Viernes, 29 de diciembre de 2006
La huída del inocente-Capítulo III


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Ana no podía esperar a que Pepe llamara y se adelantó a él.


- Son las doce, Pepe, y te llamo porque sé que ahora estás descansando unos minutos- dice una Ana algo temblorosa-mis padres y yo hemos leído el periódico y queremos ir a la policía.
- Si, si, id, que yo iré a las tres, en cuanto salga de aquí. Es más, voy a pedir permiso a mi Jefe para salir un poco antes. Iba a llamarte yo ahora mismo. Ojeé la prensa al entrar. Es algo muy raro.
- No te preocupes. Nosotros no hemos hecho nada malo. Supongo que la policía tendrá conocimiento de casos parecidos. No sé.
- Mira Ana, di a tus padres y a la policía la verdad. Es como se evitan los problemas. Ese hombre no quiso ir a la Comisaría. Te quiero pocholita, te quiero. Y vamos a casarnos en cuanto termine la carrera.
- ¿Por qué me dices eso ahora? Ya sabes que yo también te quiero y hoy estoy deseando verte de nuevo. Te espero en la Comisaría. Un beso.
- Un beso muy fuerte, amor.

Los padres de Ana le esperaban arreglados en la entrada. Ella rápidamente se compone con un suéter y vaqueros dirigiéndose casi corriendo hasta la puerta. El padre coge las llaves del Audi y les lleva a la Comisaría central de Málaga.

- Presenten sus DNI por favor- les dice el policía de la entrada- si quieren poner una denuncia.
- Bueno, denuncia no es. Es dar parte sobre, digamos, un descubrimiento, soy Faustino Santillán, estas son mi mujer e hija.
- Es lo mismo, pasen al despacho de denuncias, allí les atienden.

Una solícita policía les dirige a una mesa donde ella y otro agente controlan en un ordenador todo lo que se dice.
- Mire anoche el hombre que dicen los periódicos y la radio le dejamos vivo y no quiso que diéramos cuenta a la policía de que alguien le había asaltado.
- ¿Cómo sabe que es el mismo hombre?-interrumpe la agente.
- ¡Claro! Puede no serlo. Pero le sacamos del saco y le dimos agua en una botella.
- Voy a tener que pedirla que en el Depósito de Autopsias identifique el cadáver.
- ¡Perdone, puede esperar que llegue el novio de Ana, que va a venir para confirmar todo!-interrumpe D. Faustino.
- Bien, pero cada uno por separado.
- ¿Están inculpándonos de algo?-pregunta la madre.
- No, sólo que tenga en cuenta que puede haber habido abandono de asistencia a un accidentado- dice la agente con gesto serio.
- Bien, voy a contarles todo lo que sé-asevera Ana.
Y la joven sin omitir nada da cuenta pormenorizada de lo que aconteció. De vez en cuando la agente le interrumpía para reafirmar lo de la botella y lo de que el Sr. Lozano, según dijo, no quiso recurrir a las autoridades para dar cuenta del asalto sufrido.
- Tendrán que esperar a que el Inspector Muñoz conozca esto y les reciba y acompañe al Tanatorio del Clínico donde se realizan las Autopsias, pero pueden ir a comer algo, ya que son casi las dos de la tarde y luego volver. Les esperamos a las tres, si les parece- les comunica la agente.
- De acuerdo, así volvemos con mi novio.
Saliendo por la puerta Ana llama a Pepe:
- Ven en cuanto puedas, tenemos que volver a la Comisaría a las tres. Vamos a la Cafetería del Corte Inglés y allí hablamos.
- Muy bien. Dame un toque en cuanto llegues.
A las dos de la tarde ya están todos juntos, pidiendo unas fuentes variadas para sin muchas ganas, comer algo. Apenas habían pasado unos minutos cuando Ana se levanta y se acerca a Pepe que aparece por la entrada:
- Pepe, estoy muy asustada-le dice abrazándose a él de forma ostensible.
- No te preocupes, Pocholita, tú sabes que nosotros somos inocentes del todo.
- Bueno acompáñanos a comer y vamos enseguida con el Inspector Muñoz.

El veterano policía, que le tocaba el servicio de guardia ese sábado, aparentaba estar cansado. Pero quién conozca bien al Inspector Muñoz, sabe que su apariencia engaña.

- ¡Buenas tardes, Merche!¿Citaste a los Santillán a las tres, no?
- Claro que sí, les veo algo perdidos, pero son buena gente, veremos a ver el novio de la niña, Inspector.
- ¿Cuándo me llamarás José Luis?
- Es que me da mucho respeto, usted lo sabe. Yo acabo de salir de la Academia y usted lleva veinte años en esto.
- Vale, volviendo al tema, ya he leído lo que hay. No te fíes de “la buena gente”: Muchos ocultan algo nada bueno.

El Inspector José Luis Muñoz, tenía el siguiente rompecabezas ante sí:
Un muerto dentro de un saco, posiblemente debido a un golpe con algo contundente, del tipo llave inglesa grande; el saco era de ropa sucia de tipo industrial, que usan en las lavanderías para el transporte. Un agente que le cuenta que hay muchas huellas de neumáticos cerca de la acera. Una botella de agua mineral junto al hombre y un nombre: Roberto Lozano, que se está comprobando. Y encima la familia Santillán sabiendo algo del caso. Para volverse loco, si él no estuviera convencido de que las cosas nunca son tan complicadas como en principio parecen.

-Veamos-le pregunta a José Minguez ( Pepe)- ¿le reconoce como el que dijo llamarse Rodolfo Lozano?
- Si lo es.
Y la chica, que va cogida por la agente, para evitar que se caiga, le dice lo mismo.

- ¿Se ratifican en todo lo contado hasta ahora?
- Naturalmente.
- Hasta tener el lunes el resultado de la autopsia no podemos decir nada más. Pero no pueden abandonar su actual dirección y además tenemos que entrevistar a sus amigos de anoche. Pero no se preocupen, creo que podré resolver este misterio.
El Inspector Muñoz no estaba convencido de lo que decía, pero no le gustaba asustar a nadie.

Pepe y Ana ese fin de semana lo pasaron en casa de los padres de ella.

El periódico del domingo publicaba.
“El hombre muerto que apareció la noche del viernes en un saco junto al río Guadalmedina ha sido identificado como Rodolfo Lozano Peinado, que no tiene nada que ver con un conocido hombre de negocios del mismo nombre y primer apellido, sino que aquél estaba siendo buscado por orden judicial desde hacía tres meses por ser sospechoso de intervenir en el asalto al furgón blindado de Furblisa, conocida empresa de transporte de dinero de entidades bancarias.
El tal Lozano, como recordarán, era el empleado que conducía el furgón y dejó amarrados a sus dos compañeros en los Montes de Málaga y desapareció sin dejar rastro del dinero.”

Continuará…


Publicado por interazul @ 20:38  | Misterio
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