en los albores de mi vida docente.

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Voy a escribir cuatro cap?tulos sobre mi vida docente. Una vez jubilado veo las situaciones como desde una nube, observando lo que ocurri?. Este primer relato es por los a?os 70, cuando a?n hab?a Ense?anza Primaria, Bachillerato Elemental y Superior y Escuelas de Oficios y Maestr?a.
Para los que no han conocido o no han recibido noticias de c?mo era aqu?l tipo de Ense?anza, se las resumo, para comprender mejor las situaciones, hoy totalmente diferentes.
Entre los seis y los once a?os todos los ni?os segu?an la Ense?anza Primaria. Al cumplir los diez a?os los que despuntaban, o sus padres insist?an o pagaban, se les preparaba para el examen de Ingreso en el Bachiller Elemental. A los que no, continuaban de forma obligatoria hasta los catorce a?os y con el certificado de Escolaridad pod?an trabajar de aprendices o entrar en las escuelas de Oficios.
Para los que, dichosamente super?bamos el examen de Ingreso( nada f?cil por otra parte, ya que constaba de parte escrita y oral y con m?s de cuatro faltas de ortograf?a en un dictado, ya no pasabas, aparte de conocimientos de geograf?a, historia y matem?ticas) empez?bamos el Bachiller Elemental de cuatro cursos, sin especializaciones. Con lat?n incluido. Y una rev?lida donde te pod?an preguntar sobre cualquier tema de los cuatro cursos. Repartidos todos los ex?menes en tres ejercicios eliminatorios. El primero era de Lengua, Literatura, Lat?n e Historia. El segundo de Ciencias, F?sica y Qu?mica y Matem?ticas y el tercero, las ?Mar?as? (Religi?n, Formaci?n del Esp?ritu Nacional y Educaci?n F?sica). Como ven casi una oposici?n. Si se aprobaban los tres, estabas capacitado para seguir el Bachillerato Superior, repartido en dos cursos, con elecci?n de Ciencias o Letras. Al final del sexto, de nuevo otra rev?lida, que si no aprobabas no pod?as entrar en el curso Preuniversitario.
El curso Preuniversitario, era el preparatorio para la Universidad. Los alumnos deb?an aprobarlo y adem?s realizar las pruebas de Madurez en la Universidad, con tres ejercicios eliminatorios. En otro escrito os lo cuento.


Aquella ma?ana soleada, entr? en el aula, donde los alumnos de Preuniversitario, de diecisiete a?os o alguno m?s, se levantaron de forma reverente para saludarme.
Rec? un padrenuestro, cosa tan normal, como decirse ?buenos d?as?, porque adem?s era un Colegio regentado por una orden religiosa, y el ?plaf? de las sillas al abrirse sobre los pupitres pareci? casi un cuadre militar.
- Voy a pasar lista. Para ir conoci?ndonos- Los cuarenta alumnos estaban en sus puestos y aunque alguno ten?a un aspecto un poco griposo, lo disimulaba tap?ndose con una leve bufanda el cuello.
Esos alumnos no gastaban ning?n tipo de uniforme, pero todos iban con sus su?teres e incluso algunos con sus trajes completos. Yo por supuesto con un conjunto de pantal?n con chaqueta a juego, corbata y zapatos negros, de piel.

- Don Ricardo, le damos la bienvenida y esperamos que nos ponga suficientes problemas para resolver para ma?ana- me sorprende el que parec?a una especie de portavoz de la clase.

- De acuerdo y gracias- respond? escuetamente.

