Viernes, 29 de diciembre de 2006
La hu?da del inocente-Cap?tulo III

Imagen

Ana no pod?a esperar a que Pepe llamara y se adelant? a ?l.


- Son las doce, Pepe, y te llamo porque s? que ahora est?s descansando unos minutos- dice una Ana algo temblorosa-mis padres y yo hemos le?do el peri?dico y queremos ir a la polic?a.
- Si, si, id, que yo ir? a las tres, en cuanto salga de aqu?. Es m?s, voy a pedir permiso a mi Jefe para salir un poco antes. Iba a llamarte yo ahora mismo. Oje? la prensa al entrar. Es algo muy raro.
- No te preocupes. Nosotros no hemos hecho nada malo. Supongo que la polic?a tendr? conocimiento de casos parecidos. No s?.
- Mira Ana, di a tus padres y a la polic?a la verdad. Es como se evitan los problemas. Ese hombre no quiso ir a la Comisar?a. Te quiero pocholita, te quiero. Y vamos a casarnos en cuanto termine la carrera.
- ?Por qu? me dices eso ahora? Ya sabes que yo tambi?n te quiero y hoy estoy deseando verte de nuevo. Te espero en la Comisar?a. Un beso.
- Un beso muy fuerte, amor.

Los padres de Ana le esperaban arreglados en la entrada. Ella r?pidamente se compone con un su?ter y vaqueros dirigi?ndose casi corriendo hasta la puerta. El padre coge las llaves del Audi y les lleva a la Comisar?a central de M?laga.

- Presenten sus DNI por favor- les dice el polic?a de la entrada- si quieren poner una denuncia.
- Bueno, denuncia no es. Es dar parte sobre, digamos, un descubrimiento, soy Faustino Santill?n, estas son mi mujer e hija.
- Es lo mismo, pasen al despacho de denuncias, all? les atienden.

Una sol?cita polic?a les dirige a una mesa donde ella y otro agente controlan en un ordenador todo lo que se dice.
- Mire anoche el hombre que dicen los peri?dicos y la radio le dejamos vivo y no quiso que di?ramos cuenta a la polic?a de que alguien le hab?a asaltado.
- ?C?mo sabe que es el mismo hombre?-interrumpe la agente.
- ?Claro! Puede no serlo. Pero le sacamos del saco y le dimos agua en una botella.
- Voy a tener que pedirla que en el Dep?sito de Autopsias identifique el cad?ver.
- ?Perdone, puede esperar que llegue el novio de Ana, que va a venir para confirmar todo!-interrumpe D. Faustino.
- Bien, pero cada uno por separado.
- ?Est?n inculp?ndonos de algo?-pregunta la madre.
- No, s?lo que tenga en cuenta que puede haber habido abandono de asistencia a un accidentado- dice la agente con gesto serio.
- Bien, voy a contarles todo lo que s?-asevera Ana.
Y la joven sin omitir nada da cuenta pormenorizada de lo que aconteci?. De vez en cuando la agente le interrump?a para reafirmar lo de la botella y lo de que el Sr. Lozano, seg?n dijo, no quiso recurrir a las autoridades para dar cuenta del asalto sufrido.
- Tendr?n que esperar a que el Inspector Mu?oz conozca esto y les reciba y acompa?e al Tanatorio del Cl?nico donde se realizan las Autopsias, pero pueden ir a comer algo, ya que son casi las dos de la tarde y luego volver. Les esperamos a las tres, si les parece- les comunica la agente.
- De acuerdo, as? volvemos con mi novio.
Saliendo por la puerta Ana llama a Pepe:
- Ven en cuanto puedas, tenemos que volver a la Comisar?a a las tres. Vamos a la Cafeter?a del Corte Ingl?s y all? hablamos.
- Muy bien. Dame un toque en cuanto llegues.
A las dos de la tarde ya est?n todos juntos, pidiendo unas fuentes variadas para sin muchas ganas, comer algo. Apenas hab?an pasado unos minutos cuando Ana se levanta y se acerca a Pepe que aparece por la entrada:
- Pepe, estoy muy asustada-le dice abraz?ndose a ?l de forma ostensible.
- No te preocupes, Pocholita, t? sabes que nosotros somos inocentes del todo.
- Bueno acomp??anos a comer y vamos enseguida con el Inspector Mu?oz.

El veterano polic?a, que le tocaba el servicio de guardia ese s?bado, aparentaba estar cansado. Pero qui?n conozca bien al Inspector Mu?oz, sabe que su apariencia enga?a.

- ?Buenas tardes, Merche!?Citaste a los Santill?n a las tres, no?
- Claro que s?, les veo algo perdidos, pero son buena gente, veremos a ver el novio de la ni?a, Inspector.
- ?Cu?ndo me llamar?s Jos? Luis?
- Es que me da mucho respeto, usted lo sabe. Yo acabo de salir de la Academia y usted lleva veinte a?os en esto.
- Vale, volviendo al tema, ya he le?do lo que hay. No te f?es de ?la buena gente?: Muchos ocultan algo nada bueno.

El Inspector Jos? Luis Mu?oz, ten?a el siguiente rompecabezas ante s?:
Un muerto dentro de un saco, posiblemente debido a un golpe con algo contundente, del tipo llave inglesa grande; el saco era de ropa sucia de tipo industrial, que usan en las lavander?as para el transporte. Un agente que le cuenta que hay muchas huellas de neum?ticos cerca de la acera. Una botella de agua mineral junto al hombre y un nombre: Roberto Lozano, que se est? comprobando. Y encima la familia Santill?n sabiendo algo del caso. Para volverse loco, si ?l no estuviera convencido de que las cosas nunca son tan complicadas como en principio parecen.

-Veamos-le pregunta a Jos? Minguez ( Pepe)- ?le reconoce como el que dijo llamarse Rodolfo Lozano?
- Si lo es.
Y la chica, que va cogida por la agente, para evitar que se caiga, le dice lo mismo.

- ?Se ratifican en todo lo contado hasta ahora?
- Naturalmente.
- Hasta tener el lunes el resultado de la autopsia no podemos decir nada m?s. Pero no pueden abandonar su actual direcci?n y adem?s tenemos que entrevistar a sus amigos de anoche. Pero no se preocupen, creo que podr? resolver este misterio.
El Inspector Mu?oz no estaba convencido de lo que dec?a, pero no le gustaba asustar a nadie.

Pepe y Ana ese fin de semana lo pasaron en casa de los padres de ella.

El peri?dico del domingo publicaba.
?El hombre muerto que apareci? la noche del viernes en un saco junto al r?o Guadalmedina ha sido identificado como Rodolfo Lozano Peinado, que no tiene nada que ver con un conocido hombre de negocios del mismo nombre y primer apellido, sino que aqu?l estaba siendo buscado por orden judicial desde hac?a tres meses por ser sospechoso de intervenir en el asalto al furg?n blindado de Furblisa, conocida empresa de transporte de dinero de entidades bancarias.
El tal Lozano, como recordar?n, era el empleado que conduc?a el furg?n y dej? amarrados a sus dos compa?eros en los Montes de M?laga y desapareci? sin dejar rastro del dinero.?

Continuar?

Publicado por interazul @ 20:38  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 27 de diciembre de 2006
La hu?da del inocente-Cap?tulo II

Imagen

Pepe casi se desmaya. Intent? disimular, pero Loli, la del puesto de prensa se dio cuenta de que algo le pasaba:
- ?Te encuentras bien, Pepe?- le pregunta.
- Si, si, es que apenas he dormido esta noche, llev? a Ana a tomar unas copas con unos amigos. Ya sabes siempre nos pasamos de hora. Y t? ?qu? tal?
- Bien,? bueno- duda la joven- ya sabes que me dej? tirada el tonto de Niko.
- Bueno ya hablaremos, que ya van a abrir- le anuncia un Pepe consternado.
??No pod?a creerlo! ?Ser?a una casualidad??Se tratar?a de otra persona? Quiz?s, pensaba, deber?amos haber dado cuenta a la polic?a aunque ese hombre no quer?a. A ver si nos culpan de algo. Tengo que llamar a Ana. Bueno mejor no preocuparla. ?Ya veremos a las tres que termino mi turno de hoy! ?
Mientras el joven pensaba todo esto, su novia Ana no pod?a pegar ojo. La hab?a impactado sobremanera el encuentro tan extra?o de aquella noche. No pod?a olvidar la expresi?n de aqu?l hombre mal herido bebiendo el agua de la botella que le dej? Pepe.
A las 9.45 se levant? a tomar un vaso de leche, ya que no pod?a soportar la soledad. De buena gana llamar?a a su novio, pero ya estar?a en su trabajo y no deb?a llamarlo. Ya lo har?a ?l en el descanso como todos los d?as.
Al llegar a la cocina, vio a su padre, que siempre le gustaba madrugar, aunque no tuviera que ir a trabajar, leyendo la prensa del d?a.
- Buenos d?as pap?.
- Hola hija, ?qu? tal anoche?
- Bien, volvimos pronto, porque hoy trabaja Pepe hasta las tres, me voy a poner a estudiar que pronto tengo ex?menes- pensando en que corr?a el mes de mayo y enseguida ten?a que dar cuenta de sus conocimientos de Inform?tica, carrera que le gustaba mucho.
- ?No tuvisteis ning?n incidente? Aqu? en el diario dice que ha aparecido un hombre muerto dentro de un saco en la calle Alemania, junto al r?o Guadalmedina.
La joven por un pelo no se cae de espaldas
-?C?mo dices, pap??- balbuce?, agarr?ndose a la mesa de cocina para no precipitarse en el suelo.
- Pues que esta madrugada, a eso de las cuatro han encontrado a un hombre dentro de un saco. No ha sido identificado.
- Pues pon la radio. En la COPE dan noticias de M?laga cada hora, creo.
- Si eso har?. ?Te encuentras bien, Ana, te veo muy p?lida.
- Es que estuve anoche con los amigos ya sabes, bueno que tengo que estudiar. Luego nos vemos. ?Vas con mam? a comprar, como todos los s?bados?
- Si, si claro, dime algo que necesites, que no sean coca-colas, pastelillos de hojaldre y pan de molde. ?Qu? eso ya lo se!
- Pues no, nada, voy a saludar a mam? que se encuentra recogiendo el dormitorio vuestro.
Ana sube deprisa a la parte alta de la casa y se echa a llorar abrazando a su madre.
- ?Qu? te pasa hija? ? pregunta la madre, una mujer bien parecida, de cincuenta y cinco a?os de edad, con el pelo rubio muy cuidado, y que se llama Julia.
- Ver?s tengo que cont?rtelo. Esta noche ocurri? algo cuando fuimos a buscar el coche de Pepe.
- ?Cu?ntame todo lo que sea!- dice sent?ndose en la cama y llevando a su hija junto a ella.
- Cuando llegamos al lado del coche, hab?a un saco con un hombre dentro.
- ?Virgen santa!-le interrumpe la madre-?pero vivo o muerto?
- ?D?jame cont?rtelo de seguido que si no, no voy a poder!

