Mi?rcoles, 31 de enero de 2007
Un muerto a los postres- Cap?tulo IV

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La se?ora Alonso, le cuenta al inspector como hab?an quedado el viernes todos los dirigentes de la empresa Infortotal en el hotel para compartir uno o dos d?as de descanso y a la vez ultimar algunas cuestiones mercantiles.

- ?Los se?ores Chue y el otro, se marcharon muy pronto, no?
- S?, a las siete de la tarde, m?s o menos- responde Carmen.
- ?Y los M?ller?
- Algo m?s tarde, a las ocho o quiz?s, m?s. Me acuerdo muy bien, porque estuve hablando con mi amiga Beni y mir? el reloj y me dijo que Adolfo quer?a irse como muy tarde a las ocho. Mi marido hablaba con ?l amistosamente - mientras Arrieta hac?a las preguntas, su ayudante Eguilaz tomaba notas con su ordenador de bolsillo.
- Eguilaz, vaya a preguntar a los franceses. Veamos que saben.

Mientras Eguilaz sal?a, el Inspector Arrieta comunicaba a la viuda, que de momento el cad?ver de su marido ser?a remitido al Cl?nico de Sevilla, para hacerle la Autopsia. Ella pod?a irse cuando quisiera a su casa.

Mientras el subinspector entrevistaba a los franceses, ?l se fue a recepci?n para comprobar los datos guardados, con las direcciones en Sevilla de los socios de Alonso.

Una vez, el Juez manda el cad?ver al Cl?nico, los dos polic?as se re?nen en el hall del hotel.
- Veamos, Eguilaz, ?qu? has sacado a los franceses?
- Bien los monsieurs, que hablan bastante bien espa?ol, dicen que vieron discutir al alem?n con Don Luis Alonso poco antes de marcharse. Uno de ellos pill? algo as? como: ?No vamos a meternos en negocios sucios?, nada m?s.
- Hay que llamar a Sevilla. Voy a hablar con el Inspector Jefe Pacheco.

Arrieta habla con Pacheco:
- Es preciso que localices a los siguientes se?ores-d?ndole nota de todos los que se supone ya en Sevilla relacionados con la empresa-es necesario, aunque sea domingo, que localicen a todos, pues alguno puede irse al extranjero.
- De acuerdo, en principio, ?pido ?rdenes de detenci?n o no?
- Cu?ndo les hablen de la muerte del empresario, es preciso observar su reacci?n. Si alguno no se le puede localizar, proporci?nate orden de busca y captura, pues es posible que sea el asesino o su encubridor. Manda a gente experta.
- Eso har?. Te esperamos aqu?, pues s? que te han asignado el caso.


La noticia salta por la radio de la polic?a, mientras el Inspector y su ayudante sew dirigen a Sevilla:
?Alijo de opio en unos fardos que conten?an componentes electr?nicos. Se est? investigando la presunta implicaci?n de un transportista alem?n, afincado en Sevilla?
- Eguilaz, ese es M?ller, seguro.
- Me parece que esto va ser pan comido, inspector. Ese se?or seguramente ha eliminado al se?or Alonso, porque era un obst?culo para sus prop?sitos, pero el ignorante no sabe que and?bamos tras ?l desde hace tiempo.

As? era, el registro de una serie de paquetes importados desde China y alrededores hab?a dado sus frutos, mont?ndose un dispositivo de control de forma que los camiones de M?ller hab?an estado bajo vigilancia.

Arrieta llama de nuevo a Pacheco, ya cerca de Sevilla:
- Me acabo de enterar de lo del alijo, es preciso detengan al alem?n.
- Est? ya en la Comisar?a. Te estamos esperando.
Cuando entran en la nueva comisar?a en la Alameda de H?rcules, recientemente inaugurada, un agente de guardia les indica que el mismo Inspector jefe les est? esperando en una sala de interrogatorios.
- Veamos Se?or M?ller, ?sabe usted que tal est? su socio Alonso?- le espeta Arrieta, una vez que conoce que no se le ha comunicado nada de su muerte.
- ?Por qu? me pregunta eso? Ayer le dej? en el Hotel Gran Golf de Matalasca?as estupendamente.
- ?Ha sido asesinado!
- ?C?mo, qu? me dice?- aparentemente demuestra estar extra?ado.
- Puede llamar a un abogado, es preciso que sepa que es usted sospechoso.
- Vamos a ver les voy a contar lo que s?. No necesito abogado de momento, porque estoy seguro de que no he matado a nadie y menos a mi amigo. Unos chinos me propusieron el trasladar cajas con componentes inform?ticos por toda Europa y si quer?a ganarme una buena pasta, ?En que hora les escuch?! Me tendr?a que dejar meter algo de opio, cuando trajera la mercanc?a desde el Este hasta Sevilla. Que no me preocupara que miran poco los camiones, porque todas las sospechas las dejan para los barcos y aviones.
- Espere, espere, interrumpe el Inspector Pacheco. ?Admite lo de la droga? ?Sabe que le pueden caer quince a?os de c?rcel si coopera puede que diez?
- Pero s? que no he matado a mi amigo. ?Joder! ?Mich cago in der Mutter, die sie gekalbt hat!
- ? Necesita traductor?
- No, no solo era: ?Me cago en la madre que les pari? a esos chinos de mierda!
- Guarde las formas, que adem?s pueden acusarle de racista.
Una vez fuera los polic?as intercambian puntos de vista, deciden imputar a M?ller de tr?fico de droga, llamar al Juez de Guardia para que les de las ?rdenes de detenci?n para Chue en Lie y Ma-Tse-Tan e irse a descansar hasta el lunes.

Continuar?
?Es seguro, que los chinos son los asesinos? ?No pudieron tratar con Alonso y buscaron la opci?n del alem?n?

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S?bado, 27 de enero de 2007
LA BURRA VALIENTE

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Mi primo y yo nos montamos en la burra de Miguel, un vecino de mi abuelo, para dar un corto paseo desde la casa al prado, donde la dejamos pastar toda la ma?ana.
El bobalic?n de Jos? iba delante llevando la rienda, un solo ramal de c??amo tirando de la brida sin bocado, yo como pod?a, me agarraba a sus hombros para no caerme de la grupa.

No era la primera vez que dirig?amos al animal por la estrecha calleja entre las dos casas de piedra, hasta desembocar a la plaza del pueblo y seguir hasta la campi?a.

Lo que si era la primera vez es que una vaca de grandes dimensiones, tratara de forma inopinada acceder desde el otro extremo del pasadizo, justo en sentido contrario al nuestro.
- Jos?, que la vaca y la burra no caben juntas por el pasillo este.
- ?No seas miedica!, ya estoy tirando de la brida para que recule el animal.

Pero al ser un solo ramal, la burra no entend?a la orden, s?lo giraba como loca y en una de estas me baj? o me tir?, me puse delante de ella y tir? de la brida. ?Esto s? lo obedec?a!

Pero los peligros no iban a zanjarse ah?. Una vez salimos al campo, estando muy cerca de la era, la manada de vacas de Mill?n, otro vecino de mi abuelo, tambi?n buscaba pasto de forma acalorada, por gracia de un vaquero de v?a estrecha, que las arreaba para que llegaran cuanto antes e ir ?l a comerse el pan con chorizo de la ma?ana, a toda prisa.

Y claro, las ten?amos a menos de veinte metros del trasero del animal. La burra, que se llamaba Mariposa, parece que las oli? m?s que la vio y como ya hab?a tenido la experiencia de hacia un ratito le dio por echar a correr. ?Cuanto m?s corr?a la burra, las vacas m?s se espabilaban! Yo botaba como un pelele en la feria y mi primo se empe?aba en querer frenarla. En una de estas, la burra se fren? en seco y el tontorro de mi primo y este salimos por encima de las orejas del bruto animal y quedamos encima uno del otro en escorzo incre?ble.

La Mariposa salta por encima de nosotros y ?cosa extra?a! Llenos de ara?azos y sangrando, parece que no nos hemos roto nada.
- Juanito, que las vacas est?n ah? y son m?s de treinta, como nos pillen ya no lo contamos.
- Ya veo, ?mira que frenarla as?! ?Como salga de esta te voy a dar una patada en la espinilla!
- ?Corre, corre, que nos pillan!
?Menos mal! El vaquero se dio cuenta de lo que pasaba y las desvi? justo a tres metros de nuestro lado. Agarramos la borrica y la llevamos poco a poco, andando hasta la campi?a. Nos lavamos en la fuente, nos tumbamos a la sombra de un manzano y aqu? estamos viendo caer las manzanas, como me dice el maestro que hace un tal Newton.

Publicado por quijote_1971 @ 20:34  | Costumbres
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Jueves, 25 de enero de 2007
El desv?n abandonado


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Mi abuelo tiene una casa muy grande, con tres plantas, una cochera y un desv?n.
La entrada es muy grande, pues por ella entran carruajes con sus caballos y todo.
En la planta baja viven dos hijos con sus familias, de una de las cuales formo yo parte.
En la alta, los abuelos, a los cuales visito a diario, para jugar con mi querido abuelo Pedro, a las damas y al parchis. Casi se me olvida decir que me llamo Juan y que tengo diez a?os.
Todos me llaman Juanito ?piernas largas?. Tengo tres primos, pero uno, que le llamamos todos ?Cochero?, pero que su nombre real es Jos?, tiene dos a?os m?s que yo y tambi?n juega con el abuelo y conmigo todas las tardes, mientras la abuela prepara la cena.
El desv?n est? justo encima de d?nde ellos viven, y seg?n mi abuelo, en ?l han metido durante a?os todo lo que se queda viejo, inservible o no vale nada, pero que les da pena tirar tanto a ?l como a sus hijos.
Yo he visto subir dos l?mparas, un arc?n lleno de ropas antiguas, una escultura que hizo mi t?o hace a?os, dos cuadros muy grandes y muchas cosas m?s.
Mi primo, dice, para asustarme, que en el desv?n viven fantasmas de nuestros antepasados, que vagan en busca de ni?os para convertirse de nuevo en seres vivos, al arrancarles el coraz?n. Yo s? que eso es mentira, cuando quiera subir? al desv?n para ver si hay algo interesante para jugar.

- Juanito, otra vez me has comido la dama- dice mi abuelo Pedro
- Es que gracias a tus ense?anzas, me estoy haciendo un maestro.
- Bueno, como sube tu primo, vamos a jugar todos al parchis. ?Adriana! Trae a los ni?os unas mantecadas, que no han merendado.
El abuelo siempre tan solicito con nosotros, pero no se entera que preferimos chorizo, salchich?n y chocolate, antes que las grandes mantecadas que hace la abuela, que desde luego son buen?simas.

Esa tarde, seg?n salimos por la puerta, le digo a Jos?:
- ?Por qu? no subimos al desv?n a ver lo que hay? Yo no tengo miedo.
- ?Vale! La llave est? puesta en la cerradura. El abuelo no la quita nunca.
Subimos sigilosos, en un momento estamos junto a la puerta, que es peque?a, pero muy fuerte, de madera, tiene una llave enorme que hay que girar para que se abra sobre las bisagras.
Mi primo gira la llave y entramos. Encendemos la luz, que es una bombilla pelada, en el techo, adem?s a?n entra algo de claridad de la tarde y vemos bien.
Lo primero que vemos es una gran telara?a que cuelga del ventanuco que hay en lo alto y que tiene un cristal de color pergamino, no s? si por los a?os o por los sucio. A la derecha unas estanter?as met?licas en las que se apilan libros viejos, l?mparas antiguas, cacharros de metal, de los que ten?an antes para calentar al fuego de las chimeneas las comidas.

Un poco m?s all? dos esculturas de m?rmol, que una me parece la que tengo en un libro del Colegio.
- Jos?, ?es la estatua de Julio C?sar?
- ?Tonto!, es una imitaci?n, que mi padre ha ido a Bellas Artes y de trabajo le pon?an a hacer copias.
- ?Ah, ya!

A la izquierda hay dos cuadros enormes, que est?n tapados por unas s?banas que fueron blancas hace a?os. Al destapar la primera, un trueno enorme casi nos deja sordos. La luz el?ctrica desaparece, por el ventanuco se oye la fuerza de la lluvia y lo peor de todo, mi primo presa del p?nico sale corriendo por la puerta cerr?ndola tras de s?.

Yo intento abrir pero no puedo. Entre el fragor de la tormenta y el grosor de paredes y puerta, me parece que hasta que el tonto del ?Cochero? no se acuerde que me dej? aqu? solo, no salgo.
Mejor seguir mirando los cuadros. Enciendo una linterna, que hab?a cogido al entrar, que mi primo no vio y descorro el primer lienzo. Una cabeza sobre una bandeja, todo muy oscuro, en las manos de un hombre que se acerca a una mujer (m?s tarde supe que era la cabeza de San Juan y ella es Salom?) parece que sale de la bandeja y va a rodar hasta donde yo estoy. Me retiro y tropiezo con una de las esculturas que ahora enfoco.
- ?Mam?!?Es una serpiente enorme! ?Ven a por m?!- pero otro trueno impide toda posibilidad de que mis abuelos me oigan.

Veo el gran arc?n. Si al menos dentro hubiera algo con que hacer ruido, un tambor o una corneta o algo as?.
Me acerco y con mucho trabajo, entre chirridos de goznes desengrasados, abro el arc?n.
- ?Socorro! ?Hay un muerto, socorro!
Una cara roja con cuernos, con unos ojos vac?os y una perilla negra me contemplan. Estoy paralizado de miedo y creo que me hago mis necesidades encima, oigo un ruido sobre el suelo de tarima, como un riachuelo, que creo que es mi propio or?n.
- Muerto de miedo es lo que est?s.
- ?Socorro, no me mates, no me quites el coraz?n.
- ?Pero Juanito, que soy tu abuelo- Ahora le veo, la luz ha vuelto y la voz es del otro lado del arc?n, a mis espaldas.
- ?Abuelo, abuelo!- mi primo me dej? encerrado.
- Mira que asustarte con el disfraz de demonio que llev? en los carnavales de hace un mont?n de a?os, no seas miedoso, anda baja con tu abuela que te de ropa limpia.

No cre?is que dej? de subir al desv?n, pero siempre que lo hice a partir de entonces, cog?a la llave y hasta que no sal?a de nuevo, no volv?a a meterla en la cerradura. As? pod?a abrir desde dentro con facilidad
.

