Viernes, 05 de enero de 2007

BODA DE CONVENIENCIA

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Sentado a la barra de un bullicioso bar, pensativo con una copa de brandy en la mano, saboreando el reciente despido de mi trabajo, el cual me hab?a sido comunicado por el gerente de la empresa. ?Motivo? - dijo- reducci?n de plantilla, ?Hijo de Puta!
Hac?a un a?o que me hab?a separado; mi esposa me dijo que hab?a conocido a un hombre que le podr?a dar una vida m?s c?moda que la que compart?amos, y se hab?a enamorado; no s? si de la posici?n, o del tipo; en el fondo me daba igual.
De nuestra uni?n no hab?a hijos. Estaba solo.
Aquella noche necesitaba emborracharme, evadirme, no pensar, s?lo quer?a un poco de paz, aunque fuera gracias al alcohol.
A pesar de que ya hab?a ingerido seis copas y los sonidos y las luces se confund?an en una especie de ?ter bullicioso, pude distinguir a mi lado las voces de dos personas que hablaban acaloradamente:

-?Que s?! que ella est? loca por venirse ?pa c?- afirmaba una joven voz.
-?Ya! Pero no puede quedarse m?s de tres meses. Los papeles tardan mucho en darlos; si no tienes trabajo y alojamiento te devuelven a tu pa?s al cabo de ese tiempo - aclaraba la segura voz varonil.
-Mi mam? ya no puede estar m?s en Colombia. Su pareja la maltrata; trabaja y trabaja, y ?l no hace nada; s?lo beber, y cuando ella est? en la casa, pelear ? explicaba la joven con voz afligida.
- Lo s?; y no sabes lo que dar?a por poder traerla a Espa?a ? a?ad?a el compa?ero con franco acento.

En ese instante decid? conocer a los que as? hablaban; gir? mi cabeza: ?l era un espa?ol de unos cuarenta a?os. Con aspecto atildado: traje, corbata y pelo corto repeinado. Ella, una joven de semblante marcadamente sudamericano: bajita, pelo y tez morenos y rasgos suaves. El cabello muy liso ca?a sobre sus menudos hombros.
-?Oye! Acabo de acordarme de algo.- dijo emocionado el hombre- existe una ley, ?s?!, tenemos una ley que permite quedarse en Espa?a a los extranjeros que se casen con alguien de aqu?
-?S?? ?Es cierto?
-S?, s?, cierto. Est? en vigor hace bastante tiempo ?Escucha! incluso he o?do que hay gente del otro ?charco? que paga por una boda de ese tipo. Pod?amos intentar algo as? con tu mam?
Estas palabras provocaron que mi coraz?n bombeara m?s r?pido.
-?C?mo?- la voz son? extra?ada.
-?S?! Podr?amos tratar de encontrar alg?n hombre que por cierta cantidad de euros se prestase a una boda de esa clase.
- ?Qu? bueno!; pero el problema ser? encontrar a la persona que quiera casarse sin conocer siquiera a la novia ? o? a la muchacha con tono decepcionado.
-Bueno, quiz? no haya tanto problema, Hay mucha gente que anda mal de dinero y se presta a cualquier cosa; aparte, que como no van a convivir mucho tiempo, si no se gustan da igual.
-Tienes raz?n ?concedi? la joven.
Al o?r estas palabras decid? que mi momento hab?a llegado. Estaba sin trabajo y cualquier cantidad de euros me vendr?a muy bien; y si ten?a que fingir un casamiento, pues lo fingir?a.
Con voz pastosa me dirig? a la pareja:
-?Perdonen!, si me entrometo. He escuchado sin querer su conversaci?n y?
Sus rostros, en cuyos ojos brillaba el recelo, giraron hac?a m?
-No, no se preocupen, que no quiero causarles ning?n perjuicio. M?s bien, me gustar?a colaborar con ustedes ?dije atropelladamente.
-Y, ?En qu? quiere usted colaborar?-la voz masculina son? desconfiada.
-He o?do que necesitan a un hombre que quiera casarse con una mujer que est? fuera de Espa?a, ?no?
La pareja intercambi? una mirada c?mplice.
-?Acaso le interesar?a a usted algo as?? ? pregunt? en voz baja.
-Pues?s?. No tengo liquidez estos meses, y no me vendr?a mal un poco, si es que pagan algo por hacer de novio, puesto que no se asume compromiso alguno, ?no?
-?Claro! De eso se trata, precisamente: un casamiento r?pido y a continuaci?n, cuando ella ya tenga sus papeles, la separaci?n. Ocurre todos los d?as.
-Y ?qui?n se encargar?a de los tr?mites?
-Yo mismo. Por cierto ?cu?l es su nombre?
-Eduardo Belmonte.
- Ella es Lidia Figueroa; y yo me llamo Juan S?nchez- anunci?.
-?Sois pareja? ?me atrev?.
-S?, lo somos, y nos llevamos estupendamente ?dijo mientras miraba con ternura el bronceado perfil de la mujer
- Me alegro mucho; y hablando de otro asunto; mi n?mero de m?vil es ?ste, por si necesitas comunicarte conmigo- dije apunt?ndoselo
-Bien, te llamar? cuando tenga los papeles listos.

