Mi?rcoles, 31 de enero de 2007
Un muerto a los postres- Capítulo IV

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La señora Alonso, le cuenta al inspector como habían quedado el viernes todos los dirigentes de la empresa Infortotal en el hotel para compartir uno o dos días de descanso y a la vez ultimar algunas cuestiones mercantiles.

- ¿Los señores Chue y el otro, se marcharon muy pronto, no?
- Sí, a las siete de la tarde, más o menos- responde Carmen.
- ¿Y los Müller?
- Algo más tarde, a las ocho o quizás, más. Me acuerdo muy bien, porque estuve hablando con mi amiga Beni y miró el reloj y me dijo que Adolfo quería irse como muy tarde a las ocho. Mi marido hablaba con él amistosamente - mientras Arrieta hacía las preguntas, su ayudante Eguilaz tomaba notas con su ordenador de bolsillo.
- Eguilaz, vaya a preguntar a los franceses. Veamos que saben.

Mientras Eguilaz salía, el Inspector Arrieta comunicaba a la viuda, que de momento el cadáver de su marido sería remitido al Clínico de Sevilla, para hacerle la Autopsia. Ella podía irse cuando quisiera a su casa.

Mientras el subinspector entrevistaba a los franceses, él se fue a recepción para comprobar los datos guardados, con las direcciones en Sevilla de los socios de Alonso.

Una vez, el Juez manda el cadáver al Clínico, los dos policías se reúnen en el hall del hotel.
- Veamos, Eguilaz, ¿qué has sacado a los franceses?
- Bien los monsieurs, que hablan bastante bien español, dicen que vieron discutir al alemán con Don Luis Alonso poco antes de marcharse. Uno de ellos pilló algo así como: “No vamos a meternos en negocios sucios”, nada más.
- Hay que llamar a Sevilla. Voy a hablar con el Inspector Jefe Pacheco.

Arrieta habla con Pacheco:
- Es preciso que localices a los siguientes señores-dándole nota de todos los que se supone ya en Sevilla relacionados con la empresa-es necesario, aunque sea domingo, que localicen a todos, pues alguno puede irse al extranjero.
- De acuerdo, en principio, ¿pido órdenes de detención o no?
- Cuándo les hablen de la muerte del empresario, es preciso observar su reacción. Si alguno no se le puede localizar, proporciónate orden de busca y captura, pues es posible que sea el asesino o su encubridor. Manda a gente experta.
- Eso haré. Te esperamos aquí, pues sé que te han asignado el caso.


La noticia salta por la radio de la policía, mientras el Inspector y su ayudante sew dirigen a Sevilla:
“Alijo de opio en unos fardos que contenían componentes electrónicos. Se está investigando la presunta implicación de un transportista alemán, afincado en Sevilla”
- Eguilaz, ese es Müller, seguro.
- Me parece que esto va ser pan comido, inspector. Ese señor seguramente ha eliminado al señor Alonso, porque era un obstáculo para sus propósitos, pero el ignorante no sabe que andábamos tras él desde hace tiempo.

Así era, el registro de una serie de paquetes importados desde China y alrededores había dado sus frutos, montándose un dispositivo de control de forma que los camiones de Müller habían estado bajo vigilancia.

Arrieta llama de nuevo a Pacheco, ya cerca de Sevilla:
- Me acabo de enterar de lo del alijo, es preciso detengan al alemán.
- Está ya en la Comisaría. Te estamos esperando.
Cuando entran en la nueva comisaría en la Alameda de Hércules, recientemente inaugurada, un agente de guardia les indica que el mismo Inspector jefe les está esperando en una sala de interrogatorios.
- Veamos Señor Müller, ¿sabe usted que tal está su socio Alonso?- le espeta Arrieta, una vez que conoce que no se le ha comunicado nada de su muerte.
- ¿Por qué me pregunta eso? Ayer le dejé en el Hotel Gran Golf de Matalascañas estupendamente.
- ¡Ha sido asesinado!
- ¿Cómo, qué me dice?- aparentemente demuestra estar extrañado.
- Puede llamar a un abogado, es preciso que sepa que es usted sospechoso.
- Vamos a ver les voy a contar lo que sé. No necesito abogado de momento, porque estoy seguro de que no he matado a nadie y menos a mi amigo. Unos chinos me propusieron el trasladar cajas con componentes informáticos por toda Europa y si quería ganarme una buena pasta, ¡En que hora les escuché! Me tendría que dejar meter algo de opio, cuando trajera la mercancía desde el Este hasta Sevilla. Que no me preocupara que miran poco los camiones, porque todas las sospechas las dejan para los barcos y aviones.
- Espere, espere, interrumpe el Inspector Pacheco. ¿Admite lo de la droga? ¿Sabe que le pueden caer quince años de cárcel si coopera puede que diez?
- Pero sé que no he matado a mi amigo. ¡Joder! ¡Mich cago in der Mutter, die sie gekalbt hat!
- ¿ Necesita traductor?
- No, no solo era: ¡Me cago en la madre que les parió a esos chinos de mierda!
- Guarde las formas, que además pueden acusarle de racista.
Una vez fuera los policías intercambian puntos de vista, deciden imputar a Müller de tráfico de droga, llamar al Juez de Guardia para que les de las órdenes de detención para Chue en Lie y Ma-Tse-Tan e irse a descansar hasta el lunes.

Continuará…
¿Es seguro, que los chinos son los asesinos? ¿No pudieron tratar con Alonso y buscaron la opción del alemán?


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S?bado, 27 de enero de 2007
LA BURRA VALIENTE

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Mi primo y yo nos montamos en la burra de Miguel, un vecino de mi abuelo, para dar un corto paseo desde la casa al prado, donde la dejamos pastar toda la ma?ana.
El bobalic?n de Jos? iba delante llevando la rienda, un solo ramal de c??amo tirando de la brida sin bocado, yo como pod?a, me agarraba a sus hombros para no caerme de la grupa.

No era la primera vez que dirig?amos al animal por la estrecha calleja entre las dos casas de piedra, hasta desembocar a la plaza del pueblo y seguir hasta la campi?a.

Lo que si era la primera vez es que una vaca de grandes dimensiones, tratara de forma inopinada acceder desde el otro extremo del pasadizo, justo en sentido contrario al nuestro.
- Jos?, que la vaca y la burra no caben juntas por el pasillo este.
- ?No seas miedica!, ya estoy tirando de la brida para que recule el animal.

Pero al ser un solo ramal, la burra no entend?a la orden, s?lo giraba como loca y en una de estas me baj? o me tir?, me puse delante de ella y tir? de la brida. ?Esto s? lo obedec?a!

Pero los peligros no iban a zanjarse ah?. Una vez salimos al campo, estando muy cerca de la era, la manada de vacas de Mill?n, otro vecino de mi abuelo, tambi?n buscaba pasto de forma acalorada, por gracia de un vaquero de v?a estrecha, que las arreaba para que llegaran cuanto antes e ir ?l a comerse el pan con chorizo de la ma?ana, a toda prisa.

Y claro, las ten?amos a menos de veinte metros del trasero del animal. La burra, que se llamaba Mariposa, parece que las oli? m?s que la vio y como ya hab?a tenido la experiencia de hacia un ratito le dio por echar a correr. ?Cuanto m?s corr?a la burra, las vacas m?s se espabilaban! Yo botaba como un pelele en la feria y mi primo se empe?aba en querer frenarla. En una de estas, la burra se fren? en seco y el tontorro de mi primo y este salimos por encima de las orejas del bruto animal y quedamos encima uno del otro en escorzo incre?ble.

La Mariposa salta por encima de nosotros y ?cosa extra?a! Llenos de ara?azos y sangrando, parece que no nos hemos roto nada.
- Juanito, que las vacas est?n ah? y son m?s de treinta, como nos pillen ya no lo contamos.
- Ya veo, ?mira que frenarla as?! ?Como salga de esta te voy a dar una patada en la espinilla!
- ?Corre, corre, que nos pillan!
?Menos mal! El vaquero se dio cuenta de lo que pasaba y las desvi? justo a tres metros de nuestro lado. Agarramos la borrica y la llevamos poco a poco, andando hasta la campi?a. Nos lavamos en la fuente, nos tumbamos a la sombra de un manzano y aqu? estamos viendo caer las manzanas, como me dice el maestro que hace un tal Newton.

Publicado por quijote_1971 @ 20:34  | Costumbres
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Jueves, 25 de enero de 2007
El desv?n abandonado


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Mi abuelo tiene una casa muy grande, con tres plantas, una cochera y un desv?n.
La entrada es muy grande, pues por ella entran carruajes con sus caballos y todo.
En la planta baja viven dos hijos con sus familias, de una de las cuales formo yo parte.
En la alta, los abuelos, a los cuales visito a diario, para jugar con mi querido abuelo Pedro, a las damas y al parchis. Casi se me olvida decir que me llamo Juan y que tengo diez a?os.
Todos me llaman Juanito ?piernas largas?. Tengo tres primos, pero uno, que le llamamos todos ?Cochero?, pero que su nombre real es Jos?, tiene dos a?os m?s que yo y tambi?n juega con el abuelo y conmigo todas las tardes, mientras la abuela prepara la cena.
El desv?n est? justo encima de d?nde ellos viven, y seg?n mi abuelo, en ?l han metido durante a?os todo lo que se queda viejo, inservible o no vale nada, pero que les da pena tirar tanto a ?l como a sus hijos.
Yo he visto subir dos l?mparas, un arc?n lleno de ropas antiguas, una escultura que hizo mi t?o hace a?os, dos cuadros muy grandes y muchas cosas m?s.
Mi primo, dice, para asustarme, que en el desv?n viven fantasmas de nuestros antepasados, que vagan en busca de ni?os para convertirse de nuevo en seres vivos, al arrancarles el coraz?n. Yo s? que eso es mentira, cuando quiera subir? al desv?n para ver si hay algo interesante para jugar.

- Juanito, otra vez me has comido la dama- dice mi abuelo Pedro
- Es que gracias a tus ense?anzas, me estoy haciendo un maestro.
- Bueno, como sube tu primo, vamos a jugar todos al parchis. ?Adriana! Trae a los ni?os unas mantecadas, que no han merendado.
El abuelo siempre tan solicito con nosotros, pero no se entera que preferimos chorizo, salchich?n y chocolate, antes que las grandes mantecadas que hace la abuela, que desde luego son buen?simas.

Esa tarde, seg?n salimos por la puerta, le digo a Jos?:
- ?Por qu? no subimos al desv?n a ver lo que hay? Yo no tengo miedo.
- ?Vale! La llave est? puesta en la cerradura. El abuelo no la quita nunca.
Subimos sigilosos, en un momento estamos junto a la puerta, que es peque?a, pero muy fuerte, de madera, tiene una llave enorme que hay que girar para que se abra sobre las bisagras.
Mi primo gira la llave y entramos. Encendemos la luz, que es una bombilla pelada, en el techo, adem?s a?n entra algo de claridad de la tarde y vemos bien.
Lo primero que vemos es una gran telara?a que cuelga del ventanuco que hay en lo alto y que tiene un cristal de color pergamino, no s? si por los a?os o por los sucio. A la derecha unas estanter?as met?licas en las que se apilan libros viejos, l?mparas antiguas, cacharros de metal, de los que ten?an antes para calentar al fuego de las chimeneas las comidas.

Un poco m?s all? dos esculturas de m?rmol, que una me parece la que tengo en un libro del Colegio.
- Jos?, ?es la estatua de Julio C?sar?
- ?Tonto!, es una imitaci?n, que mi padre ha ido a Bellas Artes y de trabajo le pon?an a hacer copias.
- ?Ah, ya!

A la izquierda hay dos cuadros enormes, que est?n tapados por unas s?banas que fueron blancas hace a?os. Al destapar la primera, un trueno enorme casi nos deja sordos. La luz el?ctrica desaparece, por el ventanuco se oye la fuerza de la lluvia y lo peor de todo, mi primo presa del p?nico sale corriendo por la puerta cerr?ndola tras de s?.

Yo intento abrir pero no puedo. Entre el fragor de la tormenta y el grosor de paredes y puerta, me parece que hasta que el tonto del ?Cochero? no se acuerde que me dej? aqu? solo, no salgo.
Mejor seguir mirando los cuadros. Enciendo una linterna, que hab?a cogido al entrar, que mi primo no vio y descorro el primer lienzo. Una cabeza sobre una bandeja, todo muy oscuro, en las manos de un hombre que se acerca a una mujer (m?s tarde supe que era la cabeza de San Juan y ella es Salom?) parece que sale de la bandeja y va a rodar hasta donde yo estoy. Me retiro y tropiezo con una de las esculturas que ahora enfoco.
- ?Mam?!?Es una serpiente enorme! ?Ven a por m?!- pero otro trueno impide toda posibilidad de que mis abuelos me oigan.

Veo el gran arc?n. Si al menos dentro hubiera algo con que hacer ruido, un tambor o una corneta o algo as?.
Me acerco y con mucho trabajo, entre chirridos de goznes desengrasados, abro el arc?n.
- ?Socorro! ?Hay un muerto, socorro!
Una cara roja con cuernos, con unos ojos vac?os y una perilla negra me contemplan. Estoy paralizado de miedo y creo que me hago mis necesidades encima, oigo un ruido sobre el suelo de tarima, como un riachuelo, que creo que es mi propio or?n.
- Muerto de miedo es lo que est?s.
- ?Socorro, no me mates, no me quites el coraz?n.
- ?Pero Juanito, que soy tu abuelo- Ahora le veo, la luz ha vuelto y la voz es del otro lado del arc?n, a mis espaldas.
- ?Abuelo, abuelo!- mi primo me dej? encerrado.
- Mira que asustarte con el disfraz de demonio que llev? en los carnavales de hace un mont?n de a?os, no seas miedoso, anda baja con tu abuela que te de ropa limpia.