Publicado por quijote_1971 @ 18:27  | Misterio
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Un muerto a los postres- Cap?tulo III



El viernes por la noche, como acordaron, todos estuvieron en el Hotel Gran Golf de Matalasca?as.
Cenaron todos juntos de forma muy amistosa celebrando el ?xito de la compa??a que tan bien marchaba.
El s?bado quedaron en el campo de golf cercano y desde las diez de la ma?ana hasta pasadas las dos de la tarde dieron rienda suelta a su?hoby?. Despu?s de un rato en la sauna del hotel quedaron de nuevo todos en el comedor. Alonso pidi? una botella de vino de Ribera de Duero. Los dem?s prefirieron cervezas y agua mineral. La costumbre es que si no se termina la botella, como as? ocurri? en esta ocasi?n, los camareros la apartan con una etiqueta de la habitaci?n correspondiente, para la noche o para el d?a siguiente. Las de vino tinto las dejan sobre una mesa al final del sal?n, las de vino blanco las introducen en los frigor?ficos.

Por la tarde la se?ora Alonso sali? a la peluquer?a del propio hotel, seg?n dijo a su marido, mientras ?ste se qued? viendo una pel?cula en la habitaci?n.
A las dos horas volvi? y le dijo a Luis.
- Vamos a la cafeter?a, no esperan a ma?ana ni los chinos ni nadie y no tengo ganas de cenar. Tomamos algo sencillo, nos acostamos pronto. Ma?ana nos vamos a dar un gran paseo por la playa, ya que estaremos solos y descansamos del golf.
- De acuerdo.

En la cafeter?a hubo una peque?a discusi?n entre Alonso y M?ller. Mientras las esposas charlaban animadamente sobre lo ?ltimo en moda, ellos decidieron dejar lo que trataban cuando Carmen intervino:
- ?Qu? ocurre?
- Nada importante Carmen, es que Luis es un hombre muy honrado, no admite ninguna trampa. Me parece estupendo.
- ?Qu? cosas tienes, si el octavo hoyo estuvo bien metido! ?Nada de trampas!- dice Luis.
- De acuerdo, mi amigo.

Los primeros en marcharse fueron los chinos. Ten?an asuntos que resolver en la ma?ana del domingo, pues estos no descansan ni los domingos apenas. Despu?s lo hicieron M?ller y su mujer. Y casi de forma simult?nea Eduardo junto con su compa?era. Los que se quedaron y estaban el domingo fueron los franceses y sus esposas, adem?s del finado y la suya.
???

Cuando el teniente Morales descubri? el misterio de la botella, Carmen se sinti? presa del p?nico.
- ?Han sido los chinos! ?Han sido los chinos!- repet?a una y otra vez.
- Veamos, se?ora. ?qui?nes son los chinos?-el teniente, como era natural estaba desbordado, porque ni hab?a o?do nada de chinos, ni hab?a ninguno en el hotel.
- Ver?, han estado dos chinos estos d?as anteriores en el hotel- dice el Sr. Calleja, gerente del establecimiento.
- ?Y ahora d?nde se encuentran? Bueno es lo mismo, tenemos que esperar al Inspector Arrieta de homicidios, para que se haga cargo de todo. De momento y en una hora, no se puede ir nadie del hotel. Ya tenemos una pareja en las puertas de acceso desde la calle y otra en las de la playa.

Arrieta era un duro Inspector de la regi?n andaluza. Estaba destinado a la, de momento tranquila Comisar?a de Huelva desde hac?a dos a?os, procedente de Vizcaya. Su tenaz persecuci?n de los terroristas vascos durante muchos a?os, bien merec?an un descanso. Y all? estaba. Cuando ese domingo esperaba pasar una guardia tranquila le llamaron con urgencia. Ten?a que ir a Matalasca?as a toda prisa, porque se hab?a cometido el crimen de un empresario sevillano.
- Vamos, Eguilaz, vente conmigo que los guardias civiles se habr?n liado con la tostada.
- All? vamos- respondi? el subinspector Eguilaz tambi?n muy curtido, ?ste en la lucha contra el crimen pasional en varias provincias de Espa?a.
Cuando llegaron al Hotel de los hechos, el Inspector, con su tez morena y curtida por el sol, se dirige al Teniente Morales:
- Vamos a ver, ?tomaron muestras, para la cient?fica de todos los alimentos?
- Por supuesto, el Juez le estaba esperando para el levantamiento del cad?ver, por si usted descubre algo nuevo. Pero el vino est? envenenado con cianh?drico.
La se?ora Alonso, estaba ya en su habitaci?n, as? como todos los dem?s clientes del Hotel.

La tarea iba a ser ardua, para dejar a los usuarios del Hotel libres sin problemas. Lo primero era entrevistar a la mujer, explicarla que ten?an que hacer la autopsia al cad?ver y que era necesario recordar todo lo que hab?a pasado las cuarenta y ocho horas anteriores.



Continuar?.
?Qui?n fue el asesino
?

Publicado por interazul @ 13:43  | Misterio
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EL ESTADO ESPA?OL HA QUEBRADO

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No es lo malo que este gobierno llegara al poder gracias al terrorismo, ni siquiera que el in?til de su presidente fijara como meta pagar su deuda a la ETA.
Lo malo es cuando se pone en duda que un asesino, porque dicen que se ha puesto en huelga de hambre, puede un Tribunal reunido decidir si le env?an a su casa a seguir penando o a seguir matando.
La duda de que un Estado, que se asentaba hace a?os en la defensa de ESPA?A, ya muy tocado con la Constituci?n78, permite este dislate, no es posible, m?s que desde la ?ptica de la Globalizaci?n, que parece que en este caso mete a todos en el mismo saco tambi?n: V?ctimas y asesinos.
Los que somos partidarios sin ambages de la CADENA PERPETUA, con trabajos forzados para asesinos si quieren mantenerse en vida, esto no tiene sentido desde hace muchos a?os, pero al menos los gobiernos de la derecha pancista, aparentemente no permit?an estas dudas.
Los comunistas que se han metido en la piel de ?progres?, que son partidarios de la Eutanasia, del aborto, de la dejadez de funciones en el gobierno, resulta que algunos se creen que les compadece que un individuo, cuyo nombre ni menciono, que es un asesino que brinda cuando asesinan a alg?n espa?ol por serlo, que se jacta por escrito de que se alimenta con el llanto de los familiares que asesina, NO LE DEJEN MORIR DE HAMBRE, SI LO DESEA. Yo a?adir?a, si no trabaja para mantenerse, pero esto ya s? que es pedir peras al olmo, pero al menos, ignorarle, dejarle en su celda, retorci?ndose de dolor, para que sepa lo que sintieron sus v?ctimas y sienten sus familiares, que seguramente sacar? el jam?n que le pasa un lendakari cualquiera.
Por ello, la duda de un ESTADO, que fue de ESPA?A, ponga en manos de un tribunal, aunque decida lo contrario de lo que pretenden los esbirros del PSOE, indica que el ESTADO HA QUEBRADO.
Por ello, pido a todos los que entran en estos foros que repudien esta CONSTITUCI?N que permite esto, lo dem?s es poner pa?os calientes a un muerto.

Publicado por Lanzas @ 10:01
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Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
LOS GORRIONES.

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Viv?a sola, pero no se encontraba vac?a.
Ten?a un perro, cuatro gatos y un mont?n de peque?os amigos: los gorriones, que cada ma?ana acud?an a la vereda de su jard?n a esperar las miguitas de pan que el ama de la casa les echaba.
Le encantaba ver las tiernas avecillas comiendo a su alrededor, aunque al menor movimiento de la mujer alzaran el vuelo.
Su vida estaba en el crep?sculo. No importaba. Hab?a vivido: hab?a tenido cuatro hijos, plantado varios ?rboles y escrito algunos libros.
Eso era vivir, seg?n hab?a afirmado en alguna ocasi?n su admirado Pablo Neruda.
Claro, que no sab?a con certeza si hab?a vivido con la intensidad con que la vida debe ser absorbida;
Si esos hijos deber?an haberla amado, visitado, atendido en su soledad?
Si sus ?rboles deber?an haber dado hermosos frutos, o sombra, o belleza, simplemente?
Si sus libros deber?an haber sido le?dos por alguien m?s que por ella.
Y si ?stos hubieran sido publicados, si deber?an haber tenido ?xito.
No, nada de esto esclarec?a el autor de?Una canci?n desesperada?, su favorita.
Hab?a vivido, pero ten?a la duda de si hab?a saboreado su existencia todo lo agudamente que la vida deber?a ser apreciada, dada su terrible levedad.

Ya nunca lo sabr?a. Era muy tarde.

Am? intensamente a un hombre, aunque siempre tuvo la certeza de que no fue correspondida de igual manera. Fue ineludible perdonar muchas veces para llegar juntos hasta el final. Su conciencia estaba tranquila; siempre hab?a actuado de manera totalmente honesta.
Ahora ?l ya no estaba.
La ausencia se hac?a sentir en toda la casa, la mujer deseaba percibirla; por ello no se hab?a mudado a otra m?s peque?a y mejor comunicada.
Hac?a alg?n tiempo que sus libros, sus animales, sus plantas, eran toda su vida.

Se hab?a levantado algo cansada, muy temprano, aquella ma?ana.
Hab?a bajado penosamente las escaleras para llegar a la cocina y preparar su ligero desayuno.
Descorri? las cortinas del ventanal del comedor que daba al jard?n. All?, sobre el espejo creado por la lluvia nocturna, reflej?ndose en el cristal, sus amados p?jaros esperaban su alimento.
Volvi? a la cocina con vivos pasos, cogi? un trozo de pan y lo hizo miguitas para que los gorriones comieran antes que ella.
Se coloc? un delantal y ech? en ?l las migas. Abri? la puerta de salida al jard?n y trat? de bajar los cuatro escalones que la separaban de las avecillas.

El piso mojado, un resbal?n y cay?.
Su cuerpo qued? ligeramente sentado con la n?vea cabeza echada hacia atr?s.
Los gorriones la miraron expectantes; con precauci?n se acercaron. Su protectora no se mov?a.
Pasados unos instantes, una enorme bandada de pardales se posaba sobre el pecho de la anciana. Al poco, todos a una, levantaron el vuelo hacia las alturas perdi?ndose en el azul.

A media ma?ana, la mujer que ayudaba en las tareas de la casa llam? repetidamente a la puerta.
Nadie contest?. Abri? con la llave que la se?ora le hab?a dejado.
La llam? varias veces en voz alta. El silencio respondi?.
Empez? a recorrer las estancias, cuando la vio en la escalera del jard?n.

Yac?a muy quieta, muy fr?a, pero en sus labios una hermosa y serena sonrisa se perfilaba; y en sus abiertos ojos dirigidos hacia el a?il, en los cuales se reflejaba, crey? vislumbrar una bandada de p?jaros, sosteniendo por el pico entre todos, una esplendente estrella en forma de coraz?n.

Publicado por mariangeles512 @ 13:25  | Costumbres
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Domingo, 21 de enero de 2007
Un muerto a los postres-Cap?tulo II.



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Vamos a remontarnos unos meses atr?s de los hechos que llevaron al asesinato del se?or Alonso.

La empresa de inform?tica Infortotal hab?a sido formada con la ayuda de los padres de la mujer de Luis Alonso. Cuando ella les present? al joven ingeniero quedaron ilusionados y como ten?an dinero, ya que Luciano Carmona, padre de Carmen, hab?a sido un hombre de negocios de reconocida solvencia con varias papeler?as e imprentas en Andaluc?a, lo de una empresa como la que propuso el que ser?a muy pronto su yerno, le convenci? enseguida.

Su mujer colabor? sobremanera, pues ella ten?a estudios empresariales y con su marido formaron un d?o francamente eficaz.

La importaci?n de componentes electr?nicos pasaba por entenderse con los chinos.
El bajo coste de la mano de obra les hab?a convertido en imprescindibles. Casi todas las placas, los discos duros, las tarjetas gr?ficas,? casi todo, lo montaban ellos.
Chue en Lie era la cabeza visible con el que ten?an que tratar y cuando contrataron a Eduardo Linares como secretario general, todos los problemas los arreglaban entre ellos. Algo raro descubri? el secretario en las cajas de componentes electr?nicos un d?a de diciembre pasado. Not? varias cajas que estaban mal cerradas y aunque los componentes no estaban da?ados, eso no le gust?.
- Luis-as? llamaba a su jefe, por indicaci?n de este- hay algo raro, ?ltimamente en las cajas que llegan desde China, da la impresi?n de que algunas han sido abiertas y aunque cuidadosamente las vuelven a cerrar, es como si buscaran algo.
- Anda, anda, Eduardo, t? siempre est?s con tus paranoias. ?Qu? crees?- realmente la confianza en ?l era total y por eso buscaba su opini?n.
- ?No portar?n algo de droga, de falsos billetes o algo as?? A mi, ya sabes que los chinos no me inspiran ninguna confianza.
- Habr? que seguir observando y de todas maneras yo hablar? de forma inteligente con el Lie ese.

Esto qued? as? hasta que pasados unos d?as, el tal Chue en Lie se acerc? al despacho del se?or Alonso y pidi? hablar con ?l en privado.
Sobre su conversaci?n que dur? m?s de una hora, coment? con su secretario:
- Ya est? todo aclarado. Lo de las cajas de componentes mal cerradas se debe a que la polic?a busca entre todos los env?os desde Taiwan, droga. Parece que una trama de traficantes est? camuflando opio en grandes cantidades para uso en drogas de dise?o en Europa. Utilizan todo tipo de valijas que llegan a Espa?a, para distribuir a los fabricantes en Europa.
- Y nosotros, ?no tendremos ninguna implicaci?n en esto! ?No?
- Naturalmente.