Nos despedimos con un apret?n de manos, y me qued? solo sentado en aquella banqueta, la embriaguez ya disipada, pensando las cosas tan curiosas que puede deparar la vida.

Una semana despu?s son? el m?vil: era Juan.
-Eduardo, ?c?mo est?s? ?Escucha! Ya tengo los papeles que necesitamos. Mi suegra ya est? avisada y loca de contento.
El coraz?n me dio un vuelco.
-Y ?para cu?ndo ser? la boda? ?pregunt? m?s nervioso de lo que hubiera deseado.
- Me han dicho que para dentro de quince d?as, en el Juzgado.
Quince d?as?- pens? - todo se estaba desarrollando demasiado r?pido. Lo ?nico bueno de todo aquel l?o era que me iban a dar 4.000 euros, y me ven?an de maravilla. Dije aparentando tranquilidad:
-Y ?qui?n va a hacer de novia aqu??
-?La mam? de Lidia!- exclam? efusivo- viene antes de quince d?as.
-?S?? ?Vaya!. Y ?quedaremos antes en alg?n lugar para concretar detalles? ?No?
-?Claro! El s?bado pr?ximo nos encontraremos para hablar en el mismo bar en el que nos conocimos ?Te parece?

El d?a se?alado nos vimos. Dejamos todo bien organizado: Ir?amos a esperar al aeropuerto a la mam? de Lidia, y al d?a siguiente nos casar?amos a las once de la ma?ana. Despu?s de la ceremonia me dar?an lo pactado. Y, ah? acabar?a todo lo relativo al matrimonio; despu?s de unos meses solicitar?amos la separaci?n por incompatibilidad de caracteres.

Esperando en el aeropuerto sent? que mis piernas flaqueaban. No entend?a aquella reacci?n. ?Si todo era una farsa! Parec?a que me casaba en serio y que iba a conocer a la mujer de mi vida aquel d?a.
Pasados minutos que a m? se me antojaron siglos, o? a mi lado una exclamaci?n de j?bilo:
-?Mam?, mam?! ?Estamos aqu?! ?dijo Lidia corriendo hacia una mujer de aspecto agradable que caminaba hacia nosotros. Vi c?mo se abrazaban llorando, una sobre el hombro de la otra, y sin saber por qu? me sent? turbado
Momentos despu?s nos vimos los cuatro frente a frente, y la mam? de Lidia me fue presentada:
-Aqu?, Mercedes- indic? Juan, se?alando a una mujer muy hermosa de unos cuarenta a?os, de ojos grandes y bellos, labios bien formados, apetecibles.
-?Encantado de conocerte!- dije mientras estrechaba su mano c?lidamente.
-?C?mo est?s?- me pregunt? mostrando unos dientes blanqu?simos.
-La verdad, muy sorprendido.
-Y, ?Eso?- interrog? curiosa.
Me encontr? atrapado. No pod?a decirle que nunca hab?a imaginado que fuera una mujer tan hermosa, y que todo aquel enga?o ya me estaba pesando.
-Pues?yo?no te imaginaba as?
-?As?, c?mo?- coquete? ella
-Tan atractiva, tan bonita- me lanc?
-Bueno, no es para tanto. Ya soy una mujer madura.
-?Madura? Puede, pero eso no quita para que est?s estupenda ? me atrev?.
-Bueno, ?muchas gracias! ? agradeci? haciendo un lindo moh?n con la mirada.


