S?bado, 31 de marzo de 2007
El día de mi boda.

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Por fin conocí a la mujer de mis sueños. Y decidimos casarnos, no sin vencer la resistencia de sus padres, que me consideraban un alocado para su linda hija.
Les acabé convenciendo con que tendría una seguridad económica, ya que nuestra empresa de Informática iba viento en popa.
Mis padres no querían ni hablar de bodas, porque las que habían subvencionado hasta ahora, la de mi hermana Margarita y la de mi hermano Luis, habían acabado a cual peor. Margarita con tres niños y otro en camino, abandonada por un corredor de comercio que se fue a correr con un travestido, creyendo que era una mujer y se le cargó; anda en la cárcel y nadie queremos saber nada de él.
Y mi hermano Luis se fue a Francia con una alemana muy gorda de tanto comer hamburguesas y beber litros de cerveza, encima se dedica a negocios sucios que no queremos ni conocer.
Y ahora quedo yo, el menor, que mis hermanos me llevan diez años y doce respectivamente, siendo este tarambana un descuido imperdonable para mis padres y creo que hasta para mi.
Todo me da lo mismo, gano mucho dinero con los ordenadores y conocí a mi querida Alicia en una fiesta de fin de curso. Ella es economista ¿y yo?, ¿no se lo he dicho?: Ingeniero Informático. Montamos la empresa que tenemos en marcha, nos va de maravilla y sin ella valgo aún menos de lo poco que valgo.
- Pichulina- le llamo-cuando nos casemos estaremos siempre juntos.
- Petardín- me llama-estoy deseando hacerlo para sentarnos en nuestro sofá abrazados hasta que se haga la hora de acostarnos.
- ¡No me llames Petardin, que sabes que no me gusta, Alicia querida.
- Pero si te llamo lo que dicen mis padres en aún peor: ¡Petardo, que explotas por nada!
- Bueno llámame Paquito, que es suficiente.
Preparamos la boda con sumo cuidado. Nos casábamos en la iglesia de San Antonio y la comida la contratamos en el restaurante Imperial, el mejor de toda la ciudad, con la cantidad de ellos que había. Langostinos, melón con jamón, ternera a la brasa regada con vinos de primera y postres de ensueño. Una tarta de cinco pisos que íbamos a cortar con una espada, que era como la tizona. A cuatro manos lo íbamos a hacer.

El cura nos impartió un cursillo, junto a otras cuatro parejas,¡menudo rollo! Pero bonito. Nos habló de lo importante que era para los hijos que nos amásemos lealmente por el resto de nuestras vidas, que ofreciéramos nuestros sufrimientos a Cristo crucificado, que él se ofreció por nosotros.

Bueno, la cosa era aguantar el sermón y que nos casara en la Iglesia en que mi suegra se había casado.
- Allí fue nuestra boda hace cuarenta años, ya ves, seguimos juntos. Que a mi hija le ocurra lo mismo.
- Su hija me tendrá a mi de por vida, no se preocupe, Nati-le respondía.
El día señalado llegó. Como locos andaban mis padres llamando a los de la Limusine, para recoger a la novia. Yo iría en coche de caballos, el de mi amigo Enrique, el ganadero. A las doce del mediodía del día doce del mes de septiembre, entraba en la iglesia del brazo de mi prima Vanesa.

La celebración fue de ensueño, hasta cantaron la marcha nupcial los niños del coro de San José.
Nos casamos. Nos hicieron miles de fotos, nos besaron y babearon mil amigos y familiares. Y llegamos al hotel casi exhaustos de tanto trajín. La novia necesitaba ir al amplio cuarto de baño de aquel hotel suntuoso.

- Paquito, espérame tranquilo, que vuelvo enseguida
- No tardes, que vamos a empezar la comida. La orquesta está preparada.
- No, no.
Pasaron cinco minutos, que me parecieron un siglo, porque los invitados armaban un jaleo impresionante.
Pasaron diez y ya no pude contenerme. Mi madre me quiso cortar el paso. Venía de los aseos.
- Espera un poco más, estará arreglándose.
- Voy a ver, no sea que se haya desmayado.