Carmen Carmona, esposa de Alonso, era una mujer muy emprendedora y colaboradora con los negocios de su marido. Bien parecida, gustaba arreglarse y pintarse de forma elegante, lo que la abr?a muchas puertas, sobre todo masculinas.
Incluso hac?a viajes fuera de Europa, como a Tailandia y a Rusia, buscando relaciones para la empresa. Sol?a viajar con una prima suya que pr?cticamente la trataba como a una hermana.
En uno de sus viajes a Mosc? conocieron a unos franceses que andaban por all? con el mismo objetivo, el ampliar el mercado de sus empresas de Inform?tica. Por una parte acud?an a reuniones de empresarios y por otra dejaban sus direcciones a todos los que acud?an para compartir mercanc?as.
Para hacerse m?s agradable la estancia quedaron para cenar juntos y algo m?s pas? en esos d?as, porque los franceses eran muy zalameros y serviles.
Cuando regres? a Sevilla, su marido la not? algo extra?a, pero no le dio importancia, porque nunca hab?a tenido la m?s m?nima sospecha de su comportamiento de fiel amante.

Un d?a le pregunt?:
- ?Te pas? algo en esa Rusia maldita?
- Nada importante. S?lo conocimos a unos empresarios franceses, Monsieur Lafitte y Monsieur Batignon qu? quedaron venir por Sevilla para conocer nuestra empresa.
- ?De acuerdo! Inv?tales en mi nombre.

Como unos quince d?as despu?s, los se?ores Lafitte y Batignon se presentaron en la empresa de Alonso.
Carmen present? a Eduardo, el secretario general, y quedaron ir a comer, junto con Chue al d?a siguiente, con la buena idea de formar una compa??a internacional de importaci?n y exportaci?n de componentes electr?nicos. Como era inflexible, sin el chino no se pod?a hacer nada.

A la comida asistieron los franceses, Alonso y su mujer, la prima Beni y su esposo, Mario y Chue en Lie con el que ?l dec?a que era su socio, pero todos entend?an que era su guardaespaldas con cara de muy pocos amigos.

Alonso se crey? en la obligaci?n de exponer el tema de los intentos de alguna mafia de meter droga en los paquetes.

Chue en Lie se mostr? contrariado.

- No mencionar, mejor no mencionar. No es cosa nuestra.- repet?a el oriental.
- Es necesario firmar un documento en el cual la empresa cuente con tres gerentes- dice Eduardo.
- Lo veo bien- contest? Luis Alonso- ?cu?les propones?
- Por parte francesa a Monsieur Lafitte, por parte espa?ola a ti y por parte, digamos de las manufacturas, al se?or Lie.
Todos estaban de acuerdo y aquella misma tarde firmaron el documento ante Notario. ?ste les hizo saber que seg?n el mismo, en caso de fallecimiento o incapacidad de alguno de los firmantes, quedaban como sustitutos, el se?or Batignon, el se?or M?ller, que era el marido de Beni, pues Carmen se inhib?a en su favor, y por parte oriental, el guardaespaldas, llamado Ma-Tse-Tan.

A nadie le extra?? todo esto, porque se daban todos por muy longevos y eran a?n j?venes.

M?ller era de origen alem?n y se dedicaba a los negocios de transporte de mercanc?as por toda Europa y aparentemente no ten?a ning?n inter?s en meterse en la inform?tica, pero no se opuso para no contradecir a sus buenos amigos.

Esa noche coment? Luis con su mujer:
- ?No hubiera sido mejor que t? fueras la suplente m?a?
- ?Qu? cosas tienes! Yo s? que t? me perdurar?s a mi. Todo es puro tr?mite.

A los dos meses de constituirse la sociedad, las ganancias subieron como la espuma. La venta de componentes se dispar? en toda Europa y la renovaci?n de ordenadores, programas, conexiones a Internet, ? eran el pan nuestro de cada d?a.

-Adolfo-ese era el nombre de M?ller- ?vienes con Beni este fin de semana a Do?a?a? Carmen y yo vamos al hotel del Golf de siempre- le comunica Luis por el m?vil a su amigo.
- De acuerdo, pero s?lo el s?bado, ya que el domingo tengo una expedici?n de dos camiones para Italia y tengo que supervisarlos. Iremos el viernes por la noche.
- Vale, van tambi?n el chino y su amigo, que les he animado a jugar. Y as? mismo van adem?s, los franceses con sus esposas que est?n pasando unos d?as en la Costa, y como no, Eduardo con Pepi su compa?era inseparable. Venid el viernes por la noche y as? jugamos duro todo el s?bado..
Ese fue el fin de semana en el cual Alonso fue asesinado en el hotel.

Continuar?


?Qui?n puede ser el asesino? ?Qu? razones puede tener para serlo? Animaros y arriesgad en vuestras respuestas

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Jueves, 18 de enero de 2007
SORPRESA

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Definitivamente no era mi d?a. Nada m?s levantarme resbal? sobre la alfombra y tir? todo lo que hab?a sobre la mesilla. ?Mi mujer se empe?a en encerar el piso para que parezca de cristal! Lo encera todos los d?as, a mi me gusta la alfombra para no poner los pies en el suelo directamente. Pues bien, resbal? y quise agarrarme al borde de la mesilla de noche y tir? el radio-reloj despertador, el tel?fono, la l?mpara, dos libros y lo que es peor un vaso de vidrio que se rompi? en mil pedazos.

Apenas desayun?, tom? dos galletas rancias de no s? de que cumplea?os de la hija peque?a y una taza de caf?, que parec?a agua de cocer casta?as.

Me met? en el ascensor y se qued? atrancado en el tercer piso. Toqu? el timbre y un cuarto de hora despu?s apareci? el portero abriendo la puerta y sac?ndome por la puerta a la altura de la cintura. Tuve que subir de nuevo (vivo en un noveno) por la escalera para cambiarme la ropa manchada.

Llegu? tarde a la oficina, mi jefe me rega?o y casi me despide, s?lo por la intervenci?n de una de las accionistas mayoritarias, que casualmente estaba all?, no lo hizo (de algo vale ser algo mujeriego y galante con las mujeres). A la hora de comer, en la cafeter?a de enfrente, como siempre, la chica que sirve los mejunjes me tir? encima salsa de tomate. ?Menos mal que siempre tengo en la oficina una chaqueta de repuesto!

A la tarde, sal? de la oficina, no sin antes haber ca?do el teclado del ordenador y haberse atascado tres botones, que me cost? desmontar y ajustar, sal?, como digo, mirando a diestra y siniestra, pero se me olvid? mirar hacia arriba con lo cual, no me escabull? de la cagadita de la paloma de turno.

Cansado de tanta desgracia menor, llam? a mi mujer y le dije que iba a llegar tarde, porque ten?amos en la oficina una reuni?n de planificaci?n mensual, por lo cual hasta las doce de la noche al menos no me ser?a posible darle un abrazo y bien fuerte.

Otro cualquiera, seguramente se hubiera a casa a las ocho como siempre, pero yo soy as?, Me gustan las cosas dif?ciles y me dije:
- Voy a tomarme unas copas con Eulogio, el ?rapao? (llamado as? porque estaba m?s calvo que una bombilla de las de antes).
Y all? estaba con mi amigo de la infancia, que trabajaba en la polic?a nacional desde hac?a a?os y que precisamente ese d?a estaba libre de servicio.
- Eulogio. ?C?mo te va con tanta delincuencia?
- A m?, estupendamente, a?n no me han liquidado los de las mafias- ?l, siempre tan gracioso.
- Pues yo tengo una suerte malditamente perruna, me pasa de todo y un d?a de estos no lo cuento.
- ?No ser? para tanto!
Y de pronto veo que entran en el bar dos individuos con las caras tapadas, armados con sendos garrotes y uno de ellos grita:
- ?Todos quietos y no pasar? nada! ?Venimos a por la recaudaci?n del d?a!
- ?Es la quinta vez que me atracan!- dice el due?o, que est? detr?s de la barra.
Mi amigo, el ?rapao? (me lo estaba temiendo) desenfunda de debajo del sobaco una pistola y sin m?s se da la vuelta y les dice:

- ?Est?n detenidos! ?soy polic?a!
- ?Una mierda!- dice uno de los ladrones, encima mal hablado.
- ?Tiren los palos y al suelo o disparo!
- ?Toma, ?joputa?!- grita uno de ellos y veo un fogonazo que me ciega, mientras caigo al suelo con una quemaz?n en el costado derecho que no hab?a sentido nunca antes.

Desde el suelo oigo como otros tres disparos y cerrando los ojos veo a mi nivel otras dos caras encapuchadas sangrando como cerdos.

Ahora estoy en el hospital. Dicen que sal? de la UCI como un chaval y Eulogio me ha contado que tuvo que disparar a los individuos porque me vio mal herido y eso le ha salvado a ?l de la c?rcel. ?Qu? me lo agradece, vamos! Porque en esta Espa?a de ahora si te dejas matar eres un h?roe., pero si te defiendes y matas a alguien te meten en la c?rcel.
Mi mujer me ha dejado, por mentirla con lo de la reuni?n y cuando me recupere del todo dice que tramitemos el divorcio.
?Si no era mi d?a! ?Lo pens?!





Publicado por quijote_1971 @ 18:24  | Dramas
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Un muerto a los postres.-Cap?tulo I.

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Estaban cenando. Era la tercera noche de su estancia en el hotel y a los se?ores Alonso les gustaba cenar en el restaurante del mismo, antes de retirarse a su habitaci?n.

Durante el d?a jugaban al golf y tanto ?l como ella lo hac?an francamente bien. El hotel cercano a la playa y al campo de golf era el ideal para descansar unos d?as y dejar los negocios aparcados. Cosa que nunca se consegu?a del todo, porque los m?viles no descansaban y aunque Luis ten?a plena confianza en su secretario principal y ejecutivo, Eduardo Linares, no dejaba de consultarle algunos imprevistos sobre todo cuando alg?n cliente se quejaba de que su mercanc?a no llegaba o quer?an cambiar algo a ?ltima hora.
La empresa Infortotal de Alonso, ubicada en Sevilla, se dedicaba a la importaci?n y distribuci?n de componentes electr?nicos. Estaba en total auge produciendo grandes beneficios.

La cena era del tipo buffet y pod?an escoger entre varios platos bastante variados. No era siempre as?, pero los fines de semana largos y en las vacaciones veraniegas siempre lo era en aqu?l hotel.

La cena fue muy apetitosa y regada con un vino tinto de Ribera de Duero muy bueno, aunque la esposa s?lo toma agua mineral. Al llegar a los postres, Luis Alonso le dice a su mujer:
- Me parece que algo me ha sentado mal. Me encuentro mareado.
- Hemos tomado los mismos platos y ya sabes que yo me encuentro algo delicada, pero hoy despu?s de andar tanto, me encuentro estupendamente. ?Ser? otra cosa?

De forma s?bita el hombre cae de bruces sobre la mesa. Su esposa, Carmen intenta levantarle pero se da cuenta de que es imposible. Lanza un grito desgarrador.
- ?Mi marido est? muerto!
Se hace un silencio sepulcral en el casi repleto comedor y enseguida un camarero se acerca raudo:
- No es posible, espere- y dice en espa?ol y en ingl?s a continuaci?n-?hay alg?n m?dico entre ustedes?
- S?- responde un hombre desde una mesa cercana.
Le toca el cuello y la mano izquierda.
- Este hombre est? muerto. Deben llamar a la polic?a de inmediato.
Carmen L?pez se desploma sobre la silla y es atendida por el doctor sol?citamente, d?ndola un vaso de agua mineral.

- Ella est? desmayada. S?lo desmayada.

El gerente del Hotel se presenta a los cinco minutos y dice en voz alta:
-Vayan cada cual a su habitaci?n y comprendan que necesitamos que la polic?a nos d? instrucciones.
El Hotel situado en las playas de Matalasca?as, pertenece al t?rmino municipal de Almonte, conocido municipio de Huelva, d?nde se encuentra tambi?n El Rocio. Como es zona rural, la Guardia Civil es la encargada de realizar los atestados en primera instancia.
- Teniente Morales, haga el favor de acudir, que en el Hotel Golf Mayor, acaba de morir un hombre en el restaurante- le comunica por tel?fono un gerente nervioso y muy preocupado.
- No toquen nada. ?Dejen todo como est? y no retiren alimentos ni servicios! Yo mismo voy con una patrulla.
El Teniente Morales junto con dos n?meros del puesto se precipitan al coche y con las sirenas a todo trapo se presentan en unos quince minutos en el hall del hotel. Por el camino ha llamado a la Comisar?a de Huelva, para que un Inspector de homicidios se persone lo antes posible en el lugar y se traiga a un juez de guardia para el levantamiento del cad?ver.

Lo primero que hace el teniente es consultar al m?dico que se ofreci? en el comedor a reconocer al cad?ver.
- ?Cu?l cree que es la causa de la muerte? Si es que tiene una opini?n- indaga Morales.
- Creo que puede haber sido un infarto masivo, pero provocado por un veneno. ?F?jese en los ojos y en el l?quido que le sali? por la boca!- contesta.
- ?Es esto sobre el mantel, no?- se?alando un l?quido viscoso casi negro, entre sangre y algo m?s.
- S?, s?.
- Cifuentes-dice, refiri?ndose a uno de los guardias- traiga las bolsas de pl?stico y tome muestras de todos los alimentos que han tomado estos se?ores.
- Bueno tenemos que limpiar todo cuanto antes, esto es un hotel y va a ser mi ruina este asunto-dice el gerente.
- ?No toque a?n nada! ?Esa botella de vino tinto, casi terminada, espere!- y con un guante coge la botella y la huele-?Tiene ?cido cianh?drico!

El se?or Alonso hab?a sido envenenado.

Continuar?

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Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
LA RAMPA.

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Est? ah?, al final de la callejuela. Es muy estrecha, como de medio metro a lo sumo de ancho; algo larga, unos tres metros de longitud. Al final. ?D?nde conduce? ?Hacia que desconocido s?tano lleva? Todas las tardes, despu?s de salir del colegio me entretengo mirando al final de esa traves?a semioculta como dos hombres meten unos fardos desliz?ndolos por la rampa.
La rampa me atrae, me cautiva y he decidido mirar por el ventanuco que sirve de final a la rampa. Me pregunto: ?Es el final o la rampa sigue por el otro lado?

Los d?as pasan. No me decido. ?Y si me cuelo y luego no puedo salir? Me he propuesto observar oculto por el seto que crece en la callejuela, lo que hacen esos hombres, que todas las tardes meten dos fardos que traen con una carretilla desde la calle principal. Incluso les voy a escuchar, s? es que dicen algo.