Y as? la hija narr? todo lo que les hab?a ocurrido. Al final se ech? a llorar de nuevo. La madre se tom? un minuto para pensar:
- Vamos a cont?rselo a tu padre, llamas a tu novio y vamos a la polic?a a contar la verdad.
El padre est? asustado. Acaba de o?r en las noticias de las once que el hombre era un conocido hombre de negocios y que hab?a sido asesinado por un golpe asestado con alg?n objeto contundente, es posible que una llave inglesa grande o un gato de coche o algo as?. Ten?a una botella de agua en la mano.
- ?Una botella de agua?- pregunta Ana, recordando que le dieron la que ten?a Pepe en el coche, cayendo sobre el sof? aturdida.
Continuar?

Publicado por interazul @ 17:25  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Domingo, 24 de diciembre de 2006
La hu?da del inocente.

Cap?tulo I

Imagen

La hu?da del inocente.

Cap?tulo I
Eran las tres de la madrugada, cuando empiezan los viernes a retirarse algunos j?venes a sus casas despu?s de una noche de botell?n. Los que a?n trabajan los s?bados, porque los estudiantes y algunos otros ya no se retiran hasta las ocho e incluso m?s, despu?s de desayunar el chocolate con churros o el caf? bien cargado con bollos que da el Eulogio, en su cafeter?a de la Plaza de la Merced.

En esas noches c?lidas del M?laga de primavera, es f?cil ver las calles del Centro repletas de j?venes que se divierten a su manera, pero que a veces no lo hacen tanto si surge alguna pelea.

Ana y Pepe eran novios desde hac?a al menos dos a?os, cuando se conocieron en una de las fiestas de la Facultad de Derecho y se encandilaron de muy buena forma. Como Pepe trabajaba en una gran superficie y los s?bados es d?a de ?curro?, se dispuso a acompa?ar a su novia a casa, en el utilitario que hab?a comprado con muchos apuros.
Lo hab?a aparcado en una calle al lado del r?o Guadalmedina, casi en su desembocadura. Hac?a all? se dirig?an despu?s de despedirse de los dem?s, que eran Luis y su novia Mar?a, Carmen y su nuevo acompa?ante To?o. Al llegar cerca del coche, Pepe nota como un saco grande apoyado junto al pretil del r?o, el cual por cierto s?lo lleva unos regueros de agua a los costados. De pronto observa un brazo humano asomando por la boca del mismo. Para que Ana no se asuste la coge por la cintura y la da la vuelta, pero ya es tarde. Ella lo ha visto tambi?n a la luz de la farola cercana. Es dif?cil sustraerse del macabro espect?culo.

-?Qu? hacemos, Pepe? ?Nos vamos como que no hemos visto nada?-dice una asustada Ana.
-?Y si alguien se da cuenta? Espera, que algo se mueve-responde el joven.

El brazo cada vez estaba m?s fuera del saco y los j?venes no saben que hacer. Y de pronto una voz:
- ?Sacadme de aqu?, os dar? todo lo que poseo, pero no me mat?is!-
- No, no se apure, le ayudamos a salir- dice Pepe con mucho miedo.
Y cogiendo con decisi?n el saco, lo deposita con cuidado en la acera, y abre la boca del mismo. Un hombre ensangrentado asoma o para m?s bien decir, se desliza sobre la acera, junto al coche de Pepe. ?ste abre el coche y saca una botella de agua que siempre lleva en el asiento de atr?s y se la ofrece al desgraciado del saco.
- Me llamo Roberto Lozano y vivo en M?laga, en la barriada de La Paz, y un loco me ha robado todo lo que llevaba encima, me ha dado una paliza y me dej? sin sentido- y tomando la botella de agua que le ofrece el joven se la echa por encima de la cabeza.
El joven malague?o est? asustado. No entiende nada. Cree que debe llamar a la polic?a y as? se lo comunica al Se?or Lozano. Y este grita:
-?La polic?a, no! Lo complica todo.
- Pero si le han asaltado, debe denunciarlo, ?vamos, digo, yo!-le dice una Ana cada vez m?s asustada.
- Mira, Ana, nosotros nos vamos porque a este hombre no se le ofrece nada- le dice Pepe, mientras la coge de la mano y la introduce en el coche.
Sin apenas tiempo para reaccionar, el tal Lozano, intenta asir al joven por el brazo, pero ?ste entra r?pido en el coche y lo pone en marcha. Llegando al cruce con la Alameda Principal, rodeada de los grandes ficus caracter?sticos de M?laga, los j?venes respiran tranquilos.
-Ana, no comentes nada de esto, porque me temo que nos traer?a complicaciones, si el desafortunado ese no ha querido dar cuenta a la polic?a es que tiene algo que ocultar.
- Ya lo creo, me parece muy extra?o que herido y todo se negara. Ya no voy a poder dormir esta noche, pensando en todo esto, pero no comentar? nada.

Eran ya cerca de las cuatro de la madrugada, cuando llegaron a la casa de Ana, en El Palo. La joven entr? r?pidamente en su casa sin apenas despedirse de su novio, que le acompa?? hasta la puerta. Pepe le dijo adi?s con gesto de preocupaci?n en la cara, pero pensaba que al d?a siguiente todo estar?a olvidado.

Lleg? a su apartamento, comprado por sus padres cuando era estudiante de Derecho. Pensaban cuando lo adquirieron, que en ?l ejerciera de Abogado en un futuro.
Estaba situado en el Centro de la ciudad, en la calle Esperanto, lo que le ven?a muy bien para su trabajo actual en los grandes almacenes pr?ximos.
De todas maneras pensaba usarlo como bufete cuando terminara sus estudios, que ahora simultaneaba con su trabajo. Conect? el ordenador y se puso a navegar por los foros y chats sin ning?n sentido, hasta que casi amaneci?.
Apenas durmi? unas dos horas cuando el despertador le anunci? a las 9.30 que ten?a que ir corriendo a su trabajo.
Cuando lleg?, en el departamento de relojer?a, que se encontraba cerca del expendedor de prensa, hizo lo que siempre le gustaba, hojear el diario Sur y pudo leer en ?ltimas noticias:
?Esta madrugada ha aparecido asesinado un hombre junto al Guadalmedina, estaba dentro de un saco junto al pretil del r?o. No ha sido identificado a?n a estas horas, que son las cuatro de la madrugada.?

Continuar?
?

Publicado por interazul @ 20:28  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 23 de diciembre de 2006
Amor sin contrapartida.

Imagen


Jennifer era una chica nada corriente. Sincera, guapa, estudiosa, buena hija y mejor nieta. Estudiaba tercero de Derecho en la universidad de M?laga y todos los d?as iba a comer con sus abuelos que eran muy mayores, para hacerles compa??a y aprovechaba para ayudarles en las compras, en recogida de ropas y adem?s los d?as de fiesta les acompa?aba al parque un par de horas.

Viv?a con sus padres en un pueblo del interior y llegaba los d?as de clase con el tiempo justo para recoger su habitaci?n y estudiar todo lo que pod?a, porque quer?a ser una buena abogada como su madre y compartir bufete.

Jennifer ten?a un solo defecto, era muy t?mida a la hora de demostrar sus gustos a un muchacho. De hecho hab?a salido con tres chicos de forma muy breve y no le gustaron nada. Les encontraba simples, aburridos, superficiales y s?lo con ganas de hacer el amor y despedirse para buscar otra conquista. Ella quer?a un amor de verdad. Como hab?a visto en sus abuelos y sus padres. Le llamaban anticuada, no?a y dif?cil.

V?ctor era un muchacho retra?do y muy introvertido. Estudiaba cuarto de Medicina en la Facultad que est? justo al lado de la de Derecho. Estaba sacando unas notas fuera de lo corriente y hasta sobresaliente en Anatom?a, que era de las m?s duras del curr?culo.
Viv?a con su madre, una mujer viuda y muy deprimida a la cual acompa?aba cuanto pod?a. Apenas iba con los amigos a las Pizzer?as y a los cines. Alguna vez de ciento en viento se le ve?a con Rufi, Jenaro y Santi, que eran sus amigos del Colegio y con los ?nicos que compart?a diversiones.

El caso es que a Jennifer le gustaba V?ctor desde que le vio pasar por delante de su Facultad el primer d?a de curso del a?o pasado. ?l levant? la vista y su mirada t?mida como la de ella le cautiv?. Por supuesto durante d?as y d?as se cruzaron en la cafeter?a y al ir a recoger el coche en el aparcamiento general.

V?ctor desde el primer d?a que se cruz? con Jennifer se enamor? de ella al estilo que ?l sab?a, plat?nico. Empez? a escribir poes?as dedicadas a ella y no se las entregaba. Se contentaba con intercambiar miradas que incluso le parec?an obscenas. No se atrev?a a mirarla por debajo de la cintura, que era como la de una artista, pensaba ?l, por miedo a no volverla a ver. Un d?a de primavera, al ir a coger su coche ford que hab?a dejado justo delante de Derecho, se dio cuenta de los pechos tan sugerentes que nada ten?an que ver con los de los apuntes de Anatom?a y las piernas al entrar en su coche y ella estar muy cerca cuando entraba en el suyo, le parecieron cinceladas en bronce por un Miguel ?ngel.

Jennifer segu?a con su vida rutinaria y cada d?a m?s dedicada a los estudios. Como ya pasaban dos cursos casi completos y el muchacho aqu?l no le dejaba ni una nota en el limpiaparabrisas ni nada de nada, se cans? de esperar y decidi? ser ella la que iba a tomar la iniciativa.
Decidi? dejarle el n?mero del m?vil pegado a su coche con su nombre y esta inscripci?n:
?Soy Jennifer, la chica con la que desde hace dos a?os te cruzas por los paseos de la Universidad, en la cafeter?a, en la Biblioteca y no s? en cuantos sitios m?s. Ll?mame, quiero conocerte.?(n?mero)
Lo pens? durante dos d?as antes de dar el paso de pegarlo con algo que durara hasta la salida de las clases. A veces el viento o alg?n gracioso hacen de las suyas y ten?a que asegurarme.

Lo peg? debajo del limpiaparabrisas con un chicle y as?, pens?, seguro que tiene que cogerlo para ver que es.

Los d?as pasaron y no recibi? llamada alguna.

Cuando V?ctor se sent? en el asiento del conductor vio sobre el cristal un papel ligeramente arrugado y bastante sucio. Puso en acci?n el limpiaparabrisas y sali? despedido por los aires.

