Martes, 01 de mayo de 2007
Las calculadoras no dejan pensar


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Lo que pasó aquél día de junio en un examen, creo que es para ser contado.
Normalmente, los alumnos que se han preparado un poco están nerviosos porque temen fallar cuando se les presenta el examen delante. Es la hora de la verdad.
Los alumnos se sentaron en las filas, que previamente había distribuido de forma que los intentos de copiar estuvieran controlados.
Algunos, como siempre intentaron colocarse, de forma rápida en mesas contiguas. A estos, les separaba de inmediato.
- ¿Por qué me cambia, Don Roberto?- me dice uno de ellos.
- Pues para que estés más lejos de tu amigo. No os dé la tentación de pasaros alguna “chuletita”- respondí raudo.
- Nosotros nunca copiamos, tenemos en cuenta lo que nos dice usted, sobre que es mejor no intentar engañarle. Si contestamos poco, nos lo valora, si es del propio esfuerzo.
- Vale. Siéntate, que voy a repartir las hojas.


De forma habitual, pasé las hojas fotocopiadas del examen. Constaba de tres problemas y de cuatro cuestiones breves, como casi siempre, para calificar a dos puntos cada problema, como máximo, claro, y a un punto por cuestión.
Y la pregunta de casi siempre. Llegó enseguida:
- ¿Se puede usar la calculadora?
- Sí. Lo que ocurre es que cada uno debe usar la suya- No tenía ningún problema sobre las calculadoras, aunque algunos compañeros se obstinaban en no dejarlas. Yo les decía: Pero si son las máquinas modernas de calcular. Lo más importante es el razonamiento. El que expliquen como hacen el problema, no lo que resulta del cálculo final, que en la vida real siempre van a usar la calculadora o el ordenador.

- No dejan pensar, Roberto- me decía un compañero-las calculadoras no dejan pensar.
- Bueno, yo no lo creo, si en un problema les pregunto el cálculo de la altura del árbol, midiendo el ángulo desde una cierta distancia, tienen que pensar, que si les resulta mil metros de alto, no tiene sentido, que me digan porque utilizan la tangente del ángulo o lo que sea, que es lo importante. No les pongo 30º, les pongo, 32º 15’ para que utilicen la calculadora.
En algunos casos, recuerdo, como en trabajos estadísticos, por ejemplo en el cálculo de la media de la estatura de los alumnos de primero de Bachillerato, les resultó, a un equipo de discentes; 123, 5 metros. ¡No piensan, en sí el resultado tiene sentido o no! Un error de botón en la calculadora les proporciona un resultado erróneo y a algunos les da lo mismo, porque creen que la calculadora es infalible.

Pero les insistía mucho a mis alumnos, que tenían que pensar. Lo primero ver sí el resultado tenía coherencia y después repasar los cálculos.
Ya llevábamos unos quince minutos de tiempo para contestar, y dos alumnos se habían rendido. No les dejaba entregar. Tenían que seguir pensando. Pero de pronto:
- Don Roberto, por favor- oigo, que casi implora, Elvira, una alumna trabajadora, pero que le cuesta mucho el llegar a comprender algunos teoremas- ¡La calculadora se me ha escacharrado!

¡Escacharrado!, quiere decir, rota, destrozada, ¡vamos!, que no calcula nada.
Me acerco a ella y le pregunto:
- ¿Qué le ocurre?
- ¡Que quiero calcular la raíz cuadrada de uno, y no se mueve! ¡Sigue el uno! ¡Sigue el uno, en la pantalla!
No me inmuté. No debía reírme. Tenía que ayudarla, pero pasó por mi mente romperle la calculadora de verdad.
- Piensa, ¿qué operación es la recíproca de la raíz cuadrada?
- Espere, espere,… ¡Ya! Multiplicar un número por sí mismo. ¿No?
- Multiplica uno por uno a ver que te resulta.
- ¿Cómo, uno por uno? ¡Qué tontería! Unoooooooooooo.
- Pues piensa, Elvira, piensa.

Después de un intervalo que me pareció una eternidad, viendo como cambiaba el color de la cara de la alumna, primero lívida, temiendo por el escacharramiento de su máquina infalible y ahora casi roja de vergüenza, por su excitación alocada, escucho:
- ¡Ah! ¡Ya, perdón, perdón!- contestó finalmente.
- Piensa, siempre piensa, antes de dar resultados.

Aquél día pensé en eliminar las calculadoras de los exámenes, pero me contuve. Las máquinas están en la vida real. Y un aula debe preparar para ello.


Publicado por Lanzas @ 21:38  | Costumbres
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