He dejado la mochila con mis libretas, los libros de la ESO y unos restos de phoskitos de la merienda de la tarde, sobre el suelo, junto a m? y oculto por los ramajes les veo llegar. Dejan la furgoneta, ya que no cabe por la estrecha v?a donde est? la rampa, y con el volquete de siempre llevan los dos fardos hasta el final del misterioso repecho.
- ?Otra d?a m?s y van?!-le grita uno a otro de aquellos hombres.
- T? calla, que para eso nos pagan- le responde el otro.
- Pero es que me da pena, tener as? a una persona tanto tiempo.

Entonces- pienso- hay una persona al final de la dichosa vertiente. ?Estar? secuestrada? Ya en cuanto se retiren mirar? por el ventanuco a ver que se ve- me propongo.

A los dos minutos los dos enviados por vete a saber quien recogen su carrito y montan en el veh?culo con rumbo desconocido.

Me acerco a la ventana, la rampa no muy pendiente me lleva junto a un ventanuco por donde un ni?o como yo cabe si se lo propone, pero un adulto lo dudo.

- ?Ehhh! ?Hay alguien ah? abajo?- Pregunto con total desparpajo.
Nadie responde. Me acerco un poco m?s y ahora veo como un tobog?n por el que se prolonga la misteriosa rampa. Aquello no es una ventana normal. Es un tragaluz o algo parecido a lo que ponen en las pel?culas, por donde se meten los ladrones cuando hay aire acondicionado.

- ?Hola, soy un vecino!- insisto.

Me inclino un poco m?s para ver y decido volver con una linterna. Me retiro.
Entro en casa por la puerta de atr?s y cojo la linterna de la cocina. Mi madre ni se ha enterado de que he vuelto. Est? viendo una de las muchas novelas de la tele.

Vuelvo con la linterna. Enfoco y todo est? muy oscuro al fondo. No veo nada. Me inclino un poco m?s y ?horror! ?Me caigo de bruces!

La linterna baja por su cuenta, no veo nada, aterrizo sobre un mont?n de fardos y no me hago apenas da?o. Cojo de nuevo la linterna y enfoco alrededor.
?Un miedo atroz me paraliza! Hay un hombre muerto en la esquina del cuarto. Caigo la linterna, la vuelvo a encender de nuevo y para mi desgracia veo como los gusanos le salen por los ojos al bendito ser.
?Socorro! ?Auxilio!- grito como un condenado.
Veo una escalera de mano en un rinc?n de la m?sera estancia donde huele a miseria podrida y la coloco sobre el tobog?n. Milagrosamente entra por poco, salgo con la ropa sucia, rota y el pelo como alcayatas. Pero salgo a la calle. Corriendo me meto en casa y voy a mi cuarto.
- Alex. ?Eres t??- oigo a mi madre.
- S?, mam?. Ya he venido del colegio y hemos tenido Educaci?n F?sica. Me voy a duchar. Vengo muy sucio.

Al d?a siguiente oigo el ulular de las sirenas de la polic?a.
- ?Sabes que encontraron al pobre ciego desaparecido? Parece que le hab?an secuestrado porque ten?a mucho dinero. Y su hermana no quiso pagar. Eso he o?do- Es mi madre que habla con la vecina de al lado.
- Ya s?. Estaba muerto en el s?tano de la callejuela. El caso es que nunca o?mos nada en tanto tiempo. Han detenido a dos hombres que le met?an comida y ropa por el ventanuco. Ese que hay al final de la rampa.

Ya desde entonces, voy que me mato. A todo correr cuando paso por delante de la callejuela. Ni miro a ver si hay rampa o no hay rampa.


Publicado por quijote_1971 @ 20:09  | Misterio
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Martes, 16 de enero de 2007
AMOR ETERNO

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Vagaba por las calles como pose?do de un esp?ritu maligno que le impulsara a buscar la muerte en un cruce mal se?alizado o en un puente atractivo para un suicida.
Cansado ya de tanto caminar sin tino, se sent? en el banco de aquel parque sombr?o y sac? su botella de wiski medio vac?a. Cuando estaba echando un trago de aqu?l mejunje de seis euros el litro una mano blanca como la nieve le sujet? la suya y crey? escuchar:
- Roberto, ?crees que ella merece que te arruines as??
- ?Ella? ?Qui?n es ella?- respondi? Roberto mientras sus ojos se extend?an hacia el fondo del paseo totalmente perdidos y vidriosos.
- Mar?a, tu Mar?a. La que amaste perdidamente, como un alocado apasionado.
- ?Mar?a? ?No la nombres! ?La odio!
- ?La sigues amando! Y dices que la odias porque dices que ella te dej? sin un adi?s, sin una explicaci?n, sin motivo alguno.
- Ella se fue de mi lado porque no soportaba mi amor encendido. Su nuca entre mis manos era la cabeza de Afrodita. Sus senos los de la Venus de Milo y sus piernas las de la Marylin Monroe. Como persona era comprensiva, afable,..Era perfecta. Era mi raz?n de vivir,?

El hombre rompi? a llorar como un ni?o al que le han privado de su juguete favorito.
Sigui? escuchando:
- ?Es! ?Ella existe y sigue siendo tan maravillosa como dices!
- ?Entooooceees?-balbuce? el infeliz hombre.
- ?Ella te dej? por alcoh?lico! ?Por gastarte todo el dinero en los bares y en todas las licorer?as del mundo! ?No la escuchaste cuando te dijo que fueras a curarte! ?La insultaste y la despreciaste!
- ?Yo soy capaz de dejar de beber en un d?a si me lo propongo!
- ?Pues hazlo y p?dele perd?n! ?Sabes que ella te espera, curado y sobrio!

Roberto not? un fr?o sobrecogedor y se despert?. Estaba en el banco del parque, en el de todas las tardes, cuando sal?a del trabajo, en el cual le manten?an por misericordia, ya estaba advertido de que era imposible seguir por mucho m?s tiempo.
Estaba en el duro lecho de piedra, en el que dorm?a la ?mona?, para luego irse a casa, a la asquerosa y desoladora mansi?n donde la basura le llegaba hasta el techo. Una casa en otro tiempo resplandeciente y acogedora, cuando estaba ella all?.

Sali? a buen paso y como un loco lleg? a casa, se meti? en el ba?o durante una media hora, se afeit?, se arregl? con la ?nica camisa limpia que le quedaba y se propuso limpiar la casa a fondo.
Como era viernes, ten?a todo el fin de semana para recogerlo todo y se le ocurri? llamar a su hermana y sus sobrinas para que le ayudaran:
- Alicia, ven que voy a regenerarme y recuperar a mi esposa.
- ?Est?s seguro de lo que dices?
- ?Completamente!, venid a ayudarme y ver?s.

La hermana con sus dos hijas, que estimaban a su t?o y padrino, porque siempre hab?a sido muy generoso con ellas, dedicaron todo el fin de semana a dejar la casa como en otros tiempos. Llevaron al contendor como dos toneladas de basuras y de muebles rotos.
Pusieron la lavadora y la secadora para abreviar, m?s de veinte veces, colgaron cortinas limpias, colocaron s?banas nuevas, apilaron cacharros y ropas de forma apropiada.
- Todo est? impecable, hermano- dice Alicia.
- Ma?ana, lunes, voy a buscar a Mar?a.

Mar?a viv?a, desde que dej? al intragable Roberto, en un apartamento en el centro de la ciudad, cerca de las oficinas donde trabajaba. Su vida era muy met?dica y ordenada.
A las siete de la tarde estaba en casa, despu?s de haber dejado los asuntos del trabajo listos hasta el d?a siguiente. Sal?a a dar un paseo, comprar lo m?s imprescindible y de vuelta a casa a cenar algo frugal, ver la televisi?n y dormirse al poco.

La tarde de aquel lunes no era una excepci?n. Cuando le vio delante de su puerta, su instinto le recomendaba dar media vuelta e irse a casa de su hija, hasta que ?l se cansara de esperar y se fuera. No era la primera vez que quer?a reaparecer en su vida y siempre hab?a resultado un nuevo fracaso. No la maltrataba f?sicamente, pero su dejadez para todo lo que no fuera beber y vaguear era tan grande que no le soportaba.

-?Mar?a! ?He dejado de beber! He ordenado nuestra casa, para que la encuentres como el que fue nuestro nido de amor.
-?Crees que a?n te puedo creer?
- Vamos a hacer una cosa- dice Roberto, mientras la entrega el suntuoso ramo de rosas- ven unos d?as conmigo y comprueba que nuestro amor lo vence todo. Nuestro amor, lo sabes, es ETERNO.
- Voy a hacerlo por ?ltima vez. Si has dejado de beber y podemos vivir como una pareja de personas sensatas yo, la verdad, tampoco puedo olvidarte y el vivir sola es muy triste.

Roberto pas? al apartamento de la mujer y esper?, mientras ella recog?a sus cosas m?s imprescindibles, como ropas interiores, cosas para el aseo, perfumes y su almohada, inseparable, para las cervicales.

A las dos horas estaban de nuevo en la casa com?n. Ese d?a durmieron separados, pero al d?a siguiente, despu?s de volver de sus respectivos trabajos, ducharse fue una aventura de reci?n casados. Ella le enjabon? a ?l por todas partes y ?l a ella le pas? la esponja y sus manos por la espalda. Se entrelazaron con cari?o y despu?s de secarse, se tumbaron en la cama. En ella recordaron los mejores a?os de su matrimonio.

Roberto no volvi? a beber de forma incontrolada, ella siempre le acogi? con cari?o y supo perdonarle sus peque?os malhumores.

Ahora siguen juntos y ya han pasado veinte a?os desde aquello.

Publicado por Lanzas @ 23:57  | Amor
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Viernes, 12 de enero de 2007
AMOR SIN BARRERAS
( Este relato forma parte de una trilog?a: AMOR SIN CONTRPARTIDA-para tontos- AMOR INCOMPRENDIDO-para idiotas- y este que es PARA LISTOS)

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Eusebio y Pablo eran amigos desde ni?os. Crecieron juntos y estudiaron juntos en el Instituto. Ahora estaban prepar?ndose para entrar en la Universidad. No estaban muy seguros de lo que quer?an estudiar y es m?s, muchas veces comentaban, que mejor ser?a dedicarse a los negocios de sus padres, que ten?an hoteles y restaurantes, que daban mucho dinero, y dejar de perder el tiempo con carreras que luego ni ejercer?an.

Eusebio conoci? a una chica, en la feria de principio de verano, que se celebr? en Marbella en la semana del 11 de junio. La chica era inglesa, se llamaba Emily, llevaba varios a?os acudiendo a veranear al magn?fico municipio de la Costa del Sol.

Pronto la simpat?a que irradiaba la muchacha y los deseos de cari?o que necesitaba Eusebio compaginaron de maravilla y empezaron a salir juntos.
Al principio los s?bados y alg?n domingo perdido. Luego entre semana y sin problemas, despu?s de ir al cine o a una cafeter?a a tomar algo, se acostaban en alguna de las habitaciones del hotel de su padre, el cual ten?a conocimiento de ello. El problema aparente era, que Pablo se hab?a quedado sin amigo y c?mo a ?l eso de las novias no le iba, no porque fuera ?gay?, que no lo era, sino porque las mujeres las ve?a para m?s adelante, cuando terminara los estudios, Eusebio lo llevaba mal.

Los dos primeros meses quedaban los viernes como antes para tomar unas copas y hablar de todo. Pero un d?a Eusebio le dijo a Pablo:
- No puedo quedar este viernes, porque como salgo con mi chica, no veo d?nde encajas t?.
- Como quieras. No importa, ir? con los de la clase de Inform?tica, que aunque no me llevo muy bien con alguno, son gente libre.
- ?Libres? ?por qu? dices eso?
- Pues porque los que os ech?is novia est?is m?s atados que un burro en la barra de Mijas.

Esto hizo recapacitar a Eusebio. Su amigo lo era desde la infancia y a aquella chica, maravillosa s?, pero en realidad una desconocida hasta hac?a dos meses, no deber?a truncar la amistad tan larga y profunda.

- Puedes hacer una cosa, venir con nosotros, yo dir? a Emily que llame a una prima que suele ir a comprar con ella y que es m?s o menos de la misma edad.

Los amigos quedaron aquella tarde a las ocho, para ir a la bolera americana, lo cual les gustaba a todos y as? pod?an charlar, divertirse y tomar unas copas.
La prima de Emily, cuyo nombre era Diana aparentaba tan encantadora como su prima.
En un momento dado, la compa?era de Eusebio, le dice a Pablo:
- Eres una persona muy interesante, y sabes muchas cosas.
- Gracias, mi amigo me ha hablado mucho y bien de ti.
- Bueno veamos lo de los bolos que tal se te da.

Le tocaba a Emily la siguiente tirada. Hab?an formado dos equipos y su gr?cil figura al tirar la bola dej? emocionado a Pablo.
- ?Lo logr?, strike, sumamos diez puntos!-grita llena de alegr?a la experimentada deportista.
- Ahora voy yo, vamos a ver?-dice un Pablo asombrado de la pericia de Emily.

Pablo era un buen jugador de bolos, aunque en Andaluc?a no encontraba apenas gente que estuviera interesada. S?lo algunos veraneantes del Norte, que ten?an algo de pr?ctica en las boleras de Cantabria, que no son como las americanas, pero bueno, su jugada fue muy buena tambi?n, con lo que un halo de simpat?a entre los j?venes rivales en el juego, flotaba en el ambiente.

Mientras agotaban su turno Eusebio y Diana, que tampoco se llevaban nada mal, Pablo invita a un refresco a Emily.
- Me ha gustado mucho tu forma de tirar la bola- dice Pablo.
- ?S?? ?Por qu??- contesta una sugerente mujer, que ya ?l no duda que le cae bien.
- Pues mira tu cuerpo parec?a el de una escultura de Ceres, diosa de la Agricultura y que yo vi su r?plica en piedra, que parec?a viva. Bueno perdona mis comparaciones.
- No, no, son very beautiful words.
- You are charming- le respond?, para no quedar menos.

Y as? en ingl?s y en espa?ol, se piropearon sin trabas.

Cuando Eusebio se acerc? a ellos, junto con una Diana tambi?n muy risue?a, casi se estaban besando. Sus manos se tocaban entre los vasos de refrescos y sus cabezas se inclinaban una sobre la otra.