Comenc? mi lecci?n sobre los Sistemas de Ecuaciones con varias variables, y de forma resumida, las diferentes formas de resolverlos, antes de introducir matrices y determinantes para ello, lo cual indiqu? que ser?a motivo de otra lecci?n.
A la media hora (las clases eran de una hora rigurosa) quise indagar si hab?an entendido los aplicados alumnos. S?lo dos levantaron la mano, dudando de haber comprendido el sistema de ?en cascada?, para llegar por sucesivas sustituciones a una sola ecuaci?n con una ?nica variable.
Propuse que un alumno saliera a la pizarra y resolviera con mi ayuda un sistema nuevo. As? lo hizo y el timbre toc? el final. Nadie se movi?. Hasta que no di la orden de levantarse, nadie lo hizo.
Pero antes indiqu? los problemas a resolver: Cinco y a algunos alumnos les parecieron pocos.
- Don Ricardo, que esta noche tenemos tiempo, ponga alguno m?s.
- Ya est? bien. Ma?ana veremos.
Y sal? por un pasillo silencioso y sin nadie en ellos, cruz?ndome con el Profesor de Historia que entraba a continuaci?n m?a.
En la sala de profesores, me esperaba el director para indicarme que unos padres quer?an hablar conmigo sobre sus hijos de forma breve.
?Qu? creen que me dijeron? Pues esto:
- Sabemos que usted es muy joven y nuestros hijos son poco m?s. Tr?telos con dureza y si hace falta castigarles por no hacer los deberes, o darles un mamporro, no dude en hacerlo. Seguramente les valdr? para aprender.
- No, no. Siempre lo evitar?: Una cosa es que no sepan, que bastante castigo tienen y otra que se comporten de mala forma. Si se esfuerzan no habr? problemas.

Publicado por Lanzas @ 17:28  | Costumbres
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Viernes, 25 de mayo de 2007
EL PRECIO DE LA MISERIA

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El aire era templado. Los enormes eucaliptos se mec?an majestuosos dejando que su perfume nos hiciera so?ar en un campo abierto.
Las hojas de tonos rojizos y ocres, bailaban dulcemente en el aire volviendo a caer sobre la tierra, los caminos y las personas, no dejando lugar libre de color. Era oto?o; y el tiempo aun no se hab?a vestido como tal
. A pesar de ello, el chiquillo que caminaba a mi lado tiritaba de fr?o. Tos?a mucho y se echaba su mano de piel ?cortada? por el fr?o, al pecho.
- ?Te duele?
-Un poco, pero ahora se pasar?.
- ?Tienes fr?o?
-S?; mucho.
- ?Mira, ven, vamos a ese edificio en construcci?n; el guarda tiene una hoguera encendida!; ah? podr?s calentarte un poco.
Nos acercamos el muchacho y yo a la luz resplandeciente de las llamas. El guarda dormitaba y al ruido de nuestros pasos abri? los ojos.
-?Qu? se les ofrece?
-El muchacho; que est? enfermo, y tiene algo de fr?o.
El viejo mir? al cr?o, que no tendr?a m?s de diez a?os, y mene? la cabeza con gesto reprobador.
-Pero, este ni?o parece estar muy mal. ?Le ha visto un m?dico?
-S?, si le ha visto.
-?Y qu? les ha dicho?
-Nada de importancia; s?lo es un resfriado.
Sent? verg?enza al pronunciar estas palabras. El m?dico auscult? al chico y en su mirada vi la gravedad de su estado. Nos dio un papel para que fu?ramos a una direcci?n, pero no fuimos, y seguimos un camino hacia ninguna parte. El chico no ten?a un c?ntimo y yo tampoco. ?Qu? pod?amos hacer, pues, en una situaci?n as?? Si no hab?a dinero, no hab?a nada qu? hacer. As? de sencillo; y aunque nos hubi?ramos topado con un rico caritativo, tampoco se habr?a salvado.
-No me parece a m? que sea s?lo un resfriado- insisti? el viejo.
Decid? que lo mejor era que nos fu?ramos de all?.
-?Te siente ya mejor?
-S?; ya no me duele- dijo con los labios p?lidos.
-?Y tu familia? ?Sabe que est?s enfermo?
-No; no tengo familia. Me he escapado de un orfanato.
-Y, ?por qu? has hecho eso, estando como est?s?
-Nadie me hac?a caso y quer?a ver la calle por ?ltima vez. S? que voy a morir. Mis padres murieron de lo mismo.
-?De lo mismo?
-?S?, ten?an SIDA!
-?No digas bober?as! ?Anda vamos a sentarnos un rato bajo ese ?rbol!- dije sin saber qu? hacer ante tama?o desastre.
Nos acurrucamos all?, y el canto del hilo de agua de una fuente cercana, arrull? nuestro cansancio. Pas? una mano por la cabeza del chico que hab?a sido rapada. Ol?a a miseria. Baj? mi mano tratando de acariciar su rostro cuando una ardiente l?grima cay? en mi palma; la retir? y mis dedos chocaron con algo duro que son? en mi bolsillo: eran dos euros; qued? maravillado, no sab?a que pose?a ese dinero, aunque era tan poco que s?lo nos llegar?a para un caf?; pero eso calentar?a un poco al chico?
-?Mira, voy al caf? de enfrente y traigo unos caf?s calentitos para los dos!
No contest? y yo cruc? la calle corriendo a por la bebida energizante.
El bar era un lugar de mala muerte donde el abandono campaba por sus fueros.
-?D?me dos caf?s con leche, muy calientes, por favor!- ped? a un viejo dependiente con los pies hinchados de tanta permanencia en pie.
Una vez me los sirvi?, los tom? con cuidado y sal? hacia donde estaba el muchacho. Lo encontr? con la cabeza entre sus brazos; hab?a llorado; el suelo brillaba bajo su rostro. Le toqu? un hombro al ver que no me miraba al hablarle, con horror vi que su rapada cabeza ca?a hacia un lado sobre uno de sus hombros.

