Jueves, 15 de febrero de 2007
Un muerto a los postres- Capítulo V


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El lunes fue un día clave para esclarecerlo todo. Los agentes designados detuvieron a los chinos en el apartamento que compartían en el centro de Sevilla, cerca de la calle Sierpes. Aparentemente estaban tranquilos y negaron tener nada que ver con las drogas, pero un registro minucioso descubrió una doble pared de un armario que estaba lleno de paquetes de opio.

El Inspector Arrieta dirigió los interrogatorios por separado de los dos individuos.

- Señor Chue, el tráfico de drogas no está permitido en España. ¿Por qué se metió en esto? ¿No eran suficientes los componentes electrónicos?
- No importal, no importal, dentro de poco estar fuela.
- ¡No tan deprisa, amigo! ¿Qué me dice del señor Alonso? ¿Él está implicado también?
- Sí. Sí, él era el que manejaba los hilos- mintió de forma descarada.
- Mire no lo creo, las informaciones que tenemos no van en ese sentido.
Cuando terminó con Chue, un Ma- Tse-Tan muy torpe y que necesitó de un intérprete de la policía confesó.
- Su jefe nos ha dicho que envenenó al señor Alonso sin su consentimiento- mintió el sagaz inspector.
- Yo sólo cumplo órdenes de Chue, pero no envenené al señor Alonso- él sólo implicó o porque el interprete lo hizo muy bien, a su jefe.
- ¿Entonces puso el cianhídrico en el vino la noche del sábado?
- ¡Fue él! Nos quedamos en otro hotel hasta las doce de la noche y él entró en el de residencia de los Alonso por una ventana de las cocinas, que había comprobado que no se cerraba. Echó el veneno que tenía en un frasco que un químico le había preparado.
- ¿Y él nos ha dicho que fue usted para equivocarnos? Me temo que les vamos a detener no sólo por la droga si no por asesinato.
- ¡Noooo! ¡Soy inocente!- grita Tan.
- ¡Llévenselo!- les dice a los agentes de guardia el inspector.
Había que asegurarse antes de enviar al juez los datos que tenía. Volvería a interrogar a la señora Alonso para cotejar dos datos:
Uno, el que su marido no tenía nada que ver con el tráfico de drogas, dos que ella no tenía nada que ver con los chinos.

Para ello urdió un plan. Tenía que hacerla creer que los chinos la habían implicado, aunque él no lo creía y así conseguir que confiada le dijera algo que entrara en contradicción. Como no la iba a implicar esperaba que no llamara a un abogado de momento.
La residencia de los Alonso, estaba en los Remedios, una gran mansión en un edificio remozado de principios de siglo, de los que quedan en ese barrio sevillano.
Una vez dentro del espacioso salón, la señora, toda de negro riguroso, atiende al moreno inspector con una expresión entre fría y agotada:
- ¡Dígame, inspector, ¿ha detenido ya a los chinos?- se lo ponía muy fácil.
- Pues sí, señora, por tráfico de drogas y por el asesinato de su marido.
- No le devolverá la vida, y la mía ya no será lo mismo sin él. Llevábamos muchos años unidos en todo.
- Los señores con los que trabajaban son peligrosos. Por cierto ellos dicen que su marido estaba implicado en lo de las drogas.
- ¡No, no es cierto! Si eso fuera cierto yo lo sabría. Él no me ocultaba nada.
De pronto el inspector pensó que había un eslabón perdido, que era el señor Linares, secretario de Alonso y qué según tenía entendido mano derecha de él hasta que murió.
- Señora Alonso, ¿qué opinión le merece Eduardo Linares?
- Muy buena, es, bueno era, el secretario de mi marido y su hombre de confianza en el trato con los chinos.
- Voy a hablar con él. Siento todo lo sucedido, la autopsia ha confirmado el paro cardiaco producido por veneno. Cree el forense que el cianhídrico había sido tratado de forma muy inteligente para pasar desapercibido su olor característico durante horas, dentro del vino.

Arrieta fue a casa del secretario. Este le estaba esperando en su lujoso piso del Centro de Sevilla, lo cual le extrañó algo al policía, pero mejor no dejarse influenciar.
-Pase, adelante inspector. Siento lo ocurrido y espero que detengan al asesino cuanto antes.
- Veamos, según nuestros datos, usted conocía a fondo los tratos de su jefe en la empresa, ¿no?
- Perfectamente.
- Entonces puede decirme si notó alguna irregularidad últimamente en el comportamiento del señor Alonso.
- Me alegro que me pregunte esto. Yo le alerté hace varios meses de que los paquetes venían como mal cerrados. Él habló con los chinos y parece que les dejó muy claro que no consentiría ningún tráfico extraño a la empresa. Nos iba muy bien y aunque la codicia humana es insaciable, a Luis nunca le creería capaz de hacer algo tan bajo.
- Los señores Chue y el otro ¿que opinión le merecen?
- Pues me decepcionaron, ya que creo que querían meternos a todos en el tráfico de drogas.
Arrieta se despide del señor Linares y empezaba a tener la solución al rompecabezas. Mejor pasarle al Juez todo lo instruido y que él decidiera.

Continuará….


Publicado por interazul @ 21:36  | Misterio
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