No cre?is que dej? de subir al desv?n, pero siempre que lo hice a partir de entonces, cog?a la llave y hasta que no sal?a de nuevo, no volv?a a meterla en la cerradura. As? pod?a abrir desde dentro con facilidad
.

Publicado por quijote_1971 @ 18:27  | Misterio
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Un muerto a los postres- Cap?tulo III



El viernes por la noche, como acordaron, todos estuvieron en el Hotel Gran Golf de Matalasca?as.
Cenaron todos juntos de forma muy amistosa celebrando el ?xito de la compa??a que tan bien marchaba.
El s?bado quedaron en el campo de golf cercano y desde las diez de la ma?ana hasta pasadas las dos de la tarde dieron rienda suelta a su?hoby?. Despu?s de un rato en la sauna del hotel quedaron de nuevo todos en el comedor. Alonso pidi? una botella de vino de Ribera de Duero. Los dem?s prefirieron cervezas y agua mineral. La costumbre es que si no se termina la botella, como as? ocurri? en esta ocasi?n, los camareros la apartan con una etiqueta de la habitaci?n correspondiente, para la noche o para el d?a siguiente. Las de vino tinto las dejan sobre una mesa al final del sal?n, las de vino blanco las introducen en los frigor?ficos.

Por la tarde la se?ora Alonso sali? a la peluquer?a del propio hotel, seg?n dijo a su marido, mientras ?ste se qued? viendo una pel?cula en la habitaci?n.
A las dos horas volvi? y le dijo a Luis.
- Vamos a la cafeter?a, no esperan a ma?ana ni los chinos ni nadie y no tengo ganas de cenar. Tomamos algo sencillo, nos acostamos pronto. Ma?ana nos vamos a dar un gran paseo por la playa, ya que estaremos solos y descansamos del golf.
- De acuerdo.

En la cafeter?a hubo una peque?a discusi?n entre Alonso y M?ller. Mientras las esposas charlaban animadamente sobre lo ?ltimo en moda, ellos decidieron dejar lo que trataban cuando Carmen intervino:
- ?Qu? ocurre?
- Nada importante Carmen, es que Luis es un hombre muy honrado, no admite ninguna trampa. Me parece estupendo.
- ?Qu? cosas tienes, si el octavo hoyo estuvo bien metido! ?Nada de trampas!- dice Luis.
- De acuerdo, mi amigo.

Los primeros en marcharse fueron los chinos. Ten?an asuntos que resolver en la ma?ana del domingo, pues estos no descansan ni los domingos apenas. Despu?s lo hicieron M?ller y su mujer. Y casi de forma simult?nea Eduardo junto con su compa?era. Los que se quedaron y estaban el domingo fueron los franceses y sus esposas, adem?s del finado y la suya.
???

Cuando el teniente Morales descubri? el misterio de la botella, Carmen se sinti? presa del p?nico.
- ?Han sido los chinos! ?Han sido los chinos!- repet?a una y otra vez.
- Veamos, se?ora. ?qui?nes son los chinos?-el teniente, como era natural estaba desbordado, porque ni hab?a o?do nada de chinos, ni hab?a ninguno en el hotel.
- Ver?, han estado dos chinos estos d?as anteriores en el hotel- dice el Sr. Calleja, gerente del establecimiento.
- ?Y ahora d?nde se encuentran? Bueno es lo mismo, tenemos que esperar al Inspector Arrieta de homicidios, para que se haga cargo de todo. De momento y en una hora, no se puede ir nadie del hotel. Ya tenemos una pareja en las puertas de acceso desde la calle y otra en las de la playa.

Arrieta era un duro Inspector de la regi?n andaluza. Estaba destinado a la, de momento tranquila Comisar?a de Huelva desde hac?a dos a?os, procedente de Vizcaya. Su tenaz persecuci?n de los terroristas vascos durante muchos a?os, bien merec?an un descanso. Y all? estaba. Cuando ese domingo esperaba pasar una guardia tranquila le llamaron con urgencia. Ten?a que ir a Matalasca?as a toda prisa, porque se hab?a cometido el crimen de un empresario sevillano.
- Vamos, Eguilaz, vente conmigo que los guardias civiles se habr?n liado con la tostada.
- All? vamos- respondi? el subinspector Eguilaz tambi?n muy curtido, ?ste en la lucha contra el crimen pasional en varias provincias de Espa?a.
Cuando llegaron al Hotel de los hechos, el Inspector, con su tez morena y curtida por el sol, se dirige al Teniente Morales:
- Vamos a ver, ?tomaron muestras, para la cient?fica de todos los alimentos?
- Por supuesto, el Juez le estaba esperando para el levantamiento del cad?ver, por si usted descubre algo nuevo. Pero el vino est? envenenado con cianh?drico.
La se?ora Alonso, estaba ya en su habitaci?n, as? como todos los dem?s clientes del Hotel.

La tarea iba a ser ardua, para dejar a los usuarios del Hotel libres sin problemas. Lo primero era entrevistar a la mujer, explicarla que ten?an que hacer la autopsia al cad?ver y que era necesario recordar todo lo que hab?a pasado las cuarenta y ocho horas anteriores.



Continuar?.
?Qui?n fue el asesino
?

Publicado por interazul @ 13:43  | Misterio
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EL ESTADO ESPAÑOL HA QUEBRADO


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No es lo malo que este gobierno llegara al poder gracias al terrorismo, ni siquiera que el inútil de su presidente fijara como meta pagar su deuda a la ETA.
Lo malo es cuando se pone en duda que un asesino, porque dicen que se ha puesto en huelga de hambre, puede un Tribunal reunido decidir si le envían a su casa a seguir penando o a seguir matando.
La duda de que un Estado, que se asentaba hace años en la defensa de ESPAÑA, ya muy tocado con la Constitución78, permite este dislate, no es posible, más que desde la óptica de la Globalización, que parece que en este caso mete a todos en el mismo saco también: Víctimas y asesinos.
Los que somos partidarios sin ambages de la CADENA PERPETUA, con trabajos forzados para asesinos si quieren mantenerse en vida, esto no tiene sentido desde hace muchos años, pero al menos los gobiernos de la derecha pancista, aparentemente no permitían estas dudas.
Los comunistas que se han metido en la piel de “progres”, que son partidarios de la Eutanasia, del aborto, de la dejadez de funciones en el gobierno, resulta que algunos se creen que les compadece que un individuo, cuyo nombre ni menciono, que es un asesino que brinda cuando asesinan a algún español por serlo, que se jacta por escrito de que se alimenta con el llanto de los familiares que asesina, NO LE DEJEN MORIR DE HAMBRE, SI LO DESEA. Yo añadiría, si no trabaja para mantenerse, pero esto ya sé que es pedir peras al olmo, pero al menos, ignorarle, dejarle en su celda, retorciéndose de dolor, para que sepa lo que sintieron sus víctimas y sienten sus familiares, que seguramente sacará el jamón que le pasa un lendakari cualquiera.
Por ello, la duda de un ESTADO, que fue de ESPAÑA, ponga en manos de un tribunal, aunque decida lo contrario de lo que pretenden los esbirros del PSOE, indica que el ESTADO HA QUEBRADO.
Por ello, pido a todos los que entran en estos foros que repudien esta CONSTITUCIÓN que permite esto, lo demás es poner paños calientes a un muerto.


Publicado por Lanzas @ 10:01
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Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
LOS GORRIONES.

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Vivía sola, pero no se encontraba vacía.
Tenía un perro, cuatro gatos y un montón de pequeños amigos: los gorriones, que cada mañana acudían a la vereda de su jardín a esperar las miguitas de pan que el ama de la casa les echaba.
Le encantaba ver las tiernas avecillas comiendo a su alrededor, aunque al menor movimiento de la mujer alzaran el vuelo.
Su vida estaba en el crepúsculo. No importaba. Había vivido: había tenido cuatro hijos, plantado varios árboles y escrito algunos libros.
Eso era vivir, según había afirmado en alguna ocasión su admirado Pablo Neruda.
Claro, que no sabía con certeza si había vivido con la intensidad con que la vida debe ser absorbida;
Si esos hijos deberían haberla amado, visitado, atendido en su soledad…
Si sus árboles deberían haber dado hermosos frutos, o sombra, o belleza, simplemente…
Si sus libros deberían haber sido leídos por alguien más que por ella.
Y si éstos hubieran sido publicados, si deberían haber tenido éxito.
No, nada de esto esclarecía el autor de”Una canción desesperada”, su favorita.
Había vivido, pero tenía la duda de si había saboreado su existencia todo lo agudamente que la vida debería ser apreciada, dada su terrible levedad.

Ya nunca lo sabría. Era muy tarde.

Amó intensamente a un hombre, aunque siempre tuvo la certeza de que no fue correspondida de igual manera. Fue ineludible perdonar muchas veces para llegar juntos hasta el final. Su conciencia estaba tranquila; siempre había actuado de manera totalmente honesta.
Ahora él ya no estaba.
La ausencia se hacía sentir en toda la casa, la mujer deseaba percibirla; por ello no se había mudado a otra más pequeña y mejor comunicada.
Hacía algún tiempo que sus libros, sus animales, sus plantas, eran toda su vida.

Se había levantado algo cansada, muy temprano, aquella mañana.
Había bajado penosamente las escaleras para llegar a la cocina y preparar su ligero desayuno.
Descorrió las cortinas del ventanal del comedor que daba al jardín. Allí, sobre el espejo creado por la lluvia nocturna, reflejándose en el cristal, sus amados pájaros esperaban su alimento.
Volvió a la cocina con vivos pasos, cogió un trozo de pan y lo hizo miguitas para que los gorriones comieran antes que ella.
Se colocó un delantal y echó en él las migas. Abrió la puerta de salida al jardín y trató de bajar los cuatro escalones que la separaban de las avecillas.

El piso mojado, un resbalón y cayó.
Su cuerpo quedó ligeramente sentado con la nívea cabeza echada hacia atrás.
Los gorriones la miraron expectantes; con precaución se acercaron. Su protectora no se movía.
Pasados unos instantes, una enorme bandada de pardales se posaba sobre el pecho de la anciana. Al poco, todos a una, levantaron el vuelo hacia las alturas perdiéndose en el azul.

A media mañana, la mujer que ayudaba en las tareas de la casa llamó repetidamente a la puerta.
Nadie contestó. Abrió con la llave que la señora le había dejado.
La llamó varias veces en voz alta. El silencio respondió.
Empezó a recorrer las estancias, cuando la vio en la escalera del jardín.

Yacía muy quieta, muy fría, pero en sus labios una hermosa y serena sonrisa se perfilaba; y en sus abiertos ojos dirigidos hacia el añil, en los cuales se reflejaba, creyó vislumbrar una bandada de pájaros, sosteniendo por el pico entre todos, una esplendente estrella en forma de corazón.


Publicado por mariangeles512 @ 13:25  | Costumbres
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Domingo, 21 de enero de 2007
Un muerto a los postres-Capítulo II.




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Vamos a remontarnos unos meses atrás de los hechos que llevaron al asesinato del señor Alonso.

La empresa de informática Infortotal había sido formada con la ayuda de los padres de la mujer de Luis Alonso. Cuando ella les presentó al joven ingeniero quedaron ilusionados y como tenían dinero, ya que Luciano Carmona, padre de Carmen, había sido un hombre de negocios de reconocida solvencia con varias papelerías e imprentas en Andalucía, lo de una empresa como la que propuso el que sería muy pronto su yerno, le convenció enseguida.

Su mujer colaboró sobremanera, pues ella tenía estudios empresariales y con su marido formaron un dúo francamente eficaz.

La importación de componentes electrónicos pasaba por entenderse con los chinos.
El bajo coste de la mano de obra les había convertido en imprescindibles. Casi todas las placas, los discos duros, las tarjetas gráficas,… casi todo, lo montaban ellos.
Chue en Lie era la cabeza visible con el que tenían que tratar y cuando contrataron a Eduardo Linares como secretario general, todos los problemas los arreglaban entre ellos. Algo raro descubrió el secretario en las cajas de componentes electrónicos un día de diciembre pasado. Notó varias cajas que estaban mal cerradas y aunque los componentes no estaban dañados, eso no le gustó.
- Luis-así llamaba a su jefe, por indicación de este- hay algo raro, últimamente en las cajas que llegan desde China, da la impresión de que algunas han sido abiertas y aunque cuidadosamente las vuelven a cerrar, es como si buscaran algo.
- Anda, anda, Eduardo, tú siempre estás con tus paranoias. ¿Qué crees?- realmente la confianza en él era total y por eso buscaba su opinión.
- ¿No portarán algo de droga, de falsos billetes o algo así? A mi, ya sabes que los chinos no me inspiran ninguna confianza.
- Habrá que seguir observando y de todas maneras yo hablaré de forma inteligente con el Lie ese.

Esto quedó así hasta que pasados unos días, el tal Chue en Lie se acercó al despacho del señor Alonso y pidió hablar con él en privado.
Sobre su conversación que duró más de una hora, comentó con su secretario:
- Ya está todo aclarado. Lo de las cajas de componentes mal cerradas se debe a que la policía busca entre todos los envíos desde Taiwan, droga. Parece que una trama de traficantes está camuflando opio en grandes cantidades para uso en drogas de diseño en Europa. Utilizan todo tipo de valijas que llegan a España, para distribuir a los fabricantes en Europa.
- Y nosotros, ¡no tendremos ninguna implicación en esto! ¿No?
- Naturalmente.

