Martes, 19 de diciembre de 2006
Locura interminable- Cap?tulo IV

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- Si, soy Teresita, el ruido que o?ste es porque me sent? en el sof?. No puedes ser Rodolfo.
- ?Quieres que te diga d?nde tienes ese lunar que me volv?a loco?- le dije, recordando el lunar de su monte de Venus.
- Pero si te dio un infarto ?No es posible!
- Pero el que enterraste no era yo. Me fing? muerto. T? no estuviste en mi entierro. Te enga?aron. Bueno ah? est? un buen amigo m?o. Habla con ?l y te dar? pelos y se?ales de m?. No estoy dispuesto a que me enga?es otra vez. Yo no quiero saber nada de ti. Pero Luis te dir? lo que he sufrido por ti y por tu enga?o. Por cierto ?no ser?a el cabr?n de Troconiz el que te equivoc? con lo de mi entierro?- al decir esto met?a la ciza?a bien adentro de por medio y de forma violenta cerr? el m?vil.

A la ma?ana siguiente Telele, con aspecto de no haber dormido, tan guapa como siempre, pero ojerosa y como mareada estaba esper?ndome en la recepci?n.

- Luis, Luis, espera-o? a mis espaldas, cuando yo aparentando indiferencia me dirig?a a desayunar en el comedor.
- Dime encantadora Telele, ?qu? se te ofrece?
- Quiero que quedemos a la hora de comer, pero fuera de aqu?, si te parece.

Hab?a ca?do en la trampa. Mi hora estaba llegando con pasos de gigante.
- Por supuesto, t? me indicar?s un lugar tranquilo y paradis?aco, como hay tantos por aqu?.
- Quedamos a las trece horas en punto ?Te parece?
- De acuerdo y lleva el vestido estampado que te sienta como a una jovencita de Instituto.
Not? como un ligero rubor cubr?a sus p?mulos deseosos de caricias.

La ma?ana la pas? planeando la tarde y a ser posible la noche con ella. La ten?a que convencer con las mejores maneras del mundo que yo era la persona ideal para que se lo pasara bien.

A la una en punto estaba esperando en el hall con un ramo de flores que delicadamente dej? en el mostrador con una tarjeta dirigida a su nombre.

- Luis, que detalle tan bonito ?te parece que vayamos a Playa Caracol?
- Ah estupendo, no la conozco, pero a t? lado ser? a?n m?s encantadora de lo que dicen.

Ella condujo el coche y pude ver que lo hac?a con pulcritud y una idea me asalt? a la cabeza ?podr?a ?arreglar? los frenos? Pero eso ser?a dentro de unos d?as.
La pregunt?:
- ?Llamaste?
- Si, claro, un tal Rodolfo dijo ser mi exmarido. Y lo curioso es que quiere que seas t? quien me cuente cosas de ?l.
- ?Al diablo, Rodolfo! Yo quiero que te distraigas y te olvides de ?l. Bueno y del otro.
- La verdad es que me noto muy extra?a y contigo me encuentro como a salvo.


Pasamos una tarde de ensue?o, entre mariachis, pruebas de comidas y martines acariciadores del paladar.

No s? como, nos vimos en una habitaci?n de hotel m?s elegante que el de ella.
No fue dif?cil el acariciarla y quitarla lentamente la ropa; bueno el bikini que a?n ten?a de la playa y al quitarle el sujetador, sus pechos se convirtieron en el alimento de mi pasi?n.

La acarici?, la bes? cada mil?metro de su cuerpo, que me parec?a lozano, nuevo y deseable como la brisa marina. Ella me correspondi? y me dijo entre sollozos de gusto y emoci?n:
- Me recuerdas a Rodolfo.
- Quiero que te vengas conmigo a Espa?a y dejes todo aqu?. All? seremos felices y volver?s a sentir como antes.
- Pero mi marido no querr?, me quiere a su manera de forma enfermiza.
- Yo le explicar? lo que ocurre.
- ?Eres capaz?
La noche se nos ech? encima, despu?s de dormir ella una siesta reparadora, mientras yo la contemplaba maquinando los siguientes pasos.

Al despertar ella, lo hicimos de nuevo, como locos enamorados. La promet?:
- Ya no te dejar? nunca. Lo entender?s y Fernando tambi?n.
- Bueno haz lo que creas oportuno, noto que mi voluntad est? en tus manos. Es como si el hechizo de Canc?n me hubiera secuestrado.

Llegamos al Hotel y la dije que se fuera a recepci?n, mientras yo hablaba con su marido, el tal Fernando, al que odiaba.
Llam? a la habitaci?n y entr? en cuerpo y forma de Rodolfo P?rez de Madariaga, no como Luis Armend?riz.
Retrocedi? sin decir palabra y al acercarme a ?l se tropez? con un sill?n y cay? de nuca sobre el borde de la mesa de m?rmol. Me cercior? de que el golpe hab?a sido mortal y por c?mo se ahogaba intu? que adem?s le estaba dando un infarto. Esper? como unos diez minutos, mientras limpiaba con unos pa?uelos el p?mulo de la puerta, por lo que hab?a visto en las pel?culas sobre las huellas. Pude comprobar que hab?a varias bebidas abiertas sobre el aparador y vasos casi vac?os de distintos tipos. Sal? cerrando tras de m?.

Desde mi habitaci?n llam? a Telele a recepci?n:
- Sube un momento antes de que pases por tu habitaci?n, tengo algo que decirte.

A los tres minutos ella estaba delante de m? y yo cont?ndola lo que acaba de pasar. La expliqu? que hab?a sido un accidente como la polic?a comprobar?a. Que nos ven?a bien, pero que pensara que yo, Luis Armend?riz no ten?a nada que ver.

Ella fue a la habitaci?n y con calma llam? a uno de los gerentes del Hotel, para darle cuenta de lo sucedido. La polic?a, seg?n me cont? ella despu?s, dedujo que el Sr. Troconiz hab?a bebido demasiado y debi? tropezar y desnucarse. Adem?s el forense en la vista previa, que luego confirm? la autopsia, diagnostic? un infarto por exceso de alcohol en la sangre.

El entierro fue muy concurrido, porque hasta de Hollywood vinieron productores y directores de cine. De Espa?a tambi?n. Mientras duraron las exequias Telele y yo no nos vimos.
Pasados unos d?as empezamos a comer juntos, despu?s a cenar a la luz de las antorchas y pasado un mes est?bamos en la misma habitaci?n conviviendo.

Not? que el barman Pedro, que creo que estaba enamorado de Teresita, me miraba algo extra?ado, pero se call? al ver que su patrona estaba bien conmigo.

Yo le hacia ver a Telele que ten?amos que partir para Espa?a, porque los negocios lo requer?an, pero antes deseaba pasear con ella por la bah?a en una lancha que hab?a alquilado.

Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 21:41  | Misterio
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