Jueves, 04 de enero de 2007
Me enamoré de una bruja.

(Dedicado a las parejas que se unen pensando en vivir juntos hasta el fin de sus días)

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El título ya está muy manido y además hicieron una película que así se llamaba y que trataba de una bruja de verdad. Pero mi bruja, que no tenía escoba, pero sí aspirador y ordenador, también lo era, como ustedes van a poder comprobar.

Alicia me pareció una muchacha muy extraña. Se entretenía en mandar por Internet mensajes como este:
-Soy la mujer que buscas. No sigas perdiendo el tiempo y mándame tu número de móvil a alicia_mujer mira.com-

Como hay muchos anuncios de ciber-sexo y cosas extrañas, al principio, cuando lo recibí, no presté ninguna atención, pero a los pocos días al abrir de nuevo el correo y mandar a la papelera un montón de e-mails de propaganda, reparé en uno de la tal Alicia.

-No me has contestado. Yo sé donde vives y te voy a ir a buscar. No podrás pasar sin mí, una vez que te tenga entre mis brazos.-

-¿Esto era posible? Si lo fuera, como yo no tengo miedo a una mujer, si es de verdad, tenía que averiguarlo de forma exacta.
- La forma mejor- pensé- es mandarla un e-mail con un móvil que voy a comprar ahora mismo y que nadie conoce de momento.

Esa misma tarde me acerqué a la tienda de móviles y lo compré, El 684505434 me dieron sin mucha espera. Le mandé el correo a Alicia y esperé con el móvil recién cargadito.
Al cabo de una media hora, ¡nada más! El móvil sonó: número desconocido, ¡la muy guarra!
- Hello, ¿quién es?
- Ya sabes quien soy, tonto mío. Tu Alicia
- ¿Qué quieres de mí?
- Pues todo. Tú entero para que no te olvides nunca de mí.
- Bueno, mándame una foto tuya y veremos.
- De fotos nada. En persona quiero verme contigo y además enseguida, tío.
No sabía que decir ni como quedar, pero era todo igual, ella iba por delante dos kilómetros.

- Dentro de una hora estaré en Zara. La que se esté mirando al espejo con un vestido rojo, esa soy yo. Pero en punto, Enrique, en punto, si no llegas en punto te acordarás de mí.
- De acuerdo. ¿Cómo sabes mi nombre, si no te lo dije?

Colgó.
Como me gustan los misterios que se puedan desentrañar, me arreglé rápidamente con los vaqueros más “guays” que tenía y me puse la camisa picasiana y las gafas de sol Ray-Ban y fui a Zara en mi “burra” Suzuki de 1783 cc. , no sin antes encasquetarme mi casco de 100 euros.

Dejé la moto con mucha parsimonia delante de la tienda y bajé con el casco en la mano, como que no quería la cosa. En el momento que traspasaba la puerta principal se pudo oír el “clok” en el reloj de la plaza cercana.
Allí estaba ella, delante del espejo, con una cabellera rubia que la caía hasta la cintura y un vestido rojo abierto por un lateral que dejaba ver una pierna esbelta como no había visto nunca.
- Enrique, ¿qué te parece este vestido?
- ¡Impresionante!- dije refiriéndome en realidad a ella, ya que el vestido en sí me daba lo mismo.
- Pues vamos en la moto despacito hasta “Las Chapas” y nos tomamos un Martini.
- Bien, como quieras- y vi como ella cogía un casco casi igual al mío de encima de una de los mostradores de la tienda, lo que quería decir que estaba preparada y era adivina, o al menos bruja.

Nos montamos en la moto, después de que ella se quitara el vestido y dejara sólo una malla con unos pantalones cortos que llevaba debajo. ¡Cada vez me parecía más increíble! Metió el vestido en una bolsa que me dio para que guardara en la maleta de mi moto, donde llevaba algo más y ¡bruggggggggg! ¡A toda máquina!

Cuando llegamos a “Las Chapas”, lugar de encuentro de muchos moteros elegantes, la pregunté de sopetón:
- ¿Cómo sabes tanto de mí?
- Porque soy una bruja de tomo y lomo, tontorrón.
- Yo no creo más que en la Virgen María y Jesús Nuestro Señor y les tengo algo olvidados últimamente.

El caso es que me resultaba familiar ¡la condenada!

- ¿Vamos a jugar a las adivinanzas?
- Vale, si tú lo deseas, no hay problema.
- ¿Cuándo tenías seis años conociste a una niña de cuatro?
- ¡No sigas!-casi me caigo redondo-Tú eres Alicia la niña de las coletas a lo Nancy.
- ¡Exacto! Y hace unos días te ví en la TV, hablando de los logros de la Informática para proteger a las empresas bancarias. Dijeron tu nombre y busqué en la Telefónica tus apellidos inconfundibles: Arteaga Balzategui, que son los de mi Enrique. Y enseguida me hice con tu MSN y tu correo. Lo anuncias en tu despacho.
- ¡Amor! ¡Cuánto he suspirado por tí desde hace tantos años!

Ella era Alicia Madrigal de Torres, la hija del vecino de al lado de mis padres durante quince años. Entonces ya pasaron otros quince y no la hubiera reconocido si ella no fuera tan valiente. Lo curioso es que no me había olvidado durante tantos años y además dio con mi despacho sin problemas y buceó en mis costumbres.
¿Estaría enamorado de una bruja?

- ¿Recuerdas cómo jugábamos de forma inocente, a besarnos como veíamos en las “pelis”?
- No lo he olvidado. Una vez hasta nos tocamos desnudos y creo que aprendimos lo que era el amor sin poder hacerlo aún. Teníamos apenas ocho años y tú seis. Luego ya no nos atrevimos a hacer nada cuando adolescentes y soñé contigo durante años.
- ¿Has tenido alguna novia?
- Tres, sólo tres que traté de forma insulsa y nunca me parecían que eran como tú y las dejé. Bueno, y tú ¿novios?
- Ninguno. Hace quince años cuando mi padre tuvo que irse a Nueva York, me recluyó en un internado de señoritas y estudié Ingeniería de Telecomunicación como tú, porque sabía que era lo que querías ser de siempre.
- ¡Esto merece un brindis, una comida y una cena!
- ¿Sólo?

Me ruboricé, la verdad sea dicha. ¡Esta mujer era fuego contenido!
- No. No, también volvemos a los ocho añitos y recordamos. Tendremos todo mucho más feo, pero más efectivo. ¿No?
- ¡Eres un cerdito adorable, amor!

Ese día fue uno de una lista interminable. Nos amamos con pasión. Nos acariciamos nuestros cuerpos como si la piel fuera seda, disfrutando como locos. A los dos meses nos casamos y aquí seguimos después de otros cinco años, juntos, con dos hijos y con la ilusión del primer día. Ella me sigue amando y yo adorando. Cuando estamos separados por el trabajo jugamos con los ordenadores enviándonos e-mails picantes y sugerentes.
-Alicia, esta noche te espero en la cama completamente desnudo - ya no son tan frecuentes como antes, pero estos otros, son más:
-Enrique, cuando llegue a la tarde, no cenes, que me tienes que comer antes a mí entera-

Y así esperamos morirnos juntos cuando tengamos nietos y estemos jubilados. ¡No podremos vivir el uno sin el otro! ¡Lo sabemos!


Publicado por quijote_1971 @ 13:56  | Amor
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