Carmen Carmona, esposa de Alonso, era una mujer muy emprendedora y colaboradora con los negocios de su marido. Bien parecida, gustaba arreglarse y pintarse de forma elegante, lo que la abría muchas puertas, sobre todo masculinas.
Incluso hacía viajes fuera de Europa, como a Tailandia y a Rusia, buscando relaciones para la empresa. Solía viajar con una prima suya que prácticamente la trataba como a una hermana.
En uno de sus viajes a Moscú conocieron a unos franceses que andaban por allí con el mismo objetivo, el ampliar el mercado de sus empresas de Informática. Por una parte acudían a reuniones de empresarios y por otra dejaban sus direcciones a todos los que acudían para compartir mercancías.
Para hacerse más agradable la estancia quedaron para cenar juntos y algo más pasó en esos días, porque los franceses eran muy zalameros y serviles.
Cuando regresó a Sevilla, su marido la notó algo extraña, pero no le dio importancia, porque nunca había tenido la más mínima sospecha de su comportamiento de fiel amante.

Un día le preguntó:
- ¿Te pasó algo en esa Rusia maldita?
- Nada importante. Sólo conocimos a unos empresarios franceses, Monsieur Lafitte y Monsieur Batignon qué quedaron venir por Sevilla para conocer nuestra empresa.
- ¡De acuerdo! Invítales en mi nombre.

Como unos quince días después, los señores Lafitte y Batignon se presentaron en la empresa de Alonso.
Carmen presentó a Eduardo, el secretario general, y quedaron ir a comer, junto con Chue al día siguiente, con la buena idea de formar una compañía internacional de importación y exportación de componentes electrónicos. Como era inflexible, sin el chino no se podía hacer nada.

A la comida asistieron los franceses, Alonso y su mujer, la prima Beni y su esposo, Mario y Chue en Lie con el que él decía que era su socio, pero todos entendían que era su guardaespaldas con cara de muy pocos amigos.

Alonso se creyó en la obligación de exponer el tema de los intentos de alguna mafia de meter droga en los paquetes.

Chue en Lie se mostró contrariado.

- No mencionar, mejor no mencionar. No es cosa nuestra.- repetía el oriental.
- Es necesario firmar un documento en el cual la empresa cuente con tres gerentes- dice Eduardo.
- Lo veo bien- contestó Luis Alonso- ¿cuáles propones?
- Por parte francesa a Monsieur Lafitte, por parte española a ti y por parte, digamos de las manufacturas, al señor Lie.
Todos estaban de acuerdo y aquella misma tarde firmaron el documento ante Notario. Éste les hizo saber que según el mismo, en caso de fallecimiento o incapacidad de alguno de los firmantes, quedaban como sustitutos, el señor Batignon, el señor Müller, que era el marido de Beni, pues Carmen se inhibía en su favor, y por parte oriental, el guardaespaldas, llamado Ma-Tse-Tan.

A nadie le extrañó todo esto, porque se daban todos por muy longevos y eran aún jóvenes.

Müller era de origen alemán y se dedicaba a los negocios de transporte de mercancías por toda Europa y aparentemente no tenía ningún interés en meterse en la informática, pero no se opuso para no contradecir a sus buenos amigos.

Esa noche comentó Luis con su mujer:
- ¿No hubiera sido mejor que tú fueras la suplente mía?
- ¡Qué cosas tienes! Yo sé que tú me perdurarás a mi. Todo es puro trámite.

A los dos meses de constituirse la sociedad, las ganancias subieron como la espuma. La venta de componentes se disparó en toda Europa y la renovación de ordenadores, programas, conexiones a Internet, … eran el pan nuestro de cada día.

-Adolfo-ese era el nombre de Müller- ¿vienes con Beni este fin de semana a Doñaña? Carmen y yo vamos al hotel del Golf de siempre- le comunica Luis por el móvil a su amigo.
- De acuerdo, pero sólo el sábado, ya que el domingo tengo una expedición de dos camiones para Italia y tengo que supervisarlos. Iremos el viernes por la noche.
- Vale, van también el chino y su amigo, que les he animado a jugar. Y así mismo van además, los franceses con sus esposas que están pasando unos días en la Costa, y como no, Eduardo con Pepi su compañera inseparable. Venid el viernes por la noche y así jugamos duro todo el sábado..
Ese fue el fin de semana en el cual Alonso fue asesinado en el hotel.

Continuará…


¿Quién puede ser el asesino? ¿Qué razones puede tener para serlo? Animaros y arriesgad en vuestras respuestas


Publicado por interazul @ 19:28  | Misterio
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Jueves, 18 de enero de 2007
SORPRESA

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Definitivamente no era mi día. Nada más levantarme resbalé sobre la alfombra y tiré todo lo que había sobre la mesilla. ¡Mi mujer se empeña en encerar el piso para que parezca de cristal! Lo encera todos los días, a mi me gusta la alfombra para no poner los pies en el suelo directamente. Pues bien, resbalé y quise agarrarme al borde de la mesilla de noche y tiré el radio-reloj despertador, el teléfono, la lámpara, dos libros y lo que es peor un vaso de vidrio que se rompió en mil pedazos.

Apenas desayuné, tomé dos galletas rancias de no sé de que cumpleaños de la hija pequeña y una taza de café, que parecía agua de cocer castañas.

Me metí en el ascensor y se quedó atrancado en el tercer piso. Toqué el timbre y un cuarto de hora después apareció el portero abriendo la puerta y sacándome por la puerta a la altura de la cintura. Tuve que subir de nuevo (vivo en un noveno) por la escalera para cambiarme la ropa manchada.

Llegué tarde a la oficina, mi jefe me regaño y casi me despide, sólo por la intervención de una de las accionistas mayoritarias, que casualmente estaba allí, no lo hizo (de algo vale ser algo mujeriego y galante con las mujeres). A la hora de comer, en la cafetería de enfrente, como siempre, la chica que sirve los mejunjes me tiró encima salsa de tomate. ¡Menos mal que siempre tengo en la oficina una chaqueta de repuesto!

A la tarde, salí de la oficina, no sin antes haber caído el teclado del ordenador y haberse atascado tres botones, que me costó desmontar y ajustar, salí, como digo, mirando a diestra y siniestra, pero se me olvidó mirar hacia arriba con lo cual, no me escabullí de la cagadita de la paloma de turno.

Cansado de tanta desgracia menor, llamé a mi mujer y le dije que iba a llegar tarde, porque teníamos en la oficina una reunión de planificación mensual, por lo cual hasta las doce de la noche al menos no me sería posible darle un abrazo y bien fuerte.

Otro cualquiera, seguramente se hubiera a casa a las ocho como siempre, pero yo soy así, Me gustan las cosas difíciles y me dije:
- Voy a tomarme unas copas con Eulogio, el “rapao” (llamado así porque estaba más calvo que una bombilla de las de antes).
Y allí estaba con mi amigo de la infancia, que trabajaba en la policía nacional desde hacía años y que precisamente ese día estaba libre de servicio.
- Eulogio. ¿Cómo te va con tanta delincuencia?
- A mí, estupendamente, aún no me han liquidado los de las mafias- él, siempre tan gracioso.
- Pues yo tengo una suerte malditamente perruna, me pasa de todo y un día de estos no lo cuento.
- ¡No será para tanto!
Y de pronto veo que entran en el bar dos individuos con las caras tapadas, armados con sendos garrotes y uno de ellos grita:
- ¡Todos quietos y no pasará nada! ¡Venimos a por la recaudación del día!
- ¡Es la quinta vez que me atracan!- dice el dueño, que está detrás de la barra.
Mi amigo, el “rapao” (me lo estaba temiendo) desenfunda de debajo del sobaco una pistola y sin más se da la vuelta y les dice:

- ¡Están detenidos! ¡soy policía!
- ¡Una mierda!- dice uno de los ladrones, encima mal hablado.
- ¡Tiren los palos y al suelo o disparo!
- ¡Toma, “joputa”!- grita uno de ellos y veo un fogonazo que me ciega, mientras caigo al suelo con una quemazón en el costado derecho que no había sentido nunca antes.

Desde el suelo oigo como otros tres disparos y cerrando los ojos veo a mi nivel otras dos caras encapuchadas sangrando como cerdos.

Ahora estoy en el hospital. Dicen que salí de la UCI como un chaval y Eulogio me ha contado que tuvo que disparar a los individuos porque me vio mal herido y eso le ha salvado a él de la cárcel. ¡Qué me lo agradece, vamos! Porque en esta España de ahora si te dejas matar eres un héroe., pero si te defiendes y matas a alguien te meten en la cárcel.
Mi mujer me ha dejado, por mentirla con lo de la reunión y cuando me recupere del todo dice que tramitemos el divorcio.
¡Si no era mi día! ¡Lo pensé!





Publicado por quijote_1971 @ 18:24  | Dramas
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Un muerto a los postres.-Capítulo I.


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Estaban cenando. Era la tercera noche de su estancia en el hotel y a los señores Alonso les gustaba cenar en el restaurante del mismo, antes de retirarse a su habitación.

Durante el día jugaban al golf y tanto él como ella lo hacían francamente bien. El hotel cercano a la playa y al campo de golf era el ideal para descansar unos días y dejar los negocios aparcados. Cosa que nunca se conseguía del todo, porque los móviles no descansaban y aunque Luis tenía plena confianza en su secretario principal y ejecutivo, Eduardo Linares, no dejaba de consultarle algunos imprevistos sobre todo cuando algún cliente se quejaba de que su mercancía no llegaba o querían cambiar algo a última hora.
La empresa Infortotal de Alonso, ubicada en Sevilla, se dedicaba a la importación y distribución de componentes electrónicos. Estaba en total auge produciendo grandes beneficios.

La cena era del tipo buffet y podían escoger entre varios platos bastante variados. No era siempre así, pero los fines de semana largos y en las vacaciones veraniegas siempre lo era en aquél hotel.

La cena fue muy apetitosa y regada con un vino tinto de Ribera de Duero muy bueno, aunque la esposa sólo toma agua mineral. Al llegar a los postres, Luis Alonso le dice a su mujer:
- Me parece que algo me ha sentado mal. Me encuentro mareado.
- Hemos tomado los mismos platos y ya sabes que yo me encuentro algo delicada, pero hoy después de andar tanto, me encuentro estupendamente. ¿Será otra cosa?

De forma súbita el hombre cae de bruces sobre la mesa. Su esposa, Carmen intenta levantarle pero se da cuenta de que es imposible. Lanza un grito desgarrador.
- ¡Mi marido está muerto!
Se hace un silencio sepulcral en el casi repleto comedor y enseguida un camarero se acerca raudo:
- No es posible, espere- y dice en español y en inglés a continuación-¿hay algún médico entre ustedes?
- Sí- responde un hombre desde una mesa cercana.
Le toca el cuello y la mano izquierda.
- Este hombre está muerto. Deben llamar a la policía de inmediato.
Carmen López se desploma sobre la silla y es atendida por el doctor solícitamente, dándola un vaso de agua mineral.

- Ella está desmayada. Sólo desmayada.

El gerente del Hotel se presenta a los cinco minutos y dice en voz alta:
-Vayan cada cual a su habitación y comprendan que necesitamos que la policía nos dé instrucciones.
El Hotel situado en las playas de Matalascañas, pertenece al término municipal de Almonte, conocido municipio de Huelva, dónde se encuentra también El Rocio. Como es zona rural, la Guardia Civil es la encargada de realizar los atestados en primera instancia.
- Teniente Morales, haga el favor de acudir, que en el Hotel Golf Mayor, acaba de morir un hombre en el restaurante- le comunica por teléfono un gerente nervioso y muy preocupado.
- No toquen nada. ¡Dejen todo como esté y no retiren alimentos ni servicios! Yo mismo voy con una patrulla.
El Teniente Morales junto con dos números del puesto se precipitan al coche y con las sirenas a todo trapo se presentan en unos quince minutos en el hall del hotel. Por el camino ha llamado a la Comisaría de Huelva, para que un Inspector de homicidios se persone lo antes posible en el lugar y se traiga a un juez de guardia para el levantamiento del cadáver.

Lo primero que hace el teniente es consultar al médico que se ofreció en el comedor a reconocer al cadáver.
- ¿Cuál cree que es la causa de la muerte? Si es que tiene una opinión- indaga Morales.
- Creo que puede haber sido un infarto masivo, pero provocado por un veneno. ¡Fíjese en los ojos y en el líquido que le salió por la boca!- contesta.
- ¿Es esto sobre el mantel, no?- señalando un líquido viscoso casi negro, entre sangre y algo más.
- Sí, sí.
- Cifuentes-dice, refiriéndose a uno de los guardias- traiga las bolsas de plástico y tome muestras de todos los alimentos que han tomado estos señores.
- Bueno tenemos que limpiar todo cuanto antes, esto es un hotel y va a ser mi ruina este asunto-dice el gerente.
- ¡No toque aún nada! ¡Esa botella de vino tinto, casi terminada, espere!- y con un guante coge la botella y la huele-¡Tiene ácido cianhídrico!

El señor Alonso había sido envenenado.

Continuará…


Publicado por interazul @ 13:37  | Misterio
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Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
LA RAMPA.


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Está ahí, al final de la callejuela. Es muy estrecha, como de medio metro a lo sumo de ancho; algo larga, unos tres metros de longitud. Al final. ¿Dónde conduce? ¿Hacia que desconocido sótano lleva? Todas las tardes, después de salir del colegio me entretengo mirando al final de esa travesía semioculta como dos hombres meten unos fardos deslizándolos por la rampa.
La rampa me atrae, me cautiva y he decidido mirar por el ventanuco que sirve de final a la rampa. Me pregunto: ¿Es el final o la rampa sigue por el otro lado?

