Viernes, 29 de diciembre de 2006
La huída del inocente-Capítulo III


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Ana no podía esperar a que Pepe llamara y se adelantó a él.


- Son las doce, Pepe, y te llamo porque sé que ahora estás descansando unos minutos- dice una Ana algo temblorosa-mis padres y yo hemos leído el periódico y queremos ir a la policía.
- Si, si, id, que yo iré a las tres, en cuanto salga de aquí. Es más, voy a pedir permiso a mi Jefe para salir un poco antes. Iba a llamarte yo ahora mismo. Ojeé la prensa al entrar. Es algo muy raro.
- No te preocupes. Nosotros no hemos hecho nada malo. Supongo que la policía tendrá conocimiento de casos parecidos. No sé.
- Mira Ana, di a tus padres y a la policía la verdad. Es como se evitan los problemas. Ese hombre no quiso ir a la Comisaría. Te quiero pocholita, te quiero. Y vamos a casarnos en cuanto termine la carrera.
- ¿Por qué me dices eso ahora? Ya sabes que yo también te quiero y hoy estoy deseando verte de nuevo. Te espero en la Comisaría. Un beso.
- Un beso muy fuerte, amor.

Los padres de Ana le esperaban arreglados en la entrada. Ella rápidamente se compone con un suéter y vaqueros dirigiéndose casi corriendo hasta la puerta. El padre coge las llaves del Audi y les lleva a la Comisaría central de Málaga.

- Presenten sus DNI por favor- les dice el policía de la entrada- si quieren poner una denuncia.
- Bueno, denuncia no es. Es dar parte sobre, digamos, un descubrimiento, soy Faustino Santillán, estas son mi mujer e hija.
- Es lo mismo, pasen al despacho de denuncias, allí les atienden.

Una solícita policía les dirige a una mesa donde ella y otro agente controlan en un ordenador todo lo que se dice.
- Mire anoche el hombre que dicen los periódicos y la radio le dejamos vivo y no quiso que diéramos cuenta a la policía de que alguien le había asaltado.
- ¿Cómo sabe que es el mismo hombre?-interrumpe la agente.
- ¡Claro! Puede no serlo. Pero le sacamos del saco y le dimos agua en una botella.
- Voy a tener que pedirla que en el Depósito de Autopsias identifique el cadáver.
- ¡Perdone, puede esperar que llegue el novio de Ana, que va a venir para confirmar todo!-interrumpe D. Faustino.
- Bien, pero cada uno por separado.
- ¿Están inculpándonos de algo?-pregunta la madre.
- No, sólo que tenga en cuenta que puede haber habido abandono de asistencia a un accidentado- dice la agente con gesto serio.
- Bien, voy a contarles todo lo que sé-asevera Ana.
Y la joven sin omitir nada da cuenta pormenorizada de lo que aconteció. De vez en cuando la agente le interrumpía para reafirmar lo de la botella y lo de que el Sr. Lozano, según dijo, no quiso recurrir a las autoridades para dar cuenta del asalto sufrido.
- Tendrán que esperar a que el Inspector Muñoz conozca esto y les reciba y acompañe al Tanatorio del Clínico donde se realizan las Autopsias, pero pueden ir a comer algo, ya que son casi las dos de la tarde y luego volver. Les esperamos a las tres, si les parece- les comunica la agente.
- De acuerdo, así volvemos con mi novio.
Saliendo por la puerta Ana llama a Pepe:
- Ven en cuanto puedas, tenemos que volver a la Comisaría a las tres. Vamos a la Cafetería del Corte Inglés y allí hablamos.
- Muy bien. Dame un toque en cuanto llegues.
A las dos de la tarde ya están todos juntos, pidiendo unas fuentes variadas para sin muchas ganas, comer algo. Apenas habían pasado unos minutos cuando Ana se levanta y se acerca a Pepe que aparece por la entrada:
- Pepe, estoy muy asustada-le dice abrazándose a él de forma ostensible.
- No te preocupes, Pocholita, tú sabes que nosotros somos inocentes del todo.
- Bueno acompáñanos a comer y vamos enseguida con el Inspector Muñoz.

El veterano policía, que le tocaba el servicio de guardia ese sábado, aparentaba estar cansado. Pero quién conozca bien al Inspector Muñoz, sabe que su apariencia engaña.

- ¡Buenas tardes, Merche!¿Citaste a los Santillán a las tres, no?
- Claro que sí, les veo algo perdidos, pero son buena gente, veremos a ver el novio de la niña, Inspector.
- ¿Cuándo me llamarás José Luis?
- Es que me da mucho respeto, usted lo sabe. Yo acabo de salir de la Academia y usted lleva veinte años en esto.
- Vale, volviendo al tema, ya he leído lo que hay. No te fíes de “la buena gente”: Muchos ocultan algo nada bueno.

El Inspector José Luis Muñoz, tenía el siguiente rompecabezas ante sí:
Un muerto dentro de un saco, posiblemente debido a un golpe con algo contundente, del tipo llave inglesa grande; el saco era de ropa sucia de tipo industrial, que usan en las lavanderías para el transporte. Un agente que le cuenta que hay muchas huellas de neumáticos cerca de la acera. Una botella de agua mineral junto al hombre y un nombre: Roberto Lozano, que se está comprobando. Y encima la familia Santillán sabiendo algo del caso. Para volverse loco, si él no estuviera convencido de que las cosas nunca son tan complicadas como en principio parecen.

-Veamos-le pregunta a José Minguez ( Pepe)- ¿le reconoce como el que dijo llamarse Rodolfo Lozano?
- Si lo es.
Y la chica, que va cogida por la agente, para evitar que se caiga, le dice lo mismo.

- ¿Se ratifican en todo lo contado hasta ahora?
- Naturalmente.
- Hasta tener el lunes el resultado de la autopsia no podemos decir nada más. Pero no pueden abandonar su actual dirección y además tenemos que entrevistar a sus amigos de anoche. Pero no se preocupen, creo que podré resolver este misterio.
El Inspector Muñoz no estaba convencido de lo que decía, pero no le gustaba asustar a nadie.

Pepe y Ana ese fin de semana lo pasaron en casa de los padres de ella.

El periódico del domingo publicaba.
“El hombre muerto que apareció la noche del viernes en un saco junto al río Guadalmedina ha sido identificado como Rodolfo Lozano Peinado, que no tiene nada que ver con un conocido hombre de negocios del mismo nombre y primer apellido, sino que aquél estaba siendo buscado por orden judicial desde hacía tres meses por ser sospechoso de intervenir en el asalto al furgón blindado de Furblisa, conocida empresa de transporte de dinero de entidades bancarias.
El tal Lozano, como recordarán, era el empleado que conducía el furgón y dejó amarrados a sus dos compañeros en los Montes de Málaga y desapareció sin dejar rastro del dinero.”

Continuará…


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Mi?rcoles, 27 de diciembre de 2006
La huída del inocente-Capítulo II


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Pepe casi se desmaya. Intentó disimular, pero Loli, la del puesto de prensa se dio cuenta de que algo le pasaba:
- ¿Te encuentras bien, Pepe?- le pregunta.
- Si, si, es que apenas he dormido esta noche, llevé a Ana a tomar unas copas con unos amigos. Ya sabes siempre nos pasamos de hora. Y tú ¿qué tal?
- Bien,… bueno- duda la joven- ya sabes que me dejó tirada el tonto de Niko.
- Bueno ya hablaremos, que ya van a abrir- le anuncia un Pepe consternado.
“¡No podía creerlo! ¿Sería una casualidad?¿Se trataría de otra persona? Quizás, pensaba, deberíamos haber dado cuenta a la policía aunque ese hombre no quería. A ver si nos culpan de algo. Tengo que llamar a Ana. Bueno mejor no preocuparla. ¡Ya veremos a las tres que termino mi turno de hoy! “
Mientras el joven pensaba todo esto, su novia Ana no podía pegar ojo. La había impactado sobremanera el encuentro tan extraño de aquella noche. No podía olvidar la expresión de aquél hombre mal herido bebiendo el agua de la botella que le dejó Pepe.
A las 9.45 se levantó a tomar un vaso de leche, ya que no podía soportar la soledad. De buena gana llamaría a su novio, pero ya estaría en su trabajo y no debía llamarlo. Ya lo haría él en el descanso como todos los días.
Al llegar a la cocina, vio a su padre, que siempre le gustaba madrugar, aunque no tuviera que ir a trabajar, leyendo la prensa del día.
- Buenos días papá.
- Hola hija, ¿qué tal anoche?
- Bien, volvimos pronto, porque hoy trabaja Pepe hasta las tres, me voy a poner a estudiar que pronto tengo exámenes- pensando en que corría el mes de mayo y enseguida tenía que dar cuenta de sus conocimientos de Informática, carrera que le gustaba mucho.
- ¿No tuvisteis ningún incidente? Aquí en el diario dice que ha aparecido un hombre muerto dentro de un saco en la calle Alemania, junto al río Guadalmedina.
La joven por un pelo no se cae de espaldas
-¿Cómo dices, papá?- balbuceó, agarrándose a la mesa de cocina para no precipitarse en el suelo.
- Pues que esta madrugada, a eso de las cuatro han encontrado a un hombre dentro de un saco. No ha sido identificado.
- Pues pon la radio. En la COPE dan noticias de Málaga cada hora, creo.
- Si eso haré. ¿Te encuentras bien, Ana, te veo muy pálida.
- Es que estuve anoche con los amigos ya sabes, bueno que tengo que estudiar. Luego nos vemos. ¿Vas con mamá a comprar, como todos los sábados?
- Si, si claro, dime algo que necesites, que no sean coca-colas, pastelillos de hojaldre y pan de molde. ¡Qué eso ya lo se!
- Pues no, nada, voy a saludar a mamá que se encuentra recogiendo el dormitorio vuestro.
Ana sube deprisa a la parte alta de la casa y se echa a llorar abrazando a su madre.
- ¿Qué te pasa hija? – pregunta la madre, una mujer bien parecida, de cincuenta y cinco años de edad, con el pelo rubio muy cuidado, y que se llama Julia.
- Verás tengo que contártelo. Esta noche ocurrió algo cuando fuimos a buscar el coche de Pepe.
- ¡Cuéntame todo lo que sea!- dice sentándose en la cama y llevando a su hija junto a ella.
- Cuando llegamos al lado del coche, había un saco con un hombre dentro.
- ¡Virgen santa!-le interrumpe la madre-¿pero vivo o muerto?
- ¡Déjame contártelo de seguido que si no, no voy a poder!