El fr?o hab?a pasado. Y la noche sigui? indiferente, atenta s?lo a su belleza.

Publicado por interazul @ 21:35  | Dramas
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Domingo, 20 de mayo de 2007
La cita

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Yo era un tanto introvertido y cada vez que me gustaba una chica, en lugar de acercarme a ella e intentar ?ligarla?, sal?a huyendo de d?nde se encontrara y rojo de verg?enza me encerraba en mi habitaci?n hasta el d?a siguiente, poniendo la m?sica a todo volumen hasta que mis padres se cabreaban y me cortaban la corriente.
As? durante todo el Bachiller, mientras mis amigos iban con unas y con otras, yo s?lo iba alguna vez al cine con ellos. Con lo cual, acabaron todos por dejarme m?s tirado que una colilla de porrillo chupeteado.
Ya ten?a veinte a?os y lo m?s cerca de una chica que hab?a estado era el d?a que daba un beso a mi prima por su cumplea?os y me pon?a colorado como un tomate maduro. No sab?a ni que decirle a mi querida primita de toda la vida.
Por otra parte a la muerte de mi padre, mi madre se encarg? de los importantes negocios familiares para que yo fuera a la Universidad a estudiar, porque mi ancestro siempre dec?a: ?Aunque nuestros negocios van bien, nunca se sabe y una carrera siempre es un seguro para trabajar.?
Empec? mis estudios universitarios como un loco, una carrera, que pens? me quitar?a todos mis complejos, Medicina.
Sab?a que no era ?gay? porque una vez un chalado de tercero quiso quedar conmigo en la sala de disecci?n y al intentar meterme mano, le di un pu?etazo en la mand?bula y una patada en ?cierto sitio? que creo que el pobre dej? tambi?n de ser ?gay? y se dedic? a estudiar y s?lo estudiar. Y no tiramos al que nos hab?an tra?do de la Morgue, de milagro.

?No pod?a seguir as?! Cuando me duchaba, me aliviaba lo que pod?a, so?ando con la chica que me encontraba en el portal y que siempre hu?a para no subir junto a ella en el ascensor. La misma que me hac?a so?ar con que alguna vez ser?a m?a. Era secretaria de los due?os de Zapaterias ?Algorta?.