Los días pasan. No me decido. ¿Y si me cuelo y luego no puedo salir? Me he propuesto observar oculto por el seto que crece en la callejuela, lo que hacen esos hombres, que todas las tardes meten dos fardos que traen con una carretilla desde la calle principal. Incluso les voy a escuchar, sí es que dicen algo.

He dejado la mochila con mis libretas, los libros de la ESO y unos restos de phoskitos de la merienda de la tarde, sobre el suelo, junto a mí y oculto por los ramajes les veo llegar. Dejan la furgoneta, ya que no cabe por la estrecha vía donde está la rampa, y con el volquete de siempre llevan los dos fardos hasta el final del misterioso repecho.
- ¡Otra día más y van…!-le grita uno a otro de aquellos hombres.
- Tú calla, que para eso nos pagan- le responde el otro.
- Pero es que me da pena, tener así a una persona tanto tiempo.

Entonces- pienso- hay una persona al final de la dichosa vertiente. ¿Estará secuestrada? Ya en cuanto se retiren miraré por el ventanuco a ver que se ve- me propongo.

A los dos minutos los dos enviados por vete a saber quien recogen su carrito y montan en el vehículo con rumbo desconocido.

Me acerco a la ventana, la rampa no muy pendiente me lleva junto a un ventanuco por donde un niño como yo cabe si se lo propone, pero un adulto lo dudo.

- ¡Ehhh! ¿Hay alguien ahí abajo?- Pregunto con total desparpajo.
Nadie responde. Me acerco un poco más y ahora veo como un tobogán por el que se prolonga la misteriosa rampa. Aquello no es una ventana normal. Es un tragaluz o algo parecido a lo que ponen en las películas, por donde se meten los ladrones cuando hay aire acondicionado.

- ¡Hola, soy un vecino!- insisto.

Me inclino un poco más para ver y decido volver con una linterna. Me retiro.
Entro en casa por la puerta de atrás y cojo la linterna de la cocina. Mi madre ni se ha enterado de que he vuelto. Está viendo una de las muchas novelas de la tele.

Vuelvo con la linterna. Enfoco y todo está muy oscuro al fondo. No veo nada. Me inclino un poco más y ¡horror! ¡Me caigo de bruces!

La linterna baja por su cuenta, no veo nada, aterrizo sobre un montón de fardos y no me hago apenas daño. Cojo de nuevo la linterna y enfoco alrededor.
¡Un miedo atroz me paraliza! Hay un hombre muerto en la esquina del cuarto. Caigo la linterna, la vuelvo a encender de nuevo y para mi desgracia veo como los gusanos le salen por los ojos al bendito ser.
¡Socorro! ¡Auxilio!- grito como un condenado.
Veo una escalera de mano en un rincón de la mísera estancia donde huele a miseria podrida y la coloco sobre el tobogán. Milagrosamente entra por poco, salgo con la ropa sucia, rota y el pelo como alcayatas. Pero salgo a la calle. Corriendo me meto en casa y voy a mi cuarto.
- Alex. ¿Eres tú?- oigo a mi madre.
- Sí, mamá. Ya he venido del colegio y hemos tenido Educación Física. Me voy a duchar. Vengo muy sucio.

Al día siguiente oigo el ulular de las sirenas de la policía.
- ¿Sabes que encontraron al pobre ciego desaparecido? Parece que le habían secuestrado porque tenía mucho dinero. Y su hermana no quiso pagar. Eso he oído- Es mi madre que habla con la vecina de al lado.
- Ya sé. Estaba muerto en el sótano de la callejuela. El caso es que nunca oímos nada en tanto tiempo. Han detenido a dos hombres que le metían comida y ropa por el ventanuco. Ese que hay al final de la rampa.

Ya desde entonces, voy que me mato. A todo correr cuando paso por delante de la callejuela. Ni miro a ver si hay rampa o no hay rampa.


Publicado por quijote_1971 @ 20:09  | Misterio
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Martes, 16 de enero de 2007
AMOR ETERNO


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Vagaba por las calles como poseído de un espíritu maligno que le impulsara a buscar la muerte en un cruce mal señalizado o en un puente atractivo para un suicida.
Cansado ya de tanto caminar sin tino, se sentó en el banco de aquel parque sombrío y sacó su botella de wiski medio vacía. Cuando estaba echando un trago de aquél mejunje de seis euros el litro una mano blanca como la nieve le sujetó la suya y creyó escuchar:
- Roberto, ¿crees que ella merece que te arruines así?
- ¿Ella? ¿Quién es ella?- respondió Roberto mientras sus ojos se extendían hacia el fondo del paseo totalmente perdidos y vidriosos.
- María, tu María. La que amaste perdidamente, como un alocado apasionado.
- ¿María? ¡No la nombres! ¡La odio!
- ¡La sigues amando! Y dices que la odias porque dices que ella te dejó sin un adiós, sin una explicación, sin motivo alguno.
- Ella se fue de mi lado porque no soportaba mi amor encendido. Su nuca entre mis manos era la cabeza de Afrodita. Sus senos los de la Venus de Milo y sus piernas las de la Marylin Monroe. Como persona era comprensiva, afable,..Era perfecta. Era mi razón de vivir,…

El hombre rompió a llorar como un niño al que le han privado de su juguete favorito.
Siguió escuchando:
- ¡Es! ¡Ella existe y sigue siendo tan maravillosa como dices!
- ¿Entooooceees?-balbuceó el infeliz hombre.
- ¡Ella te dejó por alcohólico! ¡Por gastarte todo el dinero en los bares y en todas las licorerías del mundo! ¡No la escuchaste cuando te dijo que fueras a curarte! ¡La insultaste y la despreciaste!
- ¡Yo soy capaz de dejar de beber en un día si me lo propongo!
- ¡Pues hazlo y pídele perdón! ¡Sabes que ella te espera, curado y sobrio!

Roberto notó un frío sobrecogedor y se despertó. Estaba en el banco del parque, en el de todas las tardes, cuando salía del trabajo, en el cual le mantenían por misericordia, ya estaba advertido de que era imposible seguir por mucho más tiempo.
Estaba en el duro lecho de piedra, en el que dormía la “mona”, para luego irse a casa, a la asquerosa y desoladora mansión donde la basura le llegaba hasta el techo. Una casa en otro tiempo resplandeciente y acogedora, cuando estaba ella allí.

Salió a buen paso y como un loco llegó a casa, se metió en el baño durante una media hora, se afeitó, se arregló con la única camisa limpia que le quedaba y se propuso limpiar la casa a fondo.
Como era viernes, tenía todo el fin de semana para recogerlo todo y se le ocurrió llamar a su hermana y sus sobrinas para que le ayudaran:
- Alicia, ven que voy a regenerarme y recuperar a mi esposa.
- ¿Estás seguro de lo que dices?
- ¡Completamente!, venid a ayudarme y verás.

La hermana con sus dos hijas, que estimaban a su tío y padrino, porque siempre había sido muy generoso con ellas, dedicaron todo el fin de semana a dejar la casa como en otros tiempos. Llevaron al contendor como dos toneladas de basuras y de muebles rotos.
Pusieron la lavadora y la secadora para abreviar, más de veinte veces, colgaron cortinas limpias, colocaron sábanas nuevas, apilaron cacharros y ropas de forma apropiada.
- Todo está impecable, hermano- dice Alicia.
- Mañana, lunes, voy a buscar a María.

María vivía, desde que dejó al intragable Roberto, en un apartamento en el centro de la ciudad, cerca de las oficinas donde trabajaba. Su vida era muy metódica y ordenada.
A las siete de la tarde estaba en casa, después de haber dejado los asuntos del trabajo listos hasta el día siguiente. Salía a dar un paseo, comprar lo más imprescindible y de vuelta a casa a cenar algo frugal, ver la televisión y dormirse al poco.

La tarde de aquel lunes no era una excepción. Cuando le vio delante de su puerta, su instinto le recomendaba dar media vuelta e irse a casa de su hija, hasta que él se cansara de esperar y se fuera. No era la primera vez que quería reaparecer en su vida y siempre había resultado un nuevo fracaso. No la maltrataba físicamente, pero su dejadez para todo lo que no fuera beber y vaguear era tan grande que no le soportaba.

-¡María! ¡He dejado de beber! He ordenado nuestra casa, para que la encuentres como el que fue nuestro nido de amor.
-¿Crees que aún te puedo creer?
- Vamos a hacer una cosa- dice Roberto, mientras la entrega el suntuoso ramo de rosas- ven unos días conmigo y comprueba que nuestro amor lo vence todo. Nuestro amor, lo sabes, es ETERNO.
- Voy a hacerlo por última vez. Si has dejado de beber y podemos vivir como una pareja de personas sensatas yo, la verdad, tampoco puedo olvidarte y el vivir sola es muy triste.

Roberto pasó al apartamento de la mujer y esperó, mientras ella recogía sus cosas más imprescindibles, como ropas interiores, cosas para el aseo, perfumes y su almohada, inseparable, para las cervicales.

A las dos horas estaban de nuevo en la casa común. Ese día durmieron separados, pero al día siguiente, después de volver de sus respectivos trabajos, ducharse fue una aventura de recién casados. Ella le enjabonó a él por todas partes y él a ella le pasó la esponja y sus manos por la espalda. Se entrelazaron con cariño y después de secarse, se tumbaron en la cama. En ella recordaron los mejores años de su matrimonio.

Roberto no volvió a beber de forma incontrolada, ella siempre le acogió con cariño y supo perdonarle sus pequeños malhumores.

Ahora siguen juntos y ya han pasado veinte años desde aquello.


Publicado por Lanzas @ 23:57  | Amor
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Viernes, 12 de enero de 2007
AMOR SIN BARRERAS
( Este relato forma parte de una trilogía: AMOR SIN CONTRPARTIDA-para tontos- AMOR INCOMPRENDIDO-para idiotas- y este que es PARA LISTOS)


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Eusebio y Pablo eran amigos desde niños. Crecieron juntos y estudiaron juntos en el Instituto. Ahora estaban preparándose para entrar en la Universidad. No estaban muy seguros de lo que querían estudiar y es más, muchas veces comentaban, que mejor sería dedicarse a los negocios de sus padres, que tenían hoteles y restaurantes, que daban mucho dinero, y dejar de perder el tiempo con carreras que luego ni ejercerían.

Eusebio conoció a una chica, en la feria de principio de verano, que se celebró en Marbella en la semana del 11 de junio. La chica era inglesa, se llamaba Emily, llevaba varios años acudiendo a veranear al magnífico municipio de la Costa del Sol.

Pronto la simpatía que irradiaba la muchacha y los deseos de cariño que necesitaba Eusebio compaginaron de maravilla y empezaron a salir juntos.
Al principio los sábados y algún domingo perdido. Luego entre semana y sin problemas, después de ir al cine o a una cafetería a tomar algo, se acostaban en alguna de las habitaciones del hotel de su padre, el cual tenía conocimiento de ello. El problema aparente era, que Pablo se había quedado sin amigo y cómo a él eso de las novias no le iba, no porque fuera “gay”, que no lo era, sino porque las mujeres las veía para más adelante, cuando terminara los estudios, Eusebio lo llevaba mal.

Los dos primeros meses quedaban los viernes como antes para tomar unas copas y hablar de todo. Pero un día Eusebio le dijo a Pablo:
- No puedo quedar este viernes, porque como salgo con mi chica, no veo dónde encajas tú.
- Como quieras. No importa, iré con los de la clase de Informática, que aunque no me llevo muy bien con alguno, son gente libre.
- ¿Libres? ¿por qué dices eso?
- Pues porque los que os echáis novia estáis más atados que un burro en la barra de Mijas.

Esto hizo recapacitar a Eusebio. Su amigo lo era desde la infancia y a aquella chica, maravillosa sí, pero en realidad una desconocida hasta hacía dos meses, no debería truncar la amistad tan larga y profunda.

- Puedes hacer una cosa, venir con nosotros, yo diré a Emily que llame a una prima que suele ir a comprar con ella y que es más o menos de la misma edad.

Los amigos quedaron aquella tarde a las ocho, para ir a la bolera americana, lo cual les gustaba a todos y así podían charlar, divertirse y tomar unas copas.
La prima de Emily, cuyo nombre era Diana aparentaba tan encantadora como su prima.
En un momento dado, la compañera de Eusebio, le dice a Pablo:
- Eres una persona muy interesante, y sabes muchas cosas.
- Gracias, mi amigo me ha hablado mucho y bien de ti.
- Bueno veamos lo de los bolos que tal se te da.

Le tocaba a Emily la siguiente tirada. Habían formado dos equipos y su grácil figura al tirar la bola dejó emocionado a Pablo.
- ¡Lo logré, strike, sumamos diez puntos!-grita llena de alegría la experimentada deportista.
- Ahora voy yo, vamos a ver…-dice un Pablo asombrado de la pericia de Emily.

Pablo era un buen jugador de bolos, aunque en Andalucía no encontraba apenas gente que estuviera interesada. Sólo algunos veraneantes del Norte, que tenían algo de práctica en las boleras de Cantabria, que no son como las americanas, pero bueno, su jugada fue muy buena también, con lo que un halo de simpatía entre los jóvenes rivales en el juego, flotaba en el ambiente.

Mientras agotaban su turno Eusebio y Diana, que tampoco se llevaban nada mal, Pablo invita a un refresco a Emily.
- Me ha gustado mucho tu forma de tirar la bola- dice Pablo.
- ¿Sí? ¿Por qué?- contesta una sugerente mujer, que ya él no duda que le cae bien.
- Pues mira tu cuerpo parecía el de una escultura de Ceres, diosa de la Agricultura y que yo vi su réplica en piedra, que parecía viva. Bueno perdona mis comparaciones.
- No, no, son very beautiful words.
- You are charming- le respondí, para no quedar menos.