Me solté del brazo de mi madre y me lancé a las puertas del amplio servicio.
Al entrar se podían escuchar unos gemidos de placer, que yo conocía.
- ¡Sigue!, ¡sigue!, me matas- Un velo blanco, colgaba por la puerta del aseo.
- ¡Arggggggggg! ¡Toma y toma!- estos gruñidos, me parecieron de mi amigo Lupi.
Abrí violentamente la puerta del amplio aseo y sobre mi cayó el trasero de Alicia, que estaba apoyado en la puerta y pude ver el “tarugo” de mi ex-amigo Lupi, el cual no acertaba a tapar su enorme falo.

Agarré al atrevido por un brazo y le estampé contra uno de los lavabos sobre encimera de mármol, quedando desnudo y desnucado.

Alicia se puso a llorar de forma alarmante y al poco aquello se llenó de gente incrédula y de policías energúmenos.
Ahora estoy en la cárcel, pero espero que por poco tiempo, ya que mi abogado adujo locura transitoria y estoy pendiente de la apelación.
Cuando salga se va a enterar la Alicia del demonio. ¡Qué razón tenían mis padres!


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Viernes, 30 de marzo de 2007
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La Pasión de Jesucristo



Había predicado el amor, había resumido los mandamientos en dos:”Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Para el Sistema de entonces, como ahora, eso era muy peligroso. ¿Cómo podían los judíos permitir el perdón y poner en peligro a escribas y fariseos sus privilegios tan bien montados? ¿ Cómo podían los romanos admitir un revolucionario que predicaba un Dios que amaba a todos por igual? ¡Había que dar un escarmiento a tamaño “embaucador” de masas hambrientas de Justicia y de esperanza!
Los del Sanedrín tenían que denunciarle a los romanos por querer erigirse en Rey y encima no de este mundo, los romanos tenían que darle un escarmiento. Primero Pilatos, duda, se inquieta, ante la insigne presencia de un personaje que se mantiene firme, sin miedo ante la muerte y que dice ¡ESTAR EN POSESIÓN DE LA VERDAD! Bastarán unos cuantos latigazos y dejarle un poco como diversión de los soldados, ya hartos de la lejanía de su Roma Imperial y proclives a usar la tortura como entretenimiento.
Los encargados de los látigos de siete colas con bolas de acero, expertos donde los haya, se aplican a la labor, saben que no hay que darle en el corazón, porque eso significaría la muerte, le azotan atado a una columna del patio de torturas, hasta que la sangre les salta hasta los ojos y se expande por todo el patio, luego se sientan y le penetran las sienes con una corona de espinas de rosal bien entretejida, para que no se caiga fácilmente. El reo no ve apenas entre las gotas de sangre que le ciegan y apenas oye, cuando Pilatos le presenta casi desconocido entre su propia sangre:” He aquí el hombre”, quiere decir: Ya apenas queda nada de él después de la tortura, ¿Aún pedís más? Pues se asombra, los judíos, a los cuales venía a redimir, ¡si quieren más!¡Crucifícale!¡Crucifícale!
Se le carga con el madero trasversal y al Gólgota; a la cima del cerro donde se crucifica a ladrones y asesinos. La crucifixión es una tortura romana, donde los reos mueren lentamente por asfixia implacable, que es después de tres o más horas terminada por agotamiento de los verdugos con la quiebra de las rodillas para acelerar el proceso asfixiante. Se cree que muchos reos mueren por infartos o anginas de pecho, incapaces de soportar tanto dolor. A Jesús se le clava por las muñecas, que revientan los clavos de acero y por los pies, con un solo clavo, poniendo una rodilla doblada para que sea más eficaz. La sangre resbala por el madero vertical, cuando le elevan el trasversal hasta encajarle, llegando hasta el suelo, que riega durante varias horas. ¿Cómo soporta tamaño horror? Su complexión robusta, ahormada en el tajo del taller de carpintería de su padre adoptivo, donde desde niño supo atender a los vecinos de Nazaret en sus muebles y hasta en sus vigas, le ayudan, ¿O hacen mas largo el suplicio? Por fin expira, y el centurión, que ya tiene prisa por volver a su casa le lancea en el costado, porque aunque ya está muerto,¡Por si acaso! Sangre y agua, de los pulmones encharcados le saltan a los ojos que se restriega y ¡Oh paradojas, le hacen ver! Y exclama: “¡Verdaderamente era el Hijo de Dios! ¿Todo se ha consumado? ¡No! Falta el entierro y la RESURRECCIÓN, para esto había venido a la Tierra. “El que me siga vivirá eternamente”. Cuando volatiliza el cuerpo mortal y deja impreso en el sudario para la eternidad el suplicio sufrido para redención de todos los hombres, es cuando todo está cumplido. “Id y predicad por todo el mundo el evangelio” “la Buena Nueva” “La Esperanza”.
Muchos cristianos han seguido y siguen sus enseñanzas, son martirizados y son puestos fuera del Sistema, por peligrosos, por revolucionarios, por alborotadores, ¡No conviene que sean atendidos!¡Acabarán con nuestro predominio”. Dejémosles, mientras esperen la otra vida, pero no les dejemos si quieren subvertir esta ahormándola a su “Buena Nueva”. Hoy en el siglo XXI de Cristo, Dios Nuestro Señor, el Mundo egoísta sigue crucificando mártires y apartando revolucionarios. El sufrimiento hasta morir a la “edad que no es alegre morir”, los 33 años, ya no será como el suyo, será la víspera y una descarga de un pelotón de fusileros en unos minutos irrepetibles.


