Viernes, 25 de mayo de 2007
EL PRECIO DE LA MISERIA

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El aire era templado. Los enormes eucaliptos se mec?an majestuosos dejando que su perfume nos hiciera so?ar en un campo abierto.
Las hojas de tonos rojizos y ocres, bailaban dulcemente en el aire volviendo a caer sobre la tierra, los caminos y las personas, no dejando lugar libre de color. Era oto?o; y el tiempo aun no se hab?a vestido como tal
. A pesar de ello, el chiquillo que caminaba a mi lado tiritaba de fr?o. Tos?a mucho y se echaba su mano de piel ?cortada? por el fr?o, al pecho.
- ?Te duele?
-Un poco, pero ahora se pasar?.
- ?Tienes fr?o?
-S?; mucho.
- ?Mira, ven, vamos a ese edificio en construcci?n; el guarda tiene una hoguera encendida!; ah? podr?s calentarte un poco.
Nos acercamos el muchacho y yo a la luz resplandeciente de las llamas. El guarda dormitaba y al ruido de nuestros pasos abri? los ojos.
-?Qu? se les ofrece?
-El muchacho; que est? enfermo, y tiene algo de fr?o.
El viejo mir? al cr?o, que no tendr?a m?s de diez a?os, y mene? la cabeza con gesto reprobador.
-Pero, este ni?o parece estar muy mal. ?Le ha visto un m?dico?
-S?, si le ha visto.
-?Y qu? les ha dicho?
-Nada de importancia; s?lo es un resfriado.
Sent? verg?enza al pronunciar estas palabras. El m?dico auscult? al chico y en su mirada vi la gravedad de su estado. Nos dio un papel para que fu?ramos a una direcci?n, pero no fuimos, y seguimos un camino hacia ninguna parte. El chico no ten?a un c?ntimo y yo tampoco. ?Qu? pod?amos hacer, pues, en una situaci?n as?? Si no hab?a dinero, no hab?a nada qu? hacer. As? de sencillo; y aunque nos hubi?ramos topado con un rico caritativo, tampoco se habr?a salvado.
-No me parece a m? que sea s?lo un resfriado- insisti? el viejo.
Decid? que lo mejor era que nos fu?ramos de all?.
-?Te siente ya mejor?
-S?; ya no me duele- dijo con los labios p?lidos.
-?Y tu familia? ?Sabe que est?s enfermo?
-No; no tengo familia. Me he escapado de un orfanato.
-Y, ?por qu? has hecho eso, estando como est?s?
-Nadie me hac?a caso y quer?a ver la calle por ?ltima vez. S? que voy a morir. Mis padres murieron de lo mismo.
-?De lo mismo?
-?S?, ten?an SIDA!
-?No digas bober?as! ?Anda vamos a sentarnos un rato bajo ese ?rbol!- dije sin saber qu? hacer ante tama?o desastre.
Nos acurrucamos all?, y el canto del hilo de agua de una fuente cercana, arrull? nuestro cansancio. Pas? una mano por la cabeza del chico que hab?a sido rapada. Ol?a a miseria. Baj? mi mano tratando de acariciar su rostro cuando una ardiente l?grima cay? en mi palma; la retir? y mis dedos chocaron con algo duro que son? en mi bolsillo: eran dos euros; qued? maravillado, no sab?a que pose?a ese dinero, aunque era tan poco que s?lo nos llegar?a para un caf?; pero eso calentar?a un poco al chico?
-?Mira, voy al caf? de enfrente y traigo unos caf?s calentitos para los dos!
No contest? y yo cruc? la calle corriendo a por la bebida energizante.
El bar era un lugar de mala muerte donde el abandono campaba por sus fueros.
-?D?me dos caf?s con leche, muy calientes, por favor!- ped? a un viejo dependiente con los pies hinchados de tanta permanencia en pie.
Una vez me los sirvi?, los tom? con cuidado y sal? hacia donde estaba el muchacho. Lo encontr? con la cabeza entre sus brazos; hab?a llorado; el suelo brillaba bajo su rostro. Le toqu? un hombro al ver que no me miraba al hablarle, con horror vi que su rapada cabeza ca?a hacia un lado sobre uno de sus hombros.

El fr?o hab?a pasado. Y la noche sigui? indiferente, atenta s?lo a su belleza.

Publicado por interazul @ 21:35  | Dramas
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