Y así en inglés y en español, se piropearon sin trabas.

Cuando Eusebio se acercó a ellos, junto con una Diana también muy risueña, casi se estaban besando. Sus manos se tocaban entre los vasos de refrescos y sus cabezas se inclinaban una sobre la otra.

Al ver su presencia. Y de forma instintiva se separan y tratan de disimular.
- Emily, ¡vamos!- casi grita Eusebio.
- Espera un momento, que todavía no hemos terminado la partida.
- ¡Siéntate aquí, Eusebio- le dice un Pablo reconciliador.
- ¿Te ha gustado mi chica, no?
- Es formidable. Te hace un strike en un momento-bromea Pablo.
- ¡Chicos, chicos! ¿Vamos a divertirnos todos? Vamos al chalet de mis padres, que ellos están de viaje hasta mañana- suelta de pronto la tal Diana.
- O k.- dice Eusebio, cogiendo de la mano a Emily- Y tú, con Pablo, ¿eh?
Los cuatro salen de la bolera y cogen el Opel de Eusebio. De forma veloz les lleva al magnífico chalet de los padres de Diana, situado en pleno campo mijeño, muy cerca de Marbella.
Después de que Diana abriera la verja del chalet, y aparcaran el coche en el porche anterior al garaje, entran en el salón de la mansión.
- Niña. ¿tus padres te dejan para tus juerguecitas esta “choza”?
- Ellos quieren que me divierta y sí me la dejan, pero sólo traigo a amigos de confianza.
- ¿Qué os preparo para beber?- pregunta el supuesto acompañante de Diana.
- No, tú espera un momento. Eusebio se viene conmigo a la cocina, qué él sabe preparar unas tapas, como decís aquí. Vamos Eusebio.
- Vale. Pero portaros bien. Tardo unos minutos.

Diana al llegar a la puerta de la cocina se deja caer materialmente sobre Eusebio. Lo que no sabe el amigo es que su prima le ha dicho que entretenga a su novio lo que pueda que ella quiere hablar con Pablo.
- Diana, chiquilla, ¡qué estás como un tren! ¡no me tientes!
- Eusebio, este tren quiere atropellarte.
Un brazo de él la lleva junto a una rinconera que había en la cocina y allí la besa y busca sus senos por debajo de la blusa. Ella se la quita y el joven deja vagar sus labios por el cuerpo de la chica.
Mientras en el salón. Un Pablo lanzado se acerca a Emily y la da un beso de tornillo, que casi paraliza a la sugerente muchacha.
- Pablo. ¿Te gusto?
- Me encantas y te quiero para mí.
Los jóvenes no lo piensan mucho y de forma apasionada se abrazan y desnudan casi por completo.
En el amplio sofá en que se encuentran el hacer el amor es muy fácil y casi imposible zafarse de hacerlo al notar el suave y cálido cuerpo de ella debajo del de él.

Cómo media hora después de todo este cruce de amores entre jóvenes apasionados sin saber muy bien por qué se produce este capricho del destino.
Eusebio se da cuenta de lo que ha hecho. ¡Ha hecho el amor con la prima de su amiga, que en teoría era la chica de su amigo!
- ¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?
- ¿Te arrepientes?- le pregunta Diana.
- ¡Estoy confuso! ¿Qué le decimos a Emely?
- Le dices: ¿Qué tal te lo has pasado con Pablo? ¡Yo de, ¿cómo decís los españoles?, sí, ya: de “putamadre” con Diana.
Eusebio se da cuenta en ese momento de todo lo ocurrido y sale de la cocina, no sin antes abrir unas latas de calamares en su tinta y de atún de muy buena marca que encuentra, así como bolsas de patatas fritas, de cortezas y de aceitunas sevillanas.
Se arreglan un poco en el cuarto de aseo de junto a la cocina y salen
-¡Chicos! ¿Dónde estáis?- pregunta una Diana con dos bandejas en las manos, mientras Eusebio saca las otras dos, con servilletas de papel, tenedores, vasos y coca-colas y cervezas, sin saber como, mantienen el equilibrio.
- Estamos en el cuarto de baño, arreglándonos un poco, ya vamos enseguida- se oye a Emily desde dentro de uno de los lujosos cuartos de baño, donde se peina el pelo, mientras Pablo la acaricia, una vez más, sus senos todavía desnudos.
A los diez minutos, salen los dos compuestos, como si nada hubiera pasado. Eso sí, con una sonrisa que los amigos saben lo que significa: ellos tienen la misma, en su cara de satisfacción.


Publicado por Lanzas @ 21:28  | Amor
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Jueves, 11 de enero de 2007
No me dejarás solo




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Sentados alrededor de la mesa camilla, leyendo sendos libros, su afición favorita, la pareja de ancianos pasaba la tarde apaciblemente.
La estancia, un acogedor cuarto de lectura, cuyas paredes estaban tapizadas de estantes repletos de libros, era la más visitada por el matrimonio. En ella pasaban las largas tardes invernales leyendo y comentando los maravillosos relatos a los que eran tan aficionados. Les gustaban los libros de viajes. Habían visto muchos países, a cual más bello y se alimentaban de aquellos recuerdos y de lo que comentaban entre sí de lo nuevo que leían, como siempre.
Había sido una pareja perfecta, si es que en esta vida puede darse la perfección.
Habían trabajado mucho en lo que más les gustaba: escribir.
La suerte estuvo con ellos y publicaron varios libros, cuyo beneficio les permitió llevar una vida holgada.
-¿Qué tal? ¿Es interesante? –preguntó Miguel a Elena, mientras en sus ojos brillaba la ternura.
-¡Mucho! Me está gustando bastante- dijo volviendo el rostro hacia el hombre que había amado toda su vida - En esta página hay un paisaje espléndido; me recuerda el lugar dónde nos besamos por vez primera; era tan joven e inexperta- dijo como para ella con apenas una sonrisa en sus lindos labios.
El marido asintió sonriendo: Los recuerdos afloraron, y una paz llena de gozo le invadió: no tenía duda; había sido un hombre muy feliz con aquella mujer de aspecto frágil y delicado pero fuerte por dentro. Siempre dispuesta a colaborar en todo, siempre compartiendo sus más importantes momentos, tanto buenos como malos. Ella siempre ahí; junto a él.
-Sí, fue un día memorable para los dos, supongo, ya que para mí lo fue; aún recuerdo el rubor que te cubrió las mejillas. Estabas tan bella como cualquiera de las flores que por allí crecían.
-¡Qué cosas dices!- rió ella complacida.
-Ya, ya sé, que era tu primera vez, pero en aquel tiempo yo tampoco tenía mucha experiencia en estas cosas - bromeó.
-¡Ah! ¡Los hombres!
La mente de Elena se deslizó suavemente hacia el pasado con aquel hombre; la frase que más le había escuchado era:
-“¿Te puedo ayudar en algo?”
En ella podía resumirse toda su convivencia: El apoyo, la atención, el respeto y, sobre todo, el amor que le había demostrado día a día y al que ella trató de corresponder con la misma intensidad.
Habían tenido también sus ‘peleillas’, pero siempre volvieron las aguas a su cauce.
Llegado el momento, en el cual supieron que definitivamente no podrían tener descendencia, decidieron adoptar un niño; y fue un niño de color el que disfrutó del hogar más sencillo y feliz que nunca pudo imaginar. Este niño, ya hombre, con su carrera universitaria y trabajo estable, había marchado del hogar hacía años, pero no caía el sol ni un sólo día en el cual el teléfono no sonase, y su voz franca y agradable se oyera al otro lado del aire:
-¡Mamá! ¿Cómo estás? ¿Y papá? Voy el fin de semana a veros.
-¡Hola! Hijo. Bien, estoy bien; y el papá también; deseando verte a ti y a lo niños.
Las conversaciones y las visitas se prodigaban muy a menudo y la vida fluía como suave riachuelo.
Una mañana en que Miguel había salido a comprar la prensa, encontró a su vuelta, a Elena aún acostada. Le extrañó, solía levantarse a la vez que él.
Entró en el dormitorio y la encontró acurrucada entre las mantas.
-¿Te ocurre algo? Elena ¿Puedo ayudarte en algo?
-Sí, amor, me siento mal, creo que tengo algo de fiebre; quizá me enfrié ayer en el jardín.
Miguel tocó la frente de su esposa; estaba ardiendo. Su corazón dio un vuelco.
-Cariño, voy a llamar ahora mismo al doctor Hernández.
-¡No! No te molestes. Esto pasará. Será una virosis.
-¡No! Lo siento, pero no puedo dejarte así. Ahora vuelvo.

El médico y amigo se presentó en el hogar media hora después. Saludó a Miguel y subió directamente al dormitorio.
Tomó el pulso a la enferma, la presión arterial y la temperatura. Prescribió unos medicamentos para bajar la fiebre, y dijo:
-Vamos a esperar unos días a ver cómo evolucionas. Si continuases igual, haremos unas pruebas para averiguar cuál es la causa de la fiebre y de ese decaimiento que me has dicho que padeces hace días.
-Gracias, Eduardo; creo que no será nada. Que me he resfriado. Ya está- dijo restando importancia al asunto.
-Eso es lo que todos deseamos. Bien ¡Cuídate! Trata de descansar lo más posible. Si hay alguna novedad, me avisas –dijo mirando a Miguel
Trascurrida una una semana y viendo que Elena no mejoraba, el esposo decidió llamar de nuevo al amigo:
-Eduardo, mira, estoy bastante preocupado, Elena sigue igual, yo creo que algo peor, le han salido en la boca una especie de úlceras y ha sangrado varias veces por la nariz y ...
-¡Vale! –interrumpió- No vamos a esperar ni un momento más. Voy a ingresarla ahora mismo. Presentaos en el Hospital…- contestó el médico con pronta voz.
Realizadas las pruebas pertinentes, Eduardo hubo de comunicarle a su amigo que su esposa padecía una enfermedad muy grave y desgraciadamente irreversible.
Miguel quedó conmocionado: “¿cómo iba a ser posible? Así tan de repente, todo perdido. Toda esa magnífica vida en común terminada. No puedo aceparlo, simplemente, no puedo”
Sus ojos, de un azul que aún conservaban la belleza y sobre todo la bondad que se traslucía en la mirada, no pudieron contener las casi desconocidas lágrimas que el acuago diagnóstico le había provocado. El doctor deslizó un brazo sobre el hombro del amigo y compartió su dolor. Ambos se alejaron pasillo adelante hacia la habitación de la enferma, mientras la cabeza de Miguel oscilaba levemente de un lado hacia el otro.
-Bueno, ¿qué me pasa? Eduardo –preguntó la paciente con una débil sonrisa.
-Bien, Elena, no es una gripe lo que tienes; es algo más grave, pero vamos a tratar de hacer todo lo que esté en nuestras manos- dijo sin querer mentir sobre su estado.
-¿Grave? ¿Cómo de grave? –interrogó seria.
-Es algo relativo a tu sangre, pero no te preocupes; ahora hay muchos medios a nuestro alcance.
-Mira, Eduardo, te ruego que no me hables como si fuera una chiquilla. Soy ya mayor y no me voy a derrumbar por lo que me digas que padezco- dijo algo airada Elena.
El amigo miró al esposo. En aquellos momentos no sabía, como en tantos otros, de qué manera comunicar a los pacientes la gravedad de su situación; eran sus peores momentos como médico.
Miguel ante la mirada de Eduardo asintió ligeramente con la cabeza, el otro entendió.
-Verás, ya que así lo deseas, querida, te diré que padeces una leucemia en fase aguda. No es normal que se presente a tu edad, pero así son las cosas- terminó con grave voz el amigo.
La enferma se quedó mirando hacia el cuadrado de cielo de la ventana. ¡Qué hermoso era! Lástima tener que dejar de verlo.
-Y ¿cuánto tiempo me queda?- preguntó de repente.
-Bueno, eso no te lo puedo decir con precisión; sólo puedo decirte que algunos meses.
-¿Meses? ¿Sólo meses? ¿Estás seguro, Eduardo, no se puede hacer nada?- los ojos muy abiertos.
-Lo siento, amiga, pero no te puedo decir otra cosa; de todos modos cada enfermo evoluciona de una manera- aclaró para aliviar la situación.
La enferma quedó pensativa durante unos momentos; después mirando fijamente al doctor dijo:
Eduardo, si no se puede hacer nada efectivo contra mi mal, quiero irme a casa. Quiero estar mis últimos meses de vida al lado de Miguel, como siempre.
-Bien; si tomas en tu hogar la medicación, creo que no habrá problema.
Ya en la casa donde habían sido tan dichosos, la pareja comenzó a hacer su vida con la normalidad habitual en ellos.. Elena consiguió hasta olvidarse por momentos de su mal. Una tarde en la que ambos leían sus autores preferidos, la esposa dejó de leer por unos instantes, quitándose las gafas de cerca, miro al esposo y dijo:
-Eduardo, quiero que sepas que si por algo siento lo de mi enfermedad es porque voy a dejarte solo; y es lo que más lamento de todo.
El esposo quedó pensativo y al cabo de unos minutos le dijo:
-Querida, no debes sentirte mal por eso: no me dejarás solo.
-¿No?- interrogó sorprendida.
-No.
Ella no preguntó más. Siguieron leyendo y al recogerse el sol, se retiraron a descansar.
A la mañana, el esposo muy contento le dijo:
-¡Querida! Te tengo una sorpresa,
-¿Sí?
Mira, vamos a ir al lugar dónde nos amamos la primera vez ¿Qué te parece?
-¡Maravilloso!, todo lo que haces me parece así. Pero ¿crees que podré soportar el viaje?
-Espero que sí. ¡Salimos ahora mismo!
-¡Estupendo! Voy a prepara algo de ropa.
A media mañana, Eduardo condujo el viejo automóvil hacia una zona cubierta de pinos por un camino de Albero hasta llegar a una especie de acantilado desde donde se divisaba el inmenso océano.
Descendieron del coche y bajaron muy despacio por unas viejas escaleras de madera hasta la dorada arena. Se detenían de vez en cuando ya que el aliento le faltaba a Elena.
El espumoso cristal les dio la bienvenida con la explosión de una magnífica ola que expiró a sus pies.
El hombre se situó de cara a su mujer y contempló una vez más el amado rostro. Acercó sus labios a los de ella y un beso de amor los unió de nuevo. El tiempo, el enemigo, no había podido con su amor.
Tumbados sobre la cálida arena se amaron como siempre que lo hicieran; o quizá no, se amaron con la ternura y el amor de lo que se siente se hace por última vez. Se quedaron tumbados contemplando el magnífico horizonte azul teñido de púrpura, donde un enorme disco estaba ocultándose.
Cuando las sombras invadieron la playa él la ayudó a levantarse y emprendieron el regreso a casa.
-¡Qué feliz me has hecho, mi amor! Me siento como una joven novia- dijo ella mirándole embelesada.
-Es lo único que pretendía- respondió con una sonrisa.
Llegados a la casa, entró el coche en el garaje.
-Espera, no bajes aún, cariño, voy a cerrar la puerta.
Ella quedó sentada sintiendo un apacible bienestar, una especie de sueño se iba apoderando de sus sentidos.
Pocos minutos después, entró Eduardo en el auto y tomó la mano de su amada. La cabeza de ella descansaba con una expresión plácida echada ligeramente hacia atrás. Él colocó la suya sobre el hombro de ella.
Al día siguiente el hijo de ambos encontró a sus padres en el sueño eterno, uno al lado del otro en el interior del viejo coche familiar. A pesar de su dolor entendió que era lo que ellos deseaban.