Y así la hija narró todo lo que les había ocurrido. Al final se echó a llorar de nuevo. La madre se tomó un minuto para pensar:
- Vamos a contárselo a tu padre, llamas a tu novio y vamos a la policía a contar la verdad.
El padre está asustado. Acaba de oír en las noticias de las once que el hombre era un conocido hombre de negocios y que había sido asesinado por un golpe asestado con algún objeto contundente, es posible que una llave inglesa grande o un gato de coche o algo así. Tenía una botella de agua en la mano.
- ¿Una botella de agua?- pregunta Ana, recordando que le dieron la que tenía Pepe en el coche, cayendo sobre el sofá aturdida.
Continuará…


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Domingo, 24 de diciembre de 2006
La huída del inocente.

Capítulo I


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La huída del inocente.

Capítulo I
Eran las tres de la madrugada, cuando empiezan los viernes a retirarse algunos jóvenes a sus casas después de una noche de botellón. Los que aún trabajan los sábados, porque los estudiantes y algunos otros ya no se retiran hasta las ocho e incluso más, después de desayunar el chocolate con churros o el café bien cargado con bollos que da el Eulogio, en su cafetería de la Plaza de la Merced.

En esas noches cálidas del Málaga de primavera, es fácil ver las calles del Centro repletas de jóvenes que se divierten a su manera, pero que a veces no lo hacen tanto si surge alguna pelea.

Ana y Pepe eran novios desde hacía al menos dos años, cuando se conocieron en una de las fiestas de la Facultad de Derecho y se encandilaron de muy buena forma. Como Pepe trabajaba en una gran superficie y los sábados es día de “curro”, se dispuso a acompañar a su novia a casa, en el utilitario que había comprado con muchos apuros.
Lo había aparcado en una calle al lado del río Guadalmedina, casi en su desembocadura. Hacía allí se dirigían después de despedirse de los demás, que eran Luis y su novia María, Carmen y su nuevo acompañante Toño. Al llegar cerca del coche, Pepe nota como un saco grande apoyado junto al pretil del río, el cual por cierto sólo lleva unos regueros de agua a los costados. De pronto observa un brazo humano asomando por la boca del mismo. Para que Ana no se asuste la coge por la cintura y la da la vuelta, pero ya es tarde. Ella lo ha visto también a la luz de la farola cercana. Es difícil sustraerse del macabro espectáculo.

-¿Qué hacemos, Pepe? ¿Nos vamos como que no hemos visto nada?-dice una asustada Ana.
-¿Y si alguien se da cuenta? Espera, que algo se mueve-responde el joven.

El brazo cada vez estaba más fuera del saco y los jóvenes no saben que hacer. Y de pronto una voz:
- ¡Sacadme de aquí, os daré todo lo que poseo, pero no me matéis!-
- No, no se apure, le ayudamos a salir- dice Pepe con mucho miedo.
Y cogiendo con decisión el saco, lo deposita con cuidado en la acera, y abre la boca del mismo. Un hombre ensangrentado asoma o para más bien decir, se desliza sobre la acera, junto al coche de Pepe. Éste abre el coche y saca una botella de agua que siempre lleva en el asiento de atrás y se la ofrece al desgraciado del saco.
- Me llamo Roberto Lozano y vivo en Málaga, en la barriada de La Paz, y un loco me ha robado todo lo que llevaba encima, me ha dado una paliza y me dejó sin sentido- y tomando la botella de agua que le ofrece el joven se la echa por encima de la cabeza.
El joven malagueño está asustado. No entiende nada. Cree que debe llamar a la policía y así se lo comunica al Señor Lozano. Y este grita:
-¡La policía, no! Lo complica todo.
- Pero si le han asaltado, debe denunciarlo, ¡vamos, digo, yo!-le dice una Ana cada vez más asustada.
- Mira, Ana, nosotros nos vamos porque a este hombre no se le ofrece nada- le dice Pepe, mientras la coge de la mano y la introduce en el coche.
Sin apenas tiempo para reaccionar, el tal Lozano, intenta asir al joven por el brazo, pero éste entra rápido en el coche y lo pone en marcha. Llegando al cruce con la Alameda Principal, rodeada de los grandes ficus característicos de Málaga, los jóvenes respiran tranquilos.
-Ana, no comentes nada de esto, porque me temo que nos traería complicaciones, si el desafortunado ese no ha querido dar cuenta a la policía es que tiene algo que ocultar.
- Ya lo creo, me parece muy extraño que herido y todo se negara. Ya no voy a poder dormir esta noche, pensando en todo esto, pero no comentaré nada.

Eran ya cerca de las cuatro de la madrugada, cuando llegaron a la casa de Ana, en El Palo. La joven entró rápidamente en su casa sin apenas despedirse de su novio, que le acompañó hasta la puerta. Pepe le dijo adiós con gesto de preocupación en la cara, pero pensaba que al día siguiente todo estaría olvidado.

Llegó a su apartamento, comprado por sus padres cuando era estudiante de Derecho. Pensaban cuando lo adquirieron, que en él ejerciera de Abogado en un futuro.
Estaba situado en el Centro de la ciudad, en la calle Esperanto, lo que le venía muy bien para su trabajo actual en los grandes almacenes próximos.
De todas maneras pensaba usarlo como bufete cuando terminara sus estudios, que ahora simultaneaba con su trabajo. Conectó el ordenador y se puso a navegar por los foros y chats sin ningún sentido, hasta que casi amaneció.
Apenas durmió unas dos horas cuando el despertador le anunció a las 9.30 que tenía que ir corriendo a su trabajo.
Cuando llegó, en el departamento de relojería, que se encontraba cerca del expendedor de prensa, hizo lo que siempre le gustaba, hojear el diario Sur y pudo leer en últimas noticias:
“Esta madrugada ha aparecido asesinado un hombre junto al Guadalmedina, estaba dentro de un saco junto al pretil del río. No ha sido identificado aún a estas horas, que son las cuatro de la madrugada.”

Continuará…


Publicado por interazul @ 20:28  | Misterio
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S?bado, 23 de diciembre de 2006
Amor sin contrapartida.


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Jennifer era una chica nada corriente. Sincera, guapa, estudiosa, buena hija y mejor nieta. Estudiaba tercero de Derecho en la universidad de Málaga y todos los días iba a comer con sus abuelos que eran muy mayores, para hacerles compañía y aprovechaba para ayudarles en las compras, en recogida de ropas y además los días de fiesta les acompañaba al parque un par de horas.

Vivía con sus padres en un pueblo del interior y llegaba los días de clase con el tiempo justo para recoger su habitación y estudiar todo lo que podía, porque quería ser una buena abogada como su madre y compartir bufete.

Jennifer tenía un solo defecto, era muy tímida a la hora de demostrar sus gustos a un muchacho. De hecho había salido con tres chicos de forma muy breve y no le gustaron nada. Les encontraba simples, aburridos, superficiales y sólo con ganas de hacer el amor y despedirse para buscar otra conquista. Ella quería un amor de verdad. Como había visto en sus abuelos y sus padres. Le llamaban anticuada, noña y difícil.

Víctor era un muchacho retraído y muy introvertido. Estudiaba cuarto de Medicina en la Facultad que está justo al lado de la de Derecho. Estaba sacando unas notas fuera de lo corriente y hasta sobresaliente en Anatomía, que era de las más duras del currículo.
Vivía con su madre, una mujer viuda y muy deprimida a la cual acompañaba cuanto podía. Apenas iba con los amigos a las Pizzerías y a los cines. Alguna vez de ciento en viento se le veía con Rufi, Jenaro y Santi, que eran sus amigos del Colegio y con los únicos que compartía diversiones.

El caso es que a Jennifer le gustaba Víctor desde que le vio pasar por delante de su Facultad el primer día de curso del año pasado. Él levantó la vista y su mirada tímida como la de ella le cautivó. Por supuesto durante días y días se cruzaron en la cafetería y al ir a recoger el coche en el aparcamiento general.

Víctor desde el primer día que se cruzó con Jennifer se enamoró de ella al estilo que él sabía, platónico. Empezó a escribir poesías dedicadas a ella y no se las entregaba. Se contentaba con intercambiar miradas que incluso le parecían obscenas. No se atrevía a mirarla por debajo de la cintura, que era como la de una artista, pensaba él, por miedo a no volverla a ver. Un día de primavera, al ir a coger su coche ford que había dejado justo delante de Derecho, se dio cuenta de los pechos tan sugerentes que nada tenían que ver con los de los apuntes de Anatomía y las piernas al entrar en su coche y ella estar muy cerca cuando entraba en el suyo, le parecieron cinceladas en bronce por un Miguel Ángel.

Jennifer seguía con su vida rutinaria y cada día más dedicada a los estudios. Como ya pasaban dos cursos casi completos y el muchacho aquél no le dejaba ni una nota en el limpiaparabrisas ni nada de nada, se cansó de esperar y decidió ser ella la que iba a tomar la iniciativa.
Decidió dejarle el número del móvil pegado a su coche con su nombre y esta inscripción:
“Soy Jennifer, la chica con la que desde hace dos años te cruzas por los paseos de la Universidad, en la cafetería, en la Biblioteca y no sé en cuantos sitios más. Llámame, quiero conocerte.”(número)
Lo pensó durante dos días antes de dar el paso de pegarlo con algo que durara hasta la salida de las clases. A veces el viento o algún gracioso hacen de las suyas y tenía que asegurarme.

Lo pegó debajo del limpiaparabrisas con un chicle y así, pensó, seguro que tiene que cogerlo para ver que es.

Los días pasaron y no recibió llamada alguna.

Cuando Víctor se sentó en el asiento del conductor vio sobre el cristal un papel ligeramente arrugado y bastante sucio. Puso en acción el limpiaparabrisas y salió despedido por los aires.


Publicado por Lanzas @ 19:36  | Amor
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Viernes, 22 de diciembre de 2006

Locura interminable-Capítulo V y último.