Consult? durante un mes entero, dos veces por semana, con un psic?logo y finalmente me dio la receta que andaba buscando:
- Tienes que perder el miedo. Una mujer no es m?s ni menos como un hombre. Necesita que se la adule un poco para que se crea superior. Pero t? eres un hombre guapo, bien parecido. Est?s estudiando una carrera estupenda y con notas de sobresaliente.
- ?Y qu? hago para vencer este miedo rid?culo a acercarme a la chica que no me deja ni dormir? Tengo que tomar anfetaminas para poder estudiar, y como siga as? no termino la carrera, no por ganas, si no por agotamiento.
- Pues vas a hacer lo siguiente, le vas a citar a esa chica de tus sue?os para una entrevista de trabajo. Te inventas que buscas una secretaria para llevar tus negocios, que se que tienes, porque tu padre te dej? las papeler?as y las imprentas. Y aunque las lleva tu madre a?n, para que sigas estudiando lo que gustas, ella no te va a poner problemas para que figures de Administrador.
- Es muy buena idea. ?Y qu? hago?
- Pues como es un asunto de trabajo le pasas una carta a su buz?n y quedas con ella en uno de los despachos de tu madre. Una vez all?, ya ver?s como se te ocurre algo importante. Sobre todo h?blale, no dejes de hablarle sobre los negocios y sobre la Medicina.

La escrib? la nota en el ordenador: A la atenci?n de Natalia S?nchez:
?Se que eres una estupenda secretaria y los negocios familiares necesitan de una persona de tu val?a. Tu sueldo ser? mejorando el presente sin duda. Acude a la entrevista en el despacho de Papeler?as Morata sito en la
calle Pez, 34, pasado ma?ana, a las once A.M. Confirma tu asistencia en el tel?fono impreso al final de la nota:?

Baj? de noche a los buzones y la deposit? en el que sab?a era el de sus padres, con los que segu?a viviendo.

A la tarde siguiente son? el tel?fono.
- ?S?? ?Qui?n es?
- Soy Natalia, Natalia S?nchez. Llamo por lo del trabajo de secretaria.
- Ah, ya. Yo soy Carlos Morata- casi me desmayo, y de hecho me puse rojo como un tomate.
- Ma?ana voy a las once en punto. ?Le parece bien?
- Uhmmmm- Dios m?o, es ella, creo que me da algo- Bien, si muy bien. Lleve su curr?culum- se me ocurri? de pronto. ?Idiota!( me dije) a ver si lo estropeo- Bueno si quiere- a?ad?.
- Claro, s?, tengo uno no muy grande, pero tengo otro nuevo.
- UHF, perd?n- carraspe? mientras pensaba en sus pechos- los dos, digo, lleve el ?ltimo.
- Adi?s, Don Carlos.
- Carlos, s?lo Carlos- sudaba tinta china y colgu?.

Esa noche no dorm?. Pensaba que todo iba a ser un fracaso. No sabr?a que decir. Mi madre me animaba. Sab?a todo. Lo del psic?logo, lo de la secretaria, lo de mi timidez.
- Mira, hijo, yo te dejo mi despacho. Pon tu foto en la mesa. La de tus padres contigo y dale un ambiente familiar a la entrevista. No seas t?mido. La invitas a tomar algo. Tenemos el mueble bar, la cafetera,?
- Bueno har? lo que pueda.

A las once en punto. Alfredito, dependiente de siempre, anuncia su llegada.
- Don Carlos, la se?orita de la entrevista est? aqu?.
- Que pase enseguida.


Una exuberante Natalia, arreglada como no esperaba, con una falda de cuero, cortita, y una blusa roja con un escote generoso estaba delante de mi mesa.
- Carlos. Tienes un despacho maravilloso. Creo que ser? una buena secretaria. Me gusta trabajar en un ambiente agradable.
- ?El curr?culum?- se me ocurri? como ?nica cuesti?n, mientras la miraba a los ojos.
- ?No te parece poco, yo misma?- y de pronto me la encontr? entre mis brazos. Y casi nos caemos al suelo, al girar el sill?n rotatorio.
- Noooo- mis labios quedaron atrapados entre los suyos y sent? que me desvanec?a.
- Vamos, sobre la alfombra y te curar? para siempre.