Publicado por Lanzas @ 19:36  | Amor
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 22 de diciembre de 2006
Locura interminable-Cap?tulo V y ?ltimo.
Imagen

Al principio pens? en abandonarla en la lancha sin combustible, despu?s en abrir una v?a de agua suficientemente alejados de la costa y que nos hundi?ramos juntos hasta las profundidades.
Todos los proyectos los desechaba, porque lo importante es que ella supiera que yo era Rodolfo antes de matarla. Mejor ser?a dejarlo al capricho del destino. Adem?s, estaba radiante. Parec?a haber comenzado una nueva juventud. Mis halagos y caricias la ten?an jovial y contenta.

- He alquilado una lancha para ma?ana y quiero que demos un paseo por todas las playas de Canc?n, hasta Isla Mujeres, antes de irnos a Madrid de forma definitiva.
- Como quieras, mi amor, a mi me gustar?a vivir aqu? siempre; en Madrid me da miedo la posible existencia de Rodolfo.
- Madrid es muy grande y no nos cruzaremos con ?l si no quieres.

Esa noche mientras nos acarici?bamos ella vio en m? a Rodolfo.
- ?C?mo es posible, eres Rodolfo!- grit? angustiada.
- No, soy tu Luis, amor-dije convirti?ndome de nuevo.

As? estuve jugando hasta que consegu? desconcertarla del todo:
-?Teresita, vas a pagar el da?o que me hiciste!- dije con voz de ultratumba, como pose?do.
- ?Teresita??Me llamas Teresita??Qu? da?o te hice?-me contest? entre sollozos.
- Nada, nada, ma?ana disfrutaremos de la vida c?mo te mereces.

A la ma?ana siguiente, sal? temprano para ultimar lo de la lancha y consegu? un peque?o yate que yo mismo iba a pilotar. La salida era desde Isla Tortugas. Me cost? un buen pellizco, pero el dinero que ten?a escondido en las cuentas secretas de Rodolfo era un manantial inagotable.

Cuando apareci? Telele, maravillosa, inigualable, con un pareo estampado de mil colores encima del bikini que exaltaba sus curvas de ensue?o, no pude por menos de exclamar:
-?Preciosa!, me dejas el esp?ritu encogido y el cuerpo desgobernado.
Llevaba una bolsa playera con gracia, sobre el hombro izquierdo en la cual supon?a algo m?s de ropa, como otro bikini y alg?n conjunto para vestirse al atardecer.

Yo parec?a un tonto con mi mochila que conten?a las llaves, y algunas ropas recogidas a toda prisa. Los que me alquilaron el yate me aseguraron que ten?a toallas, bebidas y comida r?pida. La radio del mismo estaba revisada y me previnieron de que no me alejara demasiado de la costa, porque las tormentas tropicales son muy traidoras y algunos tiburones muy carn?voros.

La brisa del mar me encanta y a Telele le enloquece. Seg?n nos alej?bamos de Isla Tortugas su pelo suelto al viento era como una cortina de lujuria y de deseo.

Cuando est?bamos entre los dos puntos equidistantes, par? el motor y me acerqu? a Telele.

- Quiero hacerte el amor aqu? mismo. Sobre la cabina del yate y rodearte con mis brazos para que sepas quien soy en realidad.
- Te amo, Luis, te quiero desde que te vi en el hall del hotel.
La abrac? con pasi?n y cuando mis labios se acercaban a los suyos, un Rodolfo impetuoso la hizo caerse derrumbada.
- ?C?mo?, ?me estoy volviendo loca? Te veo como Rodolfo.
- Soy Rodolfo. Volv? para vengarme pero no puedo.
- Es algo imposible. Te dio un infarto en el pasillo de aquel hotel. Yo te dej? en el suelo como muerto
- Soy Rodolfo. Muerto y reencarnado para hacerte notar desde el otro mundo que puede haber justicia, pero te amo.

La enlac? entre mis brazos y mis labios mordieron los suyos de forma delicada. Creo que la asfixi? al meterla la lengua hasta el paladar y en ese abrazo mortal gir? sobre mis pies y salt? por la borda sin soltarla.

Los cristales salinos nos recibieron en el momento en que una gran ola volcaba el yatecito sobre nuestras cabezas.
Nuestros cuerpos desnudos, acoplados uno en el otro, descendieron lentamente en la inmensidad del oc?ano. Los peces de colores nos acompa?aron en nuestra ca?da y las algas nos rodearon velando nuestra desnudez.

Mi cuerpo no era el de un fantasma. En alg?n lugar Luis recuperaba el suyo y yo como Rodolfo mor?a al lado de la que fue mi amor desde ni?o.

Entonces si mor? de verdad y lo hice sin ning?n remordimiento de llevarme a la bella mujer que me hizo cambiar en su d?a y no supo hasta entonces corresponderme.

La espuma de las olas abrig? para siempre nuestro abrazo y no s? m?s de nosotros.
FIN

Publicado por quijote_1971 @ 13:40  | Dramas
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 21 de diciembre de 2006
?No me mates!

Imagen

Yo no hab?a pedido ser engendrado, pero mi padre se empe?o en dar aquella bebida a mi madre, que la obnubil? y no se preocup? de poner medidas para evitar, que el d?a de la ovulaci?n, se dejara penetrar de aquella manera.

Apenas una m?rula incipiente el quinto d?a de mi existencia impido que mi madre pueda ovular m?s y el ?tero donde me encuentro engendra vasos sangu?neos que me recubren y algo llamado placenta y que me servir? de paso del alimento, cambia completamente a mi madre. Ella a?n no sabe que existo, pero yo siento que dej? de ser el capricho de un espermatozoide. Y esto, al quinto d?a.

A la siguiente semana, un cord?n me sale y entra de m? incipiente cuerpo y a la siguiente, con tres semanas de vida ya mi madre se da cuenta, se marea, siente n?useas y no la llega la menstruaci?n. Y lo m?s grande, ya tengo un corazoncito que me empieza a latir al un?sono con el de mi madre.

A las cuatro semanas algo dicen de m?. ?No me quieren? ?Llegu? en momento inoportuno??Oigan, oigan!, yo tengo una vida que depende de ti, pero mis piernas empiezan a crecerme y pronto te dar? una patadita. Mis ojitos son peque?os, y mis orejas diminutas, pero os oigo.

A la quinta semana un electrocardiograma te dice que todo va bien.?Por qu? le dices al doctor qu? no me quieres? ?Qu? te he hecho, yo? Te alter? tu cuerpo, pero bien te lo pasaste con mi padre, recuerda. Yo quiero ser doctor tambi?n para curar a los ni?os como yo, que no tienen ni cuerpo d?nde vivir.

Con siete semanas de vida, con todos mis ?rganos creados, me siento un personajillo encantador. Hasta me hice pis, para ensayar.

S?lo tengo cuatro cent?metros una semana despu?s, pero mis huellas dactilares ya son s?lo m?as y mis ciento diez huesos de nadie m?s.

Mi padre dice que no me quiere. Que me maten sin m?s. S? que t? te resistes, que me notas dentro y que te han metido en la cabeza, que me elimines. ?No te hablan de montones de madres que me esperar?an cuando salga!?Nada! Lo has decidido y yo con dos meses y medio de vida ya respiro y duermo cuando t? lo haces.

?Qu? es eso? Noto como una cuchara que me rebana y me pinchan con una aguja muy larga. ?Ehh, oiga!?Qu? yo estoy vivo! ?No me maten! Mi corazoncito deja de latir bruscamente, me orino de nuevo y siento un golpe en mi cabecita. ?Es la muerte!

Publicado por interazul @ 0:20  | Familia
Comentarios (2)  | Enviar
Martes, 19 de diciembre de 2006
Locura interminable- Cap?tulo IV

Imagen
- Si, soy Teresita, el ruido que o?ste es porque me sent? en el sof?. No puedes ser Rodolfo.
- ?Quieres que te diga d?nde tienes ese lunar que me volv?a loco?- le dije, recordando el lunar de su monte de Venus.
- Pero si te dio un infarto ?No es posible!
- Pero el que enterraste no era yo. Me fing? muerto. T? no estuviste en mi entierro. Te enga?aron. Bueno ah? est? un buen amigo m?o. Habla con ?l y te dar? pelos y se?ales de m?. No estoy dispuesto a que me enga?es otra vez. Yo no quiero saber nada de ti. Pero Luis te dir? lo que he sufrido por ti y por tu enga?o. Por cierto ?no ser?a el cabr?n de Troconiz el que te equivoc? con lo de mi entierro?- al decir esto met?a la ciza?a bien adentro de por medio y de forma violenta cerr? el m?vil.

A la ma?ana siguiente Telele, con aspecto de no haber dormido, tan guapa como siempre, pero ojerosa y como mareada estaba esper?ndome en la recepci?n.

- Luis, Luis, espera-o? a mis espaldas, cuando yo aparentando indiferencia me dirig?a a desayunar en el comedor.
- Dime encantadora Telele, ?qu? se te ofrece?
- Quiero que quedemos a la hora de comer, pero fuera de aqu?, si te parece.

Hab?a ca?do en la trampa. Mi hora estaba llegando con pasos de gigante.
- Por supuesto, t? me indicar?s un lugar tranquilo y paradis?aco, como hay tantos por aqu?.
- Quedamos a las trece horas en punto ?Te parece?
- De acuerdo y lleva el vestido estampado que te sienta como a una jovencita de Instituto.
Not? como un ligero rubor cubr?a sus p?mulos deseosos de caricias.

La ma?ana la pas? planeando la tarde y a ser posible la noche con ella. La ten?a que convencer con las mejores maneras del mundo que yo era la persona ideal para que se lo pasara bien.

A la una en punto estaba esperando en el hall con un ramo de flores que delicadamente dej? en el mostrador con una tarjeta dirigida a su nombre.

- Luis, que detalle tan bonito ?te parece que vayamos a Playa Caracol?
- Ah estupendo, no la conozco, pero a t? lado ser? a?n m?s encantadora de lo que dicen.

Ella condujo el coche y pude ver que lo hac?a con pulcritud y una idea me asalt? a la cabeza ?podr?a ?arreglar? los frenos? Pero eso ser?a dentro de unos d?as.
La pregunt?:
- ?Llamaste?
- Si, claro, un tal Rodolfo dijo ser mi exmarido. Y lo curioso es que quiere que seas t? quien me cuente cosas de ?l.
- ?Al diablo, Rodolfo! Yo quiero que te distraigas y te olvides de ?l. Bueno y del otro.
- La verdad es que me noto muy extra?a y contigo me encuentro como a salvo.


Pasamos una tarde de ensue?o, entre mariachis, pruebas de comidas y martines acariciadores del paladar.