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Al principio pensé en abandonarla en la lancha sin combustible, después en abrir una vía de agua suficientemente alejados de la costa y que nos hundiéramos juntos hasta las profundidades.
Todos los proyectos los desechaba, porque lo importante es que ella supiera que yo era Rodolfo antes de matarla. Mejor sería dejarlo al capricho del destino. Además, estaba radiante. Parecía haber comenzado una nueva juventud. Mis halagos y caricias la tenían jovial y contenta.

- He alquilado una lancha para mañana y quiero que demos un paseo por todas las playas de Cancún, hasta Isla Mujeres, antes de irnos a Madrid de forma definitiva.
- Como quieras, mi amor, a mi me gustaría vivir aquí siempre; en Madrid me da miedo la posible existencia de Rodolfo.
- Madrid es muy grande y no nos cruzaremos con él si no quieres.

Esa noche mientras nos acariciábamos ella vio en mí a Rodolfo.
- ¡Cómo es posible, eres Rodolfo!- gritó angustiada.
- No, soy tu Luis, amor-dije convirtiéndome de nuevo.

Así estuve jugando hasta que conseguí desconcertarla del todo:
-¡Teresita, vas a pagar el daño que me hiciste!- dije con voz de ultratumba, como poseído.
- ¿Teresita?¿Me llamas Teresita?¿Qué daño te hice?-me contestó entre sollozos.
- Nada, nada, mañana disfrutaremos de la vida cómo te mereces.

A la mañana siguiente, salí temprano para ultimar lo de la lancha y conseguí un pequeño yate que yo mismo iba a pilotar. La salida era desde Isla Tortugas. Me costó un buen pellizco, pero el dinero que tenía escondido en las cuentas secretas de Rodolfo era un manantial inagotable.

Cuando apareció Telele, maravillosa, inigualable, con un pareo estampado de mil colores encima del bikini que exaltaba sus curvas de ensueño, no pude por menos de exclamar:
-¡Preciosa!, me dejas el espíritu encogido y el cuerpo desgobernado.
Llevaba una bolsa playera con gracia, sobre el hombro izquierdo en la cual suponía algo más de ropa, como otro bikini y algún conjunto para vestirse al atardecer.

Yo parecía un tonto con mi mochila que contenía las llaves, y algunas ropas recogidas a toda prisa. Los que me alquilaron el yate me aseguraron que tenía toallas, bebidas y comida rápida. La radio del mismo estaba revisada y me previnieron de que no me alejara demasiado de la costa, porque las tormentas tropicales son muy traidoras y algunos tiburones muy carnívoros.

La brisa del mar me encanta y a Telele le enloquece. Según nos alejábamos de Isla Tortugas su pelo suelto al viento era como una cortina de lujuria y de deseo.

Cuando estábamos entre los dos puntos equidistantes, paré el motor y me acerqué a Telele.

- Quiero hacerte el amor aquí mismo. Sobre la cabina del yate y rodearte con mis brazos para que sepas quien soy en realidad.
- Te amo, Luis, te quiero desde que te vi en el hall del hotel.
La abracé con pasión y cuando mis labios se acercaban a los suyos, un Rodolfo impetuoso la hizo caerse derrumbada.
- ¿Cómo?, ¿me estoy volviendo loca? Te veo como Rodolfo.
- Soy Rodolfo. Volví para vengarme pero no puedo.
- Es algo imposible. Te dio un infarto en el pasillo de aquel hotel. Yo te dejé en el suelo como muerto
- Soy Rodolfo. Muerto y reencarnado para hacerte notar desde el otro mundo que puede haber justicia, pero te amo.

La enlacé entre mis brazos y mis labios mordieron los suyos de forma delicada. Creo que la asfixié al meterla la lengua hasta el paladar y en ese abrazo mortal giré sobre mis pies y salté por la borda sin soltarla.

Los cristales salinos nos recibieron en el momento en que una gran ola volcaba el yatecito sobre nuestras cabezas.
Nuestros cuerpos desnudos, acoplados uno en el otro, descendieron lentamente en la inmensidad del océano. Los peces de colores nos acompañaron en nuestra caída y las algas nos rodearon velando nuestra desnudez.

Mi cuerpo no era el de un fantasma. En algún lugar Luis recuperaba el suyo y yo como Rodolfo moría al lado de la que fue mi amor desde niño.

Entonces si morí de verdad y lo hice sin ningún remordimiento de llevarme a la bella mujer que me hizo cambiar en su día y no supo hasta entonces corresponderme.

La espuma de las olas abrigó para siempre nuestro abrazo y no sé más de nosotros.
FIN


Publicado por quijote_1971 @ 13:40  | Dramas
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Jueves, 21 de diciembre de 2006
¡No me mates!


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Yo no había pedido ser engendrado, pero mi padre se empeño en dar aquella bebida a mi madre, que la obnubiló y no se preocupó de poner medidas para evitar, que el día de la ovulación, se dejara penetrar de aquella manera.

Apenas una mórula incipiente el quinto día de mi existencia impido que mi madre pueda ovular más y el útero donde me encuentro engendra vasos sanguíneos que me recubren y algo llamado placenta y que me servirá de paso del alimento, cambia completamente a mi madre. Ella aún no sabe que existo, pero yo siento que dejé de ser el capricho de un espermatozoide. Y esto, al quinto día.

A la siguiente semana, un cordón me sale y entra de mí incipiente cuerpo y a la siguiente, con tres semanas de vida ya mi madre se da cuenta, se marea, siente náuseas y no la llega la menstruación. Y lo más grande, ya tengo un corazoncito que me empieza a latir al unísono con el de mi madre.

A las cuatro semanas algo dicen de mí. ¿No me quieren? ¿Llegué en momento inoportuno?¡Oigan, oigan!, yo tengo una vida que depende de ti, pero mis piernas empiezan a crecerme y pronto te daré una patadita. Mis ojitos son pequeños, y mis orejas diminutas, pero os oigo.

A la quinta semana un electrocardiograma te dice que todo va bien.¿Por qué le dices al doctor qué no me quieres? ¿Qué te he hecho, yo? Te alteré tu cuerpo, pero bien te lo pasaste con mi padre, recuerda. Yo quiero ser doctor también para curar a los niños como yo, que no tienen ni cuerpo dónde vivir.

Con siete semanas de vida, con todos mis órganos creados, me siento un personajillo encantador. Hasta me hice pis, para ensayar.

Sólo tengo cuatro centímetros una semana después, pero mis huellas dactilares ya son sólo mías y mis ciento diez huesos de nadie más.

Mi padre dice que no me quiere. Que me maten sin más. Sé que tú te resistes, que me notas dentro y que te han metido en la cabeza, que me elimines. ¡No te hablan de montones de madres que me esperarían cuando salga!¡Nada! Lo has decidido y yo con dos meses y medio de vida ya respiro y duermo cuando tú lo haces.

¿Qué es eso? Noto como una cuchara que me rebana y me pinchan con una aguja muy larga. ¡Ehh, oiga!¡Qué yo estoy vivo! ¡No me maten! Mi corazoncito deja de latir bruscamente, me orino de nuevo y siento un golpe en mi cabecita. ¡Es la muerte!


Publicado por interazul @ 0:20  | Familia
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Martes, 19 de diciembre de 2006
Locura interminable- Capítulo IV

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- Si, soy Teresita, el ruido que oíste es porque me senté en el sofá. No puedes ser Rodolfo.
- ¿Quieres que te diga dónde tienes ese lunar que me volvía loco?- le dije, recordando el lunar de su monte de Venus.
- Pero si te dio un infarto ¡No es posible!
- Pero el que enterraste no era yo. Me fingí muerto. Tú no estuviste en mi entierro. Te engañaron. Bueno ahí está un buen amigo mío. Habla con él y te dará pelos y señales de mí. No estoy dispuesto a que me engañes otra vez. Yo no quiero saber nada de ti. Pero Luis te dirá lo que he sufrido por ti y por tu engaño. Por cierto ¿no sería el cabrón de Troconiz el que te equivocó con lo de mi entierro?- al decir esto metía la cizaña bien adentro de por medio y de forma violenta cerré el móvil.

A la mañana siguiente Telele, con aspecto de no haber dormido, tan guapa como siempre, pero ojerosa y como mareada estaba esperándome en la recepción.

- Luis, Luis, espera-oí a mis espaldas, cuando yo aparentando indiferencia me dirigía a desayunar en el comedor.
- Dime encantadora Telele, ¿qué se te ofrece?
- Quiero que quedemos a la hora de comer, pero fuera de aquí, si te parece.

Había caído en la trampa. Mi hora estaba llegando con pasos de gigante.
- Por supuesto, tú me indicarás un lugar tranquilo y paradisíaco, como hay tantos por aquí.
- Quedamos a las trece horas en punto ¿Te parece?
- De acuerdo y lleva el vestido estampado que te sienta como a una jovencita de Instituto.
Noté como un ligero rubor cubría sus pómulos deseosos de caricias.

La mañana la pasé planeando la tarde y a ser posible la noche con ella. La tenía que convencer con las mejores maneras del mundo que yo era la persona ideal para que se lo pasara bien.

A la una en punto estaba esperando en el hall con un ramo de flores que delicadamente dejé en el mostrador con una tarjeta dirigida a su nombre.

- Luis, que detalle tan bonito ¿te parece que vayamos a Playa Caracol?
- Ah estupendo, no la conozco, pero a tú lado será aún más encantadora de lo que dicen.

Ella condujo el coche y pude ver que lo hacía con pulcritud y una idea me asaltó a la cabeza ¿podría “arreglar” los frenos? Pero eso sería dentro de unos días.
La pregunté:
- ¿Llamaste?
- Si, claro, un tal Rodolfo dijo ser mi exmarido. Y lo curioso es que quiere que seas tú quien me cuente cosas de él.
- ¡Al diablo, Rodolfo! Yo quiero que te distraigas y te olvides de él. Bueno y del otro.
- La verdad es que me noto muy extraña y contigo me encuentro como a salvo.


Pasamos una tarde de ensueño, entre mariachis, pruebas de comidas y martines acariciadores del paladar.

No sé como, nos vimos en una habitación de hotel más elegante que el de ella.
No fue difícil el acariciarla y quitarla lentamente la ropa; bueno el bikini que aún tenía de la playa y al quitarle el sujetador, sus pechos se convirtieron en el alimento de mi pasión.

