Mi?rcoles, 28 de marzo de 2007
El asesino de los Carnavales.
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El primer d?a de carnavales en C?diz fue excelente. Las murgas y comparsas hab?an ensayado durante meses su repertorio y sin problemas pasaron la noche amenizando a tantos visitantes como se acercaron a la ?tacita de plata?.
A la ma?ana siguiente en un espig?n sobre el mar, muy cerca de la Catedral, apareci? un hombre apu?alado en el pecho, vestido de arlequ?n.
La polic?a inform? al juez de que una sola pu?alada le atraves? el coraz?n. Una m?scara negra con la t?pica nariz cubr?a su rostro y al comprobar su identidad result? ser un conocido comerciante del Centro. Seguramente no habr?a ido solo a la fiesta. Las averiguaciones confirmaron que hab?a quedado con tres amigos de hac?a muchos a?os, y que se lo estaban pasando muy bien, cuando de pronto Paco L?pez, que ?ste era su nombre se separ? de sus amigos porque les dijo que hab?a quedado con una mujer en la plaza de San Antonio, y que luego la presentaba. Ya no le volvieron a ver y supusieron que se hab?a animado como para pasar la noche con ella y se olvidaron.
- Es un mazazo, lo que ha ocurrido- confesaba Carlos Reche, uno de los amigos del finado, al Inspector de polic?a.
- No sabemos quien era la mujer- confesaba otro de los amigos.
Era preciso encontrar alguna pista sobre la mujer. Francisco L?pez no estaba casado y a sus cuarenta a?os se le conoc?an pocas aventuras con mujeres. Sus padres ya eran muy mayores y el disgusto que les hab?a causado su asesinato no les dejaba articular palabra.
El Inspector Mu?oz era el asignado al caso. Muy ducho en esclarecer asesinatos pasionales cuando los responsables se hac?an los inocentes. Ya hab?a detenido a m?s de dos docenas de amantes asesinos que se hac?an los distra?dos, no digamos de los que confesaban con facilidad.


El segundo d?a, viernes, fue igualmente fat?dico. Otro hombre de unos cuarenta a?os apareci? igualmente apu?alado. Demetrio S?nchez era un joyero de mucho prestigio en C?diz y de nuevo se extend?a el dolor por la ciudad. Y tambi?n iba vestido de arlequ?n.

El Inspector Mu?oz se dispuso a resolver estos cr?menes sin darse descanso. Estaban desprestigiando a los carnavales, como en tiempos pasados, que acabaron siendo suspendidos por acumulaci?n de sucesos dram?ticos.
Tambi?n se hab?a separado de sus amigos y lo mismo, les dijo que ten?a una cita con una mujer muy hermosa en la Plaza de San Antonio. Como no quer?an interferir en sus amores, no le siguieron y lo lamentaban.
- Lucena, vamos a camuflarnos esta noche de arlequines, con los intercomunicadores alerta. Les llevamos encendidos para escuchar lo que nos suceda- se le ocurri? al Inspector Mu?oz, dirigi?ndose a su ayudante m?s asiduo.
- Creo que es lo mejor, mantendremos a toda la comisar?a y a los locales alerta, por si la trampa surte efecto.

A las ocho de la noche del s?bado todos estaban pendientes de la proclamaci?n de la Diosa adulta y el preg?n por Pasi?n Vega. Los polic?as locales hab?an montado un dispositivo de vigilancia especial, pues el n?mero de visitantes era incre?ble y el Delegado del Gobierno no quer?a contratiempos.

- Lucena, ?me oyes?-pregunta el Inspector.
- Si, perfectamente, el pingajillo lo llevo incrustado en el o?do.
- Me parece que hoy no va a actuar la asesina, hay demasiada vigilancia.
- No se conf?e Mu?oz, no se conf?e.

De pronto una mujer disfrazada de Marylin Monroe con antifaz, agarra por el brazo al atento inspector.
- Mi alma, ?quieres venir conmigo al muro?
- Como no, querida, vamos.
El muro se extiende junto al mar y existen dos escaleras por donde se baja a un peque?o muelle lleno siempre de contenedores, donde hab?an aparecido los dos cad?veres.
Lozano alert? a otros cuatro polic?as de lo que estaba ocurriendo y de forma paulatina se fueron alejando formando una cadena t?trica en pos de la artificial pareja.
Cuando llegaban junto al muro, la mujer se abraz? al fornido polic?a y le bes? en la boca con pasi?n.
- ?Qu? pretendes mujer?
- ?Matarte!- dice, mientras una hoja de acero brilla en la mano de la exuberante mujer.
- No vas a poder esta vez- y cogi?ndola con una llave de judo la hace caer junto a ?l.
- ?Det?ngase, p?ngase de rodillas!- gritan cuatro polic?as casi al un?sono.
La mujer estaba atontada y casi sen sentido. La cogen casi en volandas entre una mujer polic?a y el propio inspector Mu?oz hasta la acera, donde dos coches de polic?a ya esperaban su llegada.
Despu?s de un tortuoso camino entre una gran muchedumbre y hasta con c?maras de televisi?n, el corto trayecto hasta la Comisar?a en la Avenida de Andaluc?a se hizo m?s largo que de costumbre.
En la sala de interrogatorios la mujer se desmorona a?n m?s y casi no puede articular palabras.
- El a?o pasado, durante los carnavales, oigan, durante los carnavales, un arlequ?n me viol? en el muro. ?Jur? vengarme!
- Pero mujer, ?le denunci??- interroga Mu?oz.
- Me viol?, el muy cabr?n, me ?viol?ooooooooo!- y no dijo m?s.

El lunes siguiente los expertos nombrados por el Juez de guardia dictaminaron que la mujer estaba totalmente traumatizada y no razonaba. Parece que se propuso acabar con todos los arlequines del carnaval, porque para ella eran los culpables, sin importar para nada distinguir uno de otro.

- Lozano, estamos volvi?ndonos todos locos, con tanto carnaval- comenta Mu?oz.
- Ni que lo diga, inspector. Lo malo es que los violadores traumatizan a sus v?ctimas de forma irreversible muchas veces.

Ambos polic?as bajan las escaleras de la Comisar?a y se despiden hasta la pr?xima misi?n.

Publicado por interazul @ 21:15  | Misterio
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