Viernes, 22 de diciembre de 2006
Locura interminable-Cap?tulo V y ?ltimo.
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Al principio pens? en abandonarla en la lancha sin combustible, despu?s en abrir una v?a de agua suficientemente alejados de la costa y que nos hundi?ramos juntos hasta las profundidades.
Todos los proyectos los desechaba, porque lo importante es que ella supiera que yo era Rodolfo antes de matarla. Mejor ser?a dejarlo al capricho del destino. Adem?s, estaba radiante. Parec?a haber comenzado una nueva juventud. Mis halagos y caricias la ten?an jovial y contenta.

- He alquilado una lancha para ma?ana y quiero que demos un paseo por todas las playas de Canc?n, hasta Isla Mujeres, antes de irnos a Madrid de forma definitiva.
- Como quieras, mi amor, a mi me gustar?a vivir aqu? siempre; en Madrid me da miedo la posible existencia de Rodolfo.
- Madrid es muy grande y no nos cruzaremos con ?l si no quieres.

Esa noche mientras nos acarici?bamos ella vio en m? a Rodolfo.
- ?C?mo es posible, eres Rodolfo!- grit? angustiada.
- No, soy tu Luis, amor-dije convirti?ndome de nuevo.

As? estuve jugando hasta que consegu? desconcertarla del todo:
-?Teresita, vas a pagar el da?o que me hiciste!- dije con voz de ultratumba, como pose?do.
- ?Teresita??Me llamas Teresita??Qu? da?o te hice?-me contest? entre sollozos.
- Nada, nada, ma?ana disfrutaremos de la vida c?mo te mereces.

A la ma?ana siguiente, sal? temprano para ultimar lo de la lancha y consegu? un peque?o yate que yo mismo iba a pilotar. La salida era desde Isla Tortugas. Me cost? un buen pellizco, pero el dinero que ten?a escondido en las cuentas secretas de Rodolfo era un manantial inagotable.

Cuando apareci? Telele, maravillosa, inigualable, con un pareo estampado de mil colores encima del bikini que exaltaba sus curvas de ensue?o, no pude por menos de exclamar:
-?Preciosa!, me dejas el esp?ritu encogido y el cuerpo desgobernado.
Llevaba una bolsa playera con gracia, sobre el hombro izquierdo en la cual supon?a algo m?s de ropa, como otro bikini y alg?n conjunto para vestirse al atardecer.

Yo parec?a un tonto con mi mochila que conten?a las llaves, y algunas ropas recogidas a toda prisa. Los que me alquilaron el yate me aseguraron que ten?a toallas, bebidas y comida r?pida. La radio del mismo estaba revisada y me previnieron de que no me alejara demasiado de la costa, porque las tormentas tropicales son muy traidoras y algunos tiburones muy carn?voros.

La brisa del mar me encanta y a Telele le enloquece. Seg?n nos alej?bamos de Isla Tortugas su pelo suelto al viento era como una cortina de lujuria y de deseo.

Cuando est?bamos entre los dos puntos equidistantes, par? el motor y me acerqu? a Telele.

- Quiero hacerte el amor aqu? mismo. Sobre la cabina del yate y rodearte con mis brazos para que sepas quien soy en realidad.
- Te amo, Luis, te quiero desde que te vi en el hall del hotel.
La abrac? con pasi?n y cuando mis labios se acercaban a los suyos, un Rodolfo impetuoso la hizo caerse derrumbada.
- ?C?mo?, ?me estoy volviendo loca? Te veo como Rodolfo.
- Soy Rodolfo. Volv? para vengarme pero no puedo.
- Es algo imposible. Te dio un infarto en el pasillo de aquel hotel. Yo te dej? en el suelo como muerto
- Soy Rodolfo. Muerto y reencarnado para hacerte notar desde el otro mundo que puede haber justicia, pero te amo.

La enlac? entre mis brazos y mis labios mordieron los suyos de forma delicada. Creo que la asfixi? al meterla la lengua hasta el paladar y en ese abrazo mortal gir? sobre mis pies y salt? por la borda sin soltarla.

Los cristales salinos nos recibieron en el momento en que una gran ola volcaba el yatecito sobre nuestras cabezas.
Nuestros cuerpos desnudos, acoplados uno en el otro, descendieron lentamente en la inmensidad del oc?ano. Los peces de colores nos acompa?aron en nuestra ca?da y las algas nos rodearon velando nuestra desnudez.

Mi cuerpo no era el de un fantasma. En alg?n lugar Luis recuperaba el suyo y yo como Rodolfo mor?a al lado de la que fue mi amor desde ni?o.

Entonces si mor? de verdad y lo hice sin ning?n remordimiento de llevarme a la bella mujer que me hizo cambiar en su d?a y no supo hasta entonces corresponderme.

La espuma de las olas abrig? para siempre nuestro abrazo y no s? m?s de nosotros.
FIN

Publicado por quijote_1971 @ 13:40  | Dramas
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