La acaricié, la besé cada milímetro de su cuerpo, que me parecía lozano, nuevo y deseable como la brisa marina. Ella me correspondió y me dijo entre sollozos de gusto y emoción:
- Me recuerdas a Rodolfo.
- Quiero que te vengas conmigo a España y dejes todo aquí. Allí seremos felices y volverás a sentir como antes.
- Pero mi marido no querrá, me quiere a su manera de forma enfermiza.
- Yo le explicaré lo que ocurre.
- ¿Eres capaz?
La noche se nos echó encima, después de dormir ella una siesta reparadora, mientras yo la contemplaba maquinando los siguientes pasos.

Al despertar ella, lo hicimos de nuevo, como locos enamorados. La prometí:
- Ya no te dejaré nunca. Lo entenderás y Fernando también.
- Bueno haz lo que creas oportuno, noto que mi voluntad está en tus manos. Es como si el hechizo de Cancún me hubiera secuestrado.

Llegamos al Hotel y la dije que se fuera a recepción, mientras yo hablaba con su marido, el tal Fernando, al que odiaba.
Llamé a la habitación y entré en cuerpo y forma de Rodolfo Pérez de Madariaga, no como Luis Armendáriz.
Retrocedió sin decir palabra y al acercarme a él se tropezó con un sillón y cayó de nuca sobre el borde de la mesa de mármol. Me cercioré de que el golpe había sido mortal y por cómo se ahogaba intuí que además le estaba dando un infarto. Esperé como unos diez minutos, mientras limpiaba con unos pañuelos el pómulo de la puerta, por lo que había visto en las películas sobre las huellas. Pude comprobar que había varias bebidas abiertas sobre el aparador y vasos casi vacíos de distintos tipos. Salí cerrando tras de mí.

Desde mi habitación llamé a Telele a recepción:
- Sube un momento antes de que pases por tu habitación, tengo algo que decirte.

A los tres minutos ella estaba delante de mí y yo contándola lo que acaba de pasar. La expliqué que había sido un accidente como la policía comprobaría. Que nos venía bien, pero que pensara que yo, Luis Armendáriz no tenía nada que ver.

Ella fue a la habitación y con calma llamó a uno de los gerentes del Hotel, para darle cuenta de lo sucedido. La policía, según me contó ella después, dedujo que el Sr. Troconiz había bebido demasiado y debió tropezar y desnucarse. Además el forense en la vista previa, que luego confirmó la autopsia, diagnosticó un infarto por exceso de alcohol en la sangre.

El entierro fue muy concurrido, porque hasta de Hollywood vinieron productores y directores de cine. De España también. Mientras duraron las exequias Telele y yo no nos vimos.
Pasados unos días empezamos a comer juntos, después a cenar a la luz de las antorchas y pasado un mes estábamos en la misma habitación conviviendo.

Noté que el barman Pedro, que creo que estaba enamorado de Teresita, me miraba algo extrañado, pero se calló al ver que su patrona estaba bien conmigo.

Yo le hacia ver a Telele que teníamos que partir para España, porque los negocios lo requerían, pero antes deseaba pasear con ella por la bahía en una lancha que había alquilado.

Continuará…


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VEINTE Y SIETE MENSAJES



Dedicado a los niños, aunque espero que agrade a algún adulto

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Me acosté temprano; tenía que ir al colegio y madrugaba mucho.
Era viernes, último día de clases antes de la Navidad, y al día siguiente, habría en el
“ cole “ una bonita fiesta, en la cual iríamos disfrazados de figuras navideñas. Estaba muy nerviosa, así que no podía cerrar los ojos y me puse a mirar por la ventana hacia el cielo, muy negro, bordado de millones de puntos luminosos.
A los pocos minutos me asombré: las estrellas se movían velozmente en la oscura bóveda, y otras luces se cruzaban con ellas, dejando en el espacio estelas maravillosas.
Yo sabía que aquello no podían ser sólo estrellas, éstas no se movían de aquella manera, así que me levanté, abrí la ventana de par en par y miré atentamente aquel prodigio.
El hálito nocturno era gélido pero irradiaba paz: El silencio podía oírse y fue así que puede escuchar:

-¡Oye! ¿Quién eres?- preguntó una hermosa estrella a una luz con forma desconocida.
- ¡Hola! Soy la letra A.
-¿Sí? Y ¿dónde vas por esos espacios, y sola?
-No, no voy sola, voy con todas mis compañeras; somos veinte y ocho. ¡Mira! vamos unidas por este halo de aire para poder comunicarnos.
-¡Ah!, ¿sí? Y ¿dónde vais todas juntas?
La A, adoptó una grave expresión en su alargado rostro:
-Vamos a una misión muy especial.
-¿Especial? –repitió la estrella.
- Verás, tenemos la misión de volar hacia todos los rincones de la tierra y cada una, según la letra, enviará un mensaje a los hombres que pueblen esos lugares. Siempre ha de ser un mensaje positivo.
Varias estrellas cruzaron sus rayos en un gesto afirmativo y con una sonrisa entre su ígnea materia dijeron:
-Y ¿Ese mensaje servirá para algo?
-No lo sabemos; pero vamos a intentarlo. Sólo se pierden con seguridad las batallas que no se luchan - contestó la B con vehemencia.
Una rutilante estrella que había observado la escena con interés propuso:
-Nos gustaría conocer los mensajes que llevaréis por todo el orbe. ¿Por qué no os ordenáis alfabéticamente y nos los contáis a nosotras primero?
El abecedario se miró algo perplejo. ¿Qué hacer? Perderían mucho tiempo, pero ¿cómo desairar a las candelas del Universo? Las consonantes inclinaron sus extremos dando a entender que aceptaban. Teniendo en cuenta la mayoría, cerraron un amplio círculo y comenzó la exposición:
-Yo, la A, iré allí donde el Amor y la Amistad son desconocidos. Cambiaré la visión del mundo de mucha gente.

Sobre un fondo luminoso la B dijo:
-Yo, la B, depositaré un Beso en las mejillas de todas aquellas personas que jamás fueron besadas.
-Yo, la C, ceñiré todas las cinturas y hombros que nunca han sido abrazados.
-Yo, la D, inundaré el alma del hombre del Don de compartir con los demás.
-Yo, la E, inculcaré en los hombres la Emoción que proporciona el trabajo bien hecho.
Yo, la F, infiltraré la Fuerza necesaria a los hombres para soportar las adversidades.
En este instante un aplauso destellante encendió aún más al grupo.
-¡OHHHHHHHHHH! ¡Qué misión más extraordinaria!- clamaron al unísono.
Las letras se encogieron algo azoradas por tanta anuencia.
-Yo, la G, rogaré a los Gélidos vientos de las estepas para que no hielen las cosechas.
Yo, la I, Informaré a los niños que no carecen de nada, que hay muchos niños que carecen de todo, y que deben compartir con ellos.
Un batir de fulgores se expandió por el infinito. La J doblada ligeramente sobre sí habló:
-Yo, la J, Jugaré con todos los niños solos que nunca han podido hacerlo por estar enfermos.
Yo, la K, con gran cantidad de aguas haré de kamikaze cuando los bosques estén ardiendo.
-Yo, la L, dejaré un Legado en las Naciones Unidas para que los que representan a todos los países entiendan que sin tanta desigualdad, no habría tanta violencia.

Dos eles se juntaron y exclamaron:
-Yo, la LL, Llamaré a las puertas de los corazones de los poderosos para que inviertan en los países pobres.
Dos rutilantes jorobas se prepararon para hablar:
-Yo, la M, enviaré Mensajes a todos los países desarrollados para que disminuyan la emanación de gases nocivos para nuestro planeta.
La ENE se irguió y dijo:
-Yo, la N, tacharé, borraré la N de todos los párrafos en los que se lea que no es posible la comunicación entre todas las culturas de la tierra.
Una de las rutilantes masas de Helio e Hidrógeno la miró con simpatía.
-Yo, la Ñ, trataré que todos lo Ñangas del mundo se conviertan en fuertes y vigorosos.
En un círculo plateado se escucho:
-Yo, la O, Organizaré a los pobres y desheredados de este mundo para que unan sus voces y éstas lleguen a los palacios de los poderosos y sepan de su existencia.

Llegado este momento las letras cambiaron de posición: el círculo que antes era muy amplio se cerró y las estrellas quedaron fuera. Alargando sus rayos trataron de no perder lexema.
La P abombó su ya voluminoso pecho y expuso:
-Yo. La P, entraré en los corazones de los rencorosos para decirles que el Perdón es el más bello regalo.
-Yo, la Q, Quiero enseñar a los niños que los seres más necesitados son los padres, a los que se les debe amar y respetar, así como ayudar en su vejez, durante toda su vida.
La robusta R alargando su patita dijo:
-Yo, la R, haré llegar el mensaje de que la Ruta más corta para alcanzar nuestros deseos, es el camino correcto.
Una sinuosa estela de luz se adelantó un poco:
-Yo, la S, voy a convencer a los hombres que el arma más eficaz es: la Sonrisa.
Una luz diamantina cuyos rayos se extendían en forma de cruz dijo:
-Yo tengo un mensaje muy difícil de trasladar, soy la T, y tengo que ir a todos los lugares en los cuales los hombres utilizan el Terror para conseguir unos fines que nunca obtendrán, y pedirles que cesen en él. Que no hay nada más fácil en el mundo que equivocarse. Y ellos están muy equivocados.
Una especie de rayos paralelos unidos por la parte inferior dijeron:
-Yo, la U; voy a proclamar a los cuatro vientos a todos aquellos deprimidos, tristes, que no disfrutan de la vida, que se Unten con ella, pues sólo se vive una vez y hay que aprovecharla al máximo.
Los aplausos se escucharon lejos, ya en otra galaxia.
-Yo, la V, voy a convencer a los familiares de las personas sanas que se han ido por un accidente para que donen sus Vísceras, y puedan salvar otras vidas.
Yo, la X, voy a tratar de explicar que todos somos seres humanos, que no importa el color, raza, religión, del Hombre, a ver si erradicamos la Xenofobia.
Una esbelta luminosidad con los brazos elevados dijo:
-Yo, la Y, Voy a enseñar a todas las personas que estar Yacente es el misterio más grande que hay, pero que no debemos temer, ya que ahí está la paz.
La última letra que se dispuso a hablar formaba un extraño zig-zag brillante.
-Yo, la Z, trataré de convencer a los grandes jefes que gobiernan el mundo para que no se necesiten más Zapadores en ningún lugar del planeta.
Una exclamación aquiescente centelleó aún más el gran círculo de estrellas y letras.
La más rutilante se adelantó hacia el centro y dijo:
-Los mensajes que nos habéis anunciado nos han parecido maravillosos para el Hombre. Os deseamos un buen viaje y un éxito completo en tan difícil misión.
Un murmullo se extendió bajito:
-¿Y la H? ¿Dónde está la H? - se preguntaban angustiadas sus hermanas.
De pronto una de las estrellas más hermosas miró hacia un lugar indefinido y dijo:
¡Mirad! No temáis; está ahí, Haciendo con las Hadas lo más Hermoso de todo: el amor.