Publicado por Lanzas @ 19:48  | Dramas
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Mi?rcoles, 28 de marzo de 2007

El asesino de los Carnavales.

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El primer día de carnavales en Cádiz fue excelente. Las murgas y comparsas habían ensayado durante meses su repertorio y sin problemas pasaron la noche amenizando a tantos visitantes como se acercaron a la “tacita de plata”.
A la mañana siguiente en un espigón sobre el mar, muy cerca de la Catedral, apareció un hombre apuñalado en el pecho, vestido de arlequín.
La policía informó al juez de que una sola puñalada le atravesó el corazón. Una máscara negra con la típica nariz cubría su rostro y al comprobar su identidad resultó ser un conocido comerciante del Centro. Seguramente no habría ido solo a la fiesta. Las averiguaciones confirmaron que había quedado con tres amigos de hacía muchos años, y que se lo estaban pasando muy bien, cuando de pronto Paco López, que éste era su nombre se separó de sus amigos porque les dijo que había quedado con una mujer en la plaza de San Antonio, y que luego la presentaba. Ya no le volvieron a ver y supusieron que se había animado como para pasar la noche con ella y se olvidaron.
- Es un mazazo, lo que ha ocurrido- confesaba Carlos Reche, uno de los amigos del finado, al Inspector de policía.
- No sabemos quien era la mujer- confesaba otro de los amigos.
Era preciso encontrar alguna pista sobre la mujer. Francisco López no estaba casado y a sus cuarenta años se le conocían pocas aventuras con mujeres. Sus padres ya eran muy mayores y el disgusto que les había causado su asesinato no les dejaba articular palabra.
El Inspector Muñoz era el asignado al caso. Muy ducho en esclarecer asesinatos pasionales cuando los responsables se hacían los inocentes. Ya había detenido a más de dos docenas de amantes asesinos que se hacían los distraídos, no digamos de los que confesaban con facilidad.


El segundo día, viernes, fue igualmente fatídico. Otro hombre de unos cuarenta años apareció igualmente apuñalado. Demetrio Sánchez era un joyero de mucho prestigio en Cádiz y de nuevo se extendía el dolor por la ciudad. Y también iba vestido de arlequín.