Me cur?. Me am?. Hicimos el amor tres veces. ?Y nadie nos interrumpi?! A las dos horas nos fuimos a tomar un caf? y cuatro copas a Cafeter?a Maxin`s
Nos vimos al d?a siguiente en mi casa. A la semana siguiente en Barcelona. Al mes siguiente en Par?s.
Y all? me enter? que mi madre hab?a preparado todo con el psic?logo y con la chica. Le hab?an ofrecido tres mil euros, pero supe que ella no los acept?. Me quer?a desde ni?o y se com?a las u?as por mi cortedad. Hab?a intentado chocarse conmigo en las puertas del ascensor m?s de mil veces y yo la hab?a esquivado otras tantas.
?Ya nunca m?s la esquivar?a! ?Bienaventurados los psic?logos comprados por las madres!
Termin? mi carrera de Medicina, hice el MIR con nota muy alta, y puse una consulta de Oftalmolog?a, que no me imped?a atender a los otros negocios, ya que busqu? socios. Me cas? con Natalia y con ella sigo.







Publicado por quijote_1971 @ 20:53  | Amor
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Mi?rcoles, 16 de mayo de 2007
¡Abuelo, no te caigas!




Mi nieta tiene apenas tres años y se da cuenta de muchas cosas. A mí me parece muy inteligente. Voy a contaros como me ayudó a salir de una situación muy difícil para mi integridad, no quiero ni pensar que también la suya hubiera estado en peligro.
Una de las tardes que mi hija nos dejó a la suya, por motivos de su trabajo; como hacía muy buen tiempo, salí con ella y la monté en una moto de batería que la habían traído los Reyes Magos. Yo tenía mucho cuidado, aunque la velocidad que adquiría no era mucha, al bajar las cuestas podía embalarse.
Voy a explicaros como funciona el “aparato”. Tiene un pedal que al apretarle con el pie pone en conexión la batería con la tracción de la rueda delantera y ¿freno? No tiene más freno que levantar el pie y ponerlo en la acera. Como mi nieta es aún muy pequeña, ideé un artilugio con una cuerda de nylon, que até alrededor del asiento. Pues a veces se le olvidaba levantar el pie del pedal y el freno era mi mano.

Estábamos en estas, tan animados, subíamos y bajábamos por las aceras de las calles próximas a nuestra vivienda, divirtiéndose ella y yo sudando del esfuerzo de ir al lado con la “cuerdecita” haciendo de freno, cuando al dar una vuelta cuesta abajo, la niña no movió el manillar y la cuerda se enredó en mi brazo, pero tuve la suerte que paramos junto a un árbol que muy oportunamente apareció.
Pero la aventura no terminó allí. De nuevo recompusimos la situación.
- Mira hacia adelante, vete siguiendo la línea de las baldosas de la acera- le decía.
- Abuelo, que viene un gato.
- ¡Levanta el pie!- le grité.

Y levantó el pie y giró el manillar. Y yo pendiente del no atropellar al gatito, tiré de la cuerda para que la niña no se cayera con tan poco “arte” que se me enredó de nuevo en el brazo y casi me caigo, si no es porque mi nieta empujó la moto junto a mí e hizo de auténtico freno.
- ¡Abuelo, no te caigas! ¡Yo te ayudo!
La di un sonoro beso y guardamos la moto para seguir las aventuras cualquier otro día.

Ricardo Curiel. Profesor de Secundaria Jubilado.


UN DÍA EN EL ZOO



Le había prometido a mi nieta que el sábado siguiente la llevaría al Zoo de la localidad.
Pensé que se le habría olvidado, pero como le había hablado de los monos, de los elefantes, de las aves exóticas y de tantos animales que íbamos a ver, cuando llegó el ansiado día me dijo:
- Abuelo, hoy vamos al sitio ese, donde están los animales de los cuentos.
- Sí, claro que sí.