Publicado por mariangeles512 @ 20:06  | Cuentos
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Domingo, 17 de diciembre de 2006
Los gemelos

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Jes?s e Iv?n eran gemelos y su vida, hasta que cumplieron veinte a?os, estuvo presidida por la armon?a y pr?cticamente iban juntos a todas partes. La gente no les reconoc?a en absoluto. S?lo los m?s allegados sab?an que Jes?s ten?a en la paletilla izquierda una mancha, como un lunar grande, que le distingu?a de Iv?n.

Ten?an los mismos gustos, las misma aficiones, y en el colegio e Instituto se ayudaron haciendo algunas trampillas haci?ndose pasar, a veces uno por el otro. Cosas sin importancia.

Pero cuando llegaron a la Universidad, ocurri? lo peor que les pudo suceder. Conocieron a una chica de la cual se enamoraron perdidamente los dos.
Al principio no quer?an reconocerlo, pero pronto empezaron los problemas. Jes?s invit? a Eva (as? se llamaba la muchacha) al baile de fin de curso y ?sta acept?. Iv?n fue despu?s de su hermano y ella, en principio temi?ndoselo, le contest?:
- Pero s? me invitaste ayer tarde ?No te acuerdas?
- Si, si, claro era para ver si t? estabas en ello.
- Pero te dije que no iba y ahora no he cambiado de opini?n- contest? la muchacha para ver si Iv?n era Jes?s o no.
- Perdona, me dijiste que s?- minti? Iv?n, para probar suerte.
- Jes?s, ten en cuenta que como tu hermano y t? sois como dos gotas de agua quer?a saber s? eras t? o tu hermano. ?Comprendes?

Iv?n baj? la cabeza y se retir? a toda prisa en busca de su hermano.
- Jes?s, no puede ser lo que pretendes. A Eva la quiero.
- Pero eso mismo me pasa a mi.?Crees que puedo arranc?rmela de mi cabeza?
- Tenemos que hacer algo. Es no ?nico que no puedo compartir contigo, aunque ella ni se enterara. La acabo de enga?ar haci?ndola creer que eras t?.
- ?Idiota! ?Te matar?! ?Maldita la hora en que nacimos del mismo ?vulo!
- Esto es una locura. Tenemos que pensar.

Como se encontraban muy ofuscados y confusos, decidieron consultarlo con su madre. La madre era una mujer muy cari?osa y siempre estuvo contenta con sus gemelos, tambi?n orgullosa, por lo bien que se llevaban y los estudios tan brillantes que estaban realizando.
La exposici?n de sus hijos la inquiet?. Y despu?s de pensarlo mucho decidi?, antes de precipitarse en sus consejos, hablar con ellos por separado.
- Jes?s, hijo, ?t? quieres a esa mujer, como para hacerla tu esposa?
- Si mam?, estoy enamorado profundamente.
- Y tu hermano, c?mo crees que se sentir??
- S? que muy mal, pues yo siento lo mismo que ?l.
- ?Qu? te parecer?a si ?l se fuera con ella?
- Ser?a como si me arrancaran la vida.
- Nos lo pones muy dif?cil, pero tenemos que buscarla un doble. Todos tenemos uno. Si no hab?is sido tan astutos como para enamoraros de una pareja de gemelas o al menos mellizas, hay que buscarla su doble. No comentes esto con tu hermano.

Al poco estaba hablando con Iv?n, despu?s de hacerle las mismas preguntas que a su hermano, con id?nticas respuestas, la mam? le dice:
- Iv?n vas a dejar a tu hermano que salga con esa chica, t? y yo vamos a dedicarnos, con ayuda de mi amigo el Inspector Alonso a buscar un doble de Eva.
- Eso ser? casi imposible, pero estoy de acuerdo. No veo otra salida.

Puesto en antecedentes, sabiendo que Eva era una ni?a adoptada, el buen amigo de Alonso, en sus ratos libres empez? a indagar sobre j?venes universitarias de las caracter?sticas de Eva. Y fue al juzgado de adopciones, sab?a que lo m?s dif?cil ser?a encontrar a alguien con el perfil ps?quico y no s?lo f?sico que la conocida. Qued? que en cuanto tuviera alguna, llamar?a a Rosa, la madre de Iv?n, para que la conociera.
Pero las cosas no iban a ser tan sencillas. Iv?n no pod?a sacarse de la cabeza a su amada y de forma mal?vola fue ?l, el que llevo a Eva al baile aquel junio inolvidable, pas?ndose por Jes?s. Al terminar la llev? a la caba?a de los ?tiles de piscina y en ella entre motores, cubos de antialgas y mangueras hicieron el amor como unos locos apasionados.

Su hermano perdi? la cabeza y fue en busca de ellos armado de un bate de b?isbol y le destroz? el cr?neo a su hermano gemelo y a continuaci?n se clav? un garfio de marinero que pend?a de una de las perchas para los flotadores, en el cuello y se arroj? a la piscina volviendo rojiza el agua clorada, acabando sus estertores en el fondo de la misma.
Los llantos de Eva recorrieron de forma desgarradora todos los rincones de aquel recinto multideportivo universitario.

Cuando la madre fue informada por la sic?loga de la polic?a, apenas pudo incorporarse para caer como fulminada y tuvo que ser ingresada en el Hospital Comarcal.

S?lo el padre a duras penas pudo mantener la entereza suficiente para acudir al entierro de los gemelos. Al llegar a casa, entre los muchos mensajes gravados en el contestador del tel?fono se pod?a escuchar el siguiente, del d?a anterior a los hechos:

?Soy el Inspector Alonso. ?Sorpresa! Eva tiene una hermana gemela. Ha sido muy f?cil encontrarla. Los padres de las ni?as eran muy pobres y dejaron a sus gemelas en adopci?n y por separado. La hermana de Eva se llama Sara y vive en Barcelona. Es exacta a su hermana. Ya he preparado un encuentro con Iv?n. Ll?mame Rosa.?

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Locura Interminable-Cap?tulo III

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Locura interminable-Cap?tulo III

- Seg?n me cont?, su mujer se suicid? un d?a sin que supiera por qu?; su coche apareci? en el fondo del r?o y de ella no se encontr? m?s que algunos ?tiles personales. No hab?a sido un accidente y como ese r?o desemboca en el mar, dejaron de buscarla, dando por hecho que alguna fiera marina debi? engullirla o algo as?.
- Bueno d?game ?qu? edad ten?a la mujer?-not? que a medida que la ment?a tan bien, su semblante se volv?a p?lido como la cera.
- Creo que 35 a?os.

Tuve que sujetarla por la cintura para que no se cayera sobre el duro suelo. Not? su coraz?n muy cerca de lo que se supone era el m?o, cosa que no estaba tan seguro que fuera un coraz?n, pues era la primera vez que ocupaba el cuerpo de otro o ninguno y todo era ficticio. Al notarlo tan cerca y tan acelerado sent? una gran atracci?n hacia ella y roc? mis labios con los suyos de forma imperceptible.

Telele o Teresita era fuerte y no la dur? m?s de dos minutos el desmayo. Yo la ten?a asida por la cintura y se desembaraz? enseguida de mis fuertes brazos.
- ?Qu? me ha dicho, se?or P?rez? Ah bien, no hace falta que me lo repita, ya recuerdo. Tiene un buen amigo que le recomend? este Hotel y que por desgracia perdi? a su mujer muy joven. ?Qu? quiere tomar?, le invita la casa.
- Un ?wiski on de roks?, pero s?lo lo tomo si usted toma algo conmigo.
- ?Dos wiskies on de roks, Pedro!-dijo dirigi?ndose al barman que estaba un poco despistado.

Teresita, ya que para mi, segu?a siendo la ni?a del Instituto, era una mujer hermosa, pero no olvidaba mi misi?n en esta nueva vida de fantasma viviente.

-Mire Telele me parece que usted est? llevando una vida algo pobre. Me explico. Usted se merece algo m?s que ser una simple recepcionista de Hotel, que por cierto. ?C?mo lleg? aqu??, porque usted es tambi?n espa?ola, no puede enga?ar a nadie.
- Pues me cas? con un empresario de cine y como no puedo estar parada, y este hotel es suyo, yo misma le propuse que me empleara en ?l, porque mi marido viaja mucho y para ?l es un descanso encontrarse aqu? despu?s de sus viajes.
- ?Podemos tutearnos?- le solt? de pronto.
- Si, yo me llamo Telele, Luis- ese Luis me son? a gaita en sus labios.
- Pues, Telele, eres maravillosa. Trabajar por gusto, sin tener necesidad es una virtud rara.
- A veces me aburro, pero este lugar es maravilloso. Y por cierto, s?, soy espa?ola y conoc? a ese amigo de que hablas. Y lo curioso es que me dijeron que muri? ?l, no la mujer.
Ahora si que estaba entrando en lo m?s complicado del tema, pero ten?a que conseguir mi prop?sito.
- ?Conoces a Rodolfo P?rez de Madariaga?
- S?, fue mi marido antes del actual. No es posible que est? vivo. Hubo un entierro.
- Pues mi amigo dijo llamarse as? y me cont? lo de su mujer ?C?mo te explicas esto?
- ?Tienes un n?mero de tel?fono, para poder llamarle?-me sorprendi? Teresita.
- ?Claro! En mi habitaci?n tengo una tarjeta creo. Luego te lo doy. Y dime: ?Le quisiste mucho?
- ?Le quisiste? No dices que est? vivo-creo que me lo dijo para equivocarme, pues evidentemente el ?quisiste? val?a de todas formas, porque no estaba con ?l y entonces ella era la que se met?a m?s y m?s en la trampa.
- Rectifico: ?le quieres a?n? Me pareci? otra cosa, porque me presentaste otro marido esta tarde.
- Le quise pero no fui suficientemente leal con ?l. Pero muri?, si es que hablamos del mismo Rodolfo.
- Mira voy a buscar la tarjeta que tengo y le llamas. ?De acuerdo?

