Mi?rcoles, 10 de enero de 2007
La huída del inocente- Capítulo V y último


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Muñoz pudo recomponer el rompecabezas:
Lozano había convencido a sus compañeros de furgón para “hacerse ricos” sin tanto trabajo.
–La cosa será muy fácil-les dijo- yo me llevo el dinero y vosotros os hacéis los tontos. Dentro de unos meses nos repartimos la pasta y nos vamos a Brasil a vivir como reyes.

Lo que pasó después, es lo siguiente: Lozano al verse con el botín pensó que aquellos tontos no podían decir nada sin delatarse y planeó quedarse con todo. El viernes de autos, después de tres meses de estar escondiéndose, había quedado con un falsificador de documentos, para salir vía marítima desde el puerto de Málaga, pero Ramírez y Martos andaban vigilando al individuo, porque habían comentado antes lo de la falsificación para los tres.

Le pillaron cuando entraba en la casa del falsificador y le condujeron junto al pretil del Guadalmedina. En principio no pensaban matarle, pero él se resistió y después de hacerle cantar dónde escondía el dinero, le propinaron un fuerte golpe en el occipital con la pistola de Ramírez, que le debió dejar mal herido.

Después le introdujeron en una gran bolsa y mientras Martos le vigilaba para que no se escapara, Ramírez con la llave de la consigna de la estación de ferrocarril, fue a recuperar el dinero.
De pronto los jóvenes Ana y Pepe irrumpen en la escena y por poco todo se va al garete. Martos, escondido entre los coches, ve como vuelve Ramírez con su auto y los jóvenes se van sin causar más problemas.

Ramírez al ver a Lozano fuera del saco, se pone nervioso. Coge unas jeringuillas de las que lleva para inyectarse insulina y se las clava de cualquier forma, sin saber, posiblemente que una dosis de insulina para una persona no diabética puede ser mortal.

Volvieron a meterle en el saco y se repartieron el dinero, con la intención de hacer culpables a los jóvenes que le habían socorrido. Dejaron la botella de agua al lado y además unos folletos de El Corte Inglés, ya que uno de ellos reconoció al joven de haberle visto entre las cajas, las cuales la policía no encontró, porque un fuerte viento las repartió por los flancos de río.

A la mañana siguiente, una ráfaga de aire fresco inundó el camino de los jóvenes.
- Te quiero, Ana, te quiero- le dice Pepe a su novia - voy a estudiar a fondo para terminar mi carrera y casarnos.
- Yo también voy a estudiar a fondo, pero quiero estar contigo todos los días que podamos. No puedo vivir sin tí y ¿sabes? Nunca dudé de tu inocencia, aunque aquel policía te hizo algunas preguntas muy raras sobre los furgones.
- Es su obligación, según me han contado, el Inspector Muñoz, fue el que descubrió los culpables de los crímenes de Mijas y Fuengirola. Es todo un genio.
- Llamó a mi padre esta mañana y le dijo que nos comunicara que nuestras declaraciones fueron muy importantes para descubrir todo. ¡No sé porqué! Pero si él lo dice…
La pareja se fue alejando por el paseo marítimo, con las manos entrelazadas por la cintura.

FIN.


Publicado por interazul @ 11:34  | Misterio
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