No s? como, nos vimos en una habitaci?n de hotel m?s elegante que el de ella.
No fue dif?cil el acariciarla y quitarla lentamente la ropa; bueno el bikini que a?n ten?a de la playa y al quitarle el sujetador, sus pechos se convirtieron en el alimento de mi pasi?n.

La acarici?, la bes? cada mil?metro de su cuerpo, que me parec?a lozano, nuevo y deseable como la brisa marina. Ella me correspondi? y me dijo entre sollozos de gusto y emoci?n:
- Me recuerdas a Rodolfo.
- Quiero que te vengas conmigo a Espa?a y dejes todo aqu?. All? seremos felices y volver?s a sentir como antes.
- Pero mi marido no querr?, me quiere a su manera de forma enfermiza.
- Yo le explicar? lo que ocurre.
- ?Eres capaz?
La noche se nos ech? encima, despu?s de dormir ella una siesta reparadora, mientras yo la contemplaba maquinando los siguientes pasos.

Al despertar ella, lo hicimos de nuevo, como locos enamorados. La promet?:
- Ya no te dejar? nunca. Lo entender?s y Fernando tambi?n.
- Bueno haz lo que creas oportuno, noto que mi voluntad est? en tus manos. Es como si el hechizo de Canc?n me hubiera secuestrado.

Llegamos al Hotel y la dije que se fuera a recepci?n, mientras yo hablaba con su marido, el tal Fernando, al que odiaba.
Llam? a la habitaci?n y entr? en cuerpo y forma de Rodolfo P?rez de Madariaga, no como Luis Armend?riz.
Retrocedi? sin decir palabra y al acercarme a ?l se tropez? con un sill?n y cay? de nuca sobre el borde de la mesa de m?rmol. Me cercior? de que el golpe hab?a sido mortal y por c?mo se ahogaba intu? que adem?s le estaba dando un infarto. Esper? como unos diez minutos, mientras limpiaba con unos pa?uelos el p?mulo de la puerta, por lo que hab?a visto en las pel?culas sobre las huellas. Pude comprobar que hab?a varias bebidas abiertas sobre el aparador y vasos casi vac?os de distintos tipos. Sal? cerrando tras de m?.

Desde mi habitaci?n llam? a Telele a recepci?n:
- Sube un momento antes de que pases por tu habitaci?n, tengo algo que decirte.

A los tres minutos ella estaba delante de m? y yo cont?ndola lo que acaba de pasar. La expliqu? que hab?a sido un accidente como la polic?a comprobar?a. Que nos ven?a bien, pero que pensara que yo, Luis Armend?riz no ten?a nada que ver.

Ella fue a la habitaci?n y con calma llam? a uno de los gerentes del Hotel, para darle cuenta de lo sucedido. La polic?a, seg?n me cont? ella despu?s, dedujo que el Sr. Troconiz hab?a bebido demasiado y debi? tropezar y desnucarse. Adem?s el forense en la vista previa, que luego confirm? la autopsia, diagnostic? un infarto por exceso de alcohol en la sangre.

El entierro fue muy concurrido, porque hasta de Hollywood vinieron productores y directores de cine. De Espa?a tambi?n. Mientras duraron las exequias Telele y yo no nos vimos.
Pasados unos d?as empezamos a comer juntos, despu?s a cenar a la luz de las antorchas y pasado un mes est?bamos en la misma habitaci?n conviviendo.

Not? que el barman Pedro, que creo que estaba enamorado de Teresita, me miraba algo extra?ado, pero se call? al ver que su patrona estaba bien conmigo.

Yo le hacia ver a Telele que ten?amos que partir para Espa?a, porque los negocios lo requer?an, pero antes deseaba pasear con ella por la bah?a en una lancha que hab?a alquilado.

Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 21:41  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
VEINTE Y SIETE MENSAJES



Dedicado a los niños, aunque espero que agrade a algún adulto

Imagen


Me acosté temprano; tenía que ir al colegio y madrugaba mucho.
Era viernes, último día de clases antes de la Navidad, y al día siguiente, habría en el
“ cole “ una bonita fiesta, en la cual iríamos disfrazados de figuras navideñas. Estaba muy nerviosa, así que no podía cerrar los ojos y me puse a mirar por la ventana hacia el cielo, muy negro, bordado de millones de puntos luminosos.
A los pocos minutos me asombré: las estrellas se movían velozmente en la oscura bóveda, y otras luces se cruzaban con ellas, dejando en el espacio estelas maravillosas.
Yo sabía que aquello no podían ser sólo estrellas, éstas no se movían de aquella manera, así que me levanté, abrí la ventana de par en par y miré atentamente aquel prodigio.
El hálito nocturno era gélido pero irradiaba paz: El silencio podía oírse y fue así que puede escuchar:

-¡Oye! ¿Quién eres?- preguntó una hermosa estrella a una luz con forma desconocida.
- ¡Hola! Soy la letra A.
-¿Sí? Y ¿dónde vas por esos espacios, y sola?
-No, no voy sola, voy con todas mis compañeras; somos veinte y ocho. ¡Mira! vamos unidas por este halo de aire para poder comunicarnos.
-¡Ah!, ¿sí? Y ¿dónde vais todas juntas?
La A, adoptó una grave expresión en su alargado rostro:
-Vamos a una misión muy especial.
-¿Especial? –repitió la estrella.
- Verás, tenemos la misión de volar hacia todos los rincones de la tierra y cada una, según la letra, enviará un mensaje a los hombres que pueblen esos lugares. Siempre ha de ser un mensaje positivo.
Varias estrellas cruzaron sus rayos en un gesto afirmativo y con una sonrisa entre su ígnea materia dijeron:
-Y ¿Ese mensaje servirá para algo?
-No lo sabemos; pero vamos a intentarlo. Sólo se pierden con seguridad las batallas que no se luchan - contestó la B con vehemencia.
Una rutilante estrella que había observado la escena con interés propuso:
-Nos gustaría conocer los mensajes que llevaréis por todo el orbe. ¿Por qué no os ordenáis alfabéticamente y nos los contáis a nosotras primero?
El abecedario se miró algo perplejo. ¿Qué hacer? Perderían mucho tiempo, pero ¿cómo desairar a las candelas del Universo? Las consonantes inclinaron sus extremos dando a entender que aceptaban. Teniendo en cuenta la mayoría, cerraron un amplio círculo y comenzó la exposición:
-Yo, la A, iré allí donde el Amor y la Amistad son desconocidos. Cambiaré la visión del mundo de mucha gente.

Sobre un fondo luminoso la B dijo:
-Yo, la B, depositaré un Beso en las mejillas de todas aquellas personas que jamás fueron besadas.
-Yo, la C, ceñiré todas las cinturas y hombros que nunca han sido abrazados.
-Yo, la D, inundaré el alma del hombre del Don de compartir con los demás.
-Yo, la E, inculcaré en los hombres la Emoción que proporciona el trabajo bien hecho.
Yo, la F, infiltraré la Fuerza necesaria a los hombres para soportar las adversidades.
En este instante un aplauso destellante encendió aún más al grupo.
-¡OHHHHHHHHHH! ¡Qué misión más extraordinaria!- clamaron al unísono.
Las letras se encogieron algo azoradas por tanta anuencia.
-Yo, la G, rogaré a los Gélidos vientos de las estepas para que no hielen las cosechas.
Yo, la I, Informaré a los niños que no carecen de nada, que hay muchos niños que carecen de todo, y que deben compartir con ellos.
Un batir de fulgores se expandió por el infinito. La J doblada ligeramente sobre sí habló:
-Yo, la J, Jugaré con todos los niños solos que nunca han podido hacerlo por estar enfermos.
Yo, la K, con gran cantidad de aguas haré de kamikaze cuando los bosques estén ardiendo.
-Yo, la L, dejaré un Legado en las Naciones Unidas para que los que representan a todos los países entiendan que sin tanta desigualdad, no habría tanta violencia.

Dos eles se juntaron y exclamaron:
-Yo, la LL, Llamaré a las puertas de los corazones de los poderosos para que inviertan en los países pobres.
Dos rutilantes jorobas se prepararon para hablar:
-Yo, la M, enviaré Mensajes a todos los países desarrollados para que disminuyan la emanación de gases nocivos para nuestro planeta.
La ENE se irguió y dijo:
-Yo, la N, tacharé, borraré la N de todos los párrafos en los que se lea que no es posible la comunicación entre todas las culturas de la tierra.
Una de las rutilantes masas de Helio e Hidrógeno la miró con simpatía.
-Yo, la Ñ, trataré que todos lo Ñangas del mundo se conviertan en fuertes y vigorosos.
En un círculo plateado se escucho:
-Yo, la O, Organizaré a los pobres y desheredados de este mundo para que unan sus voces y éstas lleguen a los palacios de los poderosos y sepan de su existencia.

Llegado este momento las letras cambiaron de posición: el círculo que antes era muy amplio se cerró y las estrellas quedaron fuera. Alargando sus rayos trataron de no perder lexema.
La P abombó su ya voluminoso pecho y expuso:
-Yo. La P, entraré en los corazones de los rencorosos para decirles que el Perdón es el más bello regalo.
-Yo, la Q, Quiero enseñar a los niños que los seres más necesitados son los padres, a los que se les debe amar y respetar, así como ayudar en su vejez, durante toda su vida.
La robusta R alargando su patita dijo:
-Yo, la R, haré llegar el mensaje de que la Ruta más corta para alcanzar nuestros deseos, es el camino correcto.
Una sinuosa estela de luz se adelantó un poco:
-Yo, la S, voy a convencer a los hombres que el arma más eficaz es: la Sonrisa.
Una luz diamantina cuyos rayos se extendían en forma de cruz dijo:
-Yo tengo un mensaje muy difícil de trasladar, soy la T, y tengo que ir a todos los lugares en los cuales los hombres utilizan el Terror para conseguir unos fines que nunca obtendrán, y pedirles que cesen en él. Que no hay nada más fácil en el mundo que equivocarse. Y ellos están muy equivocados.
Una especie de rayos paralelos unidos por la parte inferior dijeron:
-Yo, la U; voy a proclamar a los cuatro vientos a todos aquellos deprimidos, tristes, que no disfrutan de la vida, que se Unten con ella, pues sólo se vive una vez y hay que aprovecharla al máximo.
Los aplausos se escucharon lejos, ya en otra galaxia.
-Yo, la V, voy a convencer a los familiares de las personas sanas que se han ido por un accidente para que donen sus Vísceras, y puedan salvar otras vidas.
Yo, la X, voy a tratar de explicar que todos somos seres humanos, que no importa el color, raza, religión, del Hombre, a ver si erradicamos la Xenofobia.
Una esbelta luminosidad con los brazos elevados dijo:
-Yo, la Y, Voy a enseñar a todas las personas que estar Yacente es el misterio más grande que hay, pero que no debemos temer, ya que ahí está la paz.
La última letra que se dispuso a hablar formaba un extraño zig-zag brillante.
-Yo, la Z, trataré de convencer a los grandes jefes que gobiernan el mundo para que no se necesiten más Zapadores en ningún lugar del planeta.
Una exclamación aquiescente centelleó aún más el gran círculo de estrellas y letras.
La más rutilante se adelantó hacia el centro y dijo:
-Los mensajes que nos habéis anunciado nos han parecido maravillosos para el Hombre. Os deseamos un buen viaje y un éxito completo en tan difícil misión.
Un murmullo se extendió bajito:
-¿Y la H? ¿Dónde está la H? - se preguntaban angustiadas sus hermanas.
De pronto una de las estrellas más hermosas miró hacia un lugar indefinido y dijo:
¡Mirad! No temáis; está ahí, Haciendo con las Hadas lo más Hermoso de todo: el amor.