Ella asinti? y lo que ten?a que hacer era darle una tarjeta con mi n?mero y volverla loca al ponerme yo. La cuesti?n era no estar junto a ella cuando llamara, porque entre mis dotes no entraba la ubicuidad o al menos yo no quer?a probar suerte.
Sub? a mi habitaci?n, por cierto la 503, n?mero que ped? a prop?sito cuando la reserv?, y en la valija dentro del armario saqu? una tarjeta de las de antes de morirme y con cierta parsimonia me present? de nuevo delante de ella.

- Aqu? la tienes, ten en cuenta que ahora en Espa?a es de noche, m?s de las doce, ll?male ma?ana. Y me dices lo que sea- la diferencia de siete horas era mi aliado.
- De acuerdo, Luis. ?No vas a ba?arte y nos vemos luego?
- O. K. ? y as? me desped? de ella cuando en Espa?a eran casi la una de la madrugada.
- En la piscina del Hotel coincidimos ella y yo y tonteamos en el agua, y pude ver en una terraza al Troconiz ese, y me alegr?, mirando no con muy buena cara. Nos despedimos y cen? en el restaurante en una mesa individual.

A las dos de la madrugada en Canc?n, mi celular comenz? a vibrar. Dej? que tocara una, dos y hasta tres veces los compases de mi himno nacional y lo abr?:

- Hallow, ?qui?n eres?- con mi voz de anta?o bien entonada.
- Yo me llamo Telele.
- No te conozco, ?me dices algo m?s?
- Bueno antes Teresita.
- ?C?mo, mi Teresita? Yo soy Rodolfo, ?Me cre?ste muerto, no?
Al otro lado se oy? como un lamento y un ruido sordo.

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Publicado por quijote_1971 @ 17:58  | Misterio
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Mi?rcoles, 13 de diciembre de 2006
Locura interminable-Cap?tulo II

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-?Ya est?! He vuelto para vengarme de mi mujer-pens?.
Y dispuesto a cumplir con el que pensaba era mi ?nico y gran cometido de fantasma en un mundo de locos, me puse a pensar como encontrar?a a mi mujer ad?ltera y despiadada. Me enga?? y encima me abandon? en aquel pasillo de hotel retorci?ndome de dolor.

Como hab?a o?do contar que los fantasmas no tienen problemas de desplazamientos me confi? a mi suerte y en cosa de unos pocos d?as la localic? en un Hotel de la Costa Maya, de recepcionista, como no pod?a ser menos.

La mujer que hac?a diez a?os ten?a treinta y cinco, ahora con cuarenta y cinco segu?a gustando a los hombres; estaba de muy buen ver y con una planta envidiable.

Urd? un plan. Como pod?a adoptar un cuerpo diferente, me busqu? uno m?s joven y fuerte, y con una camisa estampada, unas gafas de sol ?superguay? y un pelo rubio dorado bien peinado, ni mi mujer ni nadie, me reconocer?a.

-Hola. Me recomendaron este hotel en Espa?a y veo que merece la pena el estar en ?l. Me gusta.
- ?Qui?n se lo recomend??- pregunt? la resuelta recepcionista.
- Pues, Rodolfo, un amigo de Madrid.
Un cambio de expresi?n not? en su cara y sus p?mulos se sonrojaron. ?Creo que daba en el blanco! La mujer no pudo reprimirse en indagar:
- Perdone, y ese se?or ?A qu? se dedica en Madrid?
- Tiene unos hoteles y restaurantes y me dijo que conoc?a ?ste muy bien.
No s? si los fantasmas tienen tantos poderes como en las pel?culas, pero hice una exhibici?n.
Me coloqu? detr?s de ella sin que me viera y vi como unas l?grimas se deslizaban sobre sus mejillas.
- Pero ?se apellida?
- Creo que P?rez de Madariaga.
Al o?r los apellidos de su exmarido, Telelu, como se la conoc?a en Canc?n dio un brinco que casi se cae.
- ?Qu? le ocurre?
- Nada, no se preocupe, es este calor tropical. Me pasa muy a menudo, me mareo y me dan n?useas. Voy a despertar a mi marido que est? arriba.
?Marido!-pens?-ser? el que me la rob? en mi propia casa.
Desliz?ndome sin ser visto, ya que empezaba a practicar muy bien las t?cnicas de un esp?ritu, detr?s de ella, llegamos al cuarto piso, donde en una suite de lujo, acondicionada sin duda para ellos, un hombre menudo, calvo y descuidado empezaba a desperezarse sobre una lujosa cama.
-Hay un cliente que afirma estar aqu? por recomendaci?n de Rodolfo. ?Crees que no muri? hace diez a?os?
- ?Qu? cosas tienes! Yo mismo estuve en su movido entierro. ?No recuerdas que era amigo m?o y no s?lo tu marido?- al verle, yo escondido astutamente, reconoc? en ?l a Fernando Troconiz, el afamado empresario de cine y que yo hab?a conocido muy bien.
- Pues indagar? algo m?s con ese individuo. Me ha tra?do la intranquilidad.
R?pidamente cuando ella lleg?, yo estaba ya junto a la barra de la cafeter?a.
-?Oiga! Se?or, ?Usted es Luis Armend?riz, no?- una voz c?lida y a la vez algo temerosa, se dirig?a a m?. Era ella, un poco m?s radiante si cabe, que hace un rato.
- Si soy un espa?ol que por fin va a disfrutar de unas vacaciones de verdad. Hace a?os que todo era trabajo y tensiones.
- Y c?mo conoci? al Sr. P?rez de Madariaga?
- Es que yo me dedico tambi?n a la hosteler?a en Espa?a. Tenemos trato frecuente. Por cierto me cont? lo de su mujer.
- ?Qu??- hab?a dado en el clavo, el que m?s duele. Casi se desmaya.
- Si, fue muy doloroso para ?l-continu?- morirse tan joven, estando tan enamorado, fue un mazazo que creo a?n no ha superado.
- ?Muri? ella?- en este momento yo ya sab?a lo que ten?a que hacer, enamorarla de nuevo y luego matarla a ella y a su amante asqueroso.
Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 19:43  | Misterio
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Locura interminable- Cap?tulo I

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La otra noche se me apareci? Rodolfo. Lleva muerto m?s de diez a?os y esto es lo que me extra??. Yo estuve en su entierro.

Me acuerdo de aquella tarde de oto?o, cuando el Sol ca?a sobre el horizonte y un viento g?lido me hizo recordar como Rodolfo hab?a sido, un vaina. De ni?o se escapaba del colegio en los recreos para ir a pescar ranas en las charcas que hab?a en la orilla del r?o. Tiraba piedras a los lagartos y se zambull?a en las aguas en los meses de primavera y de verano. Sus maestros le rega?aban y hasta le pegaban coscorrones y ?l, nada.

Su madre no acertaba a educarle. Siempre le dec?a:
-Te pareces a tu padre. Acabar?s muy mal y por supuesto sin estudios ni trabajo estable.

El ni?o Rodolfo fue creciendo y desde los catorce a?os le dio por cortejar a las ni?as m?s guapas del Colegio. Pronto las convenc?a con peque?os regalos y con helados para que le acompa?aran a la pradera junto al r?o. All?, al caer la tarde las besaba y las estrujaba junto a su pecho y a veces lleg? a quitarlas la ropa interior e hizo m?s cosas.

Mientras el coche f?nebre avanzaba entre los cipreses cimbreantes del paseo seguido de una hilera de amigos y amigas, pues tuvo muchos en vida, recordaba cuando un d?a con diecis?is a?os la madre de Teresita le cogi? de los pantalones a medio bajar y le dio una tunda delante de ella, que ten?a entonces los trece a?os reci?n cumplidos. Rodolfo maldec?a y le dec?a a la exasperada mujer que iba a casarse con su hija en pocos a?os.
- Desgraciado, si eres un ni?o sin trabajo ni estudios y est?s matando a tu madre a disgustos, pero conmigo y mi hija no podr?s.
- Ya ver? como me hago un empresario de los que ganan dinero a chorro.
- T?, no vas a ganar nada, como no sea una paliza de un novio de verdad.

Y as? fue creciendo Rodolfo y por cosas curiosas que pasan en la vida se hizo un empresario de hosteler?a y mont? dos restaurantes y un hotel. Todos los que le conoc?an no se extra?aron porque siempre hab?a sido muy despierto y con facilidad para ganar dinero.
Se cas? con Teresita a los treinta a?os y fue su perdici?n. Esta mujer era muy ambiciosa y si Rodolfo un vaina, ella una insaciable. No s?lo de sexo, no crean, tambi?n de joyas, de ropas caras y de bolsos y zapatos de piel. Le gustaba que la llevara de vacaciones a lo sitios m?s ex?ticos y que la dejara su marido dinero para jugar con las amigas al bingo.
Rodolfo, que se hab?a reformado mucho, esto le preocupaba en cantidad porque los negocios necesitaban atenci?n y dedicaci?n para que no se fueran al garete.

E ide? lo peor que pudo hacer, implicar a su mujer en el Hotel, como recepcionista, mientras ?l dirig?a los restaurantes.

Un d?a fue al Hotel y sorprendi? a su mujer en la habitaci?n 503 no precisamente colocando a nadie, si no encamada con el cliente y all? mismo le dio un infarto en el pasillo. Su mujer desapareci? y de ella no se supo m?s.

Perfectamente recuerdo que al llegar a la parcelita d?nde fue inhumado Rodolfo una tormenta de granizo hizo a todos los presentes desaparecer sin rezar ni un Padre Nuestro.
Lo curioso es que Rodolfo soy yo.
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Publicado por quijote_1971 @ 19:36  | Misterio
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Domingo, 10 de diciembre de 2006
Giro inesperado

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Giro inesperado

La sombra de aquel hombre se alargaba en la callejuela a la luz de los faroles antiguos que aún quedaban. Era uno de los pasajes de la ciudad antigua y no rehabilitada; sólo los valientes se atrevían a atravesarlo sin compañía a partir de las doce de la noche, o bien se trataba de amodorrados borrachos o de prostitutas baratas.

