Jueves, 04 de enero de 2007
La huída del inocente-Capítulo IV


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- Eso ha sido un ajuste de cuentas sin duda- comenta el Sr. Santillán.
- Recuerdo que también transportaba el dinero de “El Corte Inglés”- dice Ana-
- ¿No es verdad, Pepe?
- Pues no recuerdo bien- asegura un Pepe, algo distraído-¡Ah, si! Sí fui yo quien te lo conté.
- No debemos preocuparnos. La policía ya estará detrás de la pista de los cómplices.

El lunes siguiente fue el día más ajetreado que recordarán los Santillán y los Minguez.
Con una orden judicial la policía peinó el coche de Pepe, para descartar que fuera atropellado por él o incluso encontrar alguna pista sobre el golpe que había sufrido el tal Lozano.
Interrogaron a todos los familiares por separado, por ver si se les encontraba en alguna contradicción y a los amigos que estuvieron con Ana y su novio la noche de autos.

- ¿Usted sabe que la Empresa Furblisa transportaba el dinero recaudado en su empresa a los bancos?- inquiere el Inspector Muñoz a un Pepe, ahora a la defensiva.
- Naturalmente, creo haber visto los furgones esos más de una vez.
- ¿Conocía antes del viernes pasado al señor Lozano?
- En absoluto, si me crucé con él antes, no me fijé.

Un Muñoz pensativo leyó el informe del forense y dedujo que el hombre había muerto entre las cuatro y las cinco de la madrugada del viernes al sábado. Presentaba un fuerte golpe en la nuca con derrame interno, lo cual seguramente le produjo la muerte cerebral, pero no era seguro. El golpe puede haber sido producido por la culata de una pistola del tipo Sig-Sauer P220, parecidas a las españolas Astra, que ya no se fabrican, que usan los guardias de seguridad de muchas empresas, y además se le encontró dos pinchazos de aguja, uno en el brazo izquierdo con gran moratón, seguramente por rebeldía del inoculado y otro en el cuello. En la sangre apareció una cantidad de insulina necesariamente mortal.

- Lemos, ven conmigo que vamos a buscar a los cómplices de Lozano en lo del asunto de Furblisa, ya tengo la orden judicial.
- Voy Inspector- contesta un solícito Ángel Lemos, que no se extraña de nada de lo que diga su jefe-preparo la automática y unas granadas si quiere.
- Ya avisaremos a los geos si es necesario. Por ahora con la placa nos es suficiente, verás.
- O. K.-contesta el americanizado Lemos, subinspector muy efectivo y preparado.

Muñoz había estudiado el caso del asalto al furgón y sobre el tal Lozano siempre le pareció que no actuó sólo. Los compañeros, sospechosamente, aparecieron sin haber ofrecido resistencia alguna y apenas supieron o no quisieron contar muchos detalles de la forma en que se hizo con el furgón el otro empleado. Los dos le echaron la culpa y ¡santas pascuas! Fueron interrogados múltiples veces y por falta de pruebas salieron libres. Pero si ahora aparecía muerto Lozano, o una de dos: alguien más intervino o estaban ellos implicados.

Todo esto olía a ajuste de cuentas y los ajustes de cuentas en estos casos se dan porque seguramente el individuo no aportó el dinero prometido y ahora se lo habían cobrado de mala manera.

Por tanto con el expediente en la mano se dirigían en el coche camuflado a la casa de Elías Martos, el que iba en el furgón en la parte de atrás, vigilando la puerta trasera.

-Elías abra, somos la policía.
- Ya voy, no se preocupen- se oye al otro lado de la puerta.

Pasan unos minutos y no abre nadie. El subinspector da un empujón a la puerta y entran. Lo justo para ver escapar por la ventana a Elías portando una bolsa.
La ventana da a un patio interior, rápidamente Lemos salta por la ventana, mientras el Inspector Muñoz vuelve a la escalera principal.
- ¡Alto, o disparo!- grita el subinspector.
Elías abre la puerta del patio y al otro extremo ve un coche Opel Astra en el cual rápidamente se introduce el huido.
El inspector dispara certeramente a las ruedas y el coche en una pirueta trágica se empotra contra la casa de enfrente.

- Aquí Lemos, necesitamos ambulancia y un coche patrulla-en la carretera de Cádiz, en las viviendas bajas junto a la Tabacalera.

Cuando Muñoz llega junto al coche, tira de Elías hacia afuera y cae sobre el asfalto conmocionado pero vivo y junto a él se abre una bolsa llena de dinero, con billetes de varios valores, todos euros.

Una vez trasladado en ambulancia al Hospital, se asegura de que esté bien vigilado y que no se diga nada a la prensa de momento.

- Vamos a por Ramírez, este vive en Torremolinos. Avisa a la comisaría de allí para que rodeen la casa que tiene en La Carihuela- dice a Lemos.
- O.K.-siempre tan lacónico y efectivo.

Cuando llegaron a la Urbanización donde vivía el que había sido el acompañante de Lemos en el furgón, ya estaba montado el dispositivo de forma que salir de la casa era imposible.
Como no se fiaba nada del tal Ramírez, el inspector mandó a dos agentes por la parte de atrás y él y Ángel por delante. La orden judicial en la mano.
-Ramírez, sabemos que está dentro, salga con los brazos en alto y deje a la familia tranquila- le dicen porque sabe que tiene una compañera y dos hijos.
-¿Por qué me buscan?- se oye desde el interior de la casa, por cierto, mansión no acorde con el sueldo de un empleado de empresa de seguridad, que él justificaba como de su mujer, heredada de sus padres.
- Lo sabe muy bien. Hemos encontrado a Lozano y ha cantado- le miente Muñoz- dice que sus cómplices erais vosotros, Martos y tú.
- No es cierto, Lozano está muerto- se delata, y en ese momento los agentes que estaban por detrás entran rápido y Lemos por delante y tumban a Ramírez sobre el suelo del pasillo, no sin antes quitarle una pistola de la mano.
- ¿Muerto y tú que sabes de eso?- le pregunta ahora el inspector.
- ¡Un abogado, un abogado!-Grita el inculpado.
Ramírez era diabético como constaba en el informe y los agentes guardan varias dosis de insulina y jeringuillas diversas, mientras se llevan esposado al vigilante de seguridad.
Continuará...


Publicado por interazul @ 12:48  | Misterio
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