Domingo, 20 de mayo de 2007
La cita


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Yo era un tanto introvertido y cada vez que me gustaba una chica, en lugar de acercarme a ella e intentar “ligarla”, salía huyendo de dónde se encontrara y rojo de vergüenza me encerraba en mi habitación hasta el día siguiente, poniendo la música a todo volumen hasta que mis padres se cabreaban y me cortaban la corriente.
Así durante todo el Bachiller, mientras mis amigos iban con unas y con otras, yo sólo iba alguna vez al cine con ellos. Con lo cual, acabaron todos por dejarme más tirado que una colilla de porrillo chupeteado.
Ya tenía veinte años y lo más cerca de una chica que había estado era el día que daba un beso a mi prima por su cumpleaños y me ponía colorado como un tomate maduro. No sabía ni que decirle a mi querida primita de toda la vida.
Por otra parte a la muerte de mi padre, mi madre se encargó de los importantes negocios familiares para que yo fuera a la Universidad a estudiar, porque mi ancestro siempre decía: “Aunque nuestros negocios van bien, nunca se sabe y una carrera siempre es un seguro para trabajar.”
Empecé mis estudios universitarios como un loco, una carrera, que pensé me quitaría todos mis complejos, Medicina.
Sabía que no era “gay” porque una vez un chalado de tercero quiso quedar conmigo en la sala de disección y al intentar meterme mano, le di un puñetazo en la mandíbula y una patada en “cierto sitio” que creo que el pobre dejó también de ser “gay” y se dedicó a estudiar y sólo estudiar. Y no tiramos al que nos habían traído de la Morgue, de milagro.

¡No podía seguir así! Cuando me duchaba, me aliviaba lo que podía, soñando con la chica que me encontraba en el portal y que siempre huía para no subir junto a ella en el ascensor. La misma que me hacía soñar con que alguna vez sería mía. Era secretaria de los dueños de Zapaterias “Algorta”.

Consulté durante un mes entero, dos veces por semana, con un psicólogo y finalmente me dio la receta que andaba buscando:
- Tienes que perder el miedo. Una mujer no es más ni menos como un hombre. Necesita que se la adule un poco para que se crea superior. Pero tú eres un hombre guapo, bien parecido. Estás estudiando una carrera estupenda y con notas de sobresaliente.
- ¿Y qué hago para vencer este miedo ridículo a acercarme a la chica que no me deja ni dormir? Tengo que tomar anfetaminas para poder estudiar, y como siga así no termino la carrera, no por ganas, si no por agotamiento.
- Pues vas a hacer lo siguiente, le vas a citar a esa chica de tus sueños para una entrevista de trabajo. Te inventas que buscas una secretaria para llevar tus negocios, que se que tienes, porque tu padre te dejó las papelerías y las imprentas. Y aunque las lleva tu madre aún, para que sigas estudiando lo que gustas, ella no te va a poner problemas para que figures de Administrador.
- Es muy buena idea. ¿Y qué hago?
- Pues como es un asunto de trabajo le pasas una carta a su buzón y quedas con ella en uno de los despachos de tu madre. Una vez allí, ya verás como se te ocurre algo importante. Sobre todo háblale, no dejes de hablarle sobre los negocios y sobre la Medicina.

La escribí la nota en el ordenador: A la atención de Natalia Sánchez:
“Se que eres una estupenda secretaria y los negocios familiares necesitan de una persona de tu valía. Tu sueldo será mejorando el presente sin duda. Acude a la entrevista en el despacho de Papelerías Morata sito en la
calle Pez, 34, pasado mañana, a las once A.M. Confirma tu asistencia en el teléfono impreso al final de la nota:”

Bajé de noche a los buzones y la deposité en el que sabía era el de sus padres, con los que seguía viviendo.

A la tarde siguiente sonó el teléfono.
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Soy Natalia, Natalia Sánchez. Llamo por lo del trabajo de secretaria.
- Ah, ya. Yo soy Carlos Morata- casi me desmayo, y de hecho me puse rojo como un tomate.
- Mañana voy a las once en punto. ¿Le parece bien?
- Uhmmmm- Dios mío, es ella, creo que me da algo- Bien, si muy bien. Lleve su currículum- se me ocurrió de pronto. ¡Idiota!( me dije) a ver si lo estropeo- Bueno si quiere- añadí.
- Claro, sí, tengo uno no muy grande, pero tengo otro nuevo.
- UHF, perdón- carraspeé mientras pensaba en sus pechos- los dos, digo, lleve el último.
- Adiós, Don Carlos.
- Carlos, sólo Carlos- sudaba tinta china y colgué.

Esa noche no dormí. Pensaba que todo iba a ser un fracaso. No sabría que decir. Mi madre me animaba. Sabía todo. Lo del psicólogo, lo de la secretaria, lo de mi timidez.
- Mira, hijo, yo te dejo mi despacho. Pon tu foto en la mesa. La de tus padres contigo y dale un ambiente familiar a la entrevista. No seas tímido. La invitas a tomar algo. Tenemos el mueble bar, la cafetera,…
- Bueno haré lo que pueda.

A las once en punto. Alfredito, dependiente de siempre, anuncia su llegada.
- Don Carlos, la señorita de la entrevista está aquí.
- Que pase enseguida.


Una exuberante Natalia, arreglada como no esperaba, con una falda de cuero, cortita, y una blusa roja con un escote generoso estaba delante de mi mesa.
- Carlos. Tienes un despacho maravilloso. Creo que seré una buena secretaria. Me gusta trabajar en un ambiente agradable.
- ¿El currículum?- se me ocurrió como única cuestión, mientras la miraba a los ojos.
- ¿No te parece poco, yo misma?- y de pronto me la encontré entre mis brazos. Y casi nos caemos al suelo, al girar el sillón rotatorio.
- Noooo- mis labios quedaron atrapados entre los suyos y sentí que me desvanecía.
- Vamos, sobre la alfombra y te curaré para siempre.

Me curó. Me amó. Hicimos el amor tres veces. ¡Y nadie nos interrumpió! A las dos horas nos fuimos a tomar un café y cuatro copas a Cafetería Maxin`s
Nos vimos al día siguiente en mi casa. A la semana siguiente en Barcelona. Al mes siguiente en París.
Y allí me enteré que mi madre había preparado todo con el psicólogo y con la chica. Le habían ofrecido tres mil euros, pero supe que ella no los aceptó. Me quería desde niño y se comía las uñas por mi cortedad. Había intentado chocarse conmigo en las puertas del ascensor más de mil veces y yo la había esquivado otras tantas.
¡Ya nunca más la esquivaría! ¡Bienaventurados los psicólogos comprados por las madres!
Terminé mi carrera de Medicina, hice el MIR con nota muy alta, y puse una consulta de Oftalmología, que no me impedía atender a los otros negocios, ya que busqué socios. Me casé con Natalia y con ella sigo.







Publicado por quijote_1971 @ 20:53  | Amor
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