¿Iba huyendo de algo? ¿Quería ocultarse en alguna de las casas en ruinas que se desmoronaban sin remedio? Las vallas que lindaban las obras, de noche, hacían aún más tétrico el caminar por aquel lugar.

El caso es que yo me encontraba semioculto en el zaguán de una de las casas, con una botella de ron casi vacía y un cigarrillo, que me calentaba los labios aún más que el licor.
Como la sombra se hacía más y más alargada, empezaba a producirme algo de espanto. Seguramente, pensé, porque el alcohol se me está subiendo a la cabeza. Si no fuera porque aquella mujer a la que maldigo una y mil veces, me hubiera traicionado, yo no estaría aquí y por tanto no vería fantasmas donde sólo hay sombras. De todas formas sólo esperaba a la Carmela, mi puta favorita desde hacía unos meses, la cual me subía casi a rastras hasta el tercer piso del número 14 de aquella calle inmunda y entre berridos y quejidos obscenos casi desvencijábamos el camastro durante poco más de media hora.
La dejaba “la propina” en la mesilla y hasta después de tres o cuatro días no volvía a verla.

A veces pensaba, que por lo fuerte y resuelta que era “mi” Carmela, en realidad era un tío travestido, y que cualquier día me iba a enterar cuando intentara hacerme a mí, lo que yo le hacía a ella.
El caso es que la sombra desapareció dos portales antes del mío.
- Seguro que encontró a su puta- pensé- ¿por qué me preocuparme?
Un grito desgarrador me hizo despertarme en el banzo y mi cabeza se dio contra el dintel.
Escuché como un cuerpo, o eso me pareció, caía sobre el piso. Me levanté como si me hubieran colocado un resorte en mis cansadas posaderas. Fue tal el impulso que recibí, que caí de nuevo sobre el dintel y la botella, ya vacía del todo, salió volando hasta estrellarse en el centro de la calle y romperse en mil pedazos.

La sombra aquélla, de nuevo se acercó, y creí ver entre luces y penumbras, una cheira alargada y que por un momento brilló en lo que podía ser la mano de un hombre.

Sin pensarlo un momento y sin darme cuenta, debido a mí melopea, que me podía costar la vida, así a aquel ser por la cabeza, según pasaba al lado de mi portal y lo derribé.

La navaja cayó sobre el pavés y fue a rebotar justo al lado de la que creo era la única boca de alcantarilla de la maldita calle.
La persona trató de levantarse, pero le propiné una patada en la entrepierna, que no le produjo el dolor que cabía esperarse.
A la luz de uno de los pobres faroles pude ver su cara.
- ¡Eres una mujer!-exclamé tan sorprendido como estupefacto.
-¡Maldito entrometido! ¿Qué te importa a ti la Carmela?
-¿Cómo? ¿has matado a mi mujer, preferida?- especulé, porque realmente yo no sabía si la había matado y además dije “mujer” en lugar de “puta” para darme importancia.
- Porque se lo merecía por dejarme preñada y hacerse pasar, el muy maricón por mujer para sacar dinero.
Pálido como una vela de Semana Santa me quedé, aunque por la poca luz que nos alumbraba daba lo mismo.
- ¿Carmela un hombre? ¡Luego mis sospechas eran fundadas! ¿Y tú qué? ¿eras su mujer, acaso?
- Su mujer desde hacía tres años y de pronto me dijo hace seis meses que quería ser ahora que ya se podía, mujer y que me dejaba a mi suerte. Le rogué, le imploré que no me dejara encinta y él, ni caso. Pues le he dado su merecido.
Unas sirenas policiales se acercaban a toda prisa. Una idea me asaltó de pronto en mi atormentado cerebro.
-Mujer, ¡vete!, corre cuanto puedas y cuida a tu hijo. De ese maricón me encargo yo.¡No faltaba más!
La mujer se deslizó por la calle trasversal y desapareció.
Yo estaba como si me hubieran dado a oler todo el amoniaco de la fábrica. Me había despertado de la borrachera y maldije una vez más a Alicia, a mi santa esposa hasta que la descubrí con aquél vendedor de mierda, montándola a ella en mi propia casa. Les di una paliza que les deslomé, pero nunca me acusaron ni yo quise saber más de ellos.
- Si ella no me hubiera hecho aquello, yo no estaría allí entre putas, travestís y mujeres burladas.
- Eh, espabila- oigo a mi lado a un poli de gorra de plato y de gran “goma” colgante.
- No estoy dormido, señor agente, sólo algo borracho, pero no estoy conduciendo, sólo haciendo tiempo- intento disimular.
- ¿Ha visto algo? ¿Ha oído algo?- me escupe otro agente, este con gorra del estilo visera.
- Pues hace un rato un maullido de un gato muy fuerte. O eso me pareció.
- ¡Maldito borracho! Fue un grito de una persona- y casi me zarandea el hijo de puta, si no se lo impide el otro, que sería “el poli bueno”.
- Déjalo, no merece la pena. Un testigo así no sirve para el juez. Ya viene la ambulancia.
El ulular de las sirenas me levantó un dolor de cabeza que no sabía que partido tomar. Si irme a mi apartamento de mala muerte o tirarme al río. Como el río no llevaba agua, decidí irme a dormir.

-Luis despierta, ¡despierta!, que ya son las tres de la tarde-oigo que alguien casi susurra a mi oído.
- ¿Quién eres? No te conozco.
- Pero bueno, ¿tan mal te han sentado los cubatas de anoche? ¡Te lo dije! Una copa de Champán, bien, pero los wiskis y los cubatas hace años que no los tomabas. ¡Si es que la nochevieja trae estas cosas!- La voz era de Alicia, a la cual abracé y besé.
- ¿Qué haces, estás loco? Levántate, que ya han llegado nuestros hijos para la comida del año nuevo.
- Ya no voy a beber más porquerías en mi vida. Ya te contaré la pesadilla que he tenido.



Publicado por Lanzas @ 18:36  | Misterio
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Viernes, 08 de diciembre de 2006
Cuento de Navidad


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(Dedicado a todos los que disfrutan o no disfrutan en NAVIDAD, a todos los que creen o no creen en LA NAVIDAD. PAZ PARA TODOS)


El pobre niño que vivía en la chabola de su abuelo “El macuto”, no sabía que era eso de la Navidad.
Tenía cinco años y su abuelo le sacaba de paseo por el Parque de las Delicias, que estaba justo enfrente del poblado de chabolas y nunca le habían llevado a un Colegio ni a eso que llaman guarderías.
Su abuelo decía.
- “Renegrío” ya tendrás tempo “pa” aprender a “leé” y a “escribi”.
- ¿ “Abue”, cómo se escribe “abue”?-le respondía el pequeño.
- No importa “ná”, que más “dá” “renegrío”.
El abuelo había recibido una visita de una asistenta social del Ayuntamiento explicándole que para el curso siguiente tenía que inscribir al niño en el Colegio.
El bueno de “Macuto” se había quedado con el nietecillo, junto a su abuela, que murió el año pasado, después que su hija y el maromo con el que convivió se metieran un chute que les dejara tiesos.
Las asistencias sociales decidieron que los abuelos educaran, ¡que sarcasmo!, al niño hasta los seis años y entonces le buscarían un Colegio con comedor y actividades extraescolares y que siguiera durmiendo en casa del abuelo y viviendo con él en los días de fiesta y vacaciones.

Siendo casi un bebé, le habían regalado por Navidad fruta, jerséis y unos tacos de madera para que montara algo que él no supo hacer nunca. Ahora a los cinco años había visto jugar a los niños en el parque con motos teledirigidas y a las niñas con muñecas que paseaban en cochecitos, que hablaban y hasta orinaban, que él creía de verdad.
- “Abue”, ¿Cómo andan esas”amotos”?
- Son pijadillas de nenes con “parné”. “Pa” cuando seas “mayó”, ya tendrás lo qué “queiras”- le decía el abuelo rechinándole los cuatro dientes que aún tenía.
El niño se llamaba Iván, pero todos le llamaban “Renegrío” por el color aceituna de su piel y por la roña de semanas que arrastraba.

Estas Navidades iban a ser diferentes. Cumplía cinco años y empezaba a entender que unos tenían tanto y otros tan poco, que por no tener no tenían ni para comer.
Si hacia caso a su amigo “El espingarda”, por todos así conocido por su delgadez extrema y que tenía ya siete años muy trabajados en pequeños “negocios”, de trincar lo que podía en los bolsos de los viejos, que se descuidaban en el parque, estas Navidades iban a comer pollo, turrones y mantecados a porrillo.

¿Cómo iban a conseguirlo? El del colmadillo de la calle Zuloaga, que estaba muy distante de su barrio necesitaba un chico para atender a las señoras y llevarlas las compras a casa. Su hermanastro Eulogio, de buena planta y con la ESO ya cumplida se ofreció para ello. Y el Eulogio se lo contó a “el espingarda” y éste a nuestro amiguito, pero con el anuncio de que cuando él estuviera distraído cogerían un poco de aquí y otro más de allí y seguro que se juntaban con un buen capacho de viandas.

El primer día se llevaron un par de latas de sardinas, el segundo sacaron unos mazapanes de la caja que volvieron a pegar, y el tercero una barra de turrón que entre las treinta que se llevaba Doña Remedios, ni se notó.

Los niños animados por el éxito decidieron dar el gran golpe.
Cuándo el Eulogio estuviera llamando a la puerta de una de las señoras que se surtían en la tienda le sacarían del carrillo una de las bolsas y “a correr a toda vela.”

- “Espingarda” te he visto, ya verás mi padre la que te va a dar- oyeron tras de sí los niños al poner pies en polvorosa.
- “Renegrío” corre y metete por la primera bocacalle, que este nos trinca.

Los chavales se escabulleron y en su loca carrera fueron a dar dentro de la Iglesia de Santiago, al final de la bocacalle. El “espingarda”, al que su padre le había apuntado a Religión, llevó a su amiguito a la primera fila y le dijo:
- Arrodíllate y haz como que rezas.
- Vale- dijo el niño tiritando de miedo y espanto. Era la primera vez que entraba en un templo y estaba impresionado.