El día estaba radiante, soleado, con una temperatura primaveral excelente. Como todos los elementos nos acompañaban, cogimos una botellita de agua mineral y unas viseras de tela y allí estábamos en la puerta a las diez en punto del sábado 12 de mayo.
Lo primero que vimos fueron unos faisanes muy bonitos que la niña quería coger.
Después unos koalas que entre el ramaje de los árboles apenas se dejaban divisar. Los caimanes en su líquido elemento.
- ¡Abuelo! ¡Qué bocotas tienen!
- Es que comen mucho y no dejan nada- se me ocurrió.
Pasamos al lado de un cercado con jirafas, que nos hizo levantar el cuello para no parecer tan pequeños. Y mi nieta, que se llama Lucía, me dice.
- Abuelo, ¿Por qué tienen las jirafas tantas manchas?- tenía que fijarse la niña, en las manchas y no en lo largo del cuello.
- Pues, porque les da el sol a trozos. ¡Cómo son tan altas!- estoy seguro que la respuesta no la satisfizo, pero había que salir del paso.

Por el camino que nos lleva a donde se encuentran los monos, han puesto un puesto de helados y la niña, que apenas conoce lo que es un helado se acerca al mismo y me mira:
- Tienen galletas, y yogures.
- Lucía, que son helados.
- Pues yo quiero un “lelado”.
- Bueno, como es hora de que tomes algo, te voy a comprar uno de fresa.
- ¡Eso, un “lelado de fresa” como Caillou.
Resulta que se fija en todo y el tal Caillou es una serie de dibujos en la cual niño no tiene un pelo de tonto. Bueno no tiene un pelo. Ya se la he puesto muchas veces en casa y se habrá fijado en que su madre le compra un helado o su abuelo.

Mientras estoy pagando el helado, al darme la vuelta la chica simpática, miro a mi alrededor y no veo a la niña. Un sudor frío me deja casi paralizado. Miro a todos los lados y corro por el camino hasta donde se encuentran los chimpancés detrás de unos vidrios a prueba de bombas.
- ¡Lucía, Lucía!- llamo desesperado.
- ¡Abuelo, estoy dando un poco de “lelado” a este mono, que se parece a uno que tengo en casa!- oigo y veo a mi nieta junto al cristal.
- ¡Qué susto me has dado! No te vayas de mi lado. No ves que te puedes perder.

La cuestión es que la niña es un poco traviesa y creo que ella no dejó de verme a mí, mientras pagaba, pero el susto que me dio aún lo recuerdo y no creo que se me olvide nunca.
Dejamos los monos. Visitamos la piscina de los delfines y allí si que se lo pasó bien la niña.
- Salta otra vez, pez, salta- decía.
- Bueno nos tenemos que ir, que la abuela habrá preparado la comida. Ya es tarde.
- ¡Abuelo, que no tengo hambre! Pero vamos con la abuela.

Y así nos despedimos del Zoo, prometiendo que pronto volveríamos.


Ricardo Curiel. Profesor de Secundaria Jubilado.


Publicado por Lanzas @ 19:46  | Familia
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Martes, 01 de mayo de 2007
Las calculadoras no dejan pensar

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Lo que pas? aqu?l d?a de junio en un examen, creo que es para ser contado.
Normalmente, los alumnos que se han preparado un poco est?n nerviosos porque temen fallar cuando se les presenta el examen delante. Es la hora de la verdad.
Los alumnos se sentaron en las filas, que previamente hab?a distribuido de forma que los intentos de copiar estuvieran controlados.
Algunos, como siempre intentaron colocarse, de forma r?pida en mesas contiguas. A estos, les separaba de inmediato.
- ?Por qu? me cambia, Don Roberto?- me dice uno de ellos.
- Pues para que est?s m?s lejos de tu amigo. No os d? la tentaci?n de pasaros alguna ?chuletita?- respond? raudo.
- Nosotros nunca copiamos, tenemos en cuenta lo que nos dice usted, sobre que es mejor no intentar enga?arle. Si contestamos poco, nos lo valora, si es del propio esfuerzo.
- Vale. Si?ntate, que voy a repartir las hojas.


