Viernes, 27 de abril de 2007
EL NOVIO DE MI AMIGA

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Aquel curso me estaba resultando agotador. Clases por las mañanas; prácticas por la tarde. No tenía tiempo de nada más. Tenía la sensación de que me perdía así algo de mi vida. Mi madre me había dicho en algún momento, que dada nuestra levedad, hay que aprovechar cada instante de nuestra existencia. Pensando en esto me lancé a preparar un viaje a Italia, en la que ya había estado pero con unos tíos míos. Pero, ahora quería ir con unas amigas. Solas. A ver qué pasaba. A ver si encontraba al tipo que andaba buscando sin éxito cada fin de semana.
El problema era como siempre el dinero ¡Qué bárbaro! No se puede hacer nada sin él.
Después de cavilar y cavilar, accedí a quedarme con mi pequeña sobrina, ya que mi hermana se iba de viaje a México y no quería llevarla, y me dijo que si me quedaba cuidando a la nena me daría después algún dinerillo. Pasé una semana terrible cuidando a Silvia, que es una niña preciosa y a la que quiero mucho, pero que no está quieta un instante; pero todo fuera por el dinerillo y lo que pensaba me iba a divertir en Italia.
La verdad era que aquel verano no lo había pasado muy bien. Mis amigas más íntimas salían con dos muchachos, y yo me había quedado un poco sola. Tenía más amigas, pero las anteriores eran con las que yo más confianza tenía y más a gusto me encontraba; así pues, no había salido todo lo que me apetecía ya que más de un fin de semana no tuve con quién salir de marcha.
Cuando se me ocurrió lo de Italia pensé en una prima con la cual me llevo muy bien, casi de mi edad, y otra amiga y compañera de curso. Las tres iríamos en plan de ver muchas cosas y sobre todo las tiendas. ¡Las tiendas! Con lo caro que está todo allí; ¡más que en España! Tenía que reunir unos seiscientos euros por lo menos, para poder irme; así que pensé en buscarme un trabajito que pudiera compaginar con mis clases.
Tuve suerte: el novio de una de mis más queridas amigas, la cual, por cierto estaba en Francia con una Beca para estudiar el francés, era un tipo agradable y parecía buena persona.
Le comenté lo que deseaba y me dijo que conocía a un chico de su facultad que se encargaba de buscar estudiantes para trabajar por horas en Congresos y otros eventos, como camareras, azafatas y cosas por el estilo. Se pagaba por horas, y me dijo que eran siete euros la hora de trabajo. Me pareció bien y acepté el trabajo en el Palacio de Congresos de la ciudad en que resido.
Iba a empezar un jueves a las siete de la tarde y no sabía cuando terminaría.
El novio de mi amiga me dijo que él estaría allí el primer día, para ayudarme en lo que pudiera. La verdad, era una excelente persona.
Entré a las siete, y el trabajo consistía en servir a los asistentes bebida y tapas. Fue un ir y venir sin parar, hasta las diez de la noche. Lo peor fue después de que todos se hubieron marchado, el tener que recoger todos los vasos, platos, copas y restos de lo que allí se había comido y bebido. Álvaro, así se llamaba, me acompañó hasta el final e incluso me ayudó en la recogida del salón.
Cuando hubimos terminado eran las once y media de la noche.
Me disponía a salir cuando el muchacho me dijo:
-¡Cris!, ¿te vas sola?
- Sí; pero voy a llamar a un taxi.
-Mira, si te parece bien, puedo acercarte a tu casa; me he traído el coche…
De repente no supe qué contestar. La amabilidad de ese chico era extraordinaria y me hacía sentir algo molesta, no sabía aún por qué.
-¡Oye, no te preocupes! Ahora mismo llega el taxi. Ve tranquilo –dije apresuradamente algo azorada.
-¡Que no! Que no es ninguna molestia. ¡Anda sube! Y así te ahorras lo del taxi.
Caminé hacia el automóvil y cuando él abrió las puertas, entré al lado del conductor.
Álvaro se acomodó en el asiento del piloto y se abrochó el cinturón. Yo hice lo propio.
Arrancó con cierta brusquedad y los neumáticos nos encaminaron hacia mi casa.
Durante el trayecto apenas cruzamos algunas palabras. Yo sin saber bien el motivo, tenía algo parecido a una sensación de culpabilidad. ¿Estaba haciendo algo indebido, quizás?
Giré mi cara para mirar distraídamente al joven. Era guapo y sobre todo me agradaba enormemente su forma de ser.
¡Qué suerte había tenido mi amiga al encontrarle!
Llegamos a la calle donde resido y aparcó frente a mi casa. Hice el gesto de abrir la puerta, cuando su brazo derecho se posó con firmeza sobre mis hombros. Quedé paralizada. Sentí cómo mi pulso se aceleraba y una oleada de calor invadió mi cuerpo.
Noté cómo su mano izquierda tomaba mi cara y la hacía girar hacia su rostro.
Me vi muy pequeña en sus pupilas y noté su cálido aliento cuando sus labios se acercaban a mi boca. Quise desasirme, pero me lo impidió estrechando más el abrazo.
Su lengua penetró en mi boca y la recorrió suavemente produciéndome sensaciones que nunca antes imaginé. Mi resistencia se derrumbó, y mi lengua acarició la suya con la torpeza que origina la pasión. ¡Dios mío, qué inexperta era!
Sus manos dejaron mi rostro y bajaron suavemente para acariciar mis senos. Comprendí que ya no podía más y haciendo un gran esfuerzo le aparté de mí. Salí del coche y corriendo entré en mi casa jadeando de nervios y placer, al tiempo que me sentía mal por haber cedido.
¡Era el novio de mi mejor amiga!

Entré rápido en mi dormitorio. No quería que mis padres me viesen tan alterada. Cuando me quitaba la ropa de calle sonó mi móvil.
-¡Hola, Cris! Perdona lo que ha pasado. No he podido evitarlo. ¡Escucha!, te seré franco. Me gustas mucho, es más, ¡estoy enamorado de ti!
No pude responder. A mí también me gustaba, me gustaba demasiado; pero no podía. ¡No! No podía aceptarle. Sentía una rabia enorme. ¡Cuando al fin me gustaba un hombre y yo a él! Pero la amistad era para mí algo muy preciado. Colgué. No volvería a aquel palacio de Congresos. Ya me apañaría de otra manera para poder viajar a Italia – pensaba – mientras seguía quitándome la ropa, y una lágrima descendía por mi pecho para morir en mi sujetador


Publicado por mariangeles512 @ 20:44  | Amor
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