Domingo, 15 de abril de 2007
Me enamoré de ...


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Caminaba con ella a mi lado. Mis pies dejando sus huellas en la fina arena. El mar soñaba conmigo, a mi lado. Me sentía embriagado de placer. Su cálido aliento, perfumado de jazmín, escanciaba en mis oídos quejidos de amor que confortaban mi alma. Deseé que aquella noche no terminara. Me sentía abrazado, besado, amado de una manera tan sutil, tan como yo siempre soñara, que jamás creí vivirlo. Raudales plateados seguían refulgiendo sobre la cálida arena mientras por el oriente una leve transparencia hacía barruntar un alba imposible.
Cuando la realidad se apoderó de mí, y el viento me trajo la primera luz de la aurora, ella desapareció. La busqué todo el día, pero ¡ella no volvió!
Rendido, me dirigí a mi casa; allí esperé todo el día a que ella volviera; pero, ¡no volvió!
Cuando el cansancio me venció, y me dormí, deseé que el sueño me alejara de aquella fantasía.
De pronto, y desde lo más profundo, sentí que me tocaban y me abrazaban. ¡Era ella!
Todo a mi alrededor se había tornado garzo, y de nuevo, la argentina luz se atrevía a traspasar mi ventana. Me incorporé y la abracé, sintiendo mi ser pletórico de gozo de nuevo.
Mi dicha fue inmensa. Porque yo me enamoré de la noche y, ¡ella me correspondió!


Publicado por mariangeles512 @ 20:43  | Misterio
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