El Inspector Muñoz se dispuso a resolver estos crímenes sin darse descanso. Estaban desprestigiando a los carnavales, como en tiempos pasados, que acabaron siendo suspendidos por acumulación de sucesos dramáticos.
También se había separado de sus amigos y lo mismo, les dijo que tenía una cita con una mujer muy hermosa en la Plaza de San Antonio. Como no querían interferir en sus amores, no le siguieron y lo lamentaban.
- Lucena, vamos a camuflarnos esta noche de arlequines, con los intercomunicadores alerta. Les llevamos encendidos para escuchar lo que nos suceda- se le ocurrió al Inspector Muñoz, dirigiéndose a su ayudante más asiduo.
- Creo que es lo mejor, mantendremos a toda la comisaría y a los locales alerta, por si la trampa surte efecto.

A las ocho de la noche del sábado todos estaban pendientes de la proclamación de la Diosa adulta y el pregón por Pasión Vega. Los policías locales habían montado un dispositivo de vigilancia especial, pues el número de visitantes era increíble y el Delegado del Gobierno no quería contratiempos.

- Lucena, ¿me oyes?-pregunta el Inspector.
- Si, perfectamente, el pingajillo lo llevo incrustado en el oído.
- Me parece que hoy no va a actuar la asesina, hay demasiada vigilancia.
- No se confíe Muñoz, no se confíe.

De pronto una mujer disfrazada de Marylin Monroe con antifaz, agarra por el brazo al atento inspector.
- Mi alma, ¿quieres venir conmigo al muro?
- Como no, querida, vamos.
El muro se extiende junto al mar y existen dos escaleras por donde se baja a un pequeño muelle lleno siempre de contenedores, donde habían aparecido los dos cadáveres.
Lozano alertó a otros cuatro policías de lo que estaba ocurriendo y de forma paulatina se fueron alejando formando una cadena tétrica en pos de la artificial pareja.
Cuando llegaban junto al muro, la mujer se abrazó al fornido policía y le besó en la boca con pasión.
- ¿Qué pretendes mujer?
- ¡Matarte!- dice, mientras una hoja de acero brilla en la mano de la exuberante mujer.
- No vas a poder esta vez- y cogiéndola con una llave de judo la hace caer junto a él.
- ¡Deténgase, póngase de rodillas!- gritan cuatro policías casi al unísono.
La mujer estaba atontada y casi sen sentido. La cogen casi en volandas entre una mujer policía y el propio inspector Muñoz hasta la acera, donde dos coches de policía ya esperaban su llegada.
Después de un tortuoso camino entre una gran muchedumbre y hasta con cámaras de televisión, el corto trayecto hasta la Comisaría en la Avenida de Andalucía se hizo más largo que de costumbre.
En la sala de interrogatorios la mujer se desmorona aún más y casi no puede articular palabras.
- El año pasado, durante los carnavales, oigan, durante los carnavales, un arlequín me violó en el muro. ¡Juré vengarme!
- Pero mujer, ¿le denunció?- interroga Muñoz.
- Me violó, el muy cabrón, me ¡violóooooooooo!- y no dijo más.

El lunes siguiente los expertos nombrados por el Juez de guardia dictaminaron que la mujer estaba totalmente traumatizada y no razonaba. Parece que se propuso acabar con todos los arlequines del carnaval, porque para ella eran los culpables, sin importar para nada distinguir uno de otro.

- Lozano, estamos volviéndonos todos locos, con tanto carnaval- comenta Muñoz.
- Ni que lo diga, inspector. Lo malo es que los violadores traumatizan a sus víctimas de forma irreversible muchas veces.

Ambos policías bajan las escaleras de la Comisaría y se despiden hasta la próxima misión.


Publicado por interazul @ 21:15  | Misterio
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Martes, 20 de marzo de 2007
¡Otra primavera!


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¡Otra primavera!

¡Radio Continental, le desea buen día y suerte, son las siete de la mañana! Así comenzaba a despertarme todas las mañanas, menos cuando ya estaba dándole vueltas a la cabeza desde las seis o antes, que debí hacer el día anterior y no realicé o lo que debería hacer el día que amanecía.
Pero hoy era diferente, ¡era el día de mi boda!