Publicado por mariangeles512 @ 20:06  | Cuentos
Comentarios (1)  | Enviar
Domingo, 17 de diciembre de 2006
Los gemelos

Imagen


Jes?s e Iv?n eran gemelos y su vida, hasta que cumplieron veinte a?os, estuvo presidida por la armon?a y pr?cticamente iban juntos a todas partes. La gente no les reconoc?a en absoluto. S?lo los m?s allegados sab?an que Jes?s ten?a en la paletilla izquierda una mancha, como un lunar grande, que le distingu?a de Iv?n.

Ten?an los mismos gustos, las misma aficiones, y en el colegio e Instituto se ayudaron haciendo algunas trampillas haci?ndose pasar, a veces uno por el otro. Cosas sin importancia.

Pero cuando llegaron a la Universidad, ocurri? lo peor que les pudo suceder. Conocieron a una chica de la cual se enamoraron perdidamente los dos.
Al principio no quer?an reconocerlo, pero pronto empezaron los problemas. Jes?s invit? a Eva (as? se llamaba la muchacha) al baile de fin de curso y ?sta acept?. Iv?n fue despu?s de su hermano y ella, en principio temi?ndoselo, le contest?:
- Pero s? me invitaste ayer tarde ?No te acuerdas?
- Si, si, claro era para ver si t? estabas en ello.
- Pero te dije que no iba y ahora no he cambiado de opini?n- contest? la muchacha para ver si Iv?n era Jes?s o no.
- Perdona, me dijiste que s?- minti? Iv?n, para probar suerte.
- Jes?s, ten en cuenta que como tu hermano y t? sois como dos gotas de agua quer?a saber s? eras t? o tu hermano. ?Comprendes?

Iv?n baj? la cabeza y se retir? a toda prisa en busca de su hermano.
- Jes?s, no puede ser lo que pretendes. A Eva la quiero.
- Pero eso mismo me pasa a mi.?Crees que puedo arranc?rmela de mi cabeza?
- Tenemos que hacer algo. Es no ?nico que no puedo compartir contigo, aunque ella ni se enterara. La acabo de enga?ar haci?ndola creer que eras t?.
- ?Idiota! ?Te matar?! ?Maldita la hora en que nacimos del mismo ?vulo!
- Esto es una locura. Tenemos que pensar.

Como se encontraban muy ofuscados y confusos, decidieron consultarlo con su madre. La madre era una mujer muy cari?osa y siempre estuvo contenta con sus gemelos, tambi?n orgullosa, por lo bien que se llevaban y los estudios tan brillantes que estaban realizando.
La exposici?n de sus hijos la inquiet?. Y despu?s de pensarlo mucho decidi?, antes de precipitarse en sus consejos, hablar con ellos por separado.
- Jes?s, hijo, ?t? quieres a esa mujer, como para hacerla tu esposa?
- Si mam?, estoy enamorado profundamente.
- Y tu hermano, c?mo crees que se sentir??
- S? que muy mal, pues yo siento lo mismo que ?l.
- ?Qu? te parecer?a si ?l se fuera con ella?
- Ser?a como si me arrancaran la vida.
- Nos lo pones muy dif?cil, pero tenemos que buscarla un doble. Todos tenemos uno. Si no hab?is sido tan astutos como para enamoraros de una pareja de gemelas o al menos mellizas, hay que buscarla su doble. No comentes esto con tu hermano.

Al poco estaba hablando con Iv?n, despu?s de hacerle las mismas preguntas que a su hermano, con id?nticas respuestas, la mam? le dice:
- Iv?n vas a dejar a tu hermano que salga con esa chica, t? y yo vamos a dedicarnos, con ayuda de mi amigo el Inspector Alonso a buscar un doble de Eva.
- Eso ser? casi imposible, pero estoy de acuerdo. No veo otra salida.

Puesto en antecedentes, sabiendo que Eva era una ni?a adoptada, el buen amigo de Alonso, en sus ratos libres empez? a indagar sobre j?venes universitarias de las caracter?sticas de Eva. Y fue al juzgado de adopciones, sab?a que lo m?s dif?cil ser?a encontrar a alguien con el perfil ps?quico y no s?lo f?sico que la conocida. Qued? que en cuanto tuviera alguna, llamar?a a Rosa, la madre de Iv?n, para que la conociera.
Pero las cosas no iban a ser tan sencillas. Iv?n no pod?a sacarse de la cabeza a su amada y de forma mal?vola fue ?l, el que llevo a Eva al baile aquel junio inolvidable, pas?ndose por Jes?s. Al terminar la llev? a la caba?a de los ?tiles de piscina y en ella entre motores, cubos de antialgas y mangueras hicieron el amor como unos locos apasionados.

Su hermano perdi? la cabeza y fue en busca de ellos armado de un bate de b?isbol y le destroz? el cr?neo a su hermano gemelo y a continuaci?n se clav? un garfio de marinero que pend?a de una de las perchas para los flotadores, en el cuello y se arroj? a la piscina volviendo rojiza el agua clorada, acabando sus estertores en el fondo de la misma.
Los llantos de Eva recorrieron de forma desgarradora todos los rincones de aquel recinto multideportivo universitario.

Cuando la madre fue informada por la sic?loga de la polic?a, apenas pudo incorporarse para caer como fulminada y tuvo que ser ingresada en el Hospital Comarcal.

S?lo el padre a duras penas pudo mantener la entereza suficiente para acudir al entierro de los gemelos. Al llegar a casa, entre los muchos mensajes gravados en el contestador del tel?fono se pod?a escuchar el siguiente, del d?a anterior a los hechos:

?Soy el Inspector Alonso. ?Sorpresa! Eva tiene una hermana gemela. Ha sido muy f?cil encontrarla. Los padres de las ni?as eran muy pobres y dejaron a sus gemelas en adopci?n y por separado. La hermana de Eva se llama Sara y vive en Barcelona. Es exacta a su hermana. Ya he preparado un encuentro con Iv?n. Ll?mame Rosa.?

Publicado por Lanzas @ 20:27  | Dramas
Comentarios (4)  | Enviar
Locura Interminable-Cap?tulo III

Imagen
Locura interminable-Cap?tulo III

- Seg?n me cont?, su mujer se suicid? un d?a sin que supiera por qu?; su coche apareci? en el fondo del r?o y de ella no se encontr? m?s que algunos ?tiles personales. No hab?a sido un accidente y como ese r?o desemboca en el mar, dejaron de buscarla, dando por hecho que alguna fiera marina debi? engullirla o algo as?.
- Bueno d?game ?qu? edad ten?a la mujer?-not? que a medida que la ment?a tan bien, su semblante se volv?a p?lido como la cera.
- Creo que 35 a?os.

Tuve que sujetarla por la cintura para que no se cayera sobre el duro suelo. Not? su coraz?n muy cerca de lo que se supone era el m?o, cosa que no estaba tan seguro que fuera un coraz?n, pues era la primera vez que ocupaba el cuerpo de otro o ninguno y todo era ficticio. Al notarlo tan cerca y tan acelerado sent? una gran atracci?n hacia ella y roc? mis labios con los suyos de forma imperceptible.

Telele o Teresita era fuerte y no la dur? m?s de dos minutos el desmayo. Yo la ten?a asida por la cintura y se desembaraz? enseguida de mis fuertes brazos.
- ?Qu? me ha dicho, se?or P?rez? Ah bien, no hace falta que me lo repita, ya recuerdo. Tiene un buen amigo que le recomend? este Hotel y que por desgracia perdi? a su mujer muy joven. ?Qu? quiere tomar?, le invita la casa.
- Un ?wiski on de roks?, pero s?lo lo tomo si usted toma algo conmigo.
- ?Dos wiskies on de roks, Pedro!-dijo dirigi?ndose al barman que estaba un poco despistado.

Teresita, ya que para mi, segu?a siendo la ni?a del Instituto, era una mujer hermosa, pero no olvidaba mi misi?n en esta nueva vida de fantasma viviente.

-Mire Telele me parece que usted est? llevando una vida algo pobre. Me explico. Usted se merece algo m?s que ser una simple recepcionista de Hotel, que por cierto. ?C?mo lleg? aqu??, porque usted es tambi?n espa?ola, no puede enga?ar a nadie.
- Pues me cas? con un empresario de cine y como no puedo estar parada, y este hotel es suyo, yo misma le propuse que me empleara en ?l, porque mi marido viaja mucho y para ?l es un descanso encontrarse aqu? despu?s de sus viajes.
- ?Podemos tutearnos?- le solt? de pronto.
- Si, yo me llamo Telele, Luis- ese Luis me son? a gaita en sus labios.
- Pues, Telele, eres maravillosa. Trabajar por gusto, sin tener necesidad es una virtud rara.
- A veces me aburro, pero este lugar es maravilloso. Y por cierto, s?, soy espa?ola y conoc? a ese amigo de que hablas. Y lo curioso es que me dijeron que muri? ?l, no la mujer.
Ahora si que estaba entrando en lo m?s complicado del tema, pero ten?a que conseguir mi prop?sito.
- ?Conoces a Rodolfo P?rez de Madariaga?
- S?, fue mi marido antes del actual. No es posible que est? vivo. Hubo un entierro.
- Pues mi amigo dijo llamarse as? y me cont? lo de su mujer ?C?mo te explicas esto?
- ?Tienes un n?mero de tel?fono, para poder llamarle?-me sorprendi? Teresita.
- ?Claro! En mi habitaci?n tengo una tarjeta creo. Luego te lo doy. Y dime: ?Le quisiste mucho?
- ?Le quisiste? No dices que est? vivo-creo que me lo dijo para equivocarme, pues evidentemente el ?quisiste? val?a de todas formas, porque no estaba con ?l y entonces ella era la que se met?a m?s y m?s en la trampa.
- Rectifico: ?le quieres a?n? Me pareci? otra cosa, porque me presentaste otro marido esta tarde.
- Le quise pero no fui suficientemente leal con ?l. Pero muri?, si es que hablamos del mismo Rodolfo.
- Mira voy a buscar la tarjeta que tengo y le llamas. ?De acuerdo?

