Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
LOS GORRIONES.

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Viv?a sola, pero no se encontraba vac?a.
Ten?a un perro, cuatro gatos y un mont?n de peque?os amigos: los gorriones, que cada ma?ana acud?an a la vereda de su jard?n a esperar las miguitas de pan que el ama de la casa les echaba.
Le encantaba ver las tiernas avecillas comiendo a su alrededor, aunque al menor movimiento de la mujer alzaran el vuelo.
Su vida estaba en el crep?sculo. No importaba. Hab?a vivido: hab?a tenido cuatro hijos, plantado varios ?rboles y escrito algunos libros.
Eso era vivir, seg?n hab?a afirmado en alguna ocasi?n su admirado Pablo Neruda.
Claro, que no sab?a con certeza si hab?a vivido con la intensidad con que la vida debe ser absorbida;
Si esos hijos deber?an haberla amado, visitado, atendido en su soledad?
Si sus ?rboles deber?an haber dado hermosos frutos, o sombra, o belleza, simplemente?
Si sus libros deber?an haber sido le?dos por alguien m?s que por ella.
Y si ?stos hubieran sido publicados, si deber?an haber tenido ?xito.
No, nada de esto esclarec?a el autor de?Una canci?n desesperada?, su favorita.
Hab?a vivido, pero ten?a la duda de si hab?a saboreado su existencia todo lo agudamente que la vida deber?a ser apreciada, dada su terrible levedad.

Ya nunca lo sabr?a. Era muy tarde.

Am? intensamente a un hombre, aunque siempre tuvo la certeza de que no fue correspondida de igual manera. Fue ineludible perdonar muchas veces para llegar juntos hasta el final. Su conciencia estaba tranquila; siempre hab?a actuado de manera totalmente honesta.
Ahora ?l ya no estaba.
La ausencia se hac?a sentir en toda la casa, la mujer deseaba percibirla; por ello no se hab?a mudado a otra m?s peque?a y mejor comunicada.
Hac?a alg?n tiempo que sus libros, sus animales, sus plantas, eran toda su vida.

Se hab?a levantado algo cansada, muy temprano, aquella ma?ana.
Hab?a bajado penosamente las escaleras para llegar a la cocina y preparar su ligero desayuno.
Descorri? las cortinas del ventanal del comedor que daba al jard?n. All?, sobre el espejo creado por la lluvia nocturna, reflej?ndose en el cristal, sus amados p?jaros esperaban su alimento.
Volvi? a la cocina con vivos pasos, cogi? un trozo de pan y lo hizo miguitas para que los gorriones comieran antes que ella.
Se coloc? un delantal y ech? en ?l las migas. Abri? la puerta de salida al jard?n y trat? de bajar los cuatro escalones que la separaban de las avecillas.

El piso mojado, un resbal?n y cay?.
Su cuerpo qued? ligeramente sentado con la n?vea cabeza echada hacia atr?s.
Los gorriones la miraron expectantes; con precauci?n se acercaron. Su protectora no se mov?a.
Pasados unos instantes, una enorme bandada de pardales se posaba sobre el pecho de la anciana. Al poco, todos a una, levantaron el vuelo hacia las alturas perdi?ndose en el azul.

A media ma?ana, la mujer que ayudaba en las tareas de la casa llam? repetidamente a la puerta.
Nadie contest?. Abri? con la llave que la se?ora le hab?a dejado.
La llam? varias veces en voz alta. El silencio respondi?.
Empez? a recorrer las estancias, cuando la vio en la escalera del jard?n.

Yac?a muy quieta, muy fr?a, pero en sus labios una hermosa y serena sonrisa se perfilaba; y en sus abiertos ojos dirigidos hacia el a?il, en los cuales se reflejaba, crey? vislumbrar una bandada de p?jaros, sosteniendo por el pico entre todos, una esplendente estrella en forma de coraz?n.
Publicado por mariangeles512 @ 13:25  | Costumbres
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Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 25 de julio de 2007 | 13:08
ola tengo una gorriona k tiene 6 a?os y medio y me gustaria saber cuantos a?os suelen llegar a vivir.Gui?oFlash