Acordé casarme con Laura al día siguiente de conocerla. Era una mujer especial. No porque fuera una amante loca y apasionada, que es lo que yo deseaba fervientemente, si no porque a su lado me sentía protegido, cuidado, mimado, y para ella, yo era necesario. Así me dijo:
- ¡Te adoro, amor! Eres como el aire que necesito para respirar, eres un encanto y vas a hacer conmigo de compañero imprescindible.
- Me dejas sin resuello, cariño mío-le respondí-quiero que vivamos juntos hasta que la vida nos abandone.
Eso fue hace más de tres años. Al principio, cada día que pasaba, después del trabajo agotador en mi bufete de abogado, quedábamos para comer durante un leve tiempo, que se me hacia insuficiente y por la noche quedábamos en mi apartamento del centro, muy cerca del despacho y comentábamos todo lo que nos había pasado durante la larga tarde. Pero después que ella encontrara un trabajo que le gustaba, durante días no nos veíamos, porque ella viajaba mucho ofreciendo perfumes de calidad a tiendas diversas.
Nos pusimos de acuerdo en casarnos el primer día de primavera de 2007, es decir el 21 de marzo, y en este día estamos.

Me duele un poco la cabeza y siento que todo me da vueltas. Los amigos me llevaron de juerga hasta muy tarde antesdeayer y aún no me he recuperado del todo. ¡Ya se sabe!, las despedidas de soltero suelen ser agotadoras. Ayer vi a Laura radiante, más guapa que nunca y con una ilusión que me contagiaba que me hacía desesperarme por no haberlo hecho antes. ¡Ya no nos separaríamos nunca!

Nos vamos a casar en el Ayuntamiento de nuestra ciudad, con muy pocos testigos, porque es día de diario, pero hemos invitado a todos el sábado, día 24 en un buen restaurante para celebrar lo que todos conocen.

Me visto rápido, mientras atiendo con el móvil a mi amigo Rober, que hará de padrino.
- No estés nervioso, que ya la conoces bien- me dice- te estoy esperando a la puerta.
- Si estoy totalmente tranquilo, es lo que deseo desde que la conocí.

Me encajé finalmente la corbata y me enfundé el traje nuevo de cuatrocientos cincuenta euros, que bien valía para la ocasión. Cuando ya estaba dispuesto a salir, el móvil, siempre el nefasto celular inoportuno, suena de forma inapelable.
- Dime, ¿quién eres?
- Soy Marta, ¿no te acuerdas?
- ¿Martaaaaaaaaaaa?-casi me caigo de la emoción, Marta había sido mi compañera durante cuatro años, antes de conocer a Laura.
- Si, cariño, si y quiero que nos veamos de inmediato, porque nuestro hijo debe conocer a su padre. Ya tiene más de tres años y es buena edad para ello.
- ¿Cómoooo, qué tengo un hijo contigoooo? ¿No te ponías el diafragma aquél?-Estaba pensando que me querían gastar una broma.
- ¿Te haces la prueba de ADN? No te dije nada antes, hasta ver si recapacitabas, pero Filo me dijo que te ibas a casar con esa fulana.
- ¡Más respeto, que Laura es una buena mujer!-La realidad es que había sido, hasta conocerla, un poco alocado, y éste imprevisto, en el fondo sabía que me podía ocurrir.
- Bien pues yo tampoco le voy a la zaga. Así que reconoce a tu hijo, y ya está.

Tenía que aclarar esto, para ello rápidamente pensé, en que hoy no me podía casar. Lo primero hablaría con Laura, pero para quitarme a Marta de encima, al menos por un par de horas.
- Bien, te llamo dentro de dos horas y quedamos para ver que hago.
- ¡O. K.! Ya tengo los papeles preparados para llevarlos al juzgado, y luego te casas con quien quieras, pero mi hijo debe saber quien es su padre.
- ¡Vale!- respondí cada vez más contrariado.