Al ver su presencia. Y de forma instintiva se separan y tratan de disimular.
- Emily, ?vamos!- casi grita Eusebio.
- Espera un momento, que todav?a no hemos terminado la partida.
- ?Si?ntate aqu?, Eusebio- le dice un Pablo reconciliador.
- ?Te ha gustado mi chica, no?
- Es formidable. Te hace un strike en un momento-bromea Pablo.
- ?Chicos, chicos! ?Vamos a divertirnos todos? Vamos al chalet de mis padres, que ellos est?n de viaje hasta ma?ana- suelta de pronto la tal Diana.
- O k.- dice Eusebio, cogiendo de la mano a Emily- Y t?, con Pablo, ?eh?
Los cuatro salen de la bolera y cogen el Opel de Eusebio. De forma veloz les lleva al magn?fico chalet de los padres de Diana, situado en pleno campo mije?o, muy cerca de Marbella.
Despu?s de que Diana abriera la verja del chalet, y aparcaran el coche en el porche anterior al garaje, entran en el sal?n de la mansi?n.
- Ni?a. ?tus padres te dejan para tus juerguecitas esta ?choza??
- Ellos quieren que me divierta y s? me la dejan, pero s?lo traigo a amigos de confianza.
- ?Qu? os preparo para beber?- pregunta el supuesto acompa?ante de Diana.
- No, t? espera un momento. Eusebio se viene conmigo a la cocina, qu? ?l sabe preparar unas tapas, como dec?s aqu?. Vamos Eusebio.
- Vale. Pero portaros bien. Tardo unos minutos.

Diana al llegar a la puerta de la cocina se deja caer materialmente sobre Eusebio. Lo que no sabe el amigo es que su prima le ha dicho que entretenga a su novio lo que pueda que ella quiere hablar con Pablo.
- Diana, chiquilla, ?qu? est?s como un tren! ?no me tientes!
- Eusebio, este tren quiere atropellarte.
Un brazo de ?l la lleva junto a una rinconera que hab?a en la cocina y all? la besa y busca sus senos por debajo de la blusa. Ella se la quita y el joven deja vagar sus labios por el cuerpo de la chica.
Mientras en el sal?n. Un Pablo lanzado se acerca a Emily y la da un beso de tornillo, que casi paraliza a la sugerente muchacha.
- Pablo. ?Te gusto?
- Me encantas y te quiero para m?.
Los j?venes no lo piensan mucho y de forma apasionada se abrazan y desnudan casi por completo.
En el amplio sof? en que se encuentran el hacer el amor es muy f?cil y casi imposible zafarse de hacerlo al notar el suave y c?lido cuerpo de ella debajo del de ?l.

C?mo media hora despu?s de todo este cruce de amores entre j?venes apasionados sin saber muy bien por qu? se produce este capricho del destino.
Eusebio se da cuenta de lo que ha hecho. ?Ha hecho el amor con la prima de su amiga, que en teor?a era la chica de su amigo!
- ?Dios m?o! ?Qu? hemos hecho?
- ?Te arrepientes?- le pregunta Diana.
- ?Estoy confuso! ?Qu? le decimos a Emely?
- Le dices: ?Qu? tal te lo has pasado con Pablo? ?Yo de, ?c?mo dec?s los espa?oles?, s?, ya: de ?putamadre? con Diana.
Eusebio se da cuenta en ese momento de todo lo ocurrido y sale de la cocina, no sin antes abrir unas latas de calamares en su tinta y de at?n de muy buena marca que encuentra, as? como bolsas de patatas fritas, de cortezas y de aceitunas sevillanas.
Se arreglan un poco en el cuarto de aseo de junto a la cocina y salen
-?Chicos! ?D?nde est?is?- pregunta una Diana con dos bandejas en las manos, mientras Eusebio saca las otras dos, con servilletas de papel, tenedores, vasos y coca-colas y cervezas, sin saber como, mantienen el equilibrio.
- Estamos en el cuarto de ba?o, arregl?ndonos un poco, ya vamos enseguida- se oye a Emily desde dentro de uno de los lujosos cuartos de ba?o, donde se peina el pelo, mientras Pablo la acaricia, una vez m?s, sus senos todav?a desnudos.
A los diez minutos, salen los dos compuestos, como si nada hubiera pasado. Eso s?, con una sonrisa que los amigos saben lo que significa: ellos tienen la misma, en su cara de satisfacci?n.

Publicado por Lanzas @ 21:28  | Amor
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Jueves, 11 de enero de 2007
No me dejar?s solo



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Sentados alrededor de la mesa camilla, leyendo sendos libros, su afici?n favorita, la pareja de ancianos pasaba la tarde apaciblemente.
La estancia, un acogedor cuarto de lectura, cuyas paredes estaban tapizadas de estantes repletos de libros, era la m?s visitada por el matrimonio. En ella pasaban las largas tardes invernales leyendo y comentando los maravillosos relatos a los que eran tan aficionados. Les gustaban los libros de viajes. Hab?an visto muchos pa?ses, a cual m?s bello y se alimentaban de aquellos recuerdos y de lo que comentaban entre s? de lo nuevo que le?an, como siempre.
Hab?a sido una pareja perfecta, si es que en esta vida puede darse la perfecci?n.
Hab?an trabajado mucho en lo que m?s les gustaba: escribir.
La suerte estuvo con ellos y publicaron varios libros, cuyo beneficio les permiti? llevar una vida holgada.
-?Qu? tal? ?Es interesante? ?pregunt? Miguel a Elena, mientras en sus ojos brillaba la ternura.
-?Mucho! Me est? gustando bastante- dijo volviendo el rostro hacia el hombre que hab?a amado toda su vida - En esta p?gina hay un paisaje espl?ndido; me recuerda el lugar d?nde nos besamos por vez primera; era tan joven e inexperta- dijo como para ella con apenas una sonrisa en sus lindos labios.
El marido asinti? sonriendo: Los recuerdos afloraron, y una paz llena de gozo le invadi?: no ten?a duda; hab?a sido un hombre muy feliz con aquella mujer de aspecto fr?gil y delicado pero fuerte por dentro. Siempre dispuesta a colaborar en todo, siempre compartiendo sus m?s importantes momentos, tanto buenos como malos. Ella siempre ah?; junto a ?l.
-S?, fue un d?a memorable para los dos, supongo, ya que para m? lo fue; a?n recuerdo el rubor que te cubri? las mejillas. Estabas tan bella como cualquiera de las flores que por all? crec?an.
-?Qu? cosas dices!- ri? ella complacida.
-Ya, ya s?, que era tu primera vez, pero en aquel tiempo yo tampoco ten?a mucha experiencia en estas cosas - brome?.
-?Ah! ?Los hombres!
La mente de Elena se desliz? suavemente hacia el pasado con aquel hombre; la frase que m?s le hab?a escuchado era:
-??Te puedo ayudar en algo??
En ella pod?a resumirse toda su convivencia: El apoyo, la atenci?n, el respeto y, sobre todo, el amor que le hab?a demostrado d?a a d?a y al que ella trat? de corresponder con la misma intensidad.
Hab?an tenido tambi?n sus ?peleillas?, pero siempre volvieron las aguas a su cauce.
Llegado el momento, en el cual supieron que definitivamente no podr?an tener descendencia, decidieron adoptar un ni?o; y fue un ni?o de color el que disfrut? del hogar m?s sencillo y feliz que nunca pudo imaginar. Este ni?o, ya hombre, con su carrera universitaria y trabajo estable, hab?a marchado del hogar hac?a a?os, pero no ca?a el sol ni un s?lo d?a en el cual el tel?fono no sonase, y su voz franca y agradable se oyera al otro lado del aire:
-?Mam?! ?C?mo est?s? ?Y pap?? Voy el fin de semana a veros.
-?Hola! Hijo. Bien, estoy bien; y el pap? tambi?n; deseando verte a ti y a lo ni?os.
Las conversaciones y las visitas se prodigaban muy a menudo y la vida flu?a como suave riachuelo.
Una ma?ana en que Miguel hab?a salido a comprar la prensa, encontr? a su vuelta, a Elena a?n acostada. Le extra??, sol?a levantarse a la vez que ?l.
Entr? en el dormitorio y la encontr? acurrucada entre las mantas.
-?Te ocurre algo? Elena ?Puedo ayudarte en algo?
-S?, amor, me siento mal, creo que tengo algo de fiebre; quiz? me enfri? ayer en el jard?n.
Miguel toc? la frente de su esposa; estaba ardiendo. Su coraz?n dio un vuelco.
-Cari?o, voy a llamar ahora mismo al doctor Hern?ndez.
-?No! No te molestes. Esto pasar?. Ser? una virosis.
-?No! Lo siento, pero no puedo dejarte as?. Ahora vuelvo.

El m?dico y amigo se present? en el hogar media hora despu?s. Salud? a Miguel y subi? directamente al dormitorio.
Tom? el pulso a la enferma, la presi?n arterial y la temperatura. Prescribi? unos medicamentos para bajar la fiebre, y dijo:
-Vamos a esperar unos d?as a ver c?mo evolucionas. Si continuases igual, haremos unas pruebas para averiguar cu?l es la causa de la fiebre y de ese decaimiento que me has dicho que padeces hace d?as.
-Gracias, Eduardo; creo que no ser? nada. Que me he resfriado. Ya est?- dijo restando importancia al asunto.
-Eso es lo que todos deseamos. Bien ?Cu?date! Trata de descansar lo m?s posible. Si hay alguna novedad, me avisas ?dijo mirando a Miguel
Trascurrida una una semana y viendo que Elena no mejoraba, el esposo decidi? llamar de nuevo al amigo:
-Eduardo, mira, estoy bastante preocupado, Elena sigue igual, yo creo que algo peor, le han salido en la boca una especie de ?lceras y ha sangrado varias veces por la nariz y ...
-?Vale! ?interrumpi?- No vamos a esperar ni un momento m?s. Voy a ingresarla ahora mismo. Presentaos en el Hospital?- contest? el m?dico con pronta voz.
Realizadas las pruebas pertinentes, Eduardo hubo de comunicarle a su amigo que su esposa padec?a una enfermedad muy grave y desgraciadamente irreversible.
Miguel qued? conmocionado: ??c?mo iba a ser posible? As? tan de repente, todo perdido. Toda esa magn?fica vida en com?n terminada. No puedo aceparlo, simplemente, no puedo?
Sus ojos, de un azul que a?n conservaban la belleza y sobre todo la bondad que se trasluc?a en la mirada, no pudieron contener las casi desconocidas l?grimas que el acuago diagn?stico le hab?a provocado. El doctor desliz? un brazo sobre el hombro del amigo y comparti? su dolor. Ambos se alejaron pasillo adelante hacia la habitaci?n de la enferma, mientras la cabeza de Miguel oscilaba levemente de un lado hacia el otro.
-Bueno, ?qu? me pasa? Eduardo ?pregunt? la paciente con una d?bil sonrisa.
-Bien, Elena, no es una gripe lo que tienes; es algo m?s grave, pero vamos a tratar de hacer todo lo que est? en nuestras manos- dijo sin querer mentir sobre su estado.
-?Grave? ?C?mo de grave? ?interrog? seria.
-Es algo relativo a tu sangre, pero no te preocupes; ahora hay muchos medios a nuestro alcance.
-Mira, Eduardo, te ruego que no me hables como si fuera una chiquilla. Soy ya mayor y no me voy a derrumbar por lo que me digas que padezco- dijo algo airada Elena.
El amigo mir? al esposo. En aquellos momentos no sab?a, como en tantos otros, de qu? manera comunicar a los pacientes la gravedad de su situaci?n; eran sus peores momentos como m?dico.
Miguel ante la mirada de Eduardo asinti? ligeramente con la cabeza, el otro entendi?.
-Ver?s, ya que as? lo deseas, querida, te dir? que padeces una leucemia en fase aguda. No es normal que se presente a tu edad, pero as? son las cosas- termin? con grave voz el amigo.
La enferma se qued? mirando hacia el cuadrado de cielo de la ventana. ?Qu? hermoso era! L?stima tener que dejar de verlo.
-Y ?cu?nto tiempo me queda?- pregunt? de repente.
-Bueno, eso no te lo puedo decir con precisi?n; s?lo puedo decirte que algunos meses.
-?Meses? ?S?lo meses? ?Est?s seguro, Eduardo, no se puede hacer nada?- los ojos muy abiertos.
-Lo siento, amiga, pero no te puedo decir otra cosa; de todos modos cada enfermo evoluciona de una manera- aclar? para aliviar la situaci?n.
La enferma qued? pensativa durante unos momentos; despu?s mirando fijamente al doctor dijo:
Eduardo, si no se puede hacer nada efectivo contra mi mal, quiero irme a casa. Quiero estar mis ?ltimos meses de vida al lado de Miguel, como siempre.
-Bien; si tomas en tu hogar la medicaci?n, creo que no habr? problema.
Ya en la casa donde hab?an sido tan dichosos, la pareja comenz? a hacer su vida con la normalidad habitual en ellos.. Elena consigui? hasta olvidarse por momentos de su mal. Una tarde en la que ambos le?an sus autores preferidos, la esposa dej? de leer por unos instantes, quit?ndose las gafas de cerca, miro al esposo y dijo:
-Eduardo, quiero que sepas que si por algo siento lo de mi enfermedad es porque voy a dejarte solo; y es lo que m?s lamento de todo.
El esposo qued? pensativo y al cabo de unos minutos le dijo:
-Querida, no debes sentirte mal por eso: no me dejar?s solo.
-?No?- interrog? sorprendida.
-No.
Ella no pregunt? m?s. Siguieron leyendo y al recogerse el sol, se retiraron a descansar.
A la ma?ana, el esposo muy contento le dijo:
-?Querida! Te tengo una sorpresa,
-?S??
Mira, vamos a ir al lugar d?nde nos amamos la primera vez ?Qu? te parece?
-?Maravilloso!, todo lo que haces me parece as?. Pero ?crees que podr? soportar el viaje?
-Espero que s?. ?Salimos ahora mismo!
-?Estupendo! Voy a prepara algo de ropa.
A media ma?ana, Eduardo condujo el viejo autom?vil hacia una zona cubierta de pinos por un camino de Albero hasta llegar a una especie de acantilado desde donde se divisaba el inmenso oc?ano.
Descendieron del coche y bajaron muy despacio por unas viejas escaleras de madera hasta la dorada arena. Se deten?an de vez en cuando ya que el aliento le faltaba a Elena.
El espumoso cristal les dio la bienvenida con la explosi?n de una magn?fica ola que expir? a sus pies.
El hombre se situ? de cara a su mujer y contempl? una vez m?s el amado rostro. Acerc? sus labios a los de ella y un beso de amor los uni? de nuevo. El tiempo, el enemigo, no hab?a podido con su amor.
Tumbados sobre la c?lida arena se amaron como siempre que lo hicieran; o quiz? no, se amaron con la ternura y el amor de lo que se siente se hace por ?ltima vez. Se quedaron tumbados contemplando el magn?fico horizonte azul te?ido de p?rpura, donde un enorme disco estaba ocult?ndose.
Cuando las sombras invadieron la playa ?l la ayud? a levantarse y emprendieron el regreso a casa.
-?Qu? feliz me has hecho, mi amor! Me siento como una joven novia- dijo ella mir?ndole embelesada.
-Es lo ?nico que pretend?a- respondi? con una sonrisa.
Llegados a la casa, entr? el coche en el garaje.
-Espera, no bajes a?n, cari?o, voy a cerrar la puerta.
Ella qued? sentada sintiendo un apacible bienestar, una especie de sue?o se iba apoderando de sus sentidos.
Pocos minutos despu?s, entr? Eduardo en el auto y tom? la mano de su amada. La cabeza de ella descansaba con una expresi?n pl?cida echada ligeramente hacia atr?s. ?l coloc? la suya sobre el hombro de ella.
Al d?a siguiente el hijo de ambos encontr? a sus padres en el sue?o eterno, uno al lado del otro en el interior del viejo coche familiar. A pesar de su dolor entendi? que era lo que ellos deseaban.

