Jueves, 18 de enero de 2007
SORPRESA

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Definitivamente no era mi día. Nada más levantarme resbalé sobre la alfombra y tiré todo lo que había sobre la mesilla. ¡Mi mujer se empeña en encerar el piso para que parezca de cristal! Lo encera todos los días, a mi me gusta la alfombra para no poner los pies en el suelo directamente. Pues bien, resbalé y quise agarrarme al borde de la mesilla de noche y tiré el radio-reloj despertador, el teléfono, la lámpara, dos libros y lo que es peor un vaso de vidrio que se rompió en mil pedazos.

Apenas desayuné, tomé dos galletas rancias de no sé de que cumpleaños de la hija pequeña y una taza de café, que parecía agua de cocer castañas.

Me metí en el ascensor y se quedó atrancado en el tercer piso. Toqué el timbre y un cuarto de hora después apareció el portero abriendo la puerta y sacándome por la puerta a la altura de la cintura. Tuve que subir de nuevo (vivo en un noveno) por la escalera para cambiarme la ropa manchada.

Llegué tarde a la oficina, mi jefe me regaño y casi me despide, sólo por la intervención de una de las accionistas mayoritarias, que casualmente estaba allí, no lo hizo (de algo vale ser algo mujeriego y galante con las mujeres). A la hora de comer, en la cafetería de enfrente, como siempre, la chica que sirve los mejunjes me tiró encima salsa de tomate. ¡Menos mal que siempre tengo en la oficina una chaqueta de repuesto!

A la tarde, salí de la oficina, no sin antes haber caído el teclado del ordenador y haberse atascado tres botones, que me costó desmontar y ajustar, salí, como digo, mirando a diestra y siniestra, pero se me olvidó mirar hacia arriba con lo cual, no me escabullí de la cagadita de la paloma de turno.

Cansado de tanta desgracia menor, llamé a mi mujer y le dije que iba a llegar tarde, porque teníamos en la oficina una reunión de planificación mensual, por lo cual hasta las doce de la noche al menos no me sería posible darle un abrazo y bien fuerte.

Otro cualquiera, seguramente se hubiera a casa a las ocho como siempre, pero yo soy así, Me gustan las cosas difíciles y me dije:
- Voy a tomarme unas copas con Eulogio, el “rapao” (llamado así porque estaba más calvo que una bombilla de las de antes).
Y allí estaba con mi amigo de la infancia, que trabajaba en la policía nacional desde hacía años y que precisamente ese día estaba libre de servicio.
- Eulogio. ¿Cómo te va con tanta delincuencia?
- A mí, estupendamente, aún no me han liquidado los de las mafias- él, siempre tan gracioso.
- Pues yo tengo una suerte malditamente perruna, me pasa de todo y un día de estos no lo cuento.
- ¡No será para tanto!
Y de pronto veo que entran en el bar dos individuos con las caras tapadas, armados con sendos garrotes y uno de ellos grita:
- ¡Todos quietos y no pasará nada! ¡Venimos a por la recaudación del día!
- ¡Es la quinta vez que me atracan!- dice el dueño, que está detrás de la barra.
Mi amigo, el “rapao” (me lo estaba temiendo) desenfunda de debajo del sobaco una pistola y sin más se da la vuelta y les dice:

- ¡Están detenidos! ¡soy policía!
- ¡Una mierda!- dice uno de los ladrones, encima mal hablado.
- ¡Tiren los palos y al suelo o disparo!
- ¡Toma, “joputa”!- grita uno de ellos y veo un fogonazo que me ciega, mientras caigo al suelo con una quemazón en el costado derecho que no había sentido nunca antes.

Desde el suelo oigo como otros tres disparos y cerrando los ojos veo a mi nivel otras dos caras encapuchadas sangrando como cerdos.

Ahora estoy en el hospital. Dicen que salí de la UCI como un chaval y Eulogio me ha contado que tuvo que disparar a los individuos porque me vio mal herido y eso le ha salvado a él de la cárcel. ¡Qué me lo agradece, vamos! Porque en esta España de ahora si te dejas matar eres un héroe., pero si te defiendes y matas a alguien te meten en la cárcel.
Mi mujer me ha dejado, por mentirla con lo de la reunión y cuando me recupere del todo dice que tramitemos el divorcio.
¡Si no era mi día! ¡Lo pensé!





Publicado por quijote_1971 @ 18:24  | Dramas
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