Publicado por mariangeles512 @ 17:01  | Amor
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Mi?rcoles, 10 de enero de 2007
La huída del inocente- Capítulo V y último


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Muñoz pudo recomponer el rompecabezas:
Lozano había convencido a sus compañeros de furgón para “hacerse ricos” sin tanto trabajo.
–La cosa será muy fácil-les dijo- yo me llevo el dinero y vosotros os hacéis los tontos. Dentro de unos meses nos repartimos la pasta y nos vamos a Brasil a vivir como reyes.

Lo que pasó después, es lo siguiente: Lozano al verse con el botín pensó que aquellos tontos no podían decir nada sin delatarse y planeó quedarse con todo. El viernes de autos, después de tres meses de estar escondiéndose, había quedado con un falsificador de documentos, para salir vía marítima desde el puerto de Málaga, pero Ramírez y Martos andaban vigilando al individuo, porque habían comentado antes lo de la falsificación para los tres.

Le pillaron cuando entraba en la casa del falsificador y le condujeron junto al pretil del Guadalmedina. En principio no pensaban matarle, pero él se resistió y después de hacerle cantar dónde escondía el dinero, le propinaron un fuerte golpe en el occipital con la pistola de Ramírez, que le debió dejar mal herido.

Después le introdujeron en una gran bolsa y mientras Martos le vigilaba para que no se escapara, Ramírez con la llave de la consigna de la estación de ferrocarril, fue a recuperar el dinero.
De pronto los jóvenes Ana y Pepe irrumpen en la escena y por poco todo se va al garete. Martos, escondido entre los coches, ve como vuelve Ramírez con su auto y los jóvenes se van sin causar más problemas.

Ramírez al ver a Lozano fuera del saco, se pone nervioso. Coge unas jeringuillas de las que lleva para inyectarse insulina y se las clava de cualquier forma, sin saber, posiblemente que una dosis de insulina para una persona no diabética puede ser mortal.

Volvieron a meterle en el saco y se repartieron el dinero, con la intención de hacer culpables a los jóvenes que le habían socorrido. Dejaron la botella de agua al lado y además unos folletos de El Corte Inglés, ya que uno de ellos reconoció al joven de haberle visto entre las cajas, las cuales la policía no encontró, porque un fuerte viento las repartió por los flancos de río.

A la mañana siguiente, una ráfaga de aire fresco inundó el camino de los jóvenes.
- Te quiero, Ana, te quiero- le dice Pepe a su novia - voy a estudiar a fondo para terminar mi carrera y casarnos.
- Yo también voy a estudiar a fondo, pero quiero estar contigo todos los días que podamos. No puedo vivir sin tí y ¿sabes? Nunca dudé de tu inocencia, aunque aquel policía te hizo algunas preguntas muy raras sobre los furgones.
- Es su obligación, según me han contado, el Inspector Muñoz, fue el que descubrió los culpables de los crímenes de Mijas y Fuengirola. Es todo un genio.
- Llamó a mi padre esta mañana y le dijo que nos comunicara que nuestras declaraciones fueron muy importantes para descubrir todo. ¡No sé porqué! Pero si él lo dice…
La pareja se fue alejando por el paseo marítimo, con las manos entrelazadas por la cintura.

FIN.


Publicado por interazul @ 11:34  | Misterio
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Viernes, 05 de enero de 2007
AMOR INCOMPRENDIDO.


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-¡Levántate, Marcos, ya es muy tarde, cerca de las diez de la mañana!
-No importa, mamá, hoy no hay clases en Ciencias, es el patrón de la Facultad.

La mamá de Marcos no se había enterado de que el 15 de noviembre es la fiesta del Patrón de Ciencias, San Alberto Magno. Y naturalmente su hijo se despertó de mala gana y con gesto adusto.

A la media hora estaba desayunando sus tostadas con mantequilla y mermelada y un café con leche que había preparado su madre, que sabía mejor que cualquier otro del mundo.

- Mamá, aunque no hay clases, voy a ir a la Facultad a la conferencia de Don Salustio Piquer sobre “Las membranas semipermeables”; creo que será muy interesante y de paso quedo con los amigos para ir a comer por ahí y al baile que han organizado.
- ¡Muy bien, no tardes mucho!-ella siempre tan implicada en que su hijo no se descarriara y se convirtiera en un vividor a cuenta de los padres.
- No te preocupes, voy con Jenaro, Iván y Fernando, que como sabes son muy trabajadores.
- ¿Y de chicas, qué hay?
- Nada mamá, nada de nada. Me gusta una, pero no creo que yo le guste a ella.
- ¿Por qué afirmas eso, la sugeriste algo a la chica?
- No me atrevo, ya sabes como soy. No admito un fracaso y antes que esto me quedo solo.
Marcos era muy exigente consigo mismo, tenía a Elena en un pedestal. Era guapa, estudiosa, simpática y colaboradora. Habían coincido tres veces en las prácticas de Orgánica y con ella daba gusto trabajar. Incluso intercambiaron algunos apuntes sobre Química Nuclear y en Matemáticas resolvieron algunas integrales juntos.
Ella parecía que también sentía simpatía por él, ¿sí no por qué le dijo alguna vez?:
- ¡Tontorrón, no hagas esa sustitución, que así no sale!
O aquello otro:
- Marcos, pon la pipeta inclinada, que si no se te va a caer el sulfúrico en cierto sitio y duele mucho.

A él lo de “tontorrón” le sonó como si le hubiera llamado guapo Y “lo de cierto sitio”, que se destornilló a carcajadas, como si le hubiera invitado a hacer el amor.

Lo que nunca se atrevió es a quedar con ella para ir a un baile, o a comer algo y hablar de cosas que no fueran de las clases.

Lejos de allí, en otra parte de la ciudad:
-¡Elena! ¿Dijiste que ibas a la conferencia de la Facultad?-pregunta la madre de una chica muy comprometida con sus estudios y cuidadosa con sus relaciones.
- Sí, mamá. Voy a ir con Anita y con Carmen. Y luego vamos a comer unas pizzas y por la tarde al baile que han contratado para los de Ciencias.
- Bueno, por cierto. ¿Te has echado novio?
- Sabes que no. Si lo tuviera ya te habrías enterado.
- ¿No te gusta algún compañero de la Facultad?
- Hay uno que es un tontorrón, pero que me gusta mucho. Pero creo que él no está por mí.
- ¿Ha intentado quedar contigo alguna vez?
- No, nunca. Hemos coincidido en algunas prácticas de laboratorio y hemos resuelto algunos problemas juntos, pero para divertirnos nunca hemos coincidido. Creo que debe tener alguna novia por ahí, y como es muy serio no tontea con ninguna de la clase.

A las doce del mediodía comenzó la conferencia de D. Salustio, el cual de forma amena y científicamente impecable con proyecciones de diapositivas y explicando como las SPMDs constituyen actualmente uno de los más efectivos métodos de muestreo ambiental de contaminantes lipofílicos, en especial hidrocarburos poliaromáticos (PAHs). Estos dispositivos han sido utilizado en estudios de distribución ambiental de contaminantes orgánicos hidrofóbicos (COHs) y en la identificación de fuentes puntuales de contaminación.

Al final de la conferencia Elena y Marcos coincidieron en el hall del Aula Magna.

- Hola, Elena ¿qué te ha parecido la conferencia?
- Muy interesante, precisamente estoy preparando un trabajo bibliográfico sobre membranas.
- Ah, ¡qué bien! Pero hoy es día de fiesta. ¿Vas a ir al baile?
- Claro, y tú ¿irás con tu novia?
- ¡Ojalá la tuviera! Pero no tengo ninguna novia.
- ¿Noooo? Yo tampoco.
- ¿Y por qué no nos comprometemos nosotros?-lanzó un Marcos decidido como nunca.
- ¡Qué cosas tienes! ¿Por qué motivo?
- No hay motivos para todo. Las cosas se hacen y ya está.
- Yo sin convicción no puedo comprometerme.
- Como quieras Elena, espero no haberte molestado.

Con una rabia contenida Marcos se alejó de la joven sin esperar otra respuesta. Esa tarde estuvo cabizbajo y sus amigos bromearon con él:
- ¡Te han dado calabazas! Yo he visto como hablabas con Elena y como te alejaste con cara de pocos amigos- le dice Jenaro en plan de mofa.
- Hablamos de la conferencia, nada más.
- No lo creo, yo sé que estás por ella- salta Fernando.
- Bueno, dejadme en paz. ¡No quiero saber nada de relaciones con mujeres! Son un problema muy grande.

Marcos pensaba que había equivocado la estrategia. Debió de invitarla a ser su acompañante en el baile y no hablar de relaciones. ¡Soy un tonto y un desgraciado! Ya no me atreveré a decirle nada.

Elena se quedó helada. Cuando vio alejarse a Marcos sin más palabras, comprendió que había estado fatal. Lo de la convicción ella lo dijo pensando que él le contestaría algo así como. “Los motivos les buscaremos juntos” o bien: “Los tengo, es que me gustas” ¡Había sido una idiota! Ya no se acercaría a ella.
- Anita, mira que tonta he sido-dice a su amiga- Marcos me ha hablado de relaciones y yo le he contestado como una idiota completa, hablando de convicciones.
- ¡Estos chicos son unos imbéciles! No saben hablar a las chicas, eso es lo que pasa.
- Bueno y nosotras tampoco sabemos ganarnos a un chico. Si no estás dispuesta a hacer al amor el primer día que conoces a uno, ya eres una estrecha. Y cuando un chico te habla de comprometerse no sabemos que decir.

Marcos y Elena desde aquel día de la fiesta en la Facultad se evitaron y nunca volvieron a quedar ni para resolver los problemas sobre circulación de líquidos por tuberías.


Publicado por Lanzas @ 13:20  | Amor
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BODA DE CONVENIENCIA

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Sentado a la barra de un bullicioso bar, pensativo con una copa de brandy en la mano, saboreando el reciente despido de mi trabajo, el cual me había sido comunicado por el gerente de la empresa. ¿Motivo? - dijo- reducción de plantilla, ¡Hijo de Puta!
Hacía un año que me había separado; mi esposa me dijo que había conocido a un hombre que le podría dar una vida más cómoda que la que compartíamos, y se había enamorado; no sé si de la posición, o del tipo; en el fondo me daba igual.
De nuestra unión no había hijos. Estaba solo.
Aquella noche necesitaba emborracharme, evadirme, no pensar, sólo quería un poco de paz, aunque fuera gracias al alcohol.
A pesar de que ya había ingerido seis copas y los sonidos y las luces se confundían en una especie de éter bullicioso, pude distinguir a mi lado las voces de dos personas que hablaban acaloradamente:

-¡Que sí! que ella está loca por venirse ‘pa cá- afirmaba una joven voz.
-¡Ya! Pero no puede quedarse más de tres meses. Los papeles tardan mucho en darlos; si no tienes trabajo y alojamiento te devuelven a tu país al cabo de ese tiempo - aclaraba la segura voz varonil.
-Mi mamá ya no puede estar más en Colombia. Su pareja la maltrata; trabaja y trabaja, y él no hace nada; sólo beber, y cuando ella está en la casa, pelear – explicaba la joven con voz afligida.
- Lo sé; y no sabes lo que daría por poder traerla a España – añadía el compañero con franco acento.