Publicado por mariangeles512 @ 17:01  | Amor
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Mi?rcoles, 10 de enero de 2007
La hu?da del inocente- Cap?tulo V y ?ltimo

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Mu?oz pudo recomponer el rompecabezas:
Lozano hab?a convencido a sus compa?eros de furg?n para ?hacerse ricos? sin tanto trabajo.
?La cosa ser? muy f?cil-les dijo- yo me llevo el dinero y vosotros os hac?is los tontos. Dentro de unos meses nos repartimos la pasta y nos vamos a Brasil a vivir como reyes.

Lo que pas? despu?s, es lo siguiente: Lozano al verse con el bot?n pens? que aquellos tontos no pod?an decir nada sin delatarse y plane? quedarse con todo. El viernes de autos, despu?s de tres meses de estar escondi?ndose, hab?a quedado con un falsificador de documentos, para salir v?a mar?tima desde el puerto de M?laga, pero Ram?rez y Martos andaban vigilando al individuo, porque hab?an comentado antes lo de la falsificaci?n para los tres.

Le pillaron cuando entraba en la casa del falsificador y le condujeron junto al pretil del Guadalmedina. En principio no pensaban matarle, pero ?l se resisti? y despu?s de hacerle cantar d?nde escond?a el dinero, le propinaron un fuerte golpe en el occipital con la pistola de Ram?rez, que le debi? dejar mal herido.

Despu?s le introdujeron en una gran bolsa y mientras Martos le vigilaba para que no se escapara, Ram?rez con la llave de la consigna de la estaci?n de ferrocarril, fue a recuperar el dinero.
De pronto los j?venes Ana y Pepe irrumpen en la escena y por poco todo se va al garete. Martos, escondido entre los coches, ve como vuelve Ram?rez con su auto y los j?venes se van sin causar m?s problemas.

Ram?rez al ver a Lozano fuera del saco, se pone nervioso. Coge unas jeringuillas de las que lleva para inyectarse insulina y se las clava de cualquier forma, sin saber, posiblemente que una dosis de insulina para una persona no diab?tica puede ser mortal.

Volvieron a meterle en el saco y se repartieron el dinero, con la intenci?n de hacer culpables a los j?venes que le hab?an socorrido. Dejaron la botella de agua al lado y adem?s unos folletos de El Corte Ingl?s, ya que uno de ellos reconoci? al joven de haberle visto entre las cajas, las cuales la polic?a no encontr?, porque un fuerte viento las reparti? por los flancos de r?o.

A la ma?ana siguiente, una r?faga de aire fresco inund? el camino de los j?venes.
- Te quiero, Ana, te quiero- le dice Pepe a su novia - voy a estudiar a fondo para terminar mi carrera y casarnos.
- Yo tambi?n voy a estudiar a fondo, pero quiero estar contigo todos los d?as que podamos. No puedo vivir sin t? y ?sabes? Nunca dud? de tu inocencia, aunque aquel polic?a te hizo algunas preguntas muy raras sobre los furgones.
- Es su obligaci?n, seg?n me han contado, el Inspector Mu?oz, fue el que descubri? los culpables de los cr?menes de Mijas y Fuengirola. Es todo un genio.
- Llam? a mi padre esta ma?ana y le dijo que nos comunicara que nuestras declaraciones fueron muy importantes para descubrir todo. ?No s? porqu?! Pero si ?l lo dice?
La pareja se fue alejando por el paseo mar?timo, con las manos entrelazadas por la cintura.

FIN.

Publicado por interazul @ 11:34  | Misterio
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Viernes, 05 de enero de 2007
AMOR INCOMPRENDIDO.

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-?Lev?ntate, Marcos, ya es muy tarde, cerca de las diez de la ma?ana!
-No importa, mam?, hoy no hay clases en Ciencias, es el patr?n de la Facultad.

La mam? de Marcos no se hab?a enterado de que el 15 de noviembre es la fiesta del Patr?n de Ciencias, San Alberto Magno. Y naturalmente su hijo se despert? de mala gana y con gesto adusto.

A la media hora estaba desayunando sus tostadas con mantequilla y mermelada y un caf? con leche que hab?a preparado su madre, que sab?a mejor que cualquier otro del mundo.

- Mam?, aunque no hay clases, voy a ir a la Facultad a la conferencia de Don Salustio Piquer sobre ?Las membranas semipermeables?; creo que ser? muy interesante y de paso quedo con los amigos para ir a comer por ah? y al baile que han organizado.
- ?Muy bien, no tardes mucho!-ella siempre tan implicada en que su hijo no se descarriara y se convirtiera en un vividor a cuenta de los padres.
- No te preocupes, voy con Jenaro, Iv?n y Fernando, que como sabes son muy trabajadores.
- ?Y de chicas, qu? hay?
- Nada mam?, nada de nada. Me gusta una, pero no creo que yo le guste a ella.
- ?Por qu? afirmas eso, la sugeriste algo a la chica?
- No me atrevo, ya sabes como soy. No admito un fracaso y antes que esto me quedo solo.
Marcos era muy exigente consigo mismo, ten?a a Elena en un pedestal. Era guapa, estudiosa, simp?tica y colaboradora. Hab?an coincido tres veces en las pr?cticas de Org?nica y con ella daba gusto trabajar. Incluso intercambiaron algunos apuntes sobre Qu?mica Nuclear y en Matem?ticas resolvieron algunas integrales juntos.
Ella parec?a que tambi?n sent?a simpat?a por ?l, ?s? no por qu? le dijo alguna vez?:
- ?Tontorr?n, no hagas esa sustituci?n, que as? no sale!
O aquello otro:
- Marcos, pon la pipeta inclinada, que si no se te va a caer el sulf?rico en cierto sitio y duele mucho.

A ?l lo de ?tontorr?n? le son? como si le hubiera llamado guapo Y ?lo de cierto sitio?, que se destornill? a carcajadas, como si le hubiera invitado a hacer el amor.

Lo que nunca se atrevi? es a quedar con ella para ir a un baile, o a comer algo y hablar de cosas que no fueran de las clases.

Lejos de all?, en otra parte de la ciudad:
-?Elena! ?Dijiste que ibas a la conferencia de la Facultad?-pregunta la madre de una chica muy comprometida con sus estudios y cuidadosa con sus relaciones.
- S?, mam?. Voy a ir con Anita y con Carmen. Y luego vamos a comer unas pizzas y por la tarde al baile que han contratado para los de Ciencias.
- Bueno, por cierto. ?Te has echado novio?
- Sabes que no. Si lo tuviera ya te habr?as enterado.
- ?No te gusta alg?n compa?ero de la Facultad?
- Hay uno que es un tontorr?n, pero que me gusta mucho. Pero creo que ?l no est? por m?.
- ?Ha intentado quedar contigo alguna vez?
- No, nunca. Hemos coincidido en algunas pr?cticas de laboratorio y hemos resuelto algunos problemas juntos, pero para divertirnos nunca hemos coincidido. Creo que debe tener alguna novia por ah?, y como es muy serio no tontea con ninguna de la clase.

A las doce del mediod?a comenz? la conferencia de D. Salustio, el cual de forma amena y cient?ficamente impecable con proyecciones de diapositivas y explicando como las SPMDs constituyen actualmente uno de los m?s efectivos m?todos de muestreo ambiental de contaminantes lipof?licos, en especial hidrocarburos poliarom?ticos (PAHs). Estos dispositivos han sido utilizado en estudios de distribuci?n ambiental de contaminantes org?nicos hidrof?bicos (COHs) y en la identificaci?n de fuentes puntuales de contaminaci?n.

Al final de la conferencia Elena y Marcos coincidieron en el hall del Aula Magna.

- Hola, Elena ?qu? te ha parecido la conferencia?
- Muy interesante, precisamente estoy preparando un trabajo bibliogr?fico sobre membranas.
- Ah, ?qu? bien! Pero hoy es d?a de fiesta. ?Vas a ir al baile?
- Claro, y t? ?ir?s con tu novia?
- ?Ojal? la tuviera! Pero no tengo ninguna novia.
- ?Noooo? Yo tampoco.
- ?Y por qu? no nos comprometemos nosotros?-lanz? un Marcos decidido como nunca.
- ?Qu? cosas tienes! ?Por qu? motivo?
- No hay motivos para todo. Las cosas se hacen y ya est?.
- Yo sin convicci?n no puedo comprometerme.
- Como quieras Elena, espero no haberte molestado.

Con una rabia contenida Marcos se alej? de la joven sin esperar otra respuesta. Esa tarde estuvo cabizbajo y sus amigos bromearon con ?l:
- ?Te han dado calabazas! Yo he visto como hablabas con Elena y como te alejaste con cara de pocos amigos- le dice Jenaro en plan de mofa.
- Hablamos de la conferencia, nada m?s.
- No lo creo, yo s? que est?s por ella- salta Fernando.
- Bueno, dejadme en paz. ?No quiero saber nada de relaciones con mujeres! Son un problema muy grande.

Marcos pensaba que hab?a equivocado la estrategia. Debi? de invitarla a ser su acompa?ante en el baile y no hablar de relaciones. ?Soy un tonto y un desgraciado! Ya no me atrever? a decirle nada.

Elena se qued? helada. Cuando vio alejarse a Marcos sin m?s palabras, comprendi? que hab?a estado fatal. Lo de la convicci?n ella lo dijo pensando que ?l le contestar?a algo as? como. ?Los motivos les buscaremos juntos? o bien: ?Los tengo, es que me gustas? ?Hab?a sido una idiota! Ya no se acercar?a a ella.
- Anita, mira que tonta he sido-dice a su amiga- Marcos me ha hablado de relaciones y yo le he contestado como una idiota completa, hablando de convicciones.
- ?Estos chicos son unos imb?ciles! No saben hablar a las chicas, eso es lo que pasa.
- Bueno y nosotras tampoco sabemos ganarnos a un chico. Si no est?s dispuesta a hacer al amor el primer d?a que conoces a uno, ya eres una estrecha. Y cuando un chico te habla de comprometerse no sabemos que decir.

Marcos y Elena desde aquel d?a de la fiesta en la Facultad se evitaron y nunca volvieron a quedar ni para resolver los problemas sobre circulaci?n de l?quidos por tuber?as.

Publicado por Lanzas @ 13:20  | Amor
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BODA DE CONVENIENCIA

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Sentado a la barra de un bullicioso bar, pensativo con una copa de brandy en la mano, saboreando el reciente despido de mi trabajo, el cual me hab?a sido comunicado por el gerente de la empresa. ?Motivo? - dijo- reducci?n de plantilla, ?Hijo de Puta!
Hac?a un a?o que me hab?a separado; mi esposa me dijo que hab?a conocido a un hombre que le podr?a dar una vida m?s c?moda que la que compart?amos, y se hab?a enamorado; no s? si de la posici?n, o del tipo; en el fondo me daba igual.
De nuestra uni?n no hab?a hijos. Estaba solo.
Aquella noche necesitaba emborracharme, evadirme, no pensar, s?lo quer?a un poco de paz, aunque fuera gracias al alcohol.
A pesar de que ya hab?a ingerido seis copas y los sonidos y las luces se confund?an en una especie de ?ter bullicioso, pude distinguir a mi lado las voces de dos personas que hablaban acaloradamente:

-?Que s?! que ella est? loca por venirse ?pa c?- afirmaba una joven voz.
-?Ya! Pero no puede quedarse m?s de tres meses. Los papeles tardan mucho en darlos; si no tienes trabajo y alojamiento te devuelven a tu pa?s al cabo de ese tiempo - aclaraba la segura voz varonil.
-Mi mam? ya no puede estar m?s en Colombia. Su pareja la maltrata; trabaja y trabaja, y ?l no hace nada; s?lo beber, y cuando ella est? en la casa, pelear ? explicaba la joven con voz afligida.
- Lo s?; y no sabes lo que dar?a por poder traerla a Espa?a ? a?ad?a el compa?ero con franco acento.