Ella asinti? y lo que ten?a que hacer era darle una tarjeta con mi n?mero y volverla loca al ponerme yo. La cuesti?n era no estar junto a ella cuando llamara, porque entre mis dotes no entraba la ubicuidad o al menos yo no quer?a probar suerte.
Sub? a mi habitaci?n, por cierto la 503, n?mero que ped? a prop?sito cuando la reserv?, y en la valija dentro del armario saqu? una tarjeta de las de antes de morirme y con cierta parsimonia me present? de nuevo delante de ella.

- Aqu? la tienes, ten en cuenta que ahora en Espa?a es de noche, m?s de las doce, ll?male ma?ana. Y me dices lo que sea- la diferencia de siete horas era mi aliado.
- De acuerdo, Luis. ?No vas a ba?arte y nos vemos luego?
- O. K. ? y as? me desped? de ella cuando en Espa?a eran casi la una de la madrugada.
- En la piscina del Hotel coincidimos ella y yo y tonteamos en el agua, y pude ver en una terraza al Troconiz ese, y me alegr?, mirando no con muy buena cara. Nos despedimos y cen? en el restaurante en una mesa individual.

A las dos de la madrugada en Canc?n, mi celular comenz? a vibrar. Dej? que tocara una, dos y hasta tres veces los compases de mi himno nacional y lo abr?:

- Hallow, ?qui?n eres?- con mi voz de anta?o bien entonada.
- Yo me llamo Telele.
- No te conozco, ?me dices algo m?s?
- Bueno antes Teresita.
- ?C?mo, mi Teresita? Yo soy Rodolfo, ?Me cre?ste muerto, no?
Al otro lado se oy? como un lamento y un ruido sordo.

Continuar?


Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 17:58  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 13 de diciembre de 2006
Locura interminable-Cap?tulo II

Imagen


-?Ya est?! He vuelto para vengarme de mi mujer-pens?.
Y dispuesto a cumplir con el que pensaba era mi ?nico y gran cometido de fantasma en un mundo de locos, me puse a pensar como encontrar?a a mi mujer ad?ltera y despiadada. Me enga?? y encima me abandon? en aquel pasillo de hotel retorci?ndome de dolor.

Como hab?a o?do contar que los fantasmas no tienen problemas de desplazamientos me confi? a mi suerte y en cosa de unos pocos d?as la localic? en un Hotel de la Costa Maya, de recepcionista, como no pod?a ser menos.

La mujer que hac?a diez a?os ten?a treinta y cinco, ahora con cuarenta y cinco segu?a gustando a los hombres; estaba de muy buen ver y con una planta envidiable.

Urd? un plan. Como pod?a adoptar un cuerpo diferente, me busqu? uno m?s joven y fuerte, y con una camisa estampada, unas gafas de sol ?superguay? y un pelo rubio dorado bien peinado, ni mi mujer ni nadie, me reconocer?a.

-Hola. Me recomendaron este hotel en Espa?a y veo que merece la pena el estar en ?l. Me gusta.
- ?Qui?n se lo recomend??- pregunt? la resuelta recepcionista.
- Pues, Rodolfo, un amigo de Madrid.
Un cambio de expresi?n not? en su cara y sus p?mulos se sonrojaron. ?Creo que daba en el blanco! La mujer no pudo reprimirse en indagar:
- Perdone, y ese se?or ?A qu? se dedica en Madrid?
- Tiene unos hoteles y restaurantes y me dijo que conoc?a ?ste muy bien.
No s? si los fantasmas tienen tantos poderes como en las pel?culas, pero hice una exhibici?n.
Me coloqu? detr?s de ella sin que me viera y vi como unas l?grimas se deslizaban sobre sus mejillas.
- Pero ?se apellida?
- Creo que P?rez de Madariaga.
Al o?r los apellidos de su exmarido, Telelu, como se la conoc?a en Canc?n dio un brinco que casi se cae.
- ?Qu? le ocurre?
- Nada, no se preocupe, es este calor tropical. Me pasa muy a menudo, me mareo y me dan n?useas. Voy a despertar a mi marido que est? arriba.
?Marido!-pens?-ser? el que me la rob? en mi propia casa.
Desliz?ndome sin ser visto, ya que empezaba a practicar muy bien las t?cnicas de un esp?ritu, detr?s de ella, llegamos al cuarto piso, donde en una suite de lujo, acondicionada sin duda para ellos, un hombre menudo, calvo y descuidado empezaba a desperezarse sobre una lujosa cama.
-Hay un cliente que afirma estar aqu? por recomendaci?n de Rodolfo. ?Crees que no muri? hace diez a?os?
- ?Qu? cosas tienes! Yo mismo estuve en su movido entierro. ?No recuerdas que era amigo m?o y no s?lo tu marido?- al verle, yo escondido astutamente, reconoc? en ?l a Fernando Troconiz, el afamado empresario de cine y que yo hab?a conocido muy bien.
- Pues indagar? algo m?s con ese individuo. Me ha tra?do la intranquilidad.
R?pidamente cuando ella lleg?, yo estaba ya junto a la barra de la cafeter?a.
-?Oiga! Se?or, ?Usted es Luis Armend?riz, no?- una voz c?lida y a la vez algo temerosa, se dirig?a a m?. Era ella, un poco m?s radiante si cabe, que hace un rato.
- Si soy un espa?ol que por fin va a disfrutar de unas vacaciones de verdad. Hace a?os que todo era trabajo y tensiones.
- Y c?mo conoci? al Sr. P?rez de Madariaga?
- Es que yo me dedico tambi?n a la hosteler?a en Espa?a. Tenemos trato frecuente. Por cierto me cont? lo de su mujer.
- ?Qu??- hab?a dado en el clavo, el que m?s duele. Casi se desmaya.
- Si, fue muy doloroso para ?l-continu?- morirse tan joven, estando tan enamorado, fue un mazazo que creo a?n no ha superado.
- ?Muri? ella?- en este momento yo ya sab?a lo que ten?a que hacer, enamorarla de nuevo y luego matarla a ella y a su amante asqueroso.
Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 19:43  | Misterio
Comentarios (3)  | Enviar
Locura interminable- Cap?tulo I

Imagen

La otra noche se me apareci? Rodolfo. Lleva muerto m?s de diez a?os y esto es lo que me extra??. Yo estuve en su entierro.

Me acuerdo de aquella tarde de oto?o, cuando el Sol ca?a sobre el horizonte y un viento g?lido me hizo recordar como Rodolfo hab?a sido, un vaina. De ni?o se escapaba del colegio en los recreos para ir a pescar ranas en las charcas que hab?a en la orilla del r?o. Tiraba piedras a los lagartos y se zambull?a en las aguas en los meses de primavera y de verano. Sus maestros le rega?aban y hasta le pegaban coscorrones y ?l, nada.

Su madre no acertaba a educarle. Siempre le dec?a:
-Te pareces a tu padre. Acabar?s muy mal y por supuesto sin estudios ni trabajo estable.

El ni?o Rodolfo fue creciendo y desde los catorce a?os le dio por cortejar a las ni?as m?s guapas del Colegio. Pronto las convenc?a con peque?os regalos y con helados para que le acompa?aran a la pradera junto al r?o. All?, al caer la tarde las besaba y las estrujaba junto a su pecho y a veces lleg? a quitarlas la ropa interior e hizo m?s cosas.

Mientras el coche f?nebre avanzaba entre los cipreses cimbreantes del paseo seguido de una hilera de amigos y amigas, pues tuvo muchos en vida, recordaba cuando un d?a con diecis?is a?os la madre de Teresita le cogi? de los pantalones a medio bajar y le dio una tunda delante de ella, que ten?a entonces los trece a?os reci?n cumplidos. Rodolfo maldec?a y le dec?a a la exasperada mujer que iba a casarse con su hija en pocos a?os.
- Desgraciado, si eres un ni?o sin trabajo ni estudios y est?s matando a tu madre a disgustos, pero conmigo y mi hija no podr?s.
- Ya ver? como me hago un empresario de los que ganan dinero a chorro.
- T?, no vas a ganar nada, como no sea una paliza de un novio de verdad.

Y as? fue creciendo Rodolfo y por cosas curiosas que pasan en la vida se hizo un empresario de hosteler?a y mont? dos restaurantes y un hotel. Todos los que le conoc?an no se extra?aron porque siempre hab?a sido muy despierto y con facilidad para ganar dinero.
Se cas? con Teresita a los treinta a?os y fue su perdici?n. Esta mujer era muy ambiciosa y si Rodolfo un vaina, ella una insaciable. No s?lo de sexo, no crean, tambi?n de joyas, de ropas caras y de bolsos y zapatos de piel. Le gustaba que la llevara de vacaciones a lo sitios m?s ex?ticos y que la dejara su marido dinero para jugar con las amigas al bingo.
Rodolfo, que se hab?a reformado mucho, esto le preocupaba en cantidad porque los negocios necesitaban atenci?n y dedicaci?n para que no se fueran al garete.

E ide? lo peor que pudo hacer, implicar a su mujer en el Hotel, como recepcionista, mientras ?l dirig?a los restaurantes.

Un d?a fue al Hotel y sorprendi? a su mujer en la habitaci?n 503 no precisamente colocando a nadie, si no encamada con el cliente y all? mismo le dio un infarto en el pasillo. Su mujer desapareci? y de ella no se supo m?s.

Perfectamente recuerdo que al llegar a la parcelita d?nde fue inhumado Rodolfo una tormenta de granizo hizo a todos los presentes desaparecer sin rezar ni un Padre Nuestro.
Lo curioso es que Rodolfo soy yo.
Continuar?


Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 19:36  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Domingo, 10 de diciembre de 2006
Giro inesperado

Imagen


Giro inesperado

La sombra de aquel hombre se alargaba en la callejuela a la luz de los faroles antiguos que a?n quedaban. Era uno de los pasajes de la ciudad antigua y no rehabilitada; s?lo los valientes se atrev?an a atravesarlo sin compa??a a partir de las doce de la noche, o bien se trataba de amodorrados borrachos o de prostitutas baratas.

?Iba huyendo de algo? ?Quer?a ocultarse en alguna de las casas en ruinas que se desmoronaban sin remedio? Las vallas que lindaban las obras, de noche, hac?an a?n m?s t?trico el caminar por aquel lugar.