El niño Jesús, casi a tamaño natural rodeado de un mulo y una vaca le tenían junto al Altar.
Y la impresión de lo que vió el niño le hizo exclamar:
- Ese bebé es más pobre que yo, está “aterio” en unas pajas y no tiene “pa””come” ni “pa na.”
Yo le doy la bolsa, “espingarda” con los turrones y el pollo.
El chavalillo se acercó sin más al pesebre y allí desparramó lo que acababa de robar.
La gente que estaba rezando se quedó estupefacta. No parecían posibles en pleno siglo XXI esas cosas.

El cura interrumpió el rosario y se dirigió al niño Iván, mientras el otro salía de la Iglesia corriendo.

- ¿Cómo te llamas?, no tengas miedo, el niño Jesús no abandona a los niños pobres.
- Me llamo, me llamo,… bueno el abuelo me puso “Renegrio”.
- Este niño bien merece la colecta de hoy y todo lo que podáis dar.
Enseguida dos mujeres se pusieron a recoger para el niño lo que la gente de la Iglesia daba en cantidad.
El cura junto con una de las mujeres que ayudaba en la iglesia metieron al niño dentro de la Sacristía y entre llantos y risas, por los nervios, le sacaron que vivía en las chabolas de Las Delicias.
Discretamente el cura llamó a la Policía local y les explicó que llevaran al niño a su casa y que por nada del mundo le dijeran algo al abuelo de lo sucedido. Que le contaran que se había perdido y que él le había encontrado.
- Mañana vamos a verte para llevarte las cosas de Navidad. No llores y sé valiente, que estos señores no te van a hacer daño.
La policía llevó al niño junto a su abuelo y las viandas robadas a su dueño, explicando a Eulogio que se callara, que todo estaba arreglado.

Al día siguiente una furgoneta se paró junto a la chabola de “El macuto”, que no conté que así se le conocía porque siempre llevaba una mochila donde metía todo lo que fuera menester. El niño salió de la casa alborozado y un poco temeroso. Del vehículo bajaron Don Fermín, el cura, una señora y dos jóvenes con varias cajas sobre unas carretillas.
- Le ha tocado la lotería abuelo- le dice uno de los jóvenes- aquí traemos de todo.
- Mire señor, su nieto es un cristiano de verdad aunque usted no lo sepa y en la parroquia hay muchos, aunque yo ya lo sabía. Todos han dado algo para ustedes- le cuenta D. Fermín.
- Si no tengo “do” ponerlo. No tengo “na” de sitio, ni nevera, ni “na.”
- No se preocupe aquí le traigo unas llaves de una casita que le van a pagar el alquiler los de Cáritas de por vida. Pero eso si, el niño va a partir de mañana a la Escuela de los Padres Carmelitas con una beca y va a estudiar hasta donde quiera.
- ¿Eso qué es “abu”, es malo eso de “estudiá”?- dice el niño sacando una pelota de una de las cajas tan grande como él- mira abuelete, mira que pelota tan grande.
- No hijo, es lo mejor “pa”que seas un hombre de provecho y no un “desgraciao” como tu padre o tu abuelo.

Esa noche y muchas más ni el abuelo ni el niño pudieron dormir, pero les daba igual. Colocando todo en su nueva casa ni se cansaban y pusieron a un niño Jesús sobre el aparador y nunca lo quitaron. Rezaban y le pedían para todos los niños pobres del mundo. En la calle se oían los villancicos y la canción de “El tamborilero”.



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Publicado por quijote_1971 @ 0:58  | Costumbres
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Jueves, 07 de diciembre de 2006
Rumbo a lo desconocido



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Entraba en aquella web como en tantas otras por mera curiosidad y sí que me pareció extraño que tardara en abrirse, porque tengo un navegador super-rápido. Pero en fin, como aquí hay muchos entendidos sobre esto, seguramente es lo mismo que pasara o no.

Al fin estaba dentro, era www….lavictoria.com y al abrirse se desplegaban cuatro iconos: 1) prólogo; 2) discusiones; 3) confrontaciones y 4) Victoria.
Una vez que dejé actuar al antivirus, por si las moscas, pinché en prólogo, porque me gusta ser ordenado.
Una larga explicación de cómo la autora de la web había sido traicionada por su amante y cómo ella misma había sorprendido en el lecho a los traidores. Se podían ver a su vez cuatro fotos, con los rostros difuminados en actitudes comprometidas. No le dí mayor importancia y pasé al segundo icono.

Al entrar, una especie de teatro con muchas butacas vacías parecía rodear al visitante y una lectura sobreimpresa indicaba que ella se había encarado con el infiel y le insultaba gravemente, mientras él se limitaba a defenderse diciendo que la muchacha se le echó encima y no pudo quitársela. Las frases construidas con PowerPoint salían y entraban en el ordenador de forma impactante.

El tercer icono, que todo hay que decirlo, era una gran ballena blanca sobre la que estaba escrito: CONFRONTACIONES.

Entré y aquello era un video. Una pelea tremenda en la que una mujer arrojaba toda clase objetos a un varón y éste se protegía como podía con las manos y escondiéndose detrás de un sofá.
Los jarrones, los platos, los cuadros, las fotografías, todo, lo que se dice todo, volaba por los aires.
En un momento dado, el varón coge un gancho de la chimenea y lo arroja hacia la mujer. Queda tumbada en el suelo y él se acerca a ver. La cámara es muy mala y entre rayas y niebla se puede ver al individuo que coge de nuevo el atizador y se lo clava a la mujer en el pecho. Un chorro de sangre inunda la estancia y un grito estridente me aterra.
Después el video se desconecta de forma automática y picado por la curiosidad voy raudo al cuarto icono.
La Victoria de Samotracia es el gancho en el que la mano menudita despliega el siguiente relato escrito en rojo:
“Soy Mónica la autora de esta web. No sabía como librarme de mi marido maltratador, perverso, pendenciero y mujeriego e ideé tenderle una trampa. Si conseguía hacer creer que el del atizador era mi marido y que le gravaba alguien su hazaña, pensé: “estaba salvada” Y de acuerdo con Toni, que no viene al caso decir quien es, rodamos el video y lo presentamos a la policía. Ahora detenido mi marido, están buscando mi cadáver y yo en la gloria, de vacaciones. Espero que tomen nota de lo que tiene que hacer todas las mujeres amenazadas y forzadas.”

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Publicado por quijote_1971 @ 0:33  | Misterio
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S?bado, 02 de diciembre de 2006

"EL CHUFLA"

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“El Chufla”

El “chufla” es un mendigo harapiento, que apenas come y que vive en los bancos del parque. Un abrigo hecho jirones y unos pantalones mugrientos son su indumentaria.
Le llaman el “chufla” los chicos del Instituto cercano, desde que el Profesor de Literatura les hizo aprender el “Piyayo” y se les quedó lo de “A chufla lo toma la gente,…”, y le han apodado así.
Lo que no saben, como yo, es que este mendigo fue en otro tiempo un joven esbelto, bien vestido y con dinero.

El hombre se ha dejado crecer unas barbas que le llegan a la cintura. Sus pelos están engreñados y asusta a las niñas y jovencitas que pasean por el parque, Él no las hace nada, ni las mira. Su mirada está perdida hacia la profundidad del paseo y parece ciego. ¡Ni se inmuta cuando le llaman “chufla”! A él ¿Qué le importa esta vida absurda?

Este ser, fue una persona más elegante que nosotros. Iba a las fiestas bien trajeado y con camisas de seda, corbatas de ensueño y zapatos de charol.

Es una persona repelente ahora. Huele mal, no se lava, ni se asea. Hace unos días unas mujeres le denunciaron por estar en los bancos del parque.
- No hay caso, señoras. Él no se mete con nadie- les dijeron los guardias.
- Huele muy mal y está sucio- replicó una señora.
- Peor huelen los zorros del zoo y le gustan. Ya le llevamos al refugio, pero se escapa y duerme en el parque. Pero no molesta a nadie.

Y así quedó la cosa. Lo que no reconoció aquella señora es en aquél ser ahora despreciable a Miguel Romos Hurtado, el elegante Don Miguel. El que hacía suspirar a las jóvenes de toda la ciudad cuando paseaba pero ninguna se le acercaba porque iba acompañado.

Yo he visto a algún hombre traerle platos de comida y ni los ha probado y se los ha quitado otro mendigo o él mismo se los ha dado sin una mueca. Hace poco le vi meter unas monedas en el cepillo de la Iglesia, que le habían dado antes. Bueno, no dado, porque no coge nada. Se las habían dejado en el banco junto a su carrito que ni llega a ser maleta, que tiene siempre a su lado.
Yo sé lo que lleva en su carrito. Un día se lo quisieron quitar y tuve que intervenir. Al forcejear con el impertinente, el contenido se cayó al suelo en parte y pude ver unas fotos de una mujer muy hermosa y otras en las que estaba él cuando iba elegante, con dos niñas rubias como querubines.

Unas bufandas raídas y un suéter de señora de color rojo es cuanto pude vislumbrar, de ropas. Pero intuí que algo más guardaba de ellas.

Don Miguel se enamoró perdidamente de Leonor Duque, una mujer exuberante, que irradiaba felicidad y buen humor por donde pasaba.

Se casaron y tuvieron dos hijitas de trenzas rubias como su madre y cariñosas y listas como su padre. Iban a todas partes juntos y la gente les quería y les admiraba. Eran la familia perfecta y envidiable.

Un día ocurrió una tragedia. Cuando iban a celebrar la Primera Comunión de las niñas, después de salir de la Iglesia, Don Miguel, como casi siempre, condujo el coche hacia el restaurante. Había alquilado uno muy elegante en lo alto de la colina.
Nunca se supo porqué, pero el coche se despeño y murieron las niñas y la madre no pudo superarlo y se suicidó a los pocos meses de la tragedia.

El “chufla” perdió la cabeza, No pudo ni matarse. Se culpó de todo y se dio a la bebida y perdió el sentido de la orientación. No sabía volver a su propia casa.
¡Qué le importa que le llamen “chufla”! ¡Sólo oye en su cabeza el chirriar de los frenos imprecisos y el llanto de las niñas! A su mujer la ve, en el paseo, venir hacia él, pero no puede abrazarla porque viene a culparle, por matarlas.

El mendigo es una persona sin horizonte, sin casa, sin sitio en la vida. Amó por encima de lo normal y se quedó sin nada. ¡Todo se lo llevó aquella carretera infernal!


Publicado por Lanzas @ 1:00  | Familia
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