En ese instante decid? conocer a los que as? hablaban; gir? mi cabeza: ?l era un espa?ol de unos cuarenta a?os. Con aspecto atildado: traje, corbata y pelo corto repeinado. Ella, una joven de semblante marcadamente sudamericano: bajita, pelo y tez morenos y rasgos suaves. El cabello muy liso ca?a sobre sus menudos hombros.
-?Oye! Acabo de acordarme de algo.- dijo emocionado el hombre- existe una ley, ?s?!, tenemos una ley que permite quedarse en Espa?a a los extranjeros que se casen con alguien de aqu?
-?S?? ?Es cierto?
-S?, s?, cierto. Est? en vigor hace bastante tiempo ?Escucha! incluso he o?do que hay gente del otro ?charco? que paga por una boda de ese tipo. Pod?amos intentar algo as? con tu mam?
Estas palabras provocaron que mi coraz?n bombeara m?s r?pido.
-?C?mo?- la voz son? extra?ada.
-?S?! Podr?amos tratar de encontrar alg?n hombre que por cierta cantidad de euros se prestase a una boda de esa clase.
- ?Qu? bueno!; pero el problema ser? encontrar a la persona que quiera casarse sin conocer siquiera a la novia ? o? a la muchacha con tono decepcionado.
-Bueno, quiz? no haya tanto problema, Hay mucha gente que anda mal de dinero y se presta a cualquier cosa; aparte, que como no van a convivir mucho tiempo, si no se gustan da igual.
-Tienes raz?n ?concedi? la joven.
Al o?r estas palabras decid? que mi momento hab?a llegado. Estaba sin trabajo y cualquier cantidad de euros me vendr?a muy bien; y si ten?a que fingir un casamiento, pues lo fingir?a.
Con voz pastosa me dirig? a la pareja:
-?Perdonen!, si me entrometo. He escuchado sin querer su conversaci?n y?
Sus rostros, en cuyos ojos brillaba el recelo, giraron hac?a m?
-No, no se preocupen, que no quiero causarles ning?n perjuicio. M?s bien, me gustar?a colaborar con ustedes ?dije atropelladamente.
-Y, ?En qu? quiere usted colaborar?-la voz masculina son? desconfiada.
-He o?do que necesitan a un hombre que quiera casarse con una mujer que est? fuera de Espa?a, ?no?
La pareja intercambi? una mirada c?mplice.
-?Acaso le interesar?a a usted algo as?? ? pregunt? en voz baja.
-Pues?s?. No tengo liquidez estos meses, y no me vendr?a mal un poco, si es que pagan algo por hacer de novio, puesto que no se asume compromiso alguno, ?no?
-?Claro! De eso se trata, precisamente: un casamiento r?pido y a continuaci?n, cuando ella ya tenga sus papeles, la separaci?n. Ocurre todos los d?as.
-Y ?qui?n se encargar?a de los tr?mites?
-Yo mismo. Por cierto ?cu?l es su nombre?
-Eduardo Belmonte.
- Ella es Lidia Figueroa; y yo me llamo Juan S?nchez- anunci?.
-?Sois pareja? ?me atrev?.
-S?, lo somos, y nos llevamos estupendamente ?dijo mientras miraba con ternura el bronceado perfil de la mujer
- Me alegro mucho; y hablando de otro asunto; mi n?mero de m?vil es ?ste, por si necesitas comunicarte conmigo- dije apunt?ndoselo
-Bien, te llamar? cuando tenga los papeles listos.

Nos despedimos con un apret?n de manos, y me qued? solo sentado en aquella banqueta, la embriaguez ya disipada, pensando las cosas tan curiosas que puede deparar la vida.

Una semana despu?s son? el m?vil: era Juan.
-Eduardo, ?c?mo est?s? ?Escucha! Ya tengo los papeles que necesitamos. Mi suegra ya est? avisada y loca de contento.
El coraz?n me dio un vuelco.
-Y ?para cu?ndo ser? la boda? ?pregunt? m?s nervioso de lo que hubiera deseado.
- Me han dicho que para dentro de quince d?as, en el Juzgado.
Quince d?as?- pens? - todo se estaba desarrollando demasiado r?pido. Lo ?nico bueno de todo aquel l?o era que me iban a dar 4.000 euros, y me ven?an de maravilla. Dije aparentando tranquilidad:
-Y ?qui?n va a hacer de novia aqu??
-?La mam? de Lidia!- exclam? efusivo- viene antes de quince d?as.
-?S?? ?Vaya!. Y ?quedaremos antes en alg?n lugar para concretar detalles? ?No?
-?Claro! El s?bado pr?ximo nos encontraremos para hablar en el mismo bar en el que nos conocimos ?Te parece?

El d?a se?alado nos vimos. Dejamos todo bien organizado: Ir?amos a esperar al aeropuerto a la mam? de Lidia, y al d?a siguiente nos casar?amos a las once de la ma?ana. Despu?s de la ceremonia me dar?an lo pactado. Y, ah? acabar?a todo lo relativo al matrimonio; despu?s de unos meses solicitar?amos la separaci?n por incompatibilidad de caracteres.

Esperando en el aeropuerto sent? que mis piernas flaqueaban. No entend?a aquella reacci?n. ?Si todo era una farsa! Parec?a que me casaba en serio y que iba a conocer a la mujer de mi vida aquel d?a.
Pasados minutos que a m? se me antojaron siglos, o? a mi lado una exclamaci?n de j?bilo:
-?Mam?, mam?! ?Estamos aqu?! ?dijo Lidia corriendo hacia una mujer de aspecto agradable que caminaba hacia nosotros. Vi c?mo se abrazaban llorando, una sobre el hombro de la otra, y sin saber por qu? me sent? turbado
Momentos despu?s nos vimos los cuatro frente a frente, y la mam? de Lidia me fue presentada:
-Aqu?, Mercedes- indic? Juan, se?alando a una mujer muy hermosa de unos cuarenta a?os, de ojos grandes y bellos, labios bien formados, apetecibles.
-?Encantado de conocerte!- dije mientras estrechaba su mano c?lidamente.
-?C?mo est?s?- me pregunt? mostrando unos dientes blanqu?simos.
-La verdad, muy sorprendido.
-Y, ?Eso?- interrog? curiosa.
Me encontr? atrapado. No pod?a decirle que nunca hab?a imaginado que fuera una mujer tan hermosa, y que todo aquel enga?o ya me estaba pesando.
-Pues?yo?no te imaginaba as?
-?As?, c?mo?- coquete? ella
-Tan atractiva, tan bonita- me lanc?
-Bueno, no es para tanto. Ya soy una mujer madura.
-?Madura? Puede, pero eso no quita para que est?s estupenda ? me atrev?.
-Bueno, ?muchas gracias! ? agradeci? haciendo un lindo moh?n con la mirada.


La ceremonia civil result? hermosa. Ella apareci? vestida con un traje color beige, zapatos de alto tac?n a juego con el vestido, y una flor blanca sujetando una parte del cabello. Estaba realmente bonita. Y en mi interior dese? que todo aquello no fuera una comedia.



Despu?s de una ligera refacci?n, lleg? la hora de despedirnos. Juan sac? de su billetera, en un aparte, la cantidad de cuatro mil euros y me los tendi?. Sin saber por qu? no pude extender mi mano para asir los billetes de quinientos euros.
-?Qu? te pasa? ?No est?s conforme con el dinero?- pregunt? con mirada extra?ada.
-No es eso, no s?, pero no puedo aceptar el dinero. Creo que no soy el hombre adecuado para esta clase de ?negocios?.
-?Vaya tipo m?s raro que eres!- exclam? el otro- ?Anda t?malo; quedamos en esto! - a?adi? - ?Perdona!: ?te puedo pedir un favor?
-?Claro! ?Dime!

-Mira, esta noche no tenemos d?nde alojar a Mercedes; nosotros estamos compartiendo una habitaci?n en un piso con otras personas, y no hay ni un sof? libre, y mucho menos una cama, ?te importar?a que Mercedes pasara esta noche en tu casa y ma?ana veremos d?nde la alojamos?

-?No! ?Claro que no me importa! Puede quedarse. Tengo varias habitaciones vac?as, por m? no hay inconveniente.
- ?Gracias! Eres un tipo estupendo- dijo mientras se guardaba de nuevo los miles de euros en el billetero.

Mercedes y yo vivimos bajo el mismo techo como amigos, pero amigos de verdad.
La noche en que iba a quedarse se prolong? otras muchas m?s con sus respectivos d?as. Yo, indefenso, me hab?a enamorado de ella sin remedio. Llevaba varios meses solo, sin una caricia, sin una palabra amable, y ella me habl? con afecto, y aunque no hubo caricias ni nada relacionado con el sexo, s? mucha comprensi?n y confianza. Habl?bamos de todo: de su amada y lejana tierra, de sus padres, tan humildes pero que le hab?an dado el caro ejemplo del amor a la familia; y de su desastrosa relaci?n con un hombre que no la amaba, sino que la humillaba y despreciaba. Yo, por mi parte, le habl? de mis problemas de trabajo y del abandono de mi esposa, con total sinceridad. Nunca me hab?a sentido tan bien en compa??a de una mujer.

Un d?a Mercedes amaneci? indispuesta. Me asust? y la llev? al Centro de Salud que me correspond?a. Le atendi? una doctora muy amable; le prescribi? unas pruebas, y que volvi?ramos al cabo de una semana.
Nuestra sorpresa fue may?scula cuando fuimos de nuevo a consulta y la doctora nos dijo que estaba perfectamente, s?lo, y no era poco, que iba a ser madre. Los ojos de Mercedes se clavaron en m? angustiados.
Pos? mi mano sobre su hombro y trat? de trasmitirle todo mi apoyo.
-No pasa nada. Tendr?s tu hijo. No te preocupes. Yo estar? a tu lado ?dije sinceramente.
Ella estrech? mi mano en un gesto de gratitud.
Salimos de la consulta algo trastornados aunque por diferentes motivos, creo. Mercedes por el grave inconveniente que le supon?a el nacimiento de otro hijo en sus circunstancias; yo, porque de alguna manera, me ?sent?a? padre de la criatura, aunque el aut?ntico, respiraba muy lejos.
Ya en casa, y viendo la expresi?n disgustada de Mercedes dije:
-?Escucha! no tengas pena por tu ni?o; yo no he tenido hijos y me encantar?a hacerme cargo del que nazca, darle mis apellidos; en fin, ser el padre que nunca he sido y que ?l, quiz?, nunca conozca.
La futura madre levant? la abatida cabeza y me mir?.
-La verdad, es que en toda mi vida imagin? encontrar un hombre tan bueno como t?. Me has ayudado tanto desde que he venido a Espa?a, que no s? que hubiera sido de m? sin ti. Ahora te ofreces a hacerte cargo de este hijo?No entiendo c?mo tu mujer te pudo dejar por otro hombre. Seguro que estar? muy arrepentida de lo que hizo.
-Bueno, dejemos el pasado; ahora hay que mirar hacia delante, siempre hacia delante. Las malas experiencias, seg?n algunos psic?logos, se olvidan, y queda en nuestra mente lo bueno. ?Est?s de acuerdo en lo que te he dicho sobre el ni?o?
-?De acuerdo? ?Y me lo preguntas? ?Acaso podr?a ser tan ingrata para negarme? Mi hijo llevar? tus apellidos y te llamar? pap?. Sabr?s lo bien que uno se siente al o?r llamarse as?. Te mereces, m?s que nadie que conozco, que te quieran.

Pasaron los meses y lleg? el momento.
El nacimiento fue normal y la criatura, un var?n precioso. Estuve con ella en el quir?fano por gentileza del doctor que atendi? a Mercedes, y tuve la dicha de poder contemplar el milagro m?s grande que jam?s pude so?ar. Llor? como un ni?o cuando vi emerger la cabecita del cuerpo de la madre. Desde ese mismo instante ya le quise. Mi alegr?a fue tan grande como si en verdad fuera mi hijo.

Los meses que vivimos a continuaci?n, fueron los m?s felices de mi vida.
El beb? crec?a con salud y una noche en que ve?amos un programa en televisi?n, sentados en el div?n, ella me tom? una mano y con la otra volvi? mi cara hacia ella y estamp? un beso en mis labios. Y, ah? empez? la m?s hermosa historia de amor que jam?s me atrev? a so?ar. Conoc? lo que es el verdadero amor: el placer deleitado con la persona amada: la pasi?n, el deseo, unidos al cari?o, al afecto m?s sincero, dados y recibidos, colmaron mi alma de una felicidad jam?s sentida.


Una ma?ana me sent? algo indispuesto; una ligera dificultad respiratoria. Acud? a consulta. Tras d?as de variadas pruebas me dieron el infausto diagn?stico: carcinoma ductal en los pulmones en grado avanzado. Me quedaban escasos meses de vida.
Sal? del hospital anonadado. No pod?a creerlo. Ahora, cuando al fin estaba siendo feliz con una mujer honesta y mi hijo, ?s?! mi hijo, todo terminaba. Sent? unos irrefrenables deseos de gritar ?No era justo! ?Por qu?? ?Por qu?, ahora?
De vuelta a casa llor? como nunca antes hab?a llorado, y mis l?grimas no fueron s?lo por m?.

A Mercedes no le habl? de mi mal. Trat? de asegurar su futuro y le dije:
-Mercedes, ?mira! vamos a hacer unos tr?mites.
-?S?? ?Cu?les?
-Vamos a ir a un notario y voy a poner este piso a tu nombre; por si ocurriera algo ya tienes casa segura para ti y el ni?o.
-?Si ocurriera algo? ?Qu? quieres decirme?- pregunt? alarmada.
-?No! Nada de particular; s?lo que hay que hay que tener las cosas previstas.
-No te entiendo bien, pero haremos lo que t? digas.

Hicimos todo lo pertinente para que Mercedes fuera la due?a de la casa y del coche, y como est?bamos casados percibiera una paga de viudedad. Ella no sab?a a qu? ven?a todo aquello, pero no importaba. Pronto lo sabr?a.

Hab?an pasado cuatro meses desde que supe de mi enfermedad, y empec? a sentirme realmente mal. Mi mujer ya se daba cuenta de que algo muy grave me ocurr?a y no se despegaba de mi lado. Su cabeza reposando sobre mi pecho me daba aliento para dar las ?ltimas bocanadas, mientras acariciaba sus negros cabellos y su amado rostro.
A pesar de mi dolor por dejarla sola, di gracias al Ser misericordioso que me hab?a permitido encontrar a una persona tan noble y buena, la cual me hab?a proporcionado la dicha de ser padre, y el amor de una mujer en toda su excelencia.

Recostado, ella a mi lado, el peque?o jugando en la alfombra, mir? a trav?s del cuadrado de cristal las ramas desnudas de un ?rbol. Las hojas ca?an lentas, ondeando sobre el aire, tranquilas. Hab?an cumplido su misi?n. Me sent? una de ellas.
Pero vendr?a una nueva primavera, y la vida florecer?a de nuevo.
En mi hogar suceder?a lo mismo:
?Mi hijo era la primavera!