La ceremonia civil result? hermosa. Ella apareci? vestida con un traje color beige, zapatos de alto tac?n a juego con el vestido, y una flor blanca sujetando una parte del cabello. Estaba realmente bonita. Y en mi interior dese? que todo aquello no fuera una comedia.



Despu?s de una ligera refacci?n, lleg? la hora de despedirnos. Juan sac? de su billetera, en un aparte, la cantidad de cuatro mil euros y me los tendi?. Sin saber por qu? no pude extender mi mano para asir los billetes de quinientos euros.
-?Qu? te pasa? ?No est?s conforme con el dinero?- pregunt? con mirada extra?ada.
-No es eso, no s?, pero no puedo aceptar el dinero. Creo que no soy el hombre adecuado para esta clase de ?negocios?.
-?Vaya tipo m?s raro que eres!- exclam? el otro- ?Anda t?malo; quedamos en esto! - a?adi? - ?Perdona!: ?te puedo pedir un favor?
-?Claro! ?Dime!

-Mira, esta noche no tenemos d?nde alojar a Mercedes; nosotros estamos compartiendo una habitaci?n en un piso con otras personas, y no hay ni un sof? libre, y mucho menos una cama, ?te importar?a que Mercedes pasara esta noche en tu casa y ma?ana veremos d?nde la alojamos?

-?No! ?Claro que no me importa! Puede quedarse. Tengo varias habitaciones vac?as, por m? no hay inconveniente.
- ?Gracias! Eres un tipo estupendo- dijo mientras se guardaba de nuevo los miles de euros en el billetero.

Mercedes y yo vivimos bajo el mismo techo como amigos, pero amigos de verdad.
La noche en que iba a quedarse se prolong? otras muchas m?s con sus respectivos d?as. Yo, indefenso, me hab?a enamorado de ella sin remedio. Llevaba varios meses solo, sin una caricia, sin una palabra amable, y ella me habl? con afecto, y aunque no hubo caricias ni nada relacionado con el sexo, s? mucha comprensi?n y confianza. Habl?bamos de todo: de su amada y lejana tierra, de sus padres, tan humildes pero que le hab?an dado el caro ejemplo del amor a la familia; y de su desastrosa relaci?n con un hombre que no la amaba, sino que la humillaba y despreciaba. Yo, por mi parte, le habl? de mis problemas de trabajo y del abandono de mi esposa, con total sinceridad. Nunca me hab?a sentido tan bien en compa??a de una mujer.

Un d?a Mercedes amaneci? indispuesta. Me asust? y la llev? al Centro de Salud que me correspond?a. Le atendi? una doctora muy amable; le prescribi? unas pruebas, y que volvi?ramos al cabo de una semana.
Nuestra sorpresa fue may?scula cuando fuimos de nuevo a consulta y la doctora nos dijo que estaba perfectamente, s?lo, y no era poco, que iba a ser madre. Los ojos de Mercedes se clavaron en m? angustiados.
Pos? mi mano sobre su hombro y trat? de trasmitirle todo mi apoyo.
-No pasa nada. Tendr?s tu hijo. No te preocupes. Yo estar? a tu lado ?dije sinceramente.
Ella estrech? mi mano en un gesto de gratitud.
Salimos de la consulta algo trastornados aunque por diferentes motivos, creo. Mercedes por el grave inconveniente que le supon?a el nacimiento de otro hijo en sus circunstancias; yo, porque de alguna manera, me ?sent?a? padre de la criatura, aunque el aut?ntico, respiraba muy lejos.
Ya en casa, y viendo la expresi?n disgustada de Mercedes dije:
-?Escucha! no tengas pena por tu ni?o; yo no he tenido hijos y me encantar?a hacerme cargo del que nazca, darle mis apellidos; en fin, ser el padre que nunca he sido y que ?l, quiz?, nunca conozca.
La futura madre levant? la abatida cabeza y me mir?.
-La verdad, es que en toda mi vida imagin? encontrar un hombre tan bueno como t?. Me has ayudado tanto desde que he venido a Espa?a, que no s? que hubiera sido de m? sin ti. Ahora te ofreces a hacerte cargo de este hijo?No entiendo c?mo tu mujer te pudo dejar por otro hombre. Seguro que estar? muy arrepentida de lo que hizo.
-Bueno, dejemos el pasado; ahora hay que mirar hacia delante, siempre hacia delante. Las malas experiencias, seg?n algunos psic?logos, se olvidan, y queda en nuestra mente lo bueno. ?Est?s de acuerdo en lo que te he dicho sobre el ni?o?
-?De acuerdo? ?Y me lo preguntas? ?Acaso podr?a ser tan ingrata para negarme? Mi hijo llevar? tus apellidos y te llamar? pap?. Sabr?s lo bien que uno se siente al o?r llamarse as?. Te mereces, m?s que nadie que conozco, que te quieran.