De forma habitual, pas? las hojas fotocopiadas del examen. Constaba de tres problemas y de cuatro cuestiones breves, como casi siempre, para calificar a dos puntos cada problema, como m?ximo, claro, y a un punto por cuesti?n.
Y la pregunta de casi siempre. Lleg? enseguida:
- ?Se puede usar la calculadora?
- S?. Lo que ocurre es que cada uno debe usar la suya- No ten?a ning?n problema sobre las calculadoras, aunque algunos compa?eros se obstinaban en no dejarlas. Yo les dec?a: Pero si son las m?quinas modernas de calcular. Lo m?s importante es el razonamiento. El que expliquen como hacen el problema, no lo que resulta del c?lculo final, que en la vida real siempre van a usar la calculadora o el ordenador.

- No dejan pensar, Roberto- me dec?a un compa?ero-las calculadoras no dejan pensar.
- Bueno, yo no lo creo, si en un problema les pregunto el c?lculo de la altura del ?rbol, midiendo el ?ngulo desde una cierta distancia, tienen que pensar, que si les resulta mil metros de alto, no tiene sentido, que me digan porque utilizan la tangente del ?ngulo o lo que sea, que es lo importante. No les pongo 30?, les pongo, 32? 15? para que utilicen la calculadora.
En algunos casos, recuerdo, como en trabajos estad?sticos, por ejemplo en el c?lculo de la media de la estatura de los alumnos de primero de Bachillerato, les result?, a un equipo de discentes; 123, 5 metros. ?No piensan, en s? el resultado tiene sentido o no! Un error de bot?n en la calculadora les proporciona un resultado err?neo y a algunos les da lo mismo, porque creen que la calculadora es infalible.

Pero les insist?a mucho a mis alumnos, que ten?an que pensar. Lo primero ver s? el resultado ten?a coherencia y despu?s repasar los c?lculos.
Ya llev?bamos unos quince minutos de tiempo para contestar, y dos alumnos se hab?an rendido. No les dejaba entregar. Ten?an que seguir pensando. Pero de pronto:
- Don Roberto, por favor- oigo, que casi implora, Elvira, una alumna trabajadora, pero que le cuesta mucho el llegar a comprender algunos teoremas- ?La calculadora se me ha escacharrado!

?Escacharrado!, quiere decir, rota, destrozada, ?vamos!, que no calcula nada.
Me acerco a ella y le pregunto:
- ?Qu? le ocurre?
- ?Que quiero calcular la ra?z cuadrada de uno, y no se mueve! ?Sigue el uno! ?Sigue el uno, en la pantalla!
No me inmut?. No deb?a re?rme. Ten?a que ayudarla, pero pas? por mi mente romperle la calculadora de verdad.
- Piensa, ?qu? operaci?n es la rec?proca de la ra?z cuadrada?
- Espere, espere,? ?Ya! Multiplicar un n?mero por s? mismo. ?No?
- Multiplica uno por uno a ver que te resulta.
- ?C?mo, uno por uno? ?Qu? tonter?a! Unoooooooooooo.
- Pues piensa, Elvira, piensa.

Despu?s de un intervalo que me pareci? una eternidad, viendo como cambiaba el color de la cara de la alumna, primero l?vida, temiendo por el escacharramiento de su m?quina infalible y ahora casi roja de verg?enza, por su excitaci?n alocada, escucho:
- ?Ah! ?Ya, perd?n, perd?n!- contest? finalmente.
- Piensa, siempre piensa, antes de dar resultados.

Aqu?l d?a pens? en eliminar las calculadoras de los ex?menes, pero me contuve. Las m?quinas est?n en la vida real. Y un aula debe preparar para ello.

Publicado por Lanzas @ 21:38  | Costumbres
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