Una vez que colgué, llamé a Laura, pero claro, ella estaría ya camino del Ayuntamiento. ¡Eran las once y cuarto! Y la boda estaba fijada a las once y media.
Bajé a la calle y allí estaba Rober con su Mercedes de gran cilindrada, como acordamos.
-Llévame rápido al Consistorio, ya te cuento por el camino.
Cuando llegamos, Laura estaba subiendo las escaleras.
- Espera, Laura, hoy no nos podemos casar.
- ¿Cómo dices?- Creí que me iba a abofetear, cuando le conté lo que ocurría. Y lo hizo.
- ¡Perdona, no sé siquiera si es verdad!-dije en mi defensa.
- Todo este tiempo sin decirme que tenías un hijo con otra. Y lo mejor, es que te voy a decir algo: Yo también espero un hijo tuyo.
Cogí a Laura por el brazo y la metí en el auto, con Rober al volante, como habíamos convenido y le hablé y supliqué, que yo iba a ser su marido, que Marta se quedara con su hijo y ya vería.
- ¡Eres odioso, nos embarazas a las dos y tú tan tranquilo!¡Seguramente pensarás hacer conmigo lo mismo y yo engañada todo este tiempo!
- No, tranquilo no estoy en absoluto. Yo te quiero y todo se arreglará.

Y ahora estoy pensando como arreglar este lío. ¿Me ayudan?


Publicado por Lanzas @ 21:42  | Amor
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Martes, 13 de marzo de 2007
Sobre los escombros.


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Me encuentro abatido, sin fuerzas para moverme, hambriento y sediento.
Hace poco, las cosas eran bien diferentes. Los muros que rodeaban la gran casa habían sido sólidos, de piedra, con rejas de hierro forjado y volutas con pan de oro. Y esos muros no habían sido construidos para impedir la entrada a nadie, más bien para delimitar los terrenos con mis vecinos.
El portalón por el cual entraban caballos, coches y gentes diversas nunca cerró sus puertas. El ancho camino de albero ribeteado de árboles diversos, destacando los pinos y los abedules, pero con castaños, cipreses y hasta algún eucalipto sirvieron siempre de guía y de sombra a los viajeros, hasta llegar al porche, de grandes dimensiones, donde los encargados de las caballerizas atendían a los corceles y aparcaban los coches en el patio colindante con la entrada a la mansión.
No hacía muchos años, embajadores, enviados especiales, mensajeros encopetados y representantes traían sus séquitos y a todos se les recibió con galas, cenas y acuerdos que siempre deseaban repetir. Los anchos salones eran suficientes para las galas y yo desde mi sillón impartía saludos, firmaba convenios y cuando era necesario, al mismo nivel que mis invitados les saludaba y con grandes apretones de manos cerrábamos pactos que eran secundados por todos los vecinos, porque a ellos también les convenía.

¿Por qué los muros fueron derribados, y hoy son cúmulos de piedras y de hierros oxidados? ¿Quién se atrevió a tumbar el portalón y depositó encima grandes peñascos para que nadie le levantara? ¿Cómo es que las caballerizas fueron destruidas y los pocos caballos que quedan, vagan famélicos pactando por el descuidado césped, otrora alfombra manteada y verdosa?
De la casa no quedan más que piedras y arcos punteados semiderruidos, los cuadros suntuosos que colgaban en los salones han desaparecido. Las mesas, los candelabros, los manteles son amasijos, pasto de las ratas y de algunos gatos abandonados.

Los tejados caídos, las habitaciones, antes acogedoras, ahora ni existen en tal caos. Las fuentes de los jardines están mudas, cuado antes cantaban alegremente formando los caños graciosos racimos. ¿Quién las secó?
Los árboles del camino se están secando y algunos caen sobre él cortando el paso. ¿Quién les derribó?

Me encuentro sentado sobre los escombros de la que fue mi casa, con las ropas hechas jirones, los cabellos grises y una descuidada barba me cuelga sobre el pecho. Sólo uno de mis perros me acompaña. Está sentado a mi lado, hambriento y sediento como yo.

¿Seré capaz de reconstruirlo todo de nuevo? Las fuerzas no me acompañan, pero recuerdo a mis abuelos y por supuesto a mis padres, cuando aún todo era un solar sin límites claros, esforzándose en levantar los muros primero, la casa después, y las caballerizas más tarde. Construyeron con ayuda de sus hijos todo lo que yo disfruté durante décadas. ¡Nunca es tarde, para empezar de nuevo, si aún un hálito de vida me acompaña! Empezaré por buscar comida, en las granjas de al lado y comeré y daré de comer a mis animales. Después lo reharé todo.