Pasaron los meses y lleg? el momento.
El nacimiento fue normal y la criatura, un var?n precioso. Estuve con ella en el quir?fano por gentileza del doctor que atendi? a Mercedes, y tuve la dicha de poder contemplar el milagro m?s grande que jam?s pude so?ar. Llor? como un ni?o cuando vi emerger la cabecita del cuerpo de la madre. Desde ese mismo instante ya le quise. Mi alegr?a fue tan grande como si en verdad fuera mi hijo.

Los meses que vivimos a continuaci?n, fueron los m?s felices de mi vida.
El beb? crec?a con salud y una noche en que ve?amos un programa en televisi?n, sentados en el div?n, ella me tom? una mano y con la otra volvi? mi cara hacia ella y estamp? un beso en mis labios. Y, ah? empez? la m?s hermosa historia de amor que jam?s me atrev? a so?ar. Conoc? lo que es el verdadero amor: el placer deleitado con la persona amada: la pasi?n, el deseo, unidos al cari?o, al afecto m?s sincero, dados y recibidos, colmaron mi alma de una felicidad jam?s sentida.


Una ma?ana me sent? algo indispuesto; una ligera dificultad respiratoria. Acud? a consulta. Tras d?as de variadas pruebas me dieron el infausto diagn?stico: carcinoma ductal en los pulmones en grado avanzado. Me quedaban escasos meses de vida.
Sal? del hospital anonadado. No pod?a creerlo. Ahora, cuando al fin estaba siendo feliz con una mujer honesta y mi hijo, ?s?! mi hijo, todo terminaba. Sent? unos irrefrenables deseos de gritar ?No era justo! ?Por qu?? ?Por qu?, ahora?
De vuelta a casa llor? como nunca antes hab?a llorado, y mis l?grimas no fueron s?lo por m?.

A Mercedes no le habl? de mi mal. Trat? de asegurar su futuro y le dije:
-Mercedes, ?mira! vamos a hacer unos tr?mites.
-?S?? ?Cu?les?
-Vamos a ir a un notario y voy a poner este piso a tu nombre; por si ocurriera algo ya tienes casa segura para ti y el ni?o.
-?Si ocurriera algo? ?Qu? quieres decirme?- pregunt? alarmada.
-?No! Nada de particular; s?lo que hay que hay que tener las cosas previstas.
-No te entiendo bien, pero haremos lo que t? digas.

Hicimos todo lo pertinente para que Mercedes fuera la due?a de la casa y del coche, y como est?bamos casados percibiera una paga de viudedad. Ella no sab?a a qu? ven?a todo aquello, pero no importaba. Pronto lo sabr?a.

Hab?an pasado cuatro meses desde que supe de mi enfermedad, y empec? a sentirme realmente mal. Mi mujer ya se daba cuenta de que algo muy grave me ocurr?a y no se despegaba de mi lado. Su cabeza reposando sobre mi pecho me daba aliento para dar las ?ltimas bocanadas, mientras acariciaba sus negros cabellos y su amado rostro.
A pesar de mi dolor por dejarla sola, di gracias al Ser misericordioso que me hab?a permitido encontrar a una persona tan noble y buena, la cual me hab?a proporcionado la dicha de ser padre, y el amor de una mujer en toda su excelencia.

Recostado, ella a mi lado, el peque?o jugando en la alfombra, mir? a trav?s del cuadrado de cristal las ramas desnudas de un ?rbol. Las hojas ca?an lentas, ondeando sobre el aire, tranquilas. Hab?an cumplido su misi?n. Me sent? una de ellas.
Pero vendr?a una nueva primavera, y la vida florecer?a de nuevo.
En mi hogar suceder?a lo mismo:
?Mi hijo era la primavera!


Publicado por mariangeles512 @ 0:36  | Amor
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