Publicado por mariangeles512 @ 0:36  | Amor
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Jueves, 04 de enero de 2007
Me enamor? de una bruja.
(Dedicado a las parejas que se unen pensando en vivir juntos hasta el fin de sus d?as)
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El t?tulo ya est? muy manido y adem?s hicieron una pel?cula que as? se llamaba y que trataba de una bruja de verdad. Pero mi bruja, que no ten?a escoba, pero s? aspirador y ordenador, tambi?n lo era, como ustedes van a poder comprobar.

Alicia me pareci? una muchacha muy extra?a. Se entreten?a en mandar por Internet mensajes como este:
-Soy la mujer que buscas. No sigas perdiendo el tiempo y m?ndame tu n?mero de m?vil a alicia_mujer mira.com-

Como hay muchos anuncios de ciber-sexo y cosas extra?as, al principio, cuando lo recib?, no prest? ninguna atenci?n, pero a los pocos d?as al abrir de nuevo el correo y mandar a la papelera un mont?n de e-mails de propaganda, repar? en uno de la tal Alicia.

-No me has contestado. Yo s? donde vives y te voy a ir a buscar. No podr?s pasar sin m?, una vez que te tenga entre mis brazos.-

-?Esto era posible? Si lo fuera, como yo no tengo miedo a una mujer, si es de verdad, ten?a que averiguarlo de forma exacta.
- La forma mejor- pens?- es mandarla un e-mail con un m?vil que voy a comprar ahora mismo y que nadie conoce de momento.

Esa misma tarde me acerqu? a la tienda de m?viles y lo compr?, El 684505434 me dieron sin mucha espera. Le mand? el correo a Alicia y esper? con el m?vil reci?n cargadito.
Al cabo de una media hora, ?nada m?s! El m?vil son?: n?mero desconocido, ?la muy guarra!
- Hello, ?qui?n es?
- Ya sabes quien soy, tonto m?o. Tu Alicia
- ?Qu? quieres de m??
- Pues todo. T? entero para que no te olvides nunca de m?.
- Bueno, m?ndame una foto tuya y veremos.
- De fotos nada. En persona quiero verme contigo y adem?s enseguida, t?o.
No sab?a que decir ni como quedar, pero era todo igual, ella iba por delante dos kil?metros.

- Dentro de una hora estar? en Zara. La que se est? mirando al espejo con un vestido rojo, esa soy yo. Pero en punto, Enrique, en punto, si no llegas en punto te acordar?s de m?.
- De acuerdo. ?C?mo sabes mi nombre, si no te lo dije?

Colg?.
Como me gustan los misterios que se puedan desentra?ar, me arregl? r?pidamente con los vaqueros m?s ?guays? que ten?a y me puse la camisa picasiana y las gafas de sol Ray-Ban y fui a Zara en mi ?burra? Suzuki de 1783 cc. , no sin antes encasquetarme mi casco de 100 euros.

Dej? la moto con mucha parsimonia delante de la tienda y baj? con el casco en la mano, como que no quer?a la cosa. En el momento que traspasaba la puerta principal se pudo o?r el ?clok? en el reloj de la plaza cercana.
All? estaba ella, delante del espejo, con una cabellera rubia que la ca?a hasta la cintura y un vestido rojo abierto por un lateral que dejaba ver una pierna esbelta como no hab?a visto nunca.
- Enrique, ?qu? te parece este vestido?
- ?Impresionante!- dije refiri?ndome en realidad a ella, ya que el vestido en s? me daba lo mismo.
- Pues vamos en la moto despacito hasta ?Las Chapas? y nos tomamos un Martini.
- Bien, como quieras- y vi como ella cog?a un casco casi igual al m?o de encima de una de los mostradores de la tienda, lo que quer?a decir que estaba preparada y era adivina, o al menos bruja.

Nos montamos en la moto, despu?s de que ella se quitara el vestido y dejara s?lo una malla con unos pantalones cortos que llevaba debajo. ?Cada vez me parec?a m?s incre?ble! Meti? el vestido en una bolsa que me dio para que guardara en la maleta de mi moto, donde llevaba algo m?s y ?bruggggggggg! ?A toda m?quina!

Cuando llegamos a ?Las Chapas?, lugar de encuentro de muchos moteros elegantes, la pregunt? de sopet?n:
- ?C?mo sabes tanto de m??
- Porque soy una bruja de tomo y lomo, tontorr?n.
- Yo no creo m?s que en la Virgen Mar?a y Jes?s Nuestro Se?or y les tengo algo olvidados ?ltimamente.

El caso es que me resultaba familiar ?la condenada!

- ?Vamos a jugar a las adivinanzas?
- Vale, si t? lo deseas, no hay problema.
- ?Cu?ndo ten?as seis a?os conociste a una ni?a de cuatro?
- ?No sigas!-casi me caigo redondo-T? eres Alicia la ni?a de las coletas a lo Nancy.
- ?Exacto! Y hace unos d?as te v? en la TV, hablando de los logros de la Inform?tica para proteger a las empresas bancarias. Dijeron tu nombre y busqu? en la Telef?nica tus apellidos inconfundibles: Arteaga Balzategui, que son los de mi Enrique. Y enseguida me hice con tu MSN y tu correo. Lo anuncias en tu despacho.
- ?Amor! ?Cu?nto he suspirado por t? desde hace tantos a?os!

Ella era Alicia Madrigal de Torres, la hija del vecino de al lado de mis padres durante quince a?os. Entonces ya pasaron otros quince y no la hubiera reconocido si ella no fuera tan valiente. Lo curioso es que no me hab?a olvidado durante tantos a?os y adem?s dio con mi despacho sin problemas y buce? en mis costumbres.
?Estar?a enamorado de una bruja?

- ?Recuerdas c?mo jug?bamos de forma inocente, a besarnos como ve?amos en las ?pelis??
- No lo he olvidado. Una vez hasta nos tocamos desnudos y creo que aprendimos lo que era el amor sin poder hacerlo a?n. Ten?amos apenas ocho a?os y t? seis. Luego ya no nos atrevimos a hacer nada cuando adolescentes y so?? contigo durante a?os.
- ?Has tenido alguna novia?
- Tres, s?lo tres que trat? de forma insulsa y nunca me parec?an que eran como t? y las dej?. Bueno, y t? ?novios?
- Ninguno. Hace quince a?os cuando mi padre tuvo que irse a Nueva York, me recluy? en un internado de se?oritas y estudi? Ingenier?a de Telecomunicaci?n como t?, porque sab?a que era lo que quer?as ser de siempre.
- ?Esto merece un brindis, una comida y una cena!
- ?S?lo?

Me ruboric?, la verdad sea dicha. ?Esta mujer era fuego contenido!
- No. No, tambi?n volvemos a los ocho a?itos y recordamos. Tendremos todo mucho m?s feo, pero m?s efectivo. ?No?
- ?Eres un cerdito adorable, amor!

Ese d?a fue uno de una lista interminable. Nos amamos con pasi?n. Nos acariciamos nuestros cuerpos como si la piel fuera seda, disfrutando como locos. A los dos meses nos casamos y aqu? seguimos despu?s de otros cinco a?os, juntos, con dos hijos y con la ilusi?n del primer d?a. Ella me sigue amando y yo adorando. Cuando estamos separados por el trabajo jugamos con los ordenadores envi?ndonos e-mails picantes y sugerentes.
-Alicia, esta noche te espero en la cama completamente desnudo - ya no son tan frecuentes como antes, pero estos otros, son m?s:
-Enrique, cuando llegue a la tarde, no cenes, que me tienes que comer antes a m? entera-

Y as? esperamos morirnos juntos cuando tengamos nietos y estemos jubilados. ?No podremos vivir el uno sin el otro! ?Lo sabemos!

Publicado por quijote_1971 @ 13:56  | Amor
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La hu?da del inocente-Cap?tulo IV

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- Eso ha sido un ajuste de cuentas sin duda- comenta el Sr. Santill?n.
- Recuerdo que tambi?n transportaba el dinero de ?El Corte Ingl?s?- dice Ana-
- ?No es verdad, Pepe?
- Pues no recuerdo bien- asegura un Pepe, algo distra?do-?Ah, si! S? fui yo quien te lo cont?.
- No debemos preocuparnos. La polic?a ya estar? detr?s de la pista de los c?mplices.

El lunes siguiente fue el d?a m?s ajetreado que recordar?n los Santill?n y los Minguez.
Con una orden judicial la polic?a pein? el coche de Pepe, para descartar que fuera atropellado por ?l o incluso encontrar alguna pista sobre el golpe que hab?a sufrido el tal Lozano.
Interrogaron a todos los familiares por separado, por ver si se les encontraba en alguna contradicci?n y a los amigos que estuvieron con Ana y su novio la noche de autos.

- ?Usted sabe que la Empresa Furblisa transportaba el dinero recaudado en su empresa a los bancos?- inquiere el Inspector Mu?oz a un Pepe, ahora a la defensiva.
- Naturalmente, creo haber visto los furgones esos m?s de una vez.
- ?Conoc?a antes del viernes pasado al se?or Lozano?
- En absoluto, si me cruc? con ?l antes, no me fij?.

Un Mu?oz pensativo ley? el informe del forense y dedujo que el hombre hab?a muerto entre las cuatro y las cinco de la madrugada del viernes al s?bado. Presentaba un fuerte golpe en la nuca con derrame interno, lo cual seguramente le produjo la muerte cerebral, pero no era seguro. El golpe puede haber sido producido por la culata de una pistola del tipo Sig-Sauer P220, parecidas a las espa?olas Astra, que ya no se fabrican, que usan los guardias de seguridad de muchas empresas, y adem?s se le encontr? dos pinchazos de aguja, uno en el brazo izquierdo con gran morat?n, seguramente por rebeld?a del inoculado y otro en el cuello. En la sangre apareci? una cantidad de insulina necesariamente mortal.

- Lemos, ven conmigo que vamos a buscar a los c?mplices de Lozano en lo del asunto de Furblisa, ya tengo la orden judicial.
- Voy Inspector- contesta un sol?cito ?ngel Lemos, que no se extra?a de nada de lo que diga su jefe-preparo la autom?tica y unas granadas si quiere.
- Ya avisaremos a los geos si es necesario. Por ahora con la placa nos es suficiente, ver?s.
- O. K.-contesta el americanizado Lemos, subinspector muy efectivo y preparado.

Mu?oz hab?a estudiado el caso del asalto al furg?n y sobre el tal Lozano siempre le pareci? que no actu? s?lo. Los compa?eros, sospechosamente, aparecieron sin haber ofrecido resistencia alguna y apenas supieron o no quisieron contar muchos detalles de la forma en que se hizo con el furg?n el otro empleado. Los dos le echaron la culpa y ?santas pascuas! Fueron interrogados m?ltiples veces y por falta de pruebas salieron libres. Pero si ahora aparec?a muerto Lozano, o una de dos: alguien m?s intervino o estaban ellos implicados.

Todo esto ol?a a ajuste de cuentas y los ajustes de cuentas en estos casos se dan porque seguramente el individuo no aport? el dinero prometido y ahora se lo hab?an cobrado de mala manera.

Por tanto con el expediente en la mano se dirig?an en el coche camuflado a la casa de El?as Martos, el que iba en el furg?n en la parte de atr?s, vigilando la puerta trasera.

-El?as abra, somos la polic?a.
- Ya voy, no se preocupen- se oye al otro lado de la puerta.

Pasan unos minutos y no abre nadie. El subinspector da un empuj?n a la puerta y entran. Lo justo para ver escapar por la ventana a El?as portando una bolsa.
La ventana da a un patio interior, r?pidamente Lemos salta por la ventana, mientras el Inspector Mu?oz vuelve a la escalera principal.
- ?Alto, o disparo!- grita el subinspector.
El?as abre la puerta del patio y al otro extremo ve un coche Opel Astra en el cual r?pidamente se introduce el huido.
El inspector dispara certeramente a las ruedas y el coche en una pirueta tr?gica se empotra contra la casa de enfrente.

- Aqu? Lemos, necesitamos ambulancia y un coche patrulla-en la carretera de C?diz, en las viviendas bajas junto a la Tabacalera.

Cuando Mu?oz llega junto al coche, tira de El?as hacia afuera y cae sobre el asfalto conmocionado pero vivo y junto a ?l se abre una bolsa llena de dinero, con billetes de varios valores, todos euros.

Una vez trasladado en ambulancia al Hospital, se asegura de que est? bien vigilado y que no se diga nada a la prensa de momento.

- Vamos a por Ram?rez, este vive en Torremolinos. Avisa a la comisar?a de all? para que rodeen la casa que tiene en La Carihuela- dice a Lemos.
- O.K.-siempre tan lac?nico y efectivo.

Cuando llegaron a la Urbanizaci?n donde viv?a el que hab?a sido el acompa?ante de Lemos en el furg?n, ya estaba montado el dispositivo de forma que salir de la casa era imposible.
Como no se fiaba nada del tal Ram?rez, el inspector mand? a dos agentes por la parte de atr?s y ?l y ?ngel por delante. La orden judicial en la mano.
-Ram?rez, sabemos que est? dentro, salga con los brazos en alto y deje a la familia tranquila- le dicen porque sabe que tiene una compa?era y dos hijos.
-?Por qu? me buscan?- se oye desde el interior de la casa, por cierto, mansi?n no acorde con el sueldo de un empleado de empresa de seguridad, que ?l justificaba como de su mujer, heredada de sus padres.
- Lo sabe muy bien. Hemos encontrado a Lozano y ha cantado- le miente Mu?oz- dice que sus c?mplices erais vosotros, Martos y t?.
- No es cierto, Lozano est? muerto- se delata, y en ese momento los agentes que estaban por detr?s entran r?pido y Lemos por delante y tumban a Ram?rez sobre el suelo del pasillo, no sin antes quitarle una pistola de la mano.
- ?Muerto y t? que sabes de eso?- le pregunta ahora el inspector.
- ?Un abogado, un abogado!-Grita el inculpado.
Ram?rez era diab?tico como constaba en el informe y los agentes guardan varias dosis de insulina y jeringuillas diversas, mientras se llevan esposado al vigilante de seguridad.
Continuar?...

Publicado por interazul @ 12:48  | Misterio
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