Publicado por Lanzas @ 17:55  | Misterio
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Lunes, 05 de marzo de 2007
Aterrizaje.



Me deslizo por una pendiente sin final. El arrullo del viento implacable hace insoportable la caída. La veo entre los árboles como si estuviera a mi lado. Sé que esto es imposible.
Quiero creer que sale a mi encuentro. La oigo perfectamente:
- Luis, amor mío, yo estoy esperándote como te prometí. No me dejes sola ahora.
- Nuestro hijo será un gran hombre con nuestra ayuda. Ya voy.

Caras descompuestas se apretujan contra la mía. La de un niño de dos años me hace soñar con el que lleva María en su vientre. Es nuestro hijo, es el resultado de nuestro cariño. Un hombre sin brazos pasa a mi lado y un sin fin de máscaras cuelgan grotescamente sobre mi cabeza.
¡Estoy dentro de un laberinto de muelles, maletines, bolsas y espumas!
No veo apenas nada. Una bruma lo llena todo, lo vacía y a la vez lo completa.
Empiezo a ser consciente de lo que pasa. Hace un momento, según sobrevolábamos la Amazonia, una voz dijo:
-¡Prepárense para un aterrizaje forzoso, el avión se ha despresurizado!
- ¿Despresurizado? ¿Es esto posible?
Y ahora caemos todos retorcidos las personas y los hierros en el bosque interminable del Amazonas.
¡Mi último pensamiento es para ti, mi amor! Tú me esperas en la terminal, estaré contigo y nuestro hijo para siempre.

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Publicado por quijote_1971 @ 19:34  | Dramas
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Jueves, 01 de marzo de 2007
Explosión controlada.



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Venían anunciándolo en la prensa y por medio de cartas directas a los vecinos de los inmuebles que podían ser afectados. Se trataba de volar una roca que en la construcción de los túneles del metro había que eliminar.
Decían que se trataría de una “explosión controlada”, que la roca había sido totalmente recubierta por unas planchas de acero y que al volarla todos los pedazos quedarían dentro. Para explicarlo utilizaban el símil de que dentro de un recipiente hermético se iba a destruir en pedazos una bola de mármol. Ningún pedazo saldría al exterior y no había peligro de corrimientos de tierra, porque la zona estaba totalmente apuntalada con diques de hierro.
Se recomendaba, de todas maneras que los vecinos afectados dejaran sus casas entre las diez y las doce de la mañana del día 24 de enero.

¡Sólo por precaución! ¡Nada más que por precaución!

El día anunciado había llegado. La policía local se encargó de ir inmueble por inmueble comprobando que todos salían y sí era hora de estar en casa que se colocaran detrás de la barrera que habían montado al efecto a unos quinientos metros del centro de la explosión.

Eran las once treinta de la mañana. De pronto una gran grieta en medio de la calzada se abrió y por ella la tierra comenzó a escupir lingotes de acero del tamaño de los ladrillos de la construcción. Unos cayeron sobre los edificios colindantes arrancando persianas, toldos, cristales y hasta barandales. Otros cayeron sobre los espectadores, causando el pánico y heridas diversas a más de doscientas personas. Uno de los edificios, como si de un castillo de naipes se tratara se derrumbó sobre sí mismo dejando en su lugar un cráter de fuego y lodo.

Más de mil vecinos quedaron afectados perdiendo sus casas para siempre. Las autoridades salieron después de tres horas de la tragedia explicando que se había tratado de un pequeño error de cálculo en el tamaño de la carga explosiva. Parece ser, dijeron por otra parte unos expertos, que no se selló una grieta en las planchas de acero y por ella el material rocoso se convirtió en proyectiles.

Los sobrevivientes se manifestaron durante días pidiendo que se reconstruyeran sus viviendas y que el metro no pasara por allí.
Aún hoy después de dos meses de la “explosión controlada” se siguen preguntando ¿Si no llega a ser controlada hubiera quedado alguien para contarlo?


Publicado por Lanzas @ 23:13  | Dramas
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