Jueves, 21 de diciembre de 2006
¡No me mates!


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Yo no había pedido ser engendrado, pero mi padre se empeño en dar aquella bebida a mi madre, que la obnubiló y no se preocupó de poner medidas para evitar, que el día de la ovulación, se dejara penetrar de aquella manera.

Apenas una mórula incipiente el quinto día de mi existencia impido que mi madre pueda ovular más y el útero donde me encuentro engendra vasos sanguíneos que me recubren y algo llamado placenta y que me servirá de paso del alimento, cambia completamente a mi madre. Ella aún no sabe que existo, pero yo siento que dejé de ser el capricho de un espermatozoide. Y esto, al quinto día.

A la siguiente semana, un cordón me sale y entra de mí incipiente cuerpo y a la siguiente, con tres semanas de vida ya mi madre se da cuenta, se marea, siente náuseas y no la llega la menstruación. Y lo más grande, ya tengo un corazoncito que me empieza a latir al unísono con el de mi madre.

A las cuatro semanas algo dicen de mí. ¿No me quieren? ¿Llegué en momento inoportuno?¡Oigan, oigan!, yo tengo una vida que depende de ti, pero mis piernas empiezan a crecerme y pronto te daré una patadita. Mis ojitos son pequeños, y mis orejas diminutas, pero os oigo.

A la quinta semana un electrocardiograma te dice que todo va bien.¿Por qué le dices al doctor qué no me quieres? ¿Qué te he hecho, yo? Te alteré tu cuerpo, pero bien te lo pasaste con mi padre, recuerda. Yo quiero ser doctor también para curar a los niños como yo, que no tienen ni cuerpo dónde vivir.

Con siete semanas de vida, con todos mis órganos creados, me siento un personajillo encantador. Hasta me hice pis, para ensayar.

Sólo tengo cuatro centímetros una semana después, pero mis huellas dactilares ya son sólo mías y mis ciento diez huesos de nadie más.

Mi padre dice que no me quiere. Que me maten sin más. Sé que tú te resistes, que me notas dentro y que te han metido en la cabeza, que me elimines. ¡No te hablan de montones de madres que me esperarían cuando salga!¡Nada! Lo has decidido y yo con dos meses y medio de vida ya respiro y duermo cuando tú lo haces.

¿Qué es eso? Noto como una cuchara que me rebana y me pinchan con una aguja muy larga. ¡Ehh, oiga!¡Qué yo estoy vivo! ¡No me maten! Mi corazoncito deja de latir bruscamente, me orino de nuevo y siento un golpe en mi cabecita. ¡Es la muerte!


Publicado por interazul @ 0:20  | Familia
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 21 de diciembre de 2006 | 19:08
Saludos, Interazul.
Muy buen cuento y con un mensaje muy importante, pues sabemos que miles de parejas no desean tener hijos porque eso les ata. Pero...?alguien le pregunta a los ni?os su parecer? Un abrazo y... ?Felices Fiestas! Juan Pan Garcia
Publicado por interazul
Viernes, 22 de diciembre de 2006 | 16:55
He contestado a tu comentario en tu blog, en el cual he le?do los ultimos ecritos tuyos. Ya te digo que no te vemos por los foros literarios. Un saludo: Interazul.