El caso es que yo me encontraba semioculto en el zagu?n de una de las casas, con una botella de ron casi vac?a y un cigarrillo, que me calentaba los labios a?n m?s que el licor.
Como la sombra se hac?a m?s y m?s alargada, empezaba a producirme algo de espanto. Seguramente, pens?, porque el alcohol se me est? subiendo a la cabeza. Si no fuera porque aquella mujer a la que maldigo una y mil veces, me hubiera traicionado, yo no estar?a aqu? y por tanto no ver?a fantasmas donde s?lo hay sombras. De todas formas s?lo esperaba a la Carmela, mi puta favorita desde hac?a unos meses, la cual me sub?a casi a rastras hasta el tercer piso del n?mero 14 de aquella calle inmunda y entre berridos y quejidos obscenos casi desvencij?bamos el camastro durante poco m?s de media hora.
La dejaba ?la propina? en la mesilla y hasta despu?s de tres o cuatro d?as no volv?a a verla.

A veces pensaba, que por lo fuerte y resuelta que era ?mi? Carmela, en realidad era un t?o travestido, y que cualquier d?a me iba a enterar cuando intentara hacerme a m?, lo que yo le hac?a a ella.
El caso es que la sombra desapareci? dos portales antes del m?o.
- Seguro que encontr? a su puta- pens?- ?por qu? me preocuparme?
Un grito desgarrador me hizo despertarme en el banzo y mi cabeza se dio contra el dintel.
Escuch? como un cuerpo, o eso me pareci?, ca?a sobre el piso. Me levant? como si me hubieran colocado un resorte en mis cansadas posaderas. Fue tal el impulso que recib?, que ca? de nuevo sobre el dintel y la botella, ya vac?a del todo, sali? volando hasta estrellarse en el centro de la calle y romperse en mil pedazos.

La sombra aqu?lla, de nuevo se acerc?, y cre? ver entre luces y penumbras, una cheira alargada y que por un momento brill? en lo que pod?a ser la mano de un hombre.

Sin pensarlo un momento y sin darme cuenta, debido a m? melopea, que me pod?a costar la vida, as? a aquel ser por la cabeza, seg?n pasaba al lado de mi portal y lo derrib?.

La navaja cay? sobre el pav?s y fue a rebotar justo al lado de la que creo era la ?nica boca de alcantarilla de la maldita calle.
La persona trat? de levantarse, pero le propin? una patada en la entrepierna, que no le produjo el dolor que cab?a esperarse.
A la luz de uno de los pobres faroles pude ver su cara.
- ?Eres una mujer!-exclam? tan sorprendido como estupefacto.
-?Maldito entrometido! ?Qu? te importa a ti la Carmela?
-?C?mo? ?has matado a mi mujer, preferida?- especul?, porque realmente yo no sab?a si la hab?a matado y adem?s dije ?mujer? en lugar de ?puta? para darme importancia.
- Porque se lo merec?a por dejarme pre?ada y hacerse pasar, el muy maric?n por mujer para sacar dinero.
P?lido como una vela de Semana Santa me qued?, aunque por la poca luz que nos alumbraba daba lo mismo.
- ?Carmela un hombre? ?Luego mis sospechas eran fundadas! ?Y t? qu?? ?eras su mujer, acaso?
- Su mujer desde hac?a tres a?os y de pronto me dijo hace seis meses que quer?a ser ahora que ya se pod?a, mujer y que me dejaba a mi suerte. Le rogu?, le implor? que no me dejara encinta y ?l, ni caso. Pues le he dado su merecido.
Unas sirenas policiales se acercaban a toda prisa. Una idea me asalt? de pronto en mi atormentado cerebro.
-Mujer, ?vete!, corre cuanto puedas y cuida a tu hijo. De ese maric?n me encargo yo.?No faltaba m?s!
La mujer se desliz? por la calle trasversal y desapareci?.
Yo estaba como si me hubieran dado a oler todo el amoniaco de la f?brica. Me hab?a despertado de la borrachera y maldije una vez m?s a Alicia, a mi santa esposa hasta que la descubr? con aqu?l vendedor de mierda, mont?ndola a ella en mi propia casa. Les di una paliza que les deslom?, pero nunca me acusaron ni yo quise saber m?s de ellos.
- Si ella no me hubiera hecho aquello, yo no estar?a all? entre putas, travest?s y mujeres burladas.
- Eh, espabila- oigo a mi lado a un poli de gorra de plato y de gran ?goma? colgante.
- No estoy dormido, se?or agente, s?lo algo borracho, pero no estoy conduciendo, s?lo haciendo tiempo- intento disimular.
- ?Ha visto algo? ?Ha o?do algo?- me escupe otro agente, este con gorra del estilo visera.
- Pues hace un rato un maullido de un gato muy fuerte. O eso me pareci?.
- ?Maldito borracho! Fue un grito de una persona- y casi me zarandea el hijo de puta, si no se lo impide el otro, que ser?a ?el poli bueno?.
- D?jalo, no merece la pena. Un testigo as? no sirve para el juez. Ya viene la ambulancia.
El ulular de las sirenas me levant? un dolor de cabeza que no sab?a que partido tomar. Si irme a mi apartamento de mala muerte o tirarme al r?o. Como el r?o no llevaba agua, decid? irme a dormir.

-Luis despierta, ?despierta!, que ya son las tres de la tarde-oigo que alguien casi susurra a mi o?do.
- ?Qui?n eres? No te conozco.
- Pero bueno, ?tan mal te han sentado los cubatas de anoche? ?Te lo dije! Una copa de Champ?n, bien, pero los wiskis y los cubatas hace a?os que no los tomabas. ?Si es que la nochevieja trae estas cosas!- La voz era de Alicia, a la cual abrac? y bes?.
- ?Qu? haces, est?s loco? Lev?ntate, que ya han llegado nuestros hijos para la comida del a?o nuevo.
- Ya no voy a beber m?s porquer?as en mi vida. Ya te contar? la pesadilla que he tenido.



Publicado por Lanzas @ 18:36  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 08 de diciembre de 2006
Cuento de Navidad

Imagen


(Dedicado a todos los que disfrutan o no disfrutan en NAVIDAD, a todos los que creen o no creen en LA NAVIDAD. PAZ PARA TODOS)


El pobre ni?o que viv?a en la chabola de su abuelo ?El macuto?, no sab?a que era eso de la Navidad.
Ten?a cinco a?os y su abuelo le sacaba de paseo por el Parque de las Delicias, que estaba justo enfrente del poblado de chabolas y nunca le hab?an llevado a un Colegio ni a eso que llaman guarder?as.
Su abuelo dec?a.
- ?Renegr?o? ya tendr?s tempo ?pa? aprender a ?le? y a ?escribi?.
- ? ?Abue?, c?mo se escribe ?abue??-le respond?a el peque?o.
- No importa ?n?, que m?s ?d? ?renegr?o?.
El abuelo hab?a recibido una visita de una asistenta social del Ayuntamiento explic?ndole que para el curso siguiente ten?a que inscribir al ni?o en el Colegio.
El bueno de ?Macuto? se hab?a quedado con el nietecillo, junto a su abuela, que muri? el a?o pasado, despu?s que su hija y el maromo con el que convivi? se metieran un chute que les dejara tiesos.
Las asistencias sociales decidieron que los abuelos educaran, ?que sarcasmo!, al ni?o hasta los seis a?os y entonces le buscar?an un Colegio con comedor y actividades extraescolares y que siguiera durmiendo en casa del abuelo y viviendo con ?l en los d?as de fiesta y vacaciones.

Siendo casi un beb?, le hab?an regalado por Navidad fruta, jers?is y unos tacos de madera para que montara algo que ?l no supo hacer nunca. Ahora a los cinco a?os hab?a visto jugar a los ni?os en el parque con motos teledirigidas y a las ni?as con mu?ecas que paseaban en cochecitos, que hablaban y hasta orinaban, que ?l cre?a de verdad.
- ?Abue?, ?C?mo andan esas?amotos??
- Son pijadillas de nenes con ?parn?. ?Pa? cuando seas ?may?, ya tendr?s lo qu? ?queiras?- le dec?a el abuelo rechin?ndole los cuatro dientes que a?n ten?a.
El ni?o se llamaba Iv?n, pero todos le llamaban ?Renegr?o? por el color aceituna de su piel y por la ro?a de semanas que arrastraba.

Estas Navidades iban a ser diferentes. Cumpl?a cinco a?os y empezaba a entender que unos ten?an tanto y otros tan poco, que por no tener no ten?an ni para comer.
Si hacia caso a su amigo ?El espingarda?, por todos as? conocido por su delgadez extrema y que ten?a ya siete a?os muy trabajados en peque?os ?negocios?, de trincar lo que pod?a en los bolsos de los viejos, que se descuidaban en el parque, estas Navidades iban a comer pollo, turrones y mantecados a porrillo.

?C?mo iban a conseguirlo? El del colmadillo de la calle Zuloaga, que estaba muy distante de su barrio necesitaba un chico para atender a las se?oras y llevarlas las compras a casa. Su hermanastro Eulogio, de buena planta y con la ESO ya cumplida se ofreci? para ello. Y el Eulogio se lo cont? a ?el espingarda? y ?ste a nuestro amiguito, pero con el anuncio de que cuando ?l estuviera distra?do coger?an un poco de aqu? y otro m?s de all? y seguro que se juntaban con un buen capacho de viandas.

El primer d?a se llevaron un par de latas de sardinas, el segundo sacaron unos mazapanes de la caja que volvieron a pegar, y el tercero una barra de turr?n que entre las treinta que se llevaba Do?a Remedios, ni se not?.

Los ni?os animados por el ?xito decidieron dar el gran golpe.
Cu?ndo el Eulogio estuviera llamando a la puerta de una de las se?oras que se surt?an en la tienda le sacar?an del carrillo una de las bolsas y ?a correr a toda vela.?

- ?Espingarda? te he visto, ya ver?s mi padre la que te va a dar- oyeron tras de s? los ni?os al poner pies en polvorosa.
- ?Renegr?o? corre y metete por la primera bocacalle, que este nos trinca.

Los chavales se escabulleron y en su loca carrera fueron a dar dentro de la Iglesia de Santiago, al final de la bocacalle. El ?espingarda?, al que su padre le hab?a apuntado a Religi?n, llev? a su amiguito a la primera fila y le dijo:
- Arrod?llate y haz como que rezas.
- Vale- dijo el ni?o tiritando de miedo y espanto. Era la primera vez que entraba en un templo y estaba impresionado.

El ni?o Jes?s, casi a tama?o natural rodeado de un mulo y una vaca le ten?an junto al Altar.
Y la impresi?n de lo que vi? el ni?o le hizo exclamar:
- Ese beb? es m?s pobre que yo, est? ?aterio? en unas pajas y no tiene ?pa??come? ni ?pa na.?
Yo le doy la bolsa, ?espingarda? con los turrones y el pollo.
El chavalillo se acerc? sin m?s al pesebre y all? desparram? lo que acababa de robar.
La gente que estaba rezando se qued? estupefacta. No parec?an posibles en pleno siglo XXI esas cosas.