En ese instante decidí conocer a los que así hablaban; giré mi cabeza: él era un español de unos cuarenta años. Con aspecto atildado: traje, corbata y pelo corto repeinado. Ella, una joven de semblante marcadamente sudamericano: bajita, pelo y tez morenos y rasgos suaves. El cabello muy liso caía sobre sus menudos hombros.
-¡Oye! Acabo de acordarme de algo.- dijo emocionado el hombre- existe una ley, ¡sí!, tenemos una ley que permite quedarse en España a los extranjeros que se casen con alguien de aquí
-¿Sí? ¿Es cierto?
-Sí, sí, cierto. Está en vigor hace bastante tiempo ¡Escucha! incluso he oído que hay gente del otro ‘charco’ que paga por una boda de ese tipo. Podíamos intentar algo así con tu mamá
Estas palabras provocaron que mi corazón bombeara más rápido.
-¿Cómo?- la voz sonó extrañada.
-¡Sí! Podríamos tratar de encontrar algún hombre que por cierta cantidad de euros se prestase a una boda de esa clase.
- ¡Qué bueno!; pero el problema será encontrar a la persona que quiera casarse sin conocer siquiera a la novia – oí a la muchacha con tono decepcionado.
-Bueno, quizá no haya tanto problema, Hay mucha gente que anda mal de dinero y se presta a cualquier cosa; aparte, que como no van a convivir mucho tiempo, si no se gustan da igual.
-Tienes razón –concedió la joven.
Al oír estas palabras decidí que mi momento había llegado. Estaba sin trabajo y cualquier cantidad de euros me vendría muy bien; y si tenía que fingir un casamiento, pues lo fingiría.
Con voz pastosa me dirigí a la pareja:
-¡Perdonen!, si me entrometo. He escuchado sin querer su conversación y…
Sus rostros, en cuyos ojos brillaba el recelo, giraron hacía mí
-No, no se preocupen, que no quiero causarles ningún perjuicio. Más bien, me gustaría colaborar con ustedes –dije atropelladamente.
-Y, ¿En qué quiere usted colaborar?-la voz masculina sonó desconfiada.
-He oído que necesitan a un hombre que quiera casarse con una mujer que está fuera de España, ¿no?
La pareja intercambió una mirada cómplice.
-¿Acaso le interesaría a usted algo así? – preguntó en voz baja.
-Pues…sí. No tengo liquidez estos meses, y no me vendría mal un poco, si es que pagan algo por hacer de novio, puesto que no se asume compromiso alguno, ¿no?
-¡Claro! De eso se trata, precisamente: un casamiento rápido y a continuación, cuando ella ya tenga sus papeles, la separación. Ocurre todos los días.
-Y ¿quién se encargaría de los trámites?
-Yo mismo. Por cierto ¿cuál es su nombre?
-Eduardo Belmonte.
- Ella es Lidia Figueroa; y yo me llamo Juan Sánchez- anunció.
-¿Sois pareja? –me atreví.
-Sí, lo somos, y nos llevamos estupendamente –dijo mientras miraba con ternura el bronceado perfil de la mujer
- Me alegro mucho; y hablando de otro asunto; mi número de móvil es éste, por si necesitas comunicarte conmigo- dije apuntándoselo
-Bien, te llamaré cuando tenga los papeles listos.

Nos despedimos con un apretón de manos, y me quedé solo sentado en aquella banqueta, la embriaguez ya disipada, pensando las cosas tan curiosas que puede deparar la vida.

Una semana después sonó el móvil: era Juan.
-Eduardo, ¿cómo estás? ¡Escucha! Ya tengo los papeles que necesitamos. Mi suegra ya está avisada y loca de contento.
El corazón me dio un vuelco.
-Y ¿para cuándo será la boda? –pregunté más nervioso de lo que hubiera deseado.
- Me han dicho que para dentro de quince días, en el Juzgado.
Quince días…- pensé - todo se estaba desarrollando demasiado rápido. Lo único bueno de todo aquel lío era que me iban a dar 4.000 euros, y me venían de maravilla. Dije aparentando tranquilidad:
-Y ¿quién va a hacer de novia aquí?
-¡La mamá de Lidia!- exclamó efusivo- viene antes de quince días.
-¿Sí? ¡Vaya!. Y ¿quedaremos antes en algún lugar para concretar detalles? ¿No?
-¡Claro! El sábado próximo nos encontraremos para hablar en el mismo bar en el que nos conocimos ¿Te parece?

El día señalado nos vimos. Dejamos todo bien organizado: Iríamos a esperar al aeropuerto a la mamá de Lidia, y al día siguiente nos casaríamos a las once de la mañana. Después de la ceremonia me darían lo pactado. Y, ahí acabaría todo lo relativo al matrimonio; después de unos meses solicitaríamos la separación por incompatibilidad de caracteres.

Esperando en el aeropuerto sentí que mis piernas flaqueaban. No entendía aquella reacción. ¡Si todo era una farsa! Parecía que me casaba en serio y que iba a conocer a la mujer de mi vida aquel día.
Pasados minutos que a mí se me antojaron siglos, oí a mi lado una exclamación de júbilo:
-¡Mamá, mamá! ¡Estamos aquí! –dijo Lidia corriendo hacia una mujer de aspecto agradable que caminaba hacia nosotros. Vi cómo se abrazaban llorando, una sobre el hombro de la otra, y sin saber por qué me sentí turbado
Momentos después nos vimos los cuatro frente a frente, y la mamá de Lidia me fue presentada:
-Aquí, Mercedes- indicó Juan, señalando a una mujer muy hermosa de unos cuarenta años, de ojos grandes y bellos, labios bien formados, apetecibles.
-¡Encantado de conocerte!- dije mientras estrechaba su mano cálidamente.
-¿Cómo estás?- me preguntó mostrando unos dientes blanquísimos.
-La verdad, muy sorprendido.
-Y, ¿Eso?- interrogó curiosa.
Me encontré atrapado. No podía decirle que nunca había imaginado que fuera una mujer tan hermosa, y que todo aquel engaño ya me estaba pesando.
-Pues…yo…no te imaginaba así…
-¿Así, cómo?- coqueteó ella
-Tan atractiva, tan bonita- me lancé
-Bueno, no es para tanto. Ya soy una mujer madura.
-¿Madura? Puede, pero eso no quita para que estés estupenda – me atreví.
-Bueno, ¡muchas gracias! – agradeció haciendo un lindo mohín con la mirada.


La ceremonia civil resultó hermosa. Ella apareció vestida con un traje color beige, zapatos de alto tacón a juego con el vestido, y una flor blanca sujetando una parte del cabello. Estaba realmente bonita. Y en mi interior deseé que todo aquello no fuera una comedia.



Después de una ligera refacción, llegó la hora de despedirnos. Juan sacó de su billetera, en un aparte, la cantidad de cuatro mil euros y me los tendió. Sin saber por qué no pude extender mi mano para asir los billetes de quinientos euros.
-¿Qué te pasa? ¿No estás conforme con el dinero?- preguntó con mirada extrañada.
-No es eso, no sé, pero no puedo aceptar el dinero. Creo que no soy el hombre adecuado para esta clase de ‘negocios’.
-¡Vaya tipo más raro que eres!- exclamó el otro- ¡Anda tómalo; quedamos en esto! - añadió - ¡Perdona!: ¿te puedo pedir un favor?
-¡Claro! ¡Dime!

-Mira, esta noche no tenemos dónde alojar a Mercedes; nosotros estamos compartiendo una habitación en un piso con otras personas, y no hay ni un sofá libre, y mucho menos una cama, ¿te importaría que Mercedes pasara esta noche en tu casa y mañana veremos dónde la alojamos?

-¡No! ¡Claro que no me importa! Puede quedarse. Tengo varias habitaciones vacías, por mí no hay inconveniente.
- ¡Gracias! Eres un tipo estupendo- dijo mientras se guardaba de nuevo los miles de euros en el billetero.

Mercedes y yo vivimos bajo el mismo techo como amigos, pero amigos de verdad.
La noche en que iba a quedarse se prolongó otras muchas más con sus respectivos días. Yo, indefenso, me había enamorado de ella sin remedio. Llevaba varios meses solo, sin una caricia, sin una palabra amable, y ella me habló con afecto, y aunque no hubo caricias ni nada relacionado con el sexo, sí mucha comprensión y confianza. Hablábamos de todo: de su amada y lejana tierra, de sus padres, tan humildes pero que le habían dado el caro ejemplo del amor a la familia; y de su desastrosa relación con un hombre que no la amaba, sino que la humillaba y despreciaba. Yo, por mi parte, le hablé de mis problemas de trabajo y del abandono de mi esposa, con total sinceridad. Nunca me había sentido tan bien en compañía de una mujer.

Un día Mercedes amaneció indispuesta. Me asusté y la llevé al Centro de Salud que me correspondía. Le atendió una doctora muy amable; le prescribió unas pruebas, y que volviéramos al cabo de una semana.
Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando fuimos de nuevo a consulta y la doctora nos dijo que estaba perfectamente, sólo, y no era poco, que iba a ser madre. Los ojos de Mercedes se clavaron en mí angustiados.
Posé mi mano sobre su hombro y traté de trasmitirle todo mi apoyo.
-No pasa nada. Tendrás tu hijo. No te preocupes. Yo estaré a tu lado –dije sinceramente.
Ella estrechó mi mano en un gesto de gratitud.
Salimos de la consulta algo trastornados aunque por diferentes motivos, creo. Mercedes por el grave inconveniente que le suponía el nacimiento de otro hijo en sus circunstancias; yo, porque de alguna manera, me ‘sentía’ padre de la criatura, aunque el auténtico, respiraba muy lejos.
Ya en casa, y viendo la expresión disgustada de Mercedes dije:
-¡Escucha! no tengas pena por tu niño; yo no he tenido hijos y me encantaría hacerme cargo del que nazca, darle mis apellidos; en fin, ser el padre que nunca he sido y que él, quizá, nunca conozca.
La futura madre levantó la abatida cabeza y me miró.
-La verdad, es que en toda mi vida imaginé encontrar un hombre tan bueno como tú. Me has ayudado tanto desde que he venido a España, que no sé que hubiera sido de mí sin ti. Ahora te ofreces a hacerte cargo de este hijo…No entiendo cómo tu mujer te pudo dejar por otro hombre. Seguro que estará muy arrepentida de lo que hizo.
-Bueno, dejemos el pasado; ahora hay que mirar hacia delante, siempre hacia delante. Las malas experiencias, según algunos psicólogos, se olvidan, y queda en nuestra mente lo bueno. ¿Estás de acuerdo en lo que te he dicho sobre el niño?
-¿De acuerdo? ¿Y me lo preguntas? ¿Acaso podría ser tan ingrata para negarme? Mi hijo llevará tus apellidos y te llamará papá. Sabrás lo bien que uno se siente al oír llamarse así. Te mereces, más que nadie que conozco, que te quieran.

Pasaron los meses y llegó el momento.
El nacimiento fue normal y la criatura, un varón precioso. Estuve con ella en el quirófano por gentileza del doctor que atendió a Mercedes, y tuve la dicha de poder contemplar el milagro más grande que jamás pude soñar. Lloré como un niño cuando vi emerger la cabecita del cuerpo de la madre. Desde ese mismo instante ya le quise. Mi alegría fue tan grande como si en verdad fuera mi hijo.

Los meses que vivimos a continuación, fueron los más felices de mi vida.
El bebé crecía con salud y una noche en que veíamos un programa en televisión, sentados en el diván, ella me tomó una mano y con la otra volvió mi cara hacia ella y estampó un beso en mis labios. Y, ahí empezó la más hermosa historia de amor que jamás me atreví a soñar. Conocí lo que es el verdadero amor: el placer deleitado con la persona amada: la pasión, el deseo, unidos al cariño, al afecto más sincero, dados y recibidos, colmaron mi alma de una felicidad jamás sentida.


Una mañana me sentí algo indispuesto; una ligera dificultad respiratoria. Acudí a consulta. Tras días de variadas pruebas me dieron el infausto diagnóstico: carcinoma ductal en los pulmones en grado avanzado. Me quedaban escasos meses de vida.
Salí del hospital anonadado. No podía creerlo. Ahora, cuando al fin estaba siendo feliz con una mujer honesta y mi hijo, ¡sí! mi hijo, todo terminaba. Sentí unos irrefrenables deseos de gritar ¡No era justo! ¿Por qué? ¿Por qué, ahora?
De vuelta a casa lloré como nunca antes había llorado, y mis lágrimas no fueron sólo por mí.

A Mercedes no le hablé de mi mal. Traté de asegurar su futuro y le dije:
-Mercedes, ¡mira! vamos a hacer unos trámites.
-¿Sí? ¿Cuáles?
-Vamos a ir a un notario y voy a poner este piso a tu nombre; por si ocurriera algo ya tienes casa segura para ti y el niño.
-¿Si ocurriera algo? ¿Qué quieres decirme?- preguntó alarmada.
-¡No! Nada de particular; sólo que hay que hay que tener las cosas previstas.
-No te entiendo bien, pero haremos lo que tú digas.

Hicimos todo lo pertinente para que Mercedes fuera la dueña de la casa y del coche, y como estábamos casados percibiera una paga de viudedad. Ella no sabía a qué venía todo aquello, pero no importaba. Pronto lo sabría.

Habían pasado cuatro meses desde que supe de mi enfermedad, y empecé a sentirme realmente mal. Mi mujer ya se daba cuenta de que algo muy grave me ocurría y no se despegaba de mi lado. Su cabeza reposando sobre mi pecho me daba aliento para dar las últimas bocanadas, mientras acariciaba sus negros cabellos y su amado rostro.
A pesar de mi dolor por dejarla sola, di gracias al Ser misericordioso que me había permitido encontrar a una persona tan noble y buena, la cual me había proporcionado la dicha de ser padre, y el amor de una mujer en toda su excelencia.

Recostado, ella a mi lado, el pequeño jugando en la alfombra, miré a través del cuadrado de cristal las ramas desnudas de un árbol. Las hojas caían lentas, ondeando sobre el aire, tranquilas. Habían cumplido su misión. Me sentí una de ellas.
Pero vendría una nueva primavera, y la vida florecería de nuevo.
En mi hogar sucedería lo mismo:
¡Mi hijo era la primavera!


