Martes, 20 de marzo de 2007
¡Otra primavera!


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¡Otra primavera!

¡Radio Continental, le desea buen día y suerte, son las siete de la mañana! Así comenzaba a despertarme todas las mañanas, menos cuando ya estaba dándole vueltas a la cabeza desde las seis o antes, que debí hacer el día anterior y no realicé o lo que debería hacer el día que amanecía.
Pero hoy era diferente, ¡era el día de mi boda!

Acordé casarme con Laura al día siguiente de conocerla. Era una mujer especial. No porque fuera una amante loca y apasionada, que es lo que yo deseaba fervientemente, si no porque a su lado me sentía protegido, cuidado, mimado, y para ella, yo era necesario. Así me dijo:
- ¡Te adoro, amor! Eres como el aire que necesito para respirar, eres un encanto y vas a hacer conmigo de compañero imprescindible.
- Me dejas sin resuello, cariño mío-le respondí-quiero que vivamos juntos hasta que la vida nos abandone.
Eso fue hace más de tres años. Al principio, cada día que pasaba, después del trabajo agotador en mi bufete de abogado, quedábamos para comer durante un leve tiempo, que se me hacia insuficiente y por la noche quedábamos en mi apartamento del centro, muy cerca del despacho y comentábamos todo lo que nos había pasado durante la larga tarde. Pero después que ella encontrara un trabajo que le gustaba, durante días no nos veíamos, porque ella viajaba mucho ofreciendo perfumes de calidad a tiendas diversas.
Nos pusimos de acuerdo en casarnos el primer día de primavera de 2007, es decir el 21 de marzo, y en este día estamos.

Me duele un poco la cabeza y siento que todo me da vueltas. Los amigos me llevaron de juerga hasta muy tarde antesdeayer y aún no me he recuperado del todo. ¡Ya se sabe!, las despedidas de soltero suelen ser agotadoras. Ayer vi a Laura radiante, más guapa que nunca y con una ilusión que me contagiaba que me hacía desesperarme por no haberlo hecho antes. ¡Ya no nos separaríamos nunca!

Nos vamos a casar en el Ayuntamiento de nuestra ciudad, con muy pocos testigos, porque es día de diario, pero hemos invitado a todos el sábado, día 24 en un buen restaurante para celebrar lo que todos conocen.

Me visto rápido, mientras atiendo con el móvil a mi amigo Rober, que hará de padrino.
- No estés nervioso, que ya la conoces bien- me dice- te estoy esperando a la puerta.
- Si estoy totalmente tranquilo, es lo que deseo desde que la conocí.

Me encajé finalmente la corbata y me enfundé el traje nuevo de cuatrocientos cincuenta euros, que bien valía para la ocasión. Cuando ya estaba dispuesto a salir, el móvil, siempre el nefasto celular inoportuno, suena de forma inapelable.
- Dime, ¿quién eres?
- Soy Marta, ¿no te acuerdas?
- ¿Martaaaaaaaaaaa?-casi me caigo de la emoción, Marta había sido mi compañera durante cuatro años, antes de conocer a Laura.
- Si, cariño, si y quiero que nos veamos de inmediato, porque nuestro hijo debe conocer a su padre. Ya tiene más de tres años y es buena edad para ello.
- ¿Cómoooo, qué tengo un hijo contigoooo? ¿No te ponías el diafragma aquél?-Estaba pensando que me querían gastar una broma.
- ¿Te haces la prueba de ADN? No te dije nada antes, hasta ver si recapacitabas, pero Filo me dijo que te ibas a casar con esa fulana.
- ¡Más respeto, que Laura es una buena mujer!-La realidad es que había sido, hasta conocerla, un poco alocado, y éste imprevisto, en el fondo sabía que me podía ocurrir.
- Bien pues yo tampoco le voy a la zaga. Así que reconoce a tu hijo, y ya está.

Tenía que aclarar esto, para ello rápidamente pensé, en que hoy no me podía casar. Lo primero hablaría con Laura, pero para quitarme a Marta de encima, al menos por un par de horas.
- Bien, te llamo dentro de dos horas y quedamos para ver que hago.
- ¡O. K.! Ya tengo los papeles preparados para llevarlos al juzgado, y luego te casas con quien quieras, pero mi hijo debe saber quien es su padre.
- ¡Vale!- respondí cada vez más contrariado.

Una vez que colgué, llamé a Laura, pero claro, ella estaría ya camino del Ayuntamiento. ¡Eran las once y cuarto! Y la boda estaba fijada a las once y media.
Bajé a la calle y allí estaba Rober con su Mercedes de gran cilindrada, como acordamos.
-Llévame rápido al Consistorio, ya te cuento por el camino.
Cuando llegamos, Laura estaba subiendo las escaleras.
- Espera, Laura, hoy no nos podemos casar.
- ¿Cómo dices?- Creí que me iba a abofetear, cuando le conté lo que ocurría. Y lo hizo.
- ¡Perdona, no sé siquiera si es verdad!-dije en mi defensa.
- Todo este tiempo sin decirme que tenías un hijo con otra. Y lo mejor, es que te voy a decir algo: Yo también espero un hijo tuyo.
Cogí a Laura por el brazo y la metí en el auto, con Rober al volante, como habíamos convenido y le hablé y supliqué, que yo iba a ser su marido, que Marta se quedara con su hijo y ya vería.
- ¡Eres odioso, nos embarazas a las dos y tú tan tranquilo!¡Seguramente pensarás hacer conmigo lo mismo y yo engañada todo este tiempo!
- No, tranquilo no estoy en absoluto. Yo te quiero y todo se arreglará.

Y ahora estoy pensando como arreglar este lío. ¿Me ayudan?


Publicado por Lanzas @ 21:42  | Amor
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