El cura interrumpi? el rosario y se dirigi? al ni?o Iv?n, mientras el otro sal?a de la Iglesia corriendo.

- ?C?mo te llamas?, no tengas miedo, el ni?o Jes?s no abandona a los ni?os pobres.
- Me llamo, me llamo,? bueno el abuelo me puso ?Renegrio?.
- Este ni?o bien merece la colecta de hoy y todo lo que pod?is dar.
Enseguida dos mujeres se pusieron a recoger para el ni?o lo que la gente de la Iglesia daba en cantidad.
El cura junto con una de las mujeres que ayudaba en la iglesia metieron al ni?o dentro de la Sacrist?a y entre llantos y risas, por los nervios, le sacaron que viv?a en las chabolas de Las Delicias.
Discretamente el cura llam? a la Polic?a local y les explic? que llevaran al ni?o a su casa y que por nada del mundo le dijeran algo al abuelo de lo sucedido. Que le contaran que se hab?a perdido y que ?l le hab?a encontrado.
- Ma?ana vamos a verte para llevarte las cosas de Navidad. No llores y s? valiente, que estos se?ores no te van a hacer da?o.
La polic?a llev? al ni?o junto a su abuelo y las viandas robadas a su due?o, explicando a Eulogio que se callara, que todo estaba arreglado.

Al d?a siguiente una furgoneta se par? junto a la chabola de ?El macuto?, que no cont? que as? se le conoc?a porque siempre llevaba una mochila donde met?a todo lo que fuera menester. El ni?o sali? de la casa alborozado y un poco temeroso. Del veh?culo bajaron Don Ferm?n, el cura, una se?ora y dos j?venes con varias cajas sobre unas carretillas.
- Le ha tocado la loter?a abuelo- le dice uno de los j?venes- aqu? traemos de todo.
- Mire se?or, su nieto es un cristiano de verdad aunque usted no lo sepa y en la parroquia hay muchos, aunque yo ya lo sab?a. Todos han dado algo para ustedes- le cuenta D. Ferm?n.
- Si no tengo ?do? ponerlo. No tengo ?na? de sitio, ni nevera, ni ?na.?
- No se preocupe aqu? le traigo unas llaves de una casita que le van a pagar el alquiler los de C?ritas de por vida. Pero eso si, el ni?o va a partir de ma?ana a la Escuela de los Padres Carmelitas con una beca y va a estudiar hasta donde quiera.
- ?Eso qu? es ?abu?, es malo eso de ?estudi??- dice el ni?o sacando una pelota de una de las cajas tan grande como ?l- mira abuelete, mira que pelota tan grande.
- No hijo, es lo mejor ?pa?que seas un hombre de provecho y no un ?desgraciao? como tu padre o tu abuelo.

Esa noche y muchas m?s ni el abuelo ni el ni?o pudieron dormir, pero les daba igual. Colocando todo en su nueva casa ni se cansaban y pusieron a un ni?o Jes?s sobre el aparador y nunca lo quitaron. Rezaban y le ped?an para todos los ni?os pobres del mundo. En la calle se o?an los villancicos y la canci?n de ?El tamborilero?.




Imagen

Publicado por quijote_1971 @ 0:58  | Costumbres
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 07 de diciembre de 2006
Rumbo a lo desconocido


Imagen

Entraba en aquella web como en tantas otras por mera curiosidad y s? que me pareci? extra?o que tardara en abrirse, porque tengo un navegador super-r?pido. Pero en fin, como aqu? hay muchos entendidos sobre esto, seguramente es lo mismo que pasara o no.

Al fin estaba dentro, era www?.lavictoria.com y al abrirse se desplegaban cuatro iconos: 1) pr?logo; 2) discusiones; 3) confrontaciones y 4) Victoria.
Una vez que dej? actuar al antivirus, por si las moscas, pinch? en pr?logo, porque me gusta ser ordenado.
Una larga explicaci?n de c?mo la autora de la web hab?a sido traicionada por su amante y c?mo ella misma hab?a sorprendido en el lecho a los traidores. Se pod?an ver a su vez cuatro fotos, con los rostros difuminados en actitudes comprometidas. No le d? mayor importancia y pas? al segundo icono.

Al entrar, una especie de teatro con muchas butacas vac?as parec?a rodear al visitante y una lectura sobreimpresa indicaba que ella se hab?a encarado con el infiel y le insultaba gravemente, mientras ?l se limitaba a defenderse diciendo que la muchacha se le ech? encima y no pudo quit?rsela. Las frases construidas con PowerPoint sal?an y entraban en el ordenador de forma impactante.

El tercer icono, que todo hay que decirlo, era una gran ballena blanca sobre la que estaba escrito: CONFRONTACIONES.

Entr? y aquello era un video. Una pelea tremenda en la que una mujer arrojaba toda clase objetos a un var?n y ?ste se proteg?a como pod?a con las manos y escondi?ndose detr?s de un sof?.
Los jarrones, los platos, los cuadros, las fotograf?as, todo, lo que se dice todo, volaba por los aires.
En un momento dado, el var?n coge un gancho de la chimenea y lo arroja hacia la mujer. Queda tumbada en el suelo y ?l se acerca a ver. La c?mara es muy mala y entre rayas y niebla se puede ver al individuo que coge de nuevo el atizador y se lo clava a la mujer en el pecho. Un chorro de sangre inunda la estancia y un grito estridente me aterra.
Despu?s el video se desconecta de forma autom?tica y picado por la curiosidad voy raudo al cuarto icono.
La Victoria de Samotracia es el gancho en el que la mano menudita despliega el siguiente relato escrito en rojo:
?Soy M?nica la autora de esta web. No sab?a como librarme de mi marido maltratador, perverso, pendenciero y mujeriego e ide? tenderle una trampa. Si consegu?a hacer creer que el del atizador era mi marido y que le gravaba alguien su haza?a, pens?: ?estaba salvada? Y de acuerdo con Toni, que no viene al caso decir quien es, rodamos el video y lo presentamos a la polic?a. Ahora detenido mi marido, est?n buscando mi cad?ver y yo en la gloria, de vacaciones. Espero que tomen nota de lo que tiene que hacer todas las mujeres amenazadas y forzadas.?

Volver al inicio?span>

Publicado por quijote_1971 @ 0:33  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 02 de diciembre de 2006
"EL CHUFLA"
Imagen

?El Chufla?

El ?chufla? es un mendigo harapiento, que apenas come y que vive en los bancos del parque. Un abrigo hecho jirones y unos pantalones mugrientos son su indumentaria.
Le llaman el ?chufla? los chicos del Instituto cercano, desde que el Profesor de Literatura les hizo aprender el ?Piyayo? y se les qued? lo de ?A chufla lo toma la gente,??, y le han apodado as?.
Lo que no saben, como yo, es que este mendigo fue en otro tiempo un joven esbelto, bien vestido y con dinero.

El hombre se ha dejado crecer unas barbas que le llegan a la cintura. Sus pelos est?n engre?ados y asusta a las ni?as y jovencitas que pasean por el parque, ?l no las hace nada, ni las mira. Su mirada est? perdida hacia la profundidad del paseo y parece ciego. ?Ni se inmuta cuando le llaman ?chufla?! A ?l ?Qu? le importa esta vida absurda?

Este ser, fue una persona m?s elegante que nosotros. Iba a las fiestas bien trajeado y con camisas de seda, corbatas de ensue?o y zapatos de charol.

Es una persona repelente ahora. Huele mal, no se lava, ni se asea. Hace unos d?as unas mujeres le denunciaron por estar en los bancos del parque.
- No hay caso, se?oras. ?l no se mete con nadie- les dijeron los guardias.
- Huele muy mal y est? sucio- replic? una se?ora.
- Peor huelen los zorros del zoo y le gustan. Ya le llevamos al refugio, pero se escapa y duerme en el parque. Pero no molesta a nadie.

Y as? qued? la cosa. Lo que no reconoci? aquella se?ora es en aqu?l ser ahora despreciable a Miguel Romos Hurtado, el elegante Don Miguel. El que hac?a suspirar a las j?venes de toda la ciudad cuando paseaba pero ninguna se le acercaba porque iba acompa?ado.

Yo he visto a alg?n hombre traerle platos de comida y ni los ha probado y se los ha quitado otro mendigo o ?l mismo se los ha dado sin una mueca. Hace poco le vi meter unas monedas en el cepillo de la Iglesia, que le hab?an dado antes. Bueno, no dado, porque no coge nada. Se las hab?an dejado en el banco junto a su carrito que ni llega a ser maleta, que tiene siempre a su lado.
Yo s? lo que lleva en su carrito. Un d?a se lo quisieron quitar y tuve que intervenir. Al forcejear con el impertinente, el contenido se cay? al suelo en parte y pude ver unas fotos de una mujer muy hermosa y otras en las que estaba ?l cuando iba elegante, con dos ni?as rubias como querubines.

Unas bufandas ra?das y un su?ter de se?ora de color rojo es cuanto pude vislumbrar, de ropas. Pero intu? que algo m?s guardaba de ellas.

Don Miguel se enamor? perdidamente de Leonor Duque, una mujer exuberante, que irradiaba felicidad y buen humor por donde pasaba.

Se casaron y tuvieron dos hijitas de trenzas rubias como su madre y cari?osas y listas como su padre. Iban a todas partes juntos y la gente les quer?a y les admiraba. Eran la familia perfecta y envidiable.

Un d?a ocurri? una tragedia. Cuando iban a celebrar la Primera Comuni?n de las ni?as, despu?s de salir de la Iglesia, Don Miguel, como casi siempre, condujo el coche hacia el restaurante. Hab?a alquilado uno muy elegante en lo alto de la colina.
Nunca se supo porqu?, pero el coche se despe?o y murieron las ni?as y la madre no pudo superarlo y se suicid? a los pocos meses de la tragedia.

El ?chufla? perdi? la cabeza, No pudo ni matarse. Se culp? de todo y se dio a la bebida y perdi? el sentido de la orientaci?n. No sab?a volver a su propia casa.
?Qu? le importa que le llamen ?chufla?! ?S?lo oye en su cabeza el chirriar de los frenos imprecisos y el llanto de las ni?as! A su mujer la ve, en el paseo, venir hacia ?l, pero no puede abrazarla porque viene a culparle, por matarlas.

El mendigo es una persona sin horizonte, sin casa, sin sitio en la vida. Am? por encima de lo normal y se qued? sin nada. ?Todo se lo llev? aquella carretera infernal!

Publicado por Lanzas @ 1:00  | Familia
Comentarios (0)  | Enviar