Publicado por mariangeles512 @ 0:36  | Amor
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Jueves, 04 de enero de 2007
Me enamoré de una bruja.

(Dedicado a las parejas que se unen pensando en vivir juntos hasta el fin de sus días)

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El título ya está muy manido y además hicieron una película que así se llamaba y que trataba de una bruja de verdad. Pero mi bruja, que no tenía escoba, pero sí aspirador y ordenador, también lo era, como ustedes van a poder comprobar.

Alicia me pareció una muchacha muy extraña. Se entretenía en mandar por Internet mensajes como este:
-Soy la mujer que buscas. No sigas perdiendo el tiempo y mándame tu número de móvil a alicia_mujer mira.com-

Como hay muchos anuncios de ciber-sexo y cosas extrañas, al principio, cuando lo recibí, no presté ninguna atención, pero a los pocos días al abrir de nuevo el correo y mandar a la papelera un montón de e-mails de propaganda, reparé en uno de la tal Alicia.

-No me has contestado. Yo sé donde vives y te voy a ir a buscar. No podrás pasar sin mí, una vez que te tenga entre mis brazos.-

-¿Esto era posible? Si lo fuera, como yo no tengo miedo a una mujer, si es de verdad, tenía que averiguarlo de forma exacta.
- La forma mejor- pensé- es mandarla un e-mail con un móvil que voy a comprar ahora mismo y que nadie conoce de momento.

Esa misma tarde me acerqué a la tienda de móviles y lo compré, El 684505434 me dieron sin mucha espera. Le mandé el correo a Alicia y esperé con el móvil recién cargadito.
Al cabo de una media hora, ¡nada más! El móvil sonó: número desconocido, ¡la muy guarra!
- Hello, ¿quién es?
- Ya sabes quien soy, tonto mío. Tu Alicia
- ¿Qué quieres de mí?
- Pues todo. Tú entero para que no te olvides nunca de mí.
- Bueno, mándame una foto tuya y veremos.
- De fotos nada. En persona quiero verme contigo y además enseguida, tío.
No sabía que decir ni como quedar, pero era todo igual, ella iba por delante dos kilómetros.

- Dentro de una hora estaré en Zara. La que se esté mirando al espejo con un vestido rojo, esa soy yo. Pero en punto, Enrique, en punto, si no llegas en punto te acordarás de mí.
- De acuerdo. ¿Cómo sabes mi nombre, si no te lo dije?

Colgó.
Como me gustan los misterios que se puedan desentrañar, me arreglé rápidamente con los vaqueros más “guays” que tenía y me puse la camisa picasiana y las gafas de sol Ray-Ban y fui a Zara en mi “burra” Suzuki de 1783 cc. , no sin antes encasquetarme mi casco de 100 euros.

Dejé la moto con mucha parsimonia delante de la tienda y bajé con el casco en la mano, como que no quería la cosa. En el momento que traspasaba la puerta principal se pudo oír el “clok” en el reloj de la plaza cercana.
Allí estaba ella, delante del espejo, con una cabellera rubia que la caía hasta la cintura y un vestido rojo abierto por un lateral que dejaba ver una pierna esbelta como no había visto nunca.
- Enrique, ¿qué te parece este vestido?
- ¡Impresionante!- dije refiriéndome en realidad a ella, ya que el vestido en sí me daba lo mismo.
- Pues vamos en la moto despacito hasta “Las Chapas” y nos tomamos un Martini.
- Bien, como quieras- y vi como ella cogía un casco casi igual al mío de encima de una de los mostradores de la tienda, lo que quería decir que estaba preparada y era adivina, o al menos bruja.

Nos montamos en la moto, después de que ella se quitara el vestido y dejara sólo una malla con unos pantalones cortos que llevaba debajo. ¡Cada vez me parecía más increíble! Metió el vestido en una bolsa que me dio para que guardara en la maleta de mi moto, donde llevaba algo más y ¡bruggggggggg! ¡A toda máquina!

Cuando llegamos a “Las Chapas”, lugar de encuentro de muchos moteros elegantes, la pregunté de sopetón:
- ¿Cómo sabes tanto de mí?
- Porque soy una bruja de tomo y lomo, tontorrón.
- Yo no creo más que en la Virgen María y Jesús Nuestro Señor y les tengo algo olvidados últimamente.

El caso es que me resultaba familiar ¡la condenada!

- ¿Vamos a jugar a las adivinanzas?
- Vale, si tú lo deseas, no hay problema.
- ¿Cuándo tenías seis años conociste a una niña de cuatro?
- ¡No sigas!-casi me caigo redondo-Tú eres Alicia la niña de las coletas a lo Nancy.
- ¡Exacto! Y hace unos días te ví en la TV, hablando de los logros de la Informática para proteger a las empresas bancarias. Dijeron tu nombre y busqué en la Telefónica tus apellidos inconfundibles: Arteaga Balzategui, que son los de mi Enrique. Y enseguida me hice con tu MSN y tu correo. Lo anuncias en tu despacho.
- ¡Amor! ¡Cuánto he suspirado por tí desde hace tantos años!

Ella era Alicia Madrigal de Torres, la hija del vecino de al lado de mis padres durante quince años. Entonces ya pasaron otros quince y no la hubiera reconocido si ella no fuera tan valiente. Lo curioso es que no me había olvidado durante tantos años y además dio con mi despacho sin problemas y buceó en mis costumbres.
¿Estaría enamorado de una bruja?

- ¿Recuerdas cómo jugábamos de forma inocente, a besarnos como veíamos en las “pelis”?
- No lo he olvidado. Una vez hasta nos tocamos desnudos y creo que aprendimos lo que era el amor sin poder hacerlo aún. Teníamos apenas ocho años y tú seis. Luego ya no nos atrevimos a hacer nada cuando adolescentes y soñé contigo durante años.
- ¿Has tenido alguna novia?
- Tres, sólo tres que traté de forma insulsa y nunca me parecían que eran como tú y las dejé. Bueno, y tú ¿novios?
- Ninguno. Hace quince años cuando mi padre tuvo que irse a Nueva York, me recluyó en un internado de señoritas y estudié Ingeniería de Telecomunicación como tú, porque sabía que era lo que querías ser de siempre.
- ¡Esto merece un brindis, una comida y una cena!
- ¿Sólo?

Me ruboricé, la verdad sea dicha. ¡Esta mujer era fuego contenido!
- No. No, también volvemos a los ocho añitos y recordamos. Tendremos todo mucho más feo, pero más efectivo. ¿No?
- ¡Eres un cerdito adorable, amor!

Ese día fue uno de una lista interminable. Nos amamos con pasión. Nos acariciamos nuestros cuerpos como si la piel fuera seda, disfrutando como locos. A los dos meses nos casamos y aquí seguimos después de otros cinco años, juntos, con dos hijos y con la ilusión del primer día. Ella me sigue amando y yo adorando. Cuando estamos separados por el trabajo jugamos con los ordenadores enviándonos e-mails picantes y sugerentes.
-Alicia, esta noche te espero en la cama completamente desnudo - ya no son tan frecuentes como antes, pero estos otros, son más:
-Enrique, cuando llegue a la tarde, no cenes, que me tienes que comer antes a mí entera-

Y así esperamos morirnos juntos cuando tengamos nietos y estemos jubilados. ¡No podremos vivir el uno sin el otro! ¡Lo sabemos!


Publicado por quijote_1971 @ 13:56  | Amor
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La huída del inocente-Capítulo IV


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- Eso ha sido un ajuste de cuentas sin duda- comenta el Sr. Santillán.
- Recuerdo que también transportaba el dinero de “El Corte Inglés”- dice Ana-
- ¿No es verdad, Pepe?
- Pues no recuerdo bien- asegura un Pepe, algo distraído-¡Ah, si! Sí fui yo quien te lo conté.
- No debemos preocuparnos. La policía ya estará detrás de la pista de los cómplices.

El lunes siguiente fue el día más ajetreado que recordarán los Santillán y los Minguez.
Con una orden judicial la policía peinó el coche de Pepe, para descartar que fuera atropellado por él o incluso encontrar alguna pista sobre el golpe que había sufrido el tal Lozano.
Interrogaron a todos los familiares por separado, por ver si se les encontraba en alguna contradicción y a los amigos que estuvieron con Ana y su novio la noche de autos.

- ¿Usted sabe que la Empresa Furblisa transportaba el dinero recaudado en su empresa a los bancos?- inquiere el Inspector Muñoz a un Pepe, ahora a la defensiva.
- Naturalmente, creo haber visto los furgones esos más de una vez.
- ¿Conocía antes del viernes pasado al señor Lozano?
- En absoluto, si me crucé con él antes, no me fijé.

Un Muñoz pensativo leyó el informe del forense y dedujo que el hombre había muerto entre las cuatro y las cinco de la madrugada del viernes al sábado. Presentaba un fuerte golpe en la nuca con derrame interno, lo cual seguramente le produjo la muerte cerebral, pero no era seguro. El golpe puede haber sido producido por la culata de una pistola del tipo Sig-Sauer P220, parecidas a las españolas Astra, que ya no se fabrican, que usan los guardias de seguridad de muchas empresas, y además se le encontró dos pinchazos de aguja, uno en el brazo izquierdo con gran moratón, seguramente por rebeldía del inoculado y otro en el cuello. En la sangre apareció una cantidad de insulina necesariamente mortal.

- Lemos, ven conmigo que vamos a buscar a los cómplices de Lozano en lo del asunto de Furblisa, ya tengo la orden judicial.
- Voy Inspector- contesta un solícito Ángel Lemos, que no se extraña de nada de lo que diga su jefe-preparo la automática y unas granadas si quiere.
- Ya avisaremos a los geos si es necesario. Por ahora con la placa nos es suficiente, verás.
- O. K.-contesta el americanizado Lemos, subinspector muy efectivo y preparado.

Muñoz había estudiado el caso del asalto al furgón y sobre el tal Lozano siempre le pareció que no actuó sólo. Los compañeros, sospechosamente, aparecieron sin haber ofrecido resistencia alguna y apenas supieron o no quisieron contar muchos detalles de la forma en que se hizo con el furgón el otro empleado. Los dos le echaron la culpa y ¡santas pascuas! Fueron interrogados múltiples veces y por falta de pruebas salieron libres. Pero si ahora aparecía muerto Lozano, o una de dos: alguien más intervino o estaban ellos implicados.

Todo esto olía a ajuste de cuentas y los ajustes de cuentas en estos casos se dan porque seguramente el individuo no aportó el dinero prometido y ahora se lo habían cobrado de mala manera.

Por tanto con el expediente en la mano se dirigían en el coche camuflado a la casa de Elías Martos, el que iba en el furgón en la parte de atrás, vigilando la puerta trasera.

-Elías abra, somos la policía.
- Ya voy, no se preocupen- se oye al otro lado de la puerta.

Pasan unos minutos y no abre nadie. El subinspector da un empujón a la puerta y entran. Lo justo para ver escapar por la ventana a Elías portando una bolsa.
La ventana da a un patio interior, rápidamente Lemos salta por la ventana, mientras el Inspector Muñoz vuelve a la escalera principal.
- ¡Alto, o disparo!- grita el subinspector.
Elías abre la puerta del patio y al otro extremo ve un coche Opel Astra en el cual rápidamente se introduce el huido.
El inspector dispara certeramente a las ruedas y el coche en una pirueta trágica se empotra contra la casa de enfrente.

- Aquí Lemos, necesitamos ambulancia y un coche patrulla-en la carretera de Cádiz, en las viviendas bajas junto a la Tabacalera.

Cuando Muñoz llega junto al coche, tira de Elías hacia afuera y cae sobre el asfalto conmocionado pero vivo y junto a él se abre una bolsa llena de dinero, con billetes de varios valores, todos euros.

Una vez trasladado en ambulancia al Hospital, se asegura de que esté bien vigilado y que no se diga nada a la prensa de momento.

- Vamos a por Ramírez, este vive en Torremolinos. Avisa a la comisaría de allí para que rodeen la casa que tiene en La Carihuela- dice a Lemos.
- O.K.-siempre tan lacónico y efectivo.

Cuando llegaron a la Urbanización donde vivía el que había sido el acompañante de Lemos en el furgón, ya estaba montado el dispositivo de forma que salir de la casa era imposible.
Como no se fiaba nada del tal Ramírez, el inspector mandó a dos agentes por la parte de atrás y él y Ángel por delante. La orden judicial en la mano.
-Ramírez, sabemos que está dentro, salga con los brazos en alto y deje a la familia tranquila- le dicen porque sabe que tiene una compañera y dos hijos.
-¿Por qué me buscan?- se oye desde el interior de la casa, por cierto, mansión no acorde con el sueldo de un empleado de empresa de seguridad, que él justificaba como de su mujer, heredada de sus padres.
- Lo sabe muy bien. Hemos encontrado a Lozano y ha cantado- le miente Muñoz- dice que sus cómplices erais vosotros, Martos y tú.
- No es cierto, Lozano está muerto- se delata, y en ese momento los agentes que estaban por detrás entran rápido y Lemos por delante y tumban a Ramírez sobre el suelo del pasillo, no sin antes quitarle una pistola de la mano.
- ¿Muerto y tú que sabes de eso?- le pregunta ahora el inspector.
- ¡Un abogado, un abogado!-Grita el inculpado.
Ramírez era diabético como constaba en el informe y los agentes guardan varias dosis de insulina y jeringuillas diversas, mientras se llevan esposado al vigilante de seguridad.
Continuará...


Publicado por